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    La Plaza la Escandalera:
    un posible topónimo de Oviedo,
    muchos siglos antes que los supuestos escándalos de tiempos ya modernos

(Desarrollo del artículo
publicado en el
Diccionario etimológico de toponimia asturiana,
HiFer, 2017 (3ª edición revisada, p. 380),

    Como un ejemplo más en el tiempo de tantas interpretaciones populares de nombres antiguos sin referencias ya significativas para los hablantes posteriores, resulta de interés el caso de La Plaza la Escandalera, en el mismo centro de la ciudad ovetense.

    Muchas explicaciones al nombre Escandalera, pero poco convincentes para un espacio tan funcional en una ciudad con resonancias ya romanas y prerromanas, por lo menos en sus aspectos lingüísticos; unos supuestos atestiguados por los vestigios arqueológicos que van saliendo a la luz y a las publicaciones ahora, por fin, en tiempos más digitales y bastante menos clericalizados.

    Es el caso de tantos otros topónimos que se van reinterpretando, manipulando, tergiversanado..., con la llegada de circunstancias nuevas al paraje. Se repite el proceso por cualquier geografía, hasta asentarse en los mapas oficiales con un sentido lejos de la intención de los nativos, los verdaderos autores de los nombres, como buenos conocedores del terreno. Esas elucubraciones se dan en los montes o en las mismas calles urbanas de las ciudades, lo mismo da.

Unos supuestos, o reales, escándalos en la plaza ante el campo carbayón

    Muy sonado es, ciertamente, el caso de La Plaza la Escandalera de Oviedo, con otra versión oral muy difundida, que llegó hasta los altos de Payares, por los años que se proyectaba trazar las vías de un tren. Según esa voz popular, el nombre de La Escandalera se debería a los ‘escándalos’ producidos en la plaza ovetense entre dos empresas ferroviarias que se disputaban acaloradamente la concesión de los trabayos del túnel de La Perruca; se dice que hasta anduvieron a palos y todo por conseguir la concesión en la plaza central de Uviéu.

    Pero hay más versiones de escándalos y protestas para la plaza ovetense. Según otra voz más urbana y arraigada, escuchada en la capital misma, el nombre de La Plaza la Escandalera se debería más bien a los ‘escándalos’ (no menos acalorados y escándalos) producidos por los comerciantes asturianos, sobre todo, los carreteros, los arrieros..., ante el Ayuntamiento de Oviedo: protestaban acaloradamente por las repercusiones que ya veían venir al instalarse las vías de un tren y el túnel de La Perruca, para comunicar las vías fuera de estas montañas.

Aunque hubo protestas reales de los arrieros, los carreteros, los vinateros, los comerciantes..., porque sentían que las vías del Payares arruinaban sus recuas por las carreteras empedradas, las casas de postas, las famosas Ventas y Mesones, las Posadas...

    El caso es que estos comerciantes y trasportistas organizados sólo verían perjuicios a sus oficios de siempre; y perjuicios por la importación imparable de productos de otras regiones, que competirían con los producidos en casa, dejándolos en inferioridad de condiciones y competencias.

    Al llegar en masa los productos importados, en vagones por las vías, a diario..., en los mercancías de los trenes, se irían marginando y perdiendo los tradicionales, con todas sus consecuencias para los productores pequeños, ya organizados a su modo por las carreteras del Payares con sus recuas, su casas de Postas, sus Ventas, Posadas... Todo se vendría abajo en la perspectiva de los comerciantes que protestaban indignados ante el Ayuntamiento de Oviedo.

    Pero tampoco ha de venir un nombre tan asturiano como el de La Escandalera; no quedaría asentado sobre una plaza, ya moderna, por un simple tumulto, por mucho que el estruendo resonara entre las otras calles de la ciudad, ya a finales del siglo XIX.

Porque no todos los productos se venderían en el mercado autorizado para ello, como ocurre hoy mismo en tantos casos

    Es decir, aún con las protestas posibles y reales que se hubieran sucedido en torno a los proyectos de las vías y los trenes –que sin duda alguna habría-, el nombre de La Escandalera -como ya ocurrió con La Perruca del Payares- ha de ser mucho más antiguo; por lo menos medieval: la plaza donde, tiempo atrás, se vendía la escanda.

    Las interpretaciones inevitables del nombre de una plaza importante se irían, por tanto, sucediendo a su modo, hasta rellenar también el contenido de un topónimo que ya habría perdido su significación primera, una vez que en la plaza no autorizada ya nadie vendería escanda, tantos siglos después. Los cereales ya se venderían, definitivamente, todos en El Fontán: por cierto, sin fontán alguno, hoy mismo, siquiera para contarlo del todo...

    Queda, no obstante, su silueta y un grifu en aquella esquina trasera, que hasta hemos de agradecer en honor a la palabra, con su fonética asturiana más autóctona, eso sí. No es poco en estos tiempos...

El documento escrito sobre La Escandalera por Tolivar Faes, aunque tampoco él aclara del todo el significado del topónimo; pero nos da algunas pistas para ello

    El apartado de Tolivar sobre Escandalera (Nombres y cosas de las calles de Oviedo. Ayuntamiento de Oviedo (1985), p. 220) no decide una etimología segura, pero da pie a deducirla de los datos que aporta: una cosa son los datos escritos, las normas municipales; y otra paralela, las costumbres campesinas que se sucedían un poco o bastante al margen de las leyes más estrictas; tal vez un poco más o menos consentidas o miradas de lado por las propias autoridades en el control de las mercancías el día de mercao. Hoy mismo se comprueba en cualquier plaza de los muchos mercados, mercadillos o mercadietsos por cualquier región de paso.

    El caso es que de los datos que aporta Tolivar para rechazar las etimologías supuestas para el nombre, no recoge uno seguro y definitivo: sólo los rechaza como sin fundamentos escritos de fiar. Pero de las citas que aporta, sí se pueden deducir algunos datos que permitan atisbar siquiera el sentido remoto de la palabra en la plaza ovetense; él mismo sospecha que son interpretaciones demasiado modernas para nombre tan arraigado y costumbrista en el centro de la misma ciudad de Oviedo.

    Tolivar Faes vuelve a citar los escándalos, aunque por otras razones; y así dice que, como puras conjeturas, La Escandalera suele interpretarse en relación con otras violentas discusiones (otros escándalos), esta vez en la Corporación municipal y en el pueblo, y por dos razones: una, por la alineación de una casa que hacía esquina entre San Francisco y Fruela; y la otra, contra el proyecto del ferrocarril del Payares (Tolivar Faes (1985, op. cit., pp. 219) que se consideraba perjudicial para los intereses de la provincia.

Pero del autor ovetense se deducen algunos datos de interés en el contexto: tal vez, donde se vendían cestos, escudillas, morteros..., se vendía escanda medio a escondidas...

    Por ejemplo, dice Tolivar Faes que, según documentos escritos, el mercado legal de la escanda era en El Fontán, donde las Ordenanzas municipales de 1814 (mucho antes del supuesto escándalo) disponen que se pongan “los que venden escanda, trigo y cebada” (op. cit., pp. 220). Y los Autos de buen gobierno y policía, de 1791 (antes todavía) ordenaban que “todos los granos habrían de venderse en la plaza del Fontán”.

    Ahora bien, paralelo al Fontán –según este autor-, resulta que había otro mercado en Santa María del Campo (1985, ibid), El Campo actual, frente a La Escandalera de hoy, donde se vendían los cestos, escudillas, morteros…, y utensilios de madera, ya dispuesto por las Ordenanzas medievales de 1274.

    Resulta evidente que, en principio, este mercado frente al Campo (de San Francisco hoy) no tenía autorizado un mercado específico de cereales (mercado legal, claro); sólo algunos y algunas vendedoras lo utilizarían de forma solapada, llevando consigo productos no autorizados al lado de los permitidos. Y entre ellos, la escanda.

Se sabe por los documentos de la escanda que compraban las sabarseras, las panaderas, en algún otro lugar no autorizado: el mercado de los cereales paralelo al del Fontán, fuera del recinto amurallado

    En este contexto costumbrista, hay datos, por tanto, para sospechar de un mercado paralelo de la escanda fuera del Fontán. El mismo Tolivar dice que las Ordenanzas de 1274 disponen “que nenguna sabarsera non conpre escanda fuera de la villa” (op. cit., pp. 220).

    Es decir, que lo compre dentro de la ciudad amurallada (Cimadevilla, El Fontán…), y no fuera de esa villa. Pero –y ahí parece la prueba-, si una norma prohíbe algo, será porque ya se estaba llevando a cabo el delito: de otra forma, no diría nada, no tendría mucho sentido. Para qué gastar papel y tinta tan escaso.

    De modo que, por este camino, sí se podría deducir la venta de escanda en aquel recinto del Campo, fuera del Fontán, aunque no se redujera exactamente al espacio de la plaza actual de La Escandalera hoy. Porque la etimología de esta palabra rara –que cita Tolivar- es muy ilustrativa: el significado de sabarsera es sabarcera, es decir, ‘panadera, revendedora’ (tal vez, del árabe jabbaza, ‘pan’). Y para ello las sabarseras debían comprar escanda, por supuesto en algún sitio; por lo visto, fuera de la villa, Cimadevilla, El Fontán, como les prohíben las Ordenazas citadas.

    En definitiva, si una ordenanza ya en el siglo xiii tiene que prohibir que se compre y se venda escanda fuera del lugar señalado para ello (en el mercado organizado de la villa dentro del recinto amurallado), será porque de hecho ya se estaba comprando y vendiendo escanda contra la ley en otro mercado fuera de las murallas: en el mercado de los cestos, utensilios de madera… (si no fuera así, ni se citaba ni se prohibía).

En concreto, tal vez mejor el adjetivo rural derivado del latín scandŭla (‘escanda, trigo candeal’), a través del posible *scandularia: ‘el lugar de venta de la escanda’, muchos siglos antes de los supuestos escándalos

    Por estar fuera de la ley la venta, tal vez, el topónimo que nombrara el lugar de la escanda se evitara en los documentos oficiales, conservado sólo en la memoria oral de los campesinos que lo usaban; o de los compradores que acudían a ellos por venderles la escanda más barata, al evitar impuestos municipales.

    Pero esta etimología, por proscrita que resultara, parece bastante más acorde con el antiguo ambiente rural de la capital ovetense (Xulio Concepción Suárez, Diccionario etimológico..., 2017, v. Escandalera, p. 380).

    No hay que olvidar tampoco que, hasta no hace tantas décadas, típica era la escena de muyeres y homes con el burro vendiendo la leche de las lecheras en las alforxas, de casa en casa hasta por la calle Uría y todo el centro urbano incluidos. Mercados fuera de los recintos oficiales llegaron hasta estos mismos días.

Pues, ciertamente, de *scandularia a scandalaria, sólo hay un fonema por el medio

    La Escandalera, como en tantos otros casos, con La Perruca incluida, llegó a tener sucesivas interpretaciones populares con el tiempo –inevitable diacronía toponímica. Pero en el conjunto léxico y toponímico asturiano –y a falta de propuestas más convincentes-, mejor encaja el adjetivo rural derivado del latín scandŭla (‘escanda, trigo candeal’), a través del posible *scandularia: ‘el lugar de venta de la escanda’.

    Un adjetivo reinterpretado más tarde como *scandalaria –simple parónimo- por los supuestos escándalos en la plaza, más o menos reales, esporádicos y casi modernos, o de un par de siglos atrás. Los nombres y las costumbres campesinas tienen muchos más siglos, por versiones y versiones en el tiempo que los hayan ido vaciando y rellenando según otros sucesos a la ocasión.

Y que nun faltara el pan d’escanda en la mesa’l probe, entre el invierno y la seruenda otra vez

    La importancia de la escanda quedó fosilizada también por la diversa geografía asturiana para disolver dudas. Muchos topónimos menores asturianos llevan el nombre de los sembrados, las tierras, dedicadas a la escanda: La Iría Candiales (Lena, Ronzón), Escanlar (Allande), Escanlares: en Grandas de Salime; Escandallonga: en Mieres. La Escandanada: en Teverga. La Riega Pandescanda: en Soto de Valdeón. Como quedan sobre los pueblos Centenales, Triguera, Las Michaliegas, Paniceiros, La Campa’l Maíz...

    Pues, en las montañas asturianas, la escanda debió ser cereal poco menos que sagrado: el verdadero pan de los probes (los ricos comían pan blanco, nos recuerdan en muchos pueblos) (Xulio Concepción Suárez, Diccionario etimológico de toponimia asturiana. HiFer, 2017, v. Escanlar, ibid.); los menos pudientes, pan de escanda más bien negro; y, después, tortas y tortos de maíz. Y que nun faltara..., nos responden con gracia algunas güelas cuando les preguntamos por el pan de aquellos tiempos pa tantas bocas que fartuca un día, y al siguiente tamién... Nun había utru pan...