Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

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Cavilando sobre las palabras atribuidas a Antón Chéjov:

"Si quieres ser universal,
habla de tu pueblo
"

ASTURIAS: concejo a concejo.
LENA

Xulio Concepción Suárez
Edita RIDEA

Prólogo de la obra
por Andrés Martínez Vega.
Director de la colección y Subdirector del RIDEA

"No es difícil confirmar que el municipio asturiano de Lena, con capitalidad en la Pola, configura desde tiempo inmemorial un espacio territorial clave en el mapa de las infraestructuras viarias del Principado.

Situado en el área central de la montaña asturiana siempre fue una tierra de paso hacia los altos leoneses y la meseta castellana; de ahí que pronto consolidara ese carácter de vía de comunicación por donde discurrieron rutas pecuarias, prehistóricas, la vía romana de la Carisa, la de la Plata, la del movimiento peregrinatorum hacia la Sancta Ovetensis, la del puerto de Payares, la rampa ferroviaria… Todo un conjunto de servidumbres que enriquecen en el paso de los siglos el territorio, su historia, tradiciones y costumbres.

Consciente el Centro de Publicaciones de este Real Instituto de Estudios Asturianos del potencial histórico y cultural que encierra este concejo, tuvo a bien encargar al profesor y académico de esta Casa, Xulio Concepción Suárez la redacción de esta monografía dedicada al municipio de Pola de Lena.

Sabíamos de antemano de su capacidad intelectual y de su valía investigadora, siempre contrastada con ese espíritu de caminante, montañero y hombre entusiasmado y comprometido con la historia y la cultura asturiana.

El Dr. Concepción Suárez cumplió con maestría el encargo de redactar esta monografía sobre un concejo que tan bien conoce, combinando el rigor en la aportación de las informaciones, no pocas inéditas o prácticamente desconocidas, con la presentación amena y el esfuerzo de síntesis que requiere una publicación de este tipo, en la que sin olvidar el rigor científico, se orienta fundamentalmente a la difusión amplia de todos los aspectos que configuran la personalidad propia del concejo lenense: la geografía, la historia, el patrimonio monumental, la cultura y tradiciones locales.

Es, en definitiva, este esquema el que marca, caracteriza y define la colección Asturias, concejo a concejo, un ambicioso proyecto editorial del Real Instituto de Estudios Asturianos comprometido con el interés de dar a conocer de forma monográfica todos y cada uno de los municipios que constituyen nuestro complejo mosaico municipal.

Con la presente entrega creemos brindar una visión amena, bien documentada e ilustrada de este municipio asturiano, guía segura y práctica para quienes tengan la fortuna de acercarse a contemplar la belleza de estas altas tierras lenenses y a disfrutar de la hospitalidad de sus vecinos".


Una pintura mural del Santuario de Bendueños, entre otras muchas restauradas en El Camerin


El Santuario de Bendueños, con La Casa los Frailes -que dicen los nativos-, un día de excursión para ver las pinturas restauradas

A modo de un ejemplo cualquiera: Las villas y los villares de Lena (pp. 78 ss)

" Una lectura del paisaje lenense por los nombres de pueblos, caseríos, caserías…, entre el fondo de los valles y los cordales al filo de las cimas, nos va descubriendo a la vista y al oído una serie de parajes que llevan el nombre de villa, vitsa (vil.la, villa, en otras grafías), vicha (ya más generalizado)…; términos más o menos aislados o en combinación con los matices de cada componente de la palabra: Villayana, Vichar de Parana, Los Vitsares, Cimevitsa, Fondosdevitsa…; ahora ya más bien, Vichares, Cimevicha… (en cheismo creciente). Así hasta unos 63 lugares con el componente villa, más o menos explícito o semiescondido a veces.

Algunos nombres están muy claros: llevan el término villa bien a la vista (Villayana, Villanueva, Villasola, Villaquemá…); o Villar, Los Villares, Villarón, Villarín… Otros, en cambio, sólo podemos rastrearlos ya a través de los nombres que sobreviven en alguna finca cercana: Cimevitsa, Solavitsa, Fontesdevitsa… (por encima, por debajo, las fuentes de la villa…).

En algunos casos, ya sin el componente villa, solapado en el nombre: Parana, Tiós, Xomezana, Corneyana, Retrullés, Ablino, Retalente… Omitido el nombre que precede, nos llegó sólo el antropónimo aislado (Parus, Theodosius, Diomedes, Cornelius, Turulius, Terentius…).

Una circunstancia se observa al contemplar el posicionamiento de todos estos lugares que llevan el componente villa en sus variantes: se diría que hay una conexión de estos núcleos progresivamente habitados, a partir de los altos en su descenso a la media ladera y al fondo de los valles; pues donde hay una villa, encima, debajo, o al lado…, hay un castro, un castietsu, unas corras; o hay cerca una venta, un monasterio, sin más vestigios a veces que los nombres supervivientes.

Esta circunstancia del poblamiento que iría descendiendo desde los corros, las corras, los castros en los altos hacia las villas medianas o fonderas, ya la observa N. Santos en sus estudios sobre los primeros siglos de romanización (1984, “Las villas…”: 159 ss.)”.

... más que mil, más que un millón, más que muchos millones de palabras...Las muyeres inolvidables pelas tierras de semar

La procesión en la fiesta'l pueblu

La bolera'l pueblu

Foto: na fiesta'l pueblu, gaitiru, tamboretiru...

El fayeru, el placer de los sentidos en cualquier estación del año

La Cueva Bosbigre: las entrañas de las rocas en el silencio de las estalactitas colgadas de paredes y techos

Otro ejemplo de la Guía: La Cueva Bosbigre

A modo de ejemplo geológico, destaca por la cara este del Aramo una cueva con estalactitas y estalagmitas, si bien deteriorada hoy, en parte, por la escasa educación patrimonial: La Cueva Bosbigre, en el decir de los vaqueros de Peral y Los Pumares.

Así, sobre las cuadras y fincas de Peral (nunca La Peral, que deforman algunos mapas), mirando hacia las calizas del Aramo, buscamos en la brújula la orientación de la Cueva Bosbigre: justo 3000 al noroeste, arriba, a la izquierda sobre las cabanas de Los Pumares, y semiescondida tras el acebal cimero del Yenu les Cereceres y Treceúres.

Ascendemos por la senda ganadera que zigzaguea empedrada sobre la serraspa, entre las pequeñas praderas y las peñas. En pocos minutos (20-30…), justo en la dirección de la referencia calibrada (a unos 1.050 m en altura), topamos con la pequeña campera que disimula la boca de la cripta: La Cueva Bosbigre, semioculta entre piedra y pradera, a la que hay que descender por un paso estrecho en forma de chimenea natural.

Ya a la izquierda de la senda que serpentea desde Les Cereceres y Treceúres, bajo unas piedras alargadas que tapan la entrada, damos con la pequeña oquedad de la gruta (no llega al metro cuadrado la abertura para entrar).

La boca misma de la cueva inclina, no obstante, a la prudencia, dado lo exiguo de la entrada. Bajamos con cuidado los tres o cuatro metros hacia la estancia mayor, ya más holgada, pero con los efectos obsesivos de los trofeos para el holl y las vitrinas…

Las cámaras interiores de Bosbigre: el tiempo traducido a estalactitas y estalagmitas

Esta primera parte interior de La Cueva, ancha y alta, en cambio, ofrece una coloración oscura, con pequeñas estalactitas enmohecidas, lo mismo por la intemperie que por el revoloteo agitado de las chovas, en sus idas y venidas a los nidos (allí mismo, bien a la vista).

Provistos de linternas, contemplamos las maravillas (y los desguaces) colgadas de los techos; o plantadas por los siglos y siglos en el suelo: numerosas estalactitas, limpias, brillantes, rugosas, de distintos tamaños y grosores, penden (las más, pendían) del techo de la cueva.

O se abrazan estiradas, en perspectiva, a las paredes colaterales en formas redondeadas. O se ramifican como nervios petrificados que sostuvieran las entrañas calizas del Aramo, con sus manos y brazos enlazados. El placer milenario del agua tallada en las entrañas de las calizas. El espectáculo, hoy, sin más protección que la oportuna indiferencia.

Una vez más, el afán coleccionista de “trofeos” -depredación enfermiza-, y el desprecio al entorno, fueron desgajando de cuajo unos cuantos ejemplares de estalactitas: de las formas más sutiles, sólo quedan las bases cercenadas en los techos. La vista nos cercena, también, de cuajo las palabras.

No obstante, el suelo ofrece todavía a la vista otras cuantas estalagmitas, aunque decapitadas en parte, pero bastante gruesas a juzgar por los muñones; unos cuantos trozos de siglos cristalinos, raptados para siempre en las vitrinas de cualquier hall o salita equivocada. Siempre estaremos un poco a tiempo (pp. 19-20)

La Cueva Gancios: las otras estalactitas, estalagmitas, con la leyenda milenaria del oro y los tesoros escondidos

Las cabanas de tapinos nel puerto

Foto: los detalles con los vaqueros, el saber de las brañas y las cabanas

Nel puru picu...


La Cubietsa: la de verdá vamos, la capilla del Puerto Mieres y Puerto Pinos. El Convento, que dicen los vaqueros.


La Cubietsa: la entrada a La Capilla, hoy, cabana


L'Ablanea: en la Autopista del Güerna


La Estación de La Pola

En fin, la historia de un conceyu, pero comenzando por el principio, como atestiguan túmulos, dólmenes, castros, castietsos...., raíces de palabras, topónimos..., ya desde remotos tiempos preindoeuropeos

La historia milenaria de un poblamiento y de unos cultos precristianos, conservada en nuestros altos lenenses, a medias con los quirosanos; y continuada, laderas abajo, hasta el fondo de los valles, con los siglos y los siglos; la historia real de unos pueblos asturianos de montaña, desde muchos milenios antes de romanos, latinos, cristianos, medievales o modernos.

Y hasta estos mismos días del milenium, con sus vías y autopistas, reales o virtuales, informáticas, tecnolóxicas, dixitales..., siempre de paso obligado entre la vertiente asturiana y su vecina leonesa, hasta mucho más allá de estas reducidas montañas.

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