Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

"Xuntáranse más vaqueirus
nel Acebo l'outru anu
que pelus tien una cabra
ya fuechas vinti castañus"
.
(Copla vaqueira)

Una cultura al alcance de la mayoría:
la lectura del terreno, del suelo,
del territorio habitado, siglos, milenios atrás...

vaca y xatu somedanos

Las etimologías al alcance de cualquiera:
menores, medianos o mayores

Anotación previa

La perspectiva de un diccionario toponímico con un lenguaje más divulgativo: las referencias etnográficas, al lado de las lingüísticas, fonéticas, fonológicas..., al uso tradicional

El presente diccionario etimológico en su segunda remesa, sigue con la idea de la primera edición ahora un poco más asegurada: más de de toponimia a secas, etimologías puras, aisladas -versiones tradicionales-, habría que hablar de lenguaje toponímico; usos de los nativos traducidos a topónimos orales; versiones locales escuchadas a los pobladores de un territorio descrito por sus antecesores con palabras y palabras sobre cada rincón de suelo utilizado, trabajado, habitado, para sus antecesores desde tiempo inmemorial.

Y la razón de ese lenguaje geográfico habitado parece evidente al conversar con los nativos: las palabras del terreno, tal como nos las explican muchas veces ellos mismos -los acebos del Acebal; las lamas, lodazales de Las Tsamas; los argaxos de L'Argaxá...-, se diría que están de tal modo enraizadas en sus usos lingüísticos, que sólo ellos pudieron asentar cada nombre, cada topónimo en su lugar exacto, correspondiente, adecuado al producto que les ofrecía el suelo cuando comenzaron a usarlo.

A) Una toponimia con raíces habitadas desde un tiempo inmemorial

Es decir, para la mayoría de los topónimos de un paisaje habitado, se podría afirmar que esos nombres no fueron puestos allí -inventados- por alguien ajeno al poblamiento: que no los pusieron otras autoridades que ellos mismos; no fueron capricho de Sócrates, Platón, Aristóteles, Copérnico, Galileo, Carlos V, Einstein, Darwin, los papas, los reyes, los políticos de turno...

En su mayoría, salvo excepciones y anécdotas -manipulaciones, falsificaciones documentales de turno...-, en su inmensa mayoría, los nombres del terreno, la toponimia menor, sobre todo, son una aplicación más de la lengua hablada en esa comunidad concreta: la misma lengua común traduciada a palabras del terreno. Tal vez la toponimia mayor, villas, ciudades, regiones, naciones, países..., tienen origen más discutible, más allá del uso local de un territorio concreto, por influjos más externos y alejados del poblamiento.

En definitiva, la etnolingüística en su aplicación etnográfica, antropográfica, antropológica, multidisciplinar. La toponimia habitada que llegó a nosotros, incluso con muchas reinterpretaciones de güelos a nietos, ciertamente. Sólo hay que ir desmontando versiones para llegar a la referencia, la significación primera. Labor difícil a veces, bien es verdad también.

Por todo ello, este diccionario etimológico se planteó desde el principio unos objetivos muy concretos:

1. Poner la cultura rural al alcance de los propios vecinos de los pueblos: porque ¿cuándo los lugareños, los vaqueros, los pastores, van a ver traducidas por escrito tantas investigaciones eruditas, comunicaciones en congresos, tesis doctorales..., realizadas a costa de sus tiempos, y su saber rural, por precario que haya sido en su propio entorno? Muchos lugareños las recibirían satisfechos

2. Aportar un grano de arena a la reflexión sobre esta cultura rural: que todos los aficionados y aficionadas a la cultura oral tengan acceso a explicaciones elementales, con demasiada frecuencia empolvadas en estanterías muy serias de los despachos universitarios (casi en secreto para un congreso, una comunicación muy novedosa, un tesis que nadie se adelante y "me la pise..."). Pero, ¿el secreto no salió de los propios lugareños de los pueblos?

3. Plantear la comprensión razonada (didáctica) del lenguaje toponímico al alcance de todos: que el lenguaje del suelo no quede sólo a la comprensión de los lingüistas especializados, ni mucho menos; sino que con unos pocos componentes elementales, una gran mayoría pueda explicarse mejor los misteriosos y entrañables nombres de su entorno: los topónimos que pisaron, pateamos (tantas veces con sudor y lágrimas), desde bien guajes, a veces hasta estos mismos días.

4. Emplear un lenguaje divulgativo.¨ Por ello, se adopta un estilo más bien sencillo, sin excesivos términos específicos (sólo los imprescindibles en la explicación de las palabras), de modo que el diccionario quede al alcance de cualquier aficionado a estos temas asturianos¨

5. Explicar los componentes elementales del lenguaje toponímico a partir del léxico usual, y de la lengua que usamos en la calle a un nivel cultural poco más que coloquial (medios de comunicación, estudios elementales...): con muy pocos componentes (raíces, morfemas...) podemos entender y usar, sin más esfuerzos, miles y miles de vocablos, combinados de formas diversas, pero con los mismos sentidos elementales repetidos (economía lingüística muy rentable para aprender)

6. Relacionar la toponimia con el léxico común. Los mecanismos de formación son los mismos o parecidos en todos los campos de la comunicación ordinaria, con los mismos componentes o con otros parecidos; pero el sistema de construcción, idéntico. Ejemplos: agricultura, puericultura, biblioteca, discoteca, mediateca, hemeroteca, microteca, vinoteca...; televisión, telemando, telecompra, teleconferencia, videoconferencia, internet, informática, telemática, ofimática...; subcutáneo, subdirectorio, hipotensión...; o Geografía, Geometría, Biología, biotipo, biotopo; predar, depredar...; Climatología, Topografía, Tecnología, Morfología, Informática....¨ Pues de forma parecida se formaron... L'Abeneite, L'Angliru, Altamira, Aristébano, Les Arriondes, Brañagallones, L'Achiteiru, Busdeverano, Bustempruno, Busquemao, Coprevidi, Eros, Cimevitsa, Foncalada, Covadonga, Gustuteru, El Monsacro, Pandébano, Poncebos, Solacasa, Sotrondio, Tresmialma, Trespando, Tretsacanaleta, Les Conxistres, Xistreo, Valmartín, Vistalegre, Urriellu.., Siempre los mismos mecanismos con sus respectivos lexemas, morfemas, prefijos, sufijos, interfijos..., en otros contextos referenciales.

7 Pensar en el uso creativo del lenguaje, constructivo, para entender con más gusto, y usar con más precisión, las palabras que encontramos en los diversos lenguajes a lo largo del día y de la vida. El lenguaje toponímico entre ellos: La Terenosa, El Gamoniteiru, Espineres, La Mostayal, Texeo, Les Conxistres, Piedracea, La Peral...; es decir, la importancia para el lugareño, de los terenos, los gamoners, les espineres, las mostayas, los texos, la xistra, las mismas piedras..., que todo lo valoraban. Y casi todo lo lleva ya el propio nombre.

B) Otros datos de la 1ª edición del Diccionario toponímico de la montaña asturiana (2001):

8. Contenido ¨ El diccionario lleva unos 13000 topónimos, distribuidos en unas 3000 entradas: se incluyen los que coinciden con la misma forma y sentido en diversos concejos (de ahí el sentido casi universal, sin fronteras lingüísticas, que supone el lenguaje del suelo). Muchos topónimos asturianos para justificarlo.

9. Fotografías. Se incluyen 124 fotografía en color, a media página (2 por página), con un pie de foto que intenta explicar el significado del topónimo en relación con la naturalea, producto, forma..., del paraje.

10. Estructura ¨ Cada entrada del diccionario lleva 4 apartados para su mejor explicación y comprensión: a) palabra asturiana base del topónimo; b) entorno, geografía del paraje; c) campo toponímico, nombres con la misma base etimológica; d) etimología, explicación, supuestos más probables en su caso.

11. Bibliografía ¨ Se incluyen 248 referencias bibliográficas con los autores más represen-tativos y autorizados que se han consultado para dar la explicación de cada topónimo asturiano: autores asturianos, castellanos, catalanes, gallegos, portugueses, franceses, italianos, alemanes...

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