Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

"Muchos términos genéricos se repiten en los topónimos, porque tienen su origen en nombres comunes o apelativos descriptivos frecuentes (monte, cerro, valle, villa, castillo, torre…). En esos casos la repetición no se debería a copias, sino a meras creaciones poligenéticas a partir de un genérico dado.

Lo mismo sucede en el caso de topónimos que hoy no se ven como genéricos, pero que lo pudieron ser en su origen, como los varios Alcalá, a partir del árabe al-qal’at ‘el castillo’ (Alcalá de Henares, Alcalá de Ebro, Alcalá de Guadaíra, Alcalá de Gurrea, Alcalá del Júcar, Alcalá del Río, Alcalá de los Gazules, Alcalá la Real, etc.). Los complementos toponímicos permiten distinguirlos"
(Jairo García Sánchez).

El lenguaje toponímico:
la otra lectura del suelo,
del territorio habitado,
en el origen de cualquier poblamiento

Resumen de algunos conceptos
de lenguaje toponímico,
y unos ejemplos
de homonimia y polisemia toponímica,
explicados en el Diccionario etimológico de toponimia...
y tratados y publicados
en diversos trabajos, charlas, cursos, conferencias...
del autor: Xulio Concepción Suárez
https://www.xuliocs.com

Anotación previa

Un problema nos va surgiendo a veces, ciertamente, cuando nos encontramos por cuaquier senda con nombres que, o nos parecen muy raros, o todo lo contrario: nos parecen tan comunes, tan fáciles, que no sabemos si interpretarlos sin más con las palabras que usamos a diario.

Nombres tan sugestivos como Pena Caballo, Pena Cebello, La Paré'l Probe, La Probe, El Cotséu los Pioyos, Güey Muertu, La Fuente la Reina, Las Rabias, La Cuesta la Güesera, La Gusana, La Fuente la Plata, Los Olios, El Río Lamadriz, El Preu la Barcelona, Los Abanicos, Cebolleda, Cebolledo, Ayones, La Vega d'Aba, Siegalabá, El Puertu Cuba, La Veiga'l Brasil, La Vega la Valencia....

Porque la imaginación, con los siglos, fue pintando con sensaciones y sentimientos buena parte del paisaje: El Picu l'Home, El Picu'l Paisano, La Fuente'l Beso, La Fuente'l Vaso, La Fuente los Enamoraos, Cabeza Llorosos, La Fuente la Vergüenza, El Pozu las Muyeres Muertas, El Vatse la Muyerona, La Fuente la Madre, La Fuente la Madrona, La Cruz del Ciegu, Brañadiós, El Campu'l Dios, La Cueva'l Purgaturiu, El Mayéu l'Infierno, Tresmialma, Confesendi, El Preu'l Cielo...

La retoponización deformada, incluso en el lenguaje oficial...

Y tantos otros casos de interpretación cultista que fueron transformando el nombre inicial hasta la difusión, y aceptación más generalziada -hasta oficial-, de un topónimo absolutamente desconectado de la raíz inicial en cualquier toponimia regional: Santiago de Compostela (en el origen, lat. compostella, 'ciudad bien compuesta', como queda en Compostilla leonés); o la misma Covadonga (en el origen, lat. cova de onga, prerromano *onk-, *ong-, àgua, montaña'), como Triongo, Isongo.... Por citar sólo casos más notorios.

Este tipo de reinterpretaciones late debajo del lenguaje cartográfico en cualquier mapa, guía de montaña, rutas guiadas...: El río Santagustia, Sanllagu, Santagerida, Sanijiestu, Tarañosdiós, La Fuente Santa, La Fuente la Culiebra...... O La Fuente la Plata, La Fuente'l Cobre, Es decir, la santificación de los lugares seguros frente a los peligros circundantes; el culto a las aguas más salubres o medicinales; la devoción por los caminos empedrados, señalados; la puesta en valor de los rebaños trashumantes en su tiempo...

Por supuesto que muchos topónimos que oímos o leemos hoy no son lo que parecen sin más: hay que descubrir lo que fueron antes... Alguna razón, asociación, parecido, interpretación..., tuvieron los lugareños con los siglos para transformarlos así. Pero en el origen querían decir otra cosa.

Algunos estudios de diversos lingüistas más divulgativos y prácticos en este campo nos ayudan en el proceso

Muchos nombres, por tanto, de parajes parecidos animan el paisaje con sensaciones tan diversas (todos ellos más o menos explicados en el Diccionario etimológico de toponimia asturiana, 2017). Y toda una bibliografía muy amplia en la toponimia de diversas regiones, países y lenguas respectivas (bibliografía toponímica citada en el Diccionario y en la páxina Web personal).

Pero, para empezar, hay que observar el terreno primero, claro... Y ver posibilidades, incluso en comentario comuñeru tras el bocata: cuatro güeyos siempre verán más que dos... -bien dice aquel refrán-

Pues, todo depende, claro: a veces hay que echar mano de un diccionario on-line sobre la marcha para salir del paso: basta un diccionario del léxico común, pues ya nos puede dar algún homónimo que nos aclare el dilema.

Otras veces, habrá que consultar un diccionario toponímico y etimológico, pues la homonimia, la paronimia, la polisemia..., son conceptos que ni en la misma lengua más normalizada se aclaran fácilmemnte.

En todo caso, si observamos bien el paraje que pisamos, si consultamos a un lugareño de paso -y con suerte-, hasta la duda se nos puede ir aclarando: pues la toponimia -ese lenguaje del suelo- siempre tuvo que ser antes habitada. Un diccionario asturiano completo, con variedad de léxico local, de cualquier variedad regional, resulta imprescindible en este caso.

A) El lenguaje habitado en cada tiempo

Más que de toponimia -de topónimos y topónimos, sólo en apariencia más o menos dispersos o aislados-, habría que hablar de lenguaje toponímico: todo un gran texto tejido con raíces y palabras, en su mayoría, relacionadas entre sí; relaciones etimológicas, morfológicas, sintácticas...; pero sobre todo de contenido, de referencias geográficas, geológicas, botánicas, zoológicas, históricas, agrícolas, ganaderas...; etnográficas, etnolingüísticas, en definitiva.

Como lenguaje toponímico habitado, por tanto, al caminar sobre un paisaje cualquiera, descubrimos toda una forma de describir cada rincón que fue usado por un poblamiento humano: los espacios que no se usaron no llevan nombre, no fueron señalados con el paso de los siglos; o se perdieron en la memoria de los nativos, si es que no pasaron antes a los registros escritos, a los mapas...

Este aspecto más pragmático del lenguaje se fue volviendo con el tiempo, con el paso de tantas culturas por un mismo territorio habitado, poco menos que universal.

El hecho es que desde remotos tiempos preindoeuropeos, las raíces fueron cruzando montañas, costas del mar..., sin más barreras ni fronteras que las puramente fónicas o gráficas: una misma raíz, com miles y miles de años detrás -*k-r-, *k-n-, *m-r-, *n-w- se fue diversificando de geografía en geografía, a uno y a otro lado de los mares, siempre para unas mismas referencias: 'roca, altura, agua, valle...', y semejantes.

B) El problema de las homonimias, las paronimias, las designaciones metafóricas...

Ciertamente, una duda nos asalta a veces ante topónimos idénticos (homófonos, homógrafos): ¿tienen la misma raíz?, o más bin ¿coinciden sólo en la forma del nombre? Es decir, ¿se refieren a un mismo referente primero, con una acepción derivada, metafórica?; o más bien, ¿nada tienen que ver en el sentido?

Es el problema de la homonimia, con límites tan imprecisos con la polisemia. Se dice que son homónimos seguros cabo / cabo; vaca / baca; vino / vino; tuvo / tubo; bota / vota, lava / lava..., y similares. Pero en otros casos, tal vez no se trate de homónimos, sino de polisémicos, pues pueden tener algo que ver en la motivación inicial: gato / gato; banco de dinero / banco de peces / banco se sentarse...; todos tienen en común la 'capacidad para contener varias unidades'... Por tanto, ¿homonimia o polisemia?

En el lenguaje toponímico podemos tener dudas parecidas en alguna ocasión. Para la mayoría de los casos, conviene el derivado polisémico: una misma raíz, con un mismo referente, late en cantidad de aplicaciones al terreno: Cabeza, Cabezos, Cabezón, Cabo, Cabel, Caboalles, Pena Caballo, Pena Cabello, Tsao Cabeiro, Silla Cabestredo... Todos están en lugar más o menos alto: salientes, relevantes, como la cabeza (lat. caput, capitem).

Para algunos muy concretos, nos surge la duda: El Puertu Cuba, La Yana Cubietsas, El Españal, El Río España, La Mortera, L'Escobal, L'Alto'l Palo, Uviéu, Xixón, El Preu la Barcelona, El Río l'Aragona, El Pozu las Muyeres Muertas, El Picu l'Home, El Pixcu'l Paisano...

Pues, ciertamente, pudiera tratarse de una referencia a una cuba (lat. cuppam), o a una cueva (lat. cava); o a la misma ciudad cubana, con las voces araucana coa bana (lugar grande), sin nada que ver con las anteriores, a pesar de la identidad fónica y gráfica.

Y tantos otros casos como La Cuesta'l Caballo, Fusdecaballo, Caboalles...: puede que nada tengan que ver con caballo ni cabello alguno, sino con el lat. caput vallis, es decir 'la cabeza, lo más alto del valle', interpretado y transformado por los nativos como caballo; hasta por allí subirían los caballos, pero el nombre estaba puesto por otras razones anteriores.

C) El dilema por resolver en ocasiones: ¿Oviedo, Uviéu...? sin ir más lejos...

¿La solución ante la duda? Pues no resultará fácil a veces, ni sobre el terreno siquiera. Es el caso de Oviedo mismo, sin una etimología aceptada como segura hoy, ni mucho menos (hay unas cuantas, y con supuestos muy variados).

Por eso habrá que recurrir al factor común de todos los lugares que llevan nombre parecido: si existe Oviedo, Campalaovia, L'Uviu, El Reguiru l'Uviu, El Puertu Ovios, Ovies, La Vega Ovios...; y da la casualidad que todos tienen 'agua', más o menos abundante y fija todo el año, lo más probable es que se refieran a la raíz preindoeuropea, *alb-, *aub- (agua, lugar de agua); disipando tantas elucubraciones hasta la fecha.

De modo que cuando hay muchos ejemplos para relacionar, se puede decidir uno por la polisemia o por la homonimia, por supuesto siempre sobre el terreno pateado o consultado a los nativos, sobre todo.

El problema se multiplica cuando sólo aparecen un par de ejemplos, o uno sólo, que puede tener dos etimologías, sin nada que ver entre sí. Entonces, lo más prudente será dejar las dos posibilidades etimológicas, a riesgo de que alguien buen conocedor del paraje nos dé las pistas suficientes para decidirse por una, por otra, o por una tercera que ni habíamos sospechado.

En fin, una vez más, la toponimia como una aplicación más del lenguaje usual en cualquier lengua, en este caso para la comunicación de los nativos con sus palabras del terreno.

D) La versión de los documentos y la versión de los lugareños

En la pesquisa de documentos escritos que atestigüen, o den pistas, sobre una determinada etimología, se encuentran a veces pocas soluciones prácticas.

De un lado, las palabras toponímicas están castellanizadas, con grafías cultistas, que poco o nada tienen que ver con el lenguaje toponímico del asturiano de la zona, por lo menos en su realización fonética tradicional lugareña. Así se leen Sierros, donde son Fierros; Vegilada, donde es Reguilá; Velas, donde son Abidules; Navariego, donde es Navariigu...

En otras ocasiones, el notario, el copista, el clérigo, amanuense, el señor terrateniente, el obispo..., no tiene conocimiento del asturiano que firma o intenta recoger: no entiende al lugareño, no valora sus dicción local, su articulación fonética de las propias fincas....

De esta forma, el topónimo del escrito resultante será hasta imposible de identificar sobre el terreno; o se hará por deducción, por exclusión..., pero sin seguridad alguna. O con error absoluto en la etimología: Sierros, nada tiene que ver con Fierros, por supuesto.

E) Un ejemplo muy significativo: el que aportan los ilustrados, los viajeros de paso...

El mismo Jovellanos, por citar un ejemplo, al entrevistar más a los clérigos, a los nobles, a los señores..., que a los campesinos, recoge topónimos que no pronuncian los nativos: Ballota, Buelles, Cameso, Coaña, la Collada, Flordacebo, Fresnedo, Fresneda, Jomezana, Lago, la Malveda, Nocedo, Pajares, Pancuyaredo, Posadorio, Riondo, Telledo, Vallado, Vega del Ciego, Veguellina, Zureda...

En estos casos, el problema no es mayor, pues se identifican todavía: La Vatsota, Güetses, El Camisu (Fondiru y Cimiru), La Cotsá, Cuaña, Floracebos, Fresneo, Xomezana (de Riba y de Baxo), El Chegu, La Malvea, El Nocíu, Payares, Pancuyareo, El Posaúriu, Senrilla, Teyeo, Vachao, La Vega’l Ciigu, La Viguitsina, Zurea... En otros, resultaría imposible tantas veces.

F) Muchos ejemplos para descifrar con el cuidado de los parecidos, las interpretaciones con el tiempo

El peligro de las homonimias léxicas y toponímicas resulta a la vez sugestivo y peligroso. Por ejemplo, en La Paré'l Probe de Bulnes más bien parece una pared blanca, caliza (lat. per albam, 'alrededor de la peña blanca, muy blanca'), pues está muy cerca La Probe, en la misma zona.

De modo que no parece nada en relación con pobre alguno, que interpreta la voz popular. La prueba está en que en Somiedo hay El Cutsao la Probe (noticia de Antonio Álvarez), que deshace por completo la posible confusión.

De paso por cualquier región, podemos encontrar las mismas interpretaciones tan sugestivas, pero tan capciosas: la famosa olla podrida burgalesa nada tiene que ver con olla podre ni podrida alguna: simplemente procede de olla poderida, latín, poderita; es decir, 'poderosa', de los terratenientes, de los ricos, de los poderosos.

Tal vez, con mucha ironía, los pobres (que trabajaban para los mismos poderosos) dieron por reducir poderita > poderida > podrida..., en evolución fonética normal romance, y así le llamaron olla podrida; hoy, paradógicamente plato estrella regional; el plato antes de los que estaban 'podridos' de poder...; verdadera figura retórica ingeniosa, desde la simple transformación fónica. La simple interpretación popular, una vez más.

G) Un planteamiento en estudio: la teoría sistémica, formalista, estructural..., de Alberto Porlan sobre el origen del lenguaje toponímico.

Resulta, por lo menos de momento, sugerente -muy sugerente, impactante, a primera vista- el planteamiento puramente asociativo de las concordancias toponímicas europeas, por dispares e inconexas que puedan parecer al oído a su lectura en cada caso.

No se había leído algo así sobre el origen del lenguaje toponímico en el tiempo, por lo que habrá que añadirlo, por lo menos, a la lectura y a la biblioteca de uso.

Para este autor, las concordancias de cientos y cientos de topónimos europeos sólo se debe, en principio, en sus orígenes remotos indoeuropeos -o tal vez preindoeuropeos, incluso-, a sucesivas variantes vocáliccas, consonánticas, estructurales..., de una misma articulación consonática inicial.

Para este autor, el proceso del significado, la semantización de cada una de esas formas lingüísticas (puramente articulatorias) remotas vendría después en cada lengua.

Una perspectiva de análisis toponímico muy subjetivista, pero que habrá de mirarse también, pues no todo está dicho sobre la génesis -la genética verbal, léxica, toponímica... en este caso- de las lenguas, y la del supuesto indouropeo en concreto.

Hasta habría que pedir opinión a López Otín, Arsuaga..., y colegas de la cuerda genómica y similar... A lo mejor no estaría fuera de contexto. Porque la teoría puramente sistémica -sistemática- que se duduce del autor tendría que demostrar de forma convincente asociaciones atingentes que hace -que supone- con la misma etimología, por ejemplo:

      • Brañuela, Bermeja, Granada, Grande, Granda... (p. 143)
      • Oviedo, Lugones, Ladines... (p. 139)
      • Valencia, Francia, Valongo, Valuengo, Beloncio, Beloño, Blanco, Blanche, Sigüenza, Següenco, Sagunto, Aranda... (p. 72, 79, 115, 122)...
      • Bulnes, Bobia, Ercina, Cabranes, Sevares, Libardón..

Tendría que justificar Porlan estas relaciones lingüísticas, con esas alternancias vocálicas, consonánticas..., que no encajan del todo en las teorías filológicas evolutivas -romances, paneuropeas-, en uso, más aceptadas hasta la fecha.

Tal vez los genetistas citados nos ayudarían el proceso, si acaso...

Y tantas otras variantes consonánticas, vocálicas, formales, estructurales..., que Porlan aduce para la concordancia toponímica en la geografía y catografía más dispar, y alejada entre sí: alternacias r/l, r/s, r/d, d/g, t/d, k/g, k/r..., y similares.

Por el momento, no encajan en la perspectiva más bien semantista, significativa..., de otros autores indoeurpeístas que, por cierto, Porlan creo que no cita (o no los veo citados así de momento, y con frecuencia), tal vez por alguna razón: Edward Roberts, Bárbara Pastor, Nieto Ballester, Francisco Villar, Albert Dauzat, Charles Rostaing, Auguste Vincent, Éric Vial, Joseph Piel, Corominas-Pascual, Alarcos Llorach, J. Manuel González, Neira Martínez, Arias, Martín Sevilla, Rivas Quintas, Javier García Martínez, José Morala, Cabeza Quiles...

Algo -o mucho- tendrá que justificar Porlan de sus afirmaciones y de sus exclusiones... Es un planteamiento, ciertamente más que novedoso...

Tal vez, pero sigamos leyendo... Porque el planteamiento inicial, expuesto por Porlan en el prólogo y primeras páginas, sobre todo, es muy sugestivo, parece acorde con la teoría de la génesis de las lenguas, las guturales, la articulación consonántica monosilábica, la variabilidad vocálica preindoeuropea, indoeuropea...

Pero la aplicación que hace luego con las asociaciones toponímicas atingentes, puramente articulatorias, fónicas, parece todo lo contrario: primero, los sonidos sin significado, sin sentido; luego, la progresiva semantización, procesos de significación concordantes por dispares que se den de lengua en lengua, y de geografía en geografía. Habría que recurrir a los genetistas citados, de paso... O volver a Saussure, quién sabe...

H) Algunas afirmaciones, conceptos. (orden alfabético, a modo de ejemplo) de Alberto Porlan en su obra: Los nombres de Europa. Editorial Alianza. Madrid, 1998

  • Antiquísima unidad de los pueblos europeos... Había topado con un fenómeno que contradice la convención general sobre la toponimia europea. O sea, que los nombres de lugar son descriptivos y están repartidos aleatoriamente. Sucede que junto a nombres similares como Barcelona-Barcelonne, Zaragoza - Saragosse o Logroño - Lacoruña-Locarno-Luzerna, separados por grandes distancias, aparecen otros nombres similares a su vez entre sí. Las probabilidades de que esto se deba a la casualidad son exiguas. Y se reducen exponencialmente con cada nuevo caso. En cuanto a esa conmoción a que se refiere tras la aparición de mi libro en España, yo la llamaría más bien perplejidad”.

  • ¿antes los nombres o las naciones? "Si en lugar de presuponer que las naciones dan nombre a sus lugares de asentamiento se argumenta que son los lugares los que dan nombre a las naciones, parece como si una nueva y cegadora luz lo iluminase todo...; al considerar la posibilidad de que los nombres geográficos sean consecuencia de un sistema de ordenación territorial generalizado y vigente desde la remota antigüedad, las cosas aparecen de otra manera. Las coincidencias entre los nombres de los pueblos se explican entonces por el hecho de que tales pueblos habrían sido ocupantes de territorios de nombres equivalentes en el mismo sistema ordenador...; caso concreto de los ambrones..." (p. 510 s.).

  • arquetipos y nombres comunes... "La mayoría de los nombres recogidos... carecen de significado en las lenguas de se hablan en sus territorios, pero sus estructuras, sometidas a la tensión semantizadora, son capaces de derivar formalmente hacia nombres comunes convirtiéndose en arquetipos atingentes. El análisis de estos arquetipos pasa a ser entonces un seguimiento de variantes sobre un tema común, o, si se prefiere, sobre un semantema" (p. 93).

  • atingencias: relaciones, correspondencias, conexiones "que componen las concordancias... En cuanto a la mecánica de búsqueda de atingencias, al elemento que sirva de guía o referente de dicha búsqueda lo llamaremos elemento activo, mientras que el otro u otros que lo acompañan en la atingencia serán elementos pasivos. En las atingencias duales, diremos de cada elemento que es comlementario en relación con el otro...; ... tabla de concordancia... donde se recoge el centenar largo de variantes de la misma atingencia" (p. 48, 77, 110).

  • coincidencias toponímicas... "Ni los movimientos migratorios ni la casualidad justifican la relación de vecindad territorial... Las relaciones toponímicas... resultan inexplicables en sí mismas. Pero son un hecho... La toponimia europea ha sido demasiado estudiada desde perspectivas semantistas y migratorias, pero demasiado poco desde el aspecto estrictamente formal. Si se hubiera profundizado más en la segunda de estas líneas, habrían quedado al descubierto algunos fenómenos desconcertantes que chocan de manera violenta con la idea del reparto aleatorio de los nombres de lugar" (p. 37 ss).

  • concordancia por atingencia... "La concordancia tienen lugar a partir de un mínimo de dos parejas de topónimos afines (isomorfos o alomorfos) entre los que se da, a la vez, una relación de proximidad territorial. A cada una de estas parejas la llamamos atingencia o formación atingente, y atingente o elemento atingente a cada uno de los elementos individuakles que la integran" (p. 76).

  • concordancias relativas...: "Lejos de construir unidades absolutas, justificadas en origen por razones semánticas vigentes o 'desoloridas', los nombres son relativos: se ecuentran ligados entre sí como elementos de un conjunto territorial unitario al que se yuxtaponen otros otros conjuntos organizados interiormente de manera semejante, al modo de las células de una piel" (p. 18).

  • erosión estructural... "algunas variantes propias muestran diferencias consecuentes a pérdidas o erosiones en la sílaba terminal de la estructura atingente de base... Pallanza = Ballans'... Afectan, pues, a fonemas vocálicos y consonánticos en poosición terminal...; en otras variantes propias..., a una pérdida vocálica interna...; ... a una pérdida completa de la labial inicial..." (p. 111).

  • formas y no significados... "Es la forma lo que perdura a lo largo del tiempo y no el significado, pero la forma a su vez padece una tensión que busca dotarla de significado. Una misma estructura toponímica ha podido asociarse a distintos significados en diferentes épocas en consonancia con la lengua de ssus usuarios, pues todos semantizamos cuando ello es posible: romanos, celtas... y hasta los niños de la escuela. Pero quienes más lo hacen y bajo más tenues luces son aquellos eruditos que buscan interpretar los topónimos antiguos a partir de las antiguas lenguas" (p. 57).

  • formas toponímicas puras, anteriores a las semánticas... "Puesto que los hablantes tienden a hacer significativo lo que no lo es, sucede que muchos nombres han adquirido significado a partir de formas anteriores que no lo fueron, o que acaso lo habían sido en anteriores etapas lingüísticas, pero que entonces ya no lo eran. De tal modo que cualquier topónimo ha podido derivar en alguna etapa de su evolución (incluso en más de una) hacia formas significantes para la lengua hablada de aquel territorio y en aquel momento. ¿Cómo discriminar, entonces, si un nombre que resulta significante en determinado estado evolutivo de la lengua es fruto de la creación espontánea o resultado de la adaptación semántica de una forma preexistente? Así las cosas, la vía más adecuada para encarar el problema parece ser la de tomar a los topónimos exclusivamente como formas lingüísticas, sin mezclar en su análisis consideraciones externas de carácter semántico. Ver los nombres tal y como son formalmente, sin pensar en lo que pudo o no pudo haber detrás de ellos. En una palabra, renunciar al prurito significativo" (p. 75).

  • ¿fuentes clásicas, latín, griego...?: "Y si sabemos poco sobre las lenguas de las naciones ágrafas, lo ignoramos todo acerca de su posible evolución desde etapas todavía anteriores... Tampoco hay que olvidar que vemos el pasado remoto casi exclusivamente a través de la faceta de las fuentes clásicas, lo cual supone un primer e importante filtro para la transmisión, que está fatalmente contaminada lingüísticamente por el latín o el griego y, de un moco más general, por las ideas falsas de aquellas naciones acerca de los pueblos bárbaros" (p. 71).

  • genotoponimia, genotoponímica... "los nombres complejos... se articulan siguiendo las mismas pausas que los nombres simples y combinados..., capacidad genotoponímica arcaica...; las estructuras de este orden que prefiguran antiguos topónimos bárbaros están integradas en el mismo sistema articulado..., consustancial o preexistente a la toponimia antigua, de la que a su vez es heredera la actual" (p. 630).

  • historia escrita y culturas bárbaras... "La concordancia nominal... choca frontalmente con la idea, común y universalmente aceptada, según la cual los nombres de lugar son efecto de causas inconexas y aleatorias... Pero... a la vista de las tablas en las que se han reunido las atingencias..., sí puede afirmarse... que nos hallamos ante un fenómeno desconcertante que sugiere la existencia de un cierto orden en el seno de un conjunto (la toponimia europea) donde jamás se había detectado tal cosa. Un orden... que parece extendido a territorios muy separados entre sí por el espacio y las circunstancias culturales. Al menos, hasta donde nos permite conocer la Historia escrita... Claro que la Historia escrita es, en términos generales, muy reciente. Y además nuestra desequilibrada memoria europea... es fruto de culturas considerablemente distanciadas del remoto tronco común que las íntimas conexiones entre las lenguas denuncian, producto de culturas heréticamente alfabetas, mediterráneas, sureñas, despectivas o paternalistas con las bárbaras, a las que estimaban más atrasadas" (p. 193).

  • indoeuropeo, el tronco común... "En cualquier caso..., hay que empezar por desterrar la idea bruta de un pueblo invasor y genocida que extermina al pacífico pueblo residente, redistribuye su territorio y lo renombra por completo. Y, desde luego, también la otra idea... del lugar virgen e innominado al que llega un flamante pueblo invasor que lo ocupa y lo nombra...; pero, en Europa, los pueblos invasores siempre han ocupado territorios ya habitados y nombrados. Más aún: nombrados por otros cuya lengua no era tan absolutamente distinta a la de sus invasores. Y cuanto más antiguas las invasiones, más semejantes las lenguas, si nos atenemos a la evidencia del tronco común idiomático que llamamos indoeuropeo" (p. 57).

  • ¿migratorismo toponímico...?: "Convendremos en que de ninguna manera se puede explicar esta concordancia nominal entre áreas geográficas y culturales enormemente apartadas entre sí como efecto de contactos migratorios en uno u otro sentido. Pero, en cualquier caso, la concordancia está ahí. Es un hecho, un hecho tan cierto como inexplicable, si recordamos la escasa posibilidad de que se repitan parejas de elementos (nombres) asociados territorialmente en el seno de un conjunto aleatorio (la toponimia europea)" (p. 64).

  • nombres en los comienzos... "Entre las herramientas que nos ayudan a comprender algo en el mundo, la más esencial y primigenia es la utilización de los nombres. Ni el ser humano está completo ni su mundo es habitable si lo que puebla tal mundo carece de nombre...; el acto de nombrar era equivalente al acto de crear... El nombre surge como respuesta a la diversidad del mundo, a la necesidad primaria de distinguir entre lo distinto... El hombre se mueve en un universo del que sólo puede ver y señalar cada vez una parte minúscula. Para referirse al resto, más allá de los muros de su casa o de la línea del horizonte, no dispone sino del artifico de los nombres de lugar" (p. 25 s).

  • ¿nombres nuevos?... "... esos nombres significativos que creemos nuevos no tienen de nuevo, en su inmensa mayoría, sino la adaptación o actualización fonéticas a niveles más o menos modernos de la lengua, suaves movimientos de ajuste provocados por la constante tensión semantizadora. Pero, en su origen, los nombres no son foráneos ni caprichosos. Más aún: si en verdad forman parte de un sistema, es probable que ni siquiera fuesen léxicamente significativos, sino tan sólo diacríticos" (p. 305).

  • oscilación consonántica, ¿límites? "Esto nos sitúa ante una especie de reiteración fonológica, ante un estrato lingüístico donde se reducen a cero cualesquier diferencias que no afecten a la más primaria de las selecciones que ha de realizar el hablante: el órgano con el que debe producir el sonido" (p. 114).

  • oscilación vocálica, ¿límites...? "No se aprecian límites en la oscilación vocálica. Cualquier vocal puede ocupar cualquier posición en ambas cadenas atingentes... Valencia, Beloncio, Pallanza, Palomera... Sagunto, Regañada, Gallinero..." (p. 112).

  • parentesco étnico, migratorio toponímico...: "Parece preferible, entonces, renunciar a toda idea de parentesco étnico por migración entre los antiguos pobladores de territorios en que se reconozcan los mismos nombres, y aplicarse al análisis de las concordancias toponímicas en sí mismas. Enfocando así el asunto, alcanzamos a vislumbrar el hecho de que, más allá de identidades o diferencias culturales, se repiten los mismos nombres o muy semejantes a lo ancho de todo el continente europeo. Y, sobre todo: lo hacen en el seno de un conjunto de relaciones de proximidad territorial que configuran determinadas concordancias estables" (p. 74).

  • patrón toponomástico... "evidencia de un patrón toponomástico arcaico asociado a la geografía europea y, probablemente, a la indoeuropea. Es decir, que los europeos nos movemos sobre un espacio organizado y demarcado por nuestros antecesores hace milenios y que los nombres que utilizamos para designar a nuestros territorios son... aproximadamente los mismos que los ancestros utilizaron para llevar a cabo sus demarcaciones originales" (p. 687).

  • problema planteado...: "El problema acuciante que se nos plantea... es el de la necesidad de un significado para nuestros propios nombres. Pero si partimos de la base de que no concebimos un nombre sin significado semántico, si damos por sentado que todo nombre ha de ser connotativo, ello se debe a un vicio en la concepción de lo que es en realidad un nombre... La cosa resulta fácil de rebatir en el caso del valenciano, porque nos consta sin lugar a dudas que Valencia se llamaba así mucho antes de que existiera la lengua valenciana... Ello es consecuencia de que seguimos engañados, pura y simplemente, por la perspectiva histórica cagata que hemos heredado a partir de la demencial búsqueda de lo primigenio. Desde esta persoectiva, parece que todos los nombres antiguos debían tener un significado para los hablantes antiguos" (p. 74).

  • ¿raíces toponímicas?... más bien cuños léxicos... "De la comparación entre las formas utilizadas por las distintas lenguas para expresar los mismos conceptos no se extraen, de acuerdo a este método, raíces, sino estructuras generales (podríamos llamarlos 'cuños léxicos') que aglutinan y clasifican tales formas como variantes homogéneas o coherentes... Luego esos cuños pueden compararse con los que aglutinan a su vez otros conceptos pertenecientes a su mismo campo semántico, buscando determinar así relaciones analógicas sustantivas establecidas en la remota infancia indoeuropea. Quizá el estudio de tales relaciones nos revelase algunos aspectos profundos de nuestro orgulloso y psicótico pensamiento actual, del mismo modo que el estudio de nuestros nombres parece enseñarnos la hermosa lección de nuestra unidad primigenia" (p. 697).

  • ¿relación semántica?... "Los elementos que componen tales atingencias pueden ser significativos o carecer de contenido semántico, lo que parece un primer indicio de que los elementos significativos son el resultado de adaptaciones semánticas a las estructuras preexistentes...; la fuerza idiomática que hemos llamado tensión semantizadora, la cual tiende a convertir a las estructuras originales en arquetipos o en grupos de arquetipos homogéneos... La falta de relación semántica entre los arquetipos homogéneos es la norma general (galápago..., golpeja..., carvallo..., Salvador) aunque también se dan interesantes casos de convergencia semántica entre formas que no son homogéneas por su estructura y cuya relación se sostiene, tan sólo, en virtud de la asociación original entre las alternativas" (p. 215).

  • reminiscencias de otros nombres... "si pudiéramos obtener un mapa de la Europa arcaica tan detallado como los actuales, veríamos que el continente ya estaba completamente nombrado a partir de dicho sistema. Desde luego, el número de nombres que contendría ese mapa sería muchísimo menor que los que hoy vemos en un mapa actual pero, en cambio, los nombres viejos abarcarían zonas más extensas... De modo que los pretendidos nombres de nuevo cuño, aleatorios..., del azar..., no tienen sentido en Europa" (p. 305).

  • semantización toponímica... "Sea cual fuere el origen del fenómeno de las concordancias, hubo de ser anterior a la cristianización de estos países. O dicho de otra manera: que tanto en suelo francés como en tierras españolas preexistían a la llegada de los cristianos ciertos elementos toponomásticos comunes asociados territorialmente entre sí, sobre cuyas estructuras, se instalaron los nuevos nombres que en algunos casos se semantizaron.... (Chanteloup...), y en otros se cristianizaron (Saint Loup...)" (p. 56).

  • subjetivismo toponímico, tesis sostenida... "En todo caso, al hablar de reconocimiento aspectual nos estamos internando de nuevo en la marisma subjetiva. Así que más vale que volvamos a recordar cuanto antes que nuestro análisis estima a los topónimos exclusivamente como formas lingüísticas. En este sentido, se impone una renuncia a cualquier categorización de los fenómenos que sea exterior a dicha estimación" (p. 112).

  • tensión semantizadora... "Todas estas alternativas son... efecto de una fuerza más poderosa y, sobre todo, más imprevisible que la evolución fonológica: la tensión semantizadora, en virtud de la cual tienden los nombres no significativos a convertirse en sigificativos en boca de los hablantes. Es un fenómeno de carácter intrínsecamente humano, un reflejo que responde... al horror vacui lingüístico de la falta de significado" (p. 57).

  • topónimos europeos... "son resultado, en su abrumadora mayoría, de un sistema único y extremadamente arcaico de ordenación territorial del que se harría perdido memoria al comienzo de la historia escrita" (p. 18).

  • transformación toponímica... "una importante regla de carácter general: las semantizaciones toponímicas se han producido a partir de las modificaciones de la estructura formal de los nombres, y no de la traducción semántica de los mismos. De modo que el hilo de su transformación a lo largo del tiempo está tejido a base de pequeñas y continuas alteraciones formales, y no de saltos semánticos caprichosos y discontinuos" (p. 75).

  • unidad primigenia... "Lección que debe oponerse al mezquino y engañoso recreo nacionalista de patrias y banderas, ese espejuelo utilizado desde que tenemos memoria para deslumbrar y atraer finalmente a la ruina a cuantos viven cegados por el apego al terruño y al refrán que, a menudo, les impide reconocer la amplitud del mundo y el peso de las ideas" (p. 697).

  • “¿unidad europea...? No me atrevería a tanto. De lo que hablo es de la existencia de un modelo generalizado de poblamiento que parece revelar la compartición de un ámbito cultural común. De una cultura antigua que no conocía ni convivía con otras culturas, posiblemente porque aún era la única. Aquellas gentes estaban desarrollando el idioma que hemos llamado indoeuropeo o indogermano, y si la existencia del sistema de poblamiento común es ratificada por otros investigadores, tendremos un indicio de que, además del idioma, compartimos ese hecho cultural. Sería una noción para sentarse a meditar sobre la unicidad de un pueblo que hoy se encuentra aparentemente fragmentado y cuyos miembros no se reconocen entre sí como lo que son: hermanos que visten camisas diferentes".

  • variabilidad toponomástica... "la etiología de los modos o dominios de variación que producen las modificaciones de los atingentes admite una primera clasificación en dos grandes dominios: respecto a la forma (oscilaciones vocálicas y consonánticas) y respecto a la estructura (erosiones terminales, erosiones vocálicas internas y deslabialización inicial). Desde esta perspectiva es posible alcanzar un punto de vista más amplio y comprensivo acerca de los límites máximos y mínimos entre los que se mueve la variabilidad toponomástica... Lo más común, sin embargo, es que las variantes no sean formales o estructurales, sino mixtas, y participen a la vez de ambas alternativas" (p. 111).

  • variante toponímica... "... cada uno de los nombres afines susceptivos de ser ser comparados entre sí por la estrctura de su secuencia consonántica. De acuerdo a su estructura vocálica, sin tomar en cuenta si las vocales que la integran son las mismas una a una, las variantes pueden ser iguales (Valvanera = Valfenera...) o distintas (Pampaluna = Pampl'lona; Chanteloup = Saint'Loup). En el primer caso diremos que las variantes son isomorfas, y en el segundo que son alomorfas" (p. 76).

  • variante y oscilación formal... "La diferencia entre determinadas variantes recae exclusivamente en su oscilación vocálica. Los cambios pueden producirse sobre una vocal (Valonga = Volongo...)... Pero también pueden cambiar dos vocales (Sagunto = Saganta) o todas ellas como en Pallanza = Pollenzo" (p. 110).

I) Algunas reflexiones personales sobre la lectura de Alberto Porlan

  • El autor parece que trabaja más sobre mapas: el lenguaje cartográfico, con su toponimia imprecisa tantas veces (grafías, centralización idiomática, desajustes con los nativos...). Parece imposible que haya comprobado la morfología concreta -real, física, geográfica- de tantos nombres que sólo asocia por la forma de las palabras. En todo caso, los mapas irían siempre -es de suponer- detrás de los poblamientos más remotos, de las ciudades, de las camperas, de los rincones de las montañas... Antes, mucho antes, estará lo que dice el lenguaje habitado de la tierra, milenio tras milenio, en cada paraje pateado, usado, necesitado, valorado, traducido a palabras.

  • El novedoso planteamiento de Alberto Porlan rompe, de momento, un poco -o un mucho- nuestros esquemas: se diría que se trata de un trabajo minucisamente elaborado con recursos digitales, sobre documentos cartográficos y programas tipo data-base, muy exhaustivos, pero que no se contrastaron de modo suficiente con cada lugar concreto (el topos, que exige la palabra). Ni, por supuesto, con los estudios lexicográficos, toponomásticos..., más de fiar hasta la fecha. No es una toponimia pateada, con entrevistas a los nativos, los primeros agentes de ese lenguaje del suelo.

  • Así se podrán hacer encajes puramente lingüísticos, estadísticos, sistémicos, estructurales, formales..., muy efectistas en la computación digital, la presentación virtual, pero no demasiado convincentes sobre el terreno pateado de tantos ejemplos que parecen más que evidentes a la vista, muy distintos de homonimias, paronimias y semejanzas puramente conincidentes, con etimologías muy distintas, por mucho que se hayan generado en procesos paralelos o sucesivos. ¿Brañuela, Bermeja, Granada, Grande, Granda...?... ¿Valencia, Francia, Valongo, Valuengo...?

  • Tesis sostenida por el autor, parece tan clara como sugestiva y subjetiva: "En todo caso, al hablar de reconocimiento aspectual nos estamos internando de nuevo en la marisma subjetiva. Así que más vale que volvamos a recordar cuanto antes que nuestro análisis estima a los topónimos exclusivamente como formas lingüísticas" (p. 112).

  • Un análisis inverso... Se diría que Alberto Porlan parte de un proceso inverso (tal vez, generativista) a la investigación toponímica más al uso y divulgada hasta la fecha: no va del referente externo, de la significación asociada a una raíz remota (gutural, consonántica, monosilábica, etc.), sino en un proceso creativista ascendente contrario; parte más bien de la pura articulación formal, a la génesis de significados variables que se vayan asociando (generando) en cada espacio, a las múltiples variantes lingüísticas posibles; en la práctica ya de muy difícil limitación espacial y temporal.

  • Una perspectiva genetista..., multidisciplinar por tanto, a la espera de estudios que la confirmen. Tal vez por algo el autor no cita a esos toponomistas más divulgados hasta la fecha: Francisco Villar, Martín Sevilla... (ver más arriba). Habrá que seguir leyendo...

J) Aplicaciones posibles de la teoría de Alberto Porlan

  • La interpretación lugareña. Con todo, esa capacidad de los nativos para generar significados en cada espacio y en cada tiempo, sí que explicaría en parte los nombres que tenemos hoy, muy transformados desde la primera forma escuchada, ya citados más arriba: Pena Caballo, Pena Cabello..., sin caballos ni cabellos, por supuesto, sino simples caput vallis (cabeza del valle), y tantos otros.

  • Un ejemplo muy notorio. Desde un simple indoeuropeo *vind-os (blanco, el brillo, la luz del sol), hasta La Virgen de Covadonga y La Capilla de Santa Cruz en Cangues d'Onís, pasando por toda una cadena de reinterpretaciones cristianas desde las cumbres hasta el fondo de los valles: El Monte Vindio > Peña Sagra > Peña Santa > Torre Santa > Torre de Santa María > Santa María de Enol > Nuestra Señora de Enol > La Virgen de Covadonga > La Capilla Santa Cruz...

  • La reinterpretación desde el monosílabo inicial, hasta el sintagma medieval. Es decir, desde el culto precristiano muy arraigado en toda una Cordillera Cantábrica con muchos km de este a oeste, hasta una cristianización de la montaña y de la historia, saltándose la única realidad subyacente a la cadena toponímica: el culto al Sol, llevado al culto al agua; para terminar con el culto a un reino con un Pelayo al frente y una Cruz, que no fue más que una encrucijada de ríos con un dolmen megalíitico bien presente en la Capilla (respetado hasta la fecha, menos mal). Ver artículo publicado en el RIDEA.

  • Muchos ejemplos en el lenguaje del suelo por cualquier geografía, de raíces transformadas por los propios lugareños, en su derecho de interpretar y crear acepciones a su medida en cada tiempo. Sirva al azar el adjetivo latino versus (contrario, adverso), por cierto articulación ya indoeuropea, a su vez (*wer-, 'volver'); la necesaria imaginación lugareña, desde una Fuente'l Verso (fuente, vuelta frente al sol, adversa, sombría, fresca...) fue pasando por verso, vaso, beso..., hasta terminar en La Fuente los Enamoraos, sin más recatos ni remilgos; que sin duda las aguas frescas de la fontana refrescarían a muchos enamoraos con los siglos por los caminos, pero que en el origen, la raíz primera nada tenía que ver: la creatividad inevitable de cualquier lengua, en toponimia también. En parte, la teoría de Porlan pudiera venir al caso.

K) Otras opiniones, frases..., interesantes sobre el lenguaje toponímico

  • “Anulación, borrado intencionado de topónimos... Con la emigración rural, la concentración parcelaria..., gran parte del patrimonio construido ha desaparecido: fuentes, puentecillos, caminos, palomares, molinos, batanes, cercados..., huertas, chozas, chiviteros..., casetas, majadas; y con su desaparición, se ha consumado también la extinción de los nombres de lugar que los identificaban...; la concentración parcelaria ha sido la gran goma de borrar topónimos" (Pascual Riesco Chueca).

  • "cambios de nombres deliberados... Valoración señorial o enaltecimiento de un predio (énfasis en la propiedad, tono afectado, ligado a modas toponímicas cultas)...; nombres de lugar impuestos tras la adquisición de predios por familias aristocráticas o ennoblecidas... Bellavista, Vistahermosa, Miraflores, Vistalegre..." (Pascual Riesco Chueca).

  • “carteles, pancartas, publicidad comercial... La prepotencia rotuladora de la cultura actual es omnipresente; silencia las sutilezas del medio y los desteñidos ecos de la historia. Pancartas comerciales o publicidad institucional, señales varias, paneles para el turismo; el resultado es el mismo: se tapan los panoramas; los lugares son interpretados, se predicen las admiraciones, se presuponen sus pasos por el campo" (Pascual Riesco Chueca).

  • “desaparición de topónimos... La estabilidad del sistema toponímico en una comunidad rural es sensible a los cambios en el uso del territorio. Si el cultivo en una zona se abandona, disminuirá la frecuencia de las visitas a esas tierras, y podrá caer en el olvido una capa de nombres de lugar. La concentración parcelaria da lugar a una simplificación del paisaje: las parcelas se extienden, los caminos tradicionales desaparecen, y con ellos muchas referencias seculares al paisaje (mojones, hitos arbóreos, linderos, ribazos, puentes)... Muchos topónimos dejan de ser útiles, pues los predios designaos quedan englobados en una nueva unidad, que a menudo queda apresada tras una alambrada común" (Pascual Riesco Chueca).

  • “doble denominación toponímica... ; coexistencia de dos o más denominaciones rivales para una misma entidad...; un mismo paraje puede recibir denominaciones concurrentes, fruto de la coexistencia temporal de dos topónimos de implantación sucesiva... Quienes habían heredado tierras en el paraje cuya posesión o vínculo con la familia venía de antiguo tenían tendencia a perpetuar el topónimo más arcaico. Sin embargo, otros propietarios recientes o advenedizos podían innovar o aplicar impropiamente un topónimo aledaño. La doble denominación suele tener implicaciones sociolingüísticas, y es compatible con connotaciones valorativas o de menosprecio, según la forma toponímica elegida" (Pascual Riesco Chueca).

  • “errores, interpretación caprichosa de topónimos... Los informantes actuales, más desligados de la toponimia tradicional, con menor conciencia dialectal, se combinan con un registro de campo en el que parecen deslizarse innumerables errores, falsas correcciones cultistas, segmentaciones arbitrarias, reinterpretaciones caprichosas, confusiones en la transcripción fonética: todo ello hace sumamente insegura la utilidad de las hojas [la cartografía de despacho] como fuente para el conocimiento de la toponimia" (Pascual Riesco Chueca).

  • “etnohistoria, etnopaisaje, etnotoponimia... La toponimia facilita un camino para acceder a datos endógenos sobre el paisaje, esto es, generados por los habitantes presentes y pasados; en muchos nombres de lugar palpita una intuición sobre el carácter del lugar tal como lo han percibido muchas generaciones. En todo caso, a través de los topónimos obtenemos un censo de percepciones sobre el territorio, referentes a la botánica, los cultivos, los accidentes geográficos, los asentamientos y otras variables descriptivas" (Pascual Riesco Chueca).

  • “exhibicionismo publicitario contaminante... El etiquetado torpe de elementos patrimoniales introduce disonancias ingratas en el paisaje...; se sobracargan hitos patrimoniales con letreros desaforados y explícitos que roban el aura del sitio. Chapas estentóreas proclaman excelencias turísticas y reclaman la foto y la mirada. Una pequeña fuente de pueblo sobrecogida bajo un pancartón de autopista...; son excesos en en los que la exhibición enfática del nombre lesiona la potencia simbólica del lugar" (Pascual Riesco Chueca).

  • “habla local, cartografía y toponimia... Un mapa toponímico no se puede hacer con criterios meramente topográficos: es imprescindible un buen conocimiento del habla local en sus caracteres fonológicos para no incurrir en errores como los que afligen muchas hojas... Por ejemplo..., donde perviven en la toponimia abundantes huellas de hablas astur-leonesas, no es razonable que el levantamiento toponímico sea hecho por un encuestador yeísta, sordo a la distinción ll / y" (Pascual Riesco Chueca).

  • “homonimia toponímica... En comarcas densamente pobladas, de pueblos próximos entre sí, la toponimia menor es muy densa, pero, para cada informante local, el círculo donde la memoria de nombres y lugares es muy precisa sólo alcanza a su término municipal y algunas tierras colindantes en los términos vecinos. Esto a su vez explica por qué pueden, sin crear confusión, aparecer repetidos los topónimos: solo hace falta que las reiteraciones se produzcan a una distancia funcional suficiente. La homonimia es un fenómeno tan omnipresente en la toponimia menor que casi todos los nombres de lugar tienen dobletes en cada comarca, con las variantes esperables dentro de dispersión evolutiva de la lengua. Gracias a esta repetición de los tipos toponímicos se tienen elementos de juicio para su correcta interpretacioón" (Pascual Riesco Chueca).

  • “manipulación toponímica, modas, publicidad oficial... Numerosos nombres de lugar impuestos por los dueños o administradores del suelo a raíz de la urbanización difusa y la construcción de paisajes comerciales... en las últimas décadas: fincas y chalés, piscinas y restaurantes, casas rurales, incluso caminos y rutas turísticas. Suele tratarse de nombres dictados por las modas y los medios, de fuerte impregnación televisiva o publicitaria" (Pascual Riesco Chueca).

  • “paisaje lingüístico actual, publicista... El llamado 'paisaje lingüístico' está compuesto por paneles de señalización en la vía pública, indicadores de nombres de calles y lugares, equipamientos publicitarios, referencia a obras públicas, carteles informativos en espacios protegidos y otros elementos que introducen textos, en presencia real, dentro del paisaje... Es preciso dar contención al sobreamueblamiento informativo asociado al paisaje lingüístico. Son notorios los excesos contemporáneos en esta materia: empaquetado del producto paisajístico, previsión de itinerarios..., sobre énfasis en los hitos" (Pascual Riesco Chueca).

  • “puesta en valor de la toponimia tradicional... La rebusca cuidadosa del patrimonio onomástico local permitiría mantener un vínculo con la cultura propia del enclave y poner a salvo nombres antiguos que pueden seguir vivos, ahora con otra función...; dar prolongación a los nombres originales es una decisión que consolida la memoria y afirma el lazo entre lo construido y la cultura inmaterial del territorio" (Pascual Riesco Chueca).

  • "retoponimización, cambios de nombre... [más bien en la toponimia mayor], imposición regia o señorial, motivos estéticos, tradicción, prestigio literario, valoración popular, imposición política, ajuste geográfico. Estos agentes apenas actúan sobre la toponimia menor...; la conversión deliberada y programada del nombre, aunque el topónimo antiguo siga usándoese para chascarrillos y dicterios" (Pascual Riesco Chueca).

  • "sensibilidad toponímica... La sensibilidad para el matiz de quienes han pasado su vida luchando con los terrones, empujando la reja del arado durante interminables jornadas de invierno o segando a pleno sol, palmo a palmo; esta sensibilidad no puede sino ser más aguzada y penetrante: en cualquier caso, radicalmente distinta de la que nos interpela como paseantes, más o menos desinformados, que cruzamos sumariamente por el paisaje" (Pascual Riesco Chueca).

  • “señalización perturbadora... En la señalización de pueblos, objetos de interés paisajístico, árboles singulares, caminos, esta perturbadora superposición entre nombre y cosa es un hecho cotidiano. La constante presión señalizadora, que coloca rótulos, logotipos, banderas y marcadores por doquier, nos acostumbra a situarnos simultáneamente bajo la influencia del objeto y la de su heraldo, la señal" (Pascual Riesco Chueca).

  • “señalización tradicional y señalización actual... La señalización tradicional hablaba en voz baja; la actual, diseñada para interpelarnos en el embotamiento de la velocidad o el hastío, es gárrula y omnisciente. Es preciso encontrar fórmulas de expresión y orientación para el viajero que, siendo claras, no sean descaradas; y que, en sus materiales y procedimientos, sepan ser también contenedores de lo local y acumuladores de historia" (Pascual Riesco Chueca).

  • “toponimia de despacho y de reclamo... La industria y el turismo buscan nombres que potencien la imagen o producto que se pretende difundir. La designación poco feliz de nuevas componentes del territorio (urbanizaciones, restaurantes, caminos...) resulta en un sinfín de reclamos explícitos, a veces impudorosos, que suplantan a la toponimia tradicional. El nombre del lugar heredado es recatado en la expresión emocional y y condensa un conjunto evolutivo socio-natural, mientras el topónimo comercial nace en un despacho o una cena de negocios" (Pascual Riesco Chueca).

  • “usos tradicionales borrados a capricho de un promotor... La nueva toponimización es galopante, puesto que, perdida la función instrumental del nombre para usos agrarios tradicionales, puede emerger una capa de nombres dictada por nuevas necesidades de localización y referencia...; desaparecido un prado comunal y asentada en su lugar una urbanización, se hace preciso designar las calles con nuevos nombres, a menudo inventados a capricho del promotor" (Pascual Riesco Chueca).

  • “valores compatibles del pasado y del persente... Alimentar el sentimiento de pertenencia -en los residentes-, y el sentimiento de ingreso en una intimidad cultural consistente -en los visitantes, inmigrantes y transeúntes-: ambos valores son suficientes para aconsejar la prevención de los nombres propios del paisaje" (Pascual Riesco Chueca).

L) Anexos: algunos textos explicativos más accesibles

1) Los cambios de los nombres en toponimia
(por Jairo García Sánchez

“Son muchas las razones que puede haber detrás de un cambio de nombre y desde luego también convendría considerarlas desde una perspectiva histórica, puesto que las retoponimizaciones, que así solemos denominar a estos cambios, se han producido desde antiguo y a lo largo de los tiempos....

Los topónimos, pese a su aparente inmovilismo, están sujetos a modificaciones y alteraciones de manera continua. Muchos son sustituidos por otros y, en ocasiones, se reformulan o se renuevan. La sucesión de estratos y lenguas en un determinado territorio provoca alteraciones en su toponimia.

Los cambios pueden ir desde una adaptación o una mayor evolución fonética hasta la sustitución de un nombre antiguo por otro acorde con la nueva lengua vigente; el deseo de encontrarle sentido al topónimo puede llevar a sustituirlo o a recrearlo.

A veces se han recuperado nombres antiguos por la supuesta identificación de su ubicación. Así ha sucedido con Sagunto, que hasta el s. XIX se había denominado Murviedro (< lat. muru veteru ‘muro viejo’ –en referencia a los restos del antiguo núcleo fortificado–)...

Otras veces la sustitución estuvo motivada por intereses señoriales o concesiones reales a algún señor: Mombeltrán debe su nombre a un privilegio otorgado por Enrique IV a don Beltrán de la Cueva, duque de Alburquerque.

Arabayona de Mógica en Salamanca era antes Hornillos, pero en 1655 Felipe IV le concedió su señorío a don Rodrigo de Mújica y este cambió el topónimo por el de Arabayona, en recuerdo de su lugar natal en Álava (Aramayona)"
(Jairo García Sánchez).

2) Léxico común y lenguaje toponímico
(por Maxiliano Trapero
)

"¿Cualquier palabra del lenguaje común puede convertirse en topónimo? Parece que sí, incluso las más alejadas a la geografía y a la naturaleza física, los referidos al campo de la inteligencia y del espíritu: siempre hay (o puede haber) un Puente de los Suspiros o un Monte de las Animas.

Siempre una fuente cualquiera puede convertirse en referencia geográfica y ser origen del nombre de un pueblo: Fuencaliente, o un llano cualquiera servir para calificar una amplia zona: Los Llanos de Aridane...

Así, montaña, risco, barranco, valle o río denotan accidentes tan señalados que siempre serán punto de referencia en la geografía y, por tanto, topónimos, mientras que charco, fuente, acequia, era o cuesta pueden referirse a realidades tan minúsculas que, de las muchas que haya, sólo unas pocas serán punto referencial en la geografía. ...

Por otra parte, la dirección en el proceso de las referencias en el léxico va por lo general del lenguaje común al toponímico: primero significa una realidad (una casa o una tierra) y después se singulariza en un accidente concreto (La Casa del Gallo o Montaña Las Tierras)".

3) Una didáctica toponímica para comenzar: una comprensión, aprendizaje..., por estratos, por niveles sucesivos... (Antonio Álvarez)

"Yo me atrevería a decir que la toponimia se podría clasificar como el nivel de estudios en un proceso de aprendizaje cualquiera:

  1. Por niveles: hay toponimia de infantil (La Barrosa, Las Pinietsas); de primaria (Carbayal); de secundaria (Güergola); de bachiller (Bustantivo); universitaria (Ferichosas, Xuan Estrellu, Combera, Cuadroveña, Camarmeña); y de tesis doctoral (Cádiz, Pamplona, Tresmialma)…

  2. Por sustratos: Un primer sustrato, el más primitivo, remoto, con pocos nombres, quizás linderos, quizás pueblos, minas, zonas de caza, etc.. (nivel tesis doctoral, Cádiz, Pamplona, Valencia, Gijón…); un segundo sustrato más evolucionado, ya más ligado a la ocupación humana, asentada, sedentaria (universitario); un tercer sustrato ligado a la comarca más pequeña, organziada (bachiller); y así en sustratos sucesivos hasta llegar al nivel primaria, el más inmediato, donde ya el paisano, el nativo de un territorio, pone nombres basados en la simple evidencia de lo que ve, toca, patea todos los días etc. (Barrosa, Barrial, Cortinal, Llosa, Cavada, Solaviña, etc..).

Y así es como se podría uno ir acercando a las alturas de comprensión toponímica, a descifrar la complejidad milenaria de los topónimos creados, asentados de cada cultura a la siguiente. Puede ser cierto que esa toponimia de nivel superior, de tesis doctoral, sea la que tenga más antigüedad y unas relaciones espacio/tiempo más complicadas de acotar.

Puede ser que estemos ante varios sustratos y niveles toponimizadores del territorio. Pero, en su conjunto, se trataría de un lenguaje del suelo asequible por partes, como ocurre en todo proceso de aprendizaje".

M) Conclusiones personales

  • Un lenguaje habitado en cada espacio compartido. Por lo que venimos deduciendo de autores diversos en espacios y lenguas, el lenguaje toponímico es la forma de que usaron los lugareños o pobladores de paso por un territorio utilizado; en consecuencia, el documento más fiable siempre será el que trasmitan los lugareños oralmente, en su conjunto comunitario. Otra cosa es retomar el hilo a la inversa, sobre el terreno, para descubrir las cadenas semánticas milenarias sobre las articulaciones puramente acústicas en cada entorno.

  • Un documento oral más fiable nos parece, por tanto, el que prevalezca en el asturiano local, después de muchas entrevistas en los diversos pueblos de la zona; siempre habrá esa especie de factor etimológico común (raíz de la palabra y referencia topográfica), que vaya aclarando el origen y el sentido del nombre del lugar: las otras versiones anteriores, hasta llegar a la original.

  • El documento escrito será, casi siempre, más o menos complementario, aunque en ocasiones hasta pueda ser determinante ante la duda final. Y la versión de los viajeros, regionales, los extranjeros..., puede resultar muy útil también para las etimologías, pues hasta nos aportan en ocasiones topónimos desaparecidos. El problema de las etimologías en definitiva, con el criterio del mismo tecnicismo: griego tópos (lugar, país), con todas sus consecuencias.

  • Un lenguaje toponímico para leer -y re-leer- en la cadena cultural de los tiempos. Como se dijo al principio, el lenguaje cartográfico que leemos o escuchamos hoy, dista en muchos casos de su articulación y sentido por el que pasó a designar terrenos habitados. Un lenguaje poco menos que universal, como apunta Alberto Porlan en su obra extensa (697 páginas). O por lo menos una estructura común a las lenguas indoeuropeas.

  • Una asignatura toponímica pendiente. Esa posible relación toponímica (fónica, gráfica, estructural...) entre las formas más distantes en el espacio es la asignatura por terminar; otro enigma etnolingüístico más, en parte sin estudiar lo suficiente: teorías migratorias, sistémicas, semantistas, estructuralistas, generativistas..., siempre más o menos significativas, tienen mucho que decir y, sin duda, corregir, de una versión oficial dada por definitiva hasta la fecha. Un camino muy sugestivo por delante, sin más penas que esa falta de informantes lugareños con su compleja memoria inmemorial.

(páxina en construcción)

Otros trabayos del autor:
Xulio Concepción Suárez

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