Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

 

El culto a la nieve,
en pleno agosto:
la patrona protectora en éstas y
en otras muchas montañas
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Publicado en el libro
Por los pueblos de Lena (2),
pp. 64 ss.
Hifer, Lena, 2014
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La Capilla las Nieves del Posaúriu y La Romía (Lena)

Sobre el caserío del Posaúriu, en la ruta antigua de los vaqueros hacia las brañas del Puerto Payares, en aquella cuaña que formaba el camino al culminar la loma, se conserva la ermita dedicada a La Virgen de las Nieves: un  rústico edificio,  con buenos sillares y arcos de piedra en la puerta y pequeña ventana superior, a modo de tragaluz. Orientada al poniente, en aquel altozano que sobresale en la ladera bajo Floracebos, la pequeña ermita de Las Nieves se divisa desde la mayoría de los cordales: desde las mismas Ubiñas hasta los altos de La Carisa y Tresconceyos.

Por otra parte, la tradición religiosa dedicada a Nuestra Señora de las Nieves se continúa en la costumbre de algunos esquiadores de Payares, que cada año acuden a la fiesta el 5 de agosto. Hasta hace algunos años, la ermita suponía un alto forzoso en el camino, cuando los vaqueros subían ganao a pie hacia los puertos de Arbas; allí hacían su plegaria por los ganados en primavera, que repetían a la vuelta en la seronda, como acción de gracias.

El origen del culto y la referencia a las nieves en pleno mes de agosto es más difuso. Dicen los payariegos y los vaqueros de estos puertos que el paraje de las Nieves marca una línea divisoria: hasta allí bajan las primeras nevadas antes del invierno más crudo. Y en esa raya se mantienen la mayor parte del invierno: cuando pasan este nivel hacia el fondo del valle, las nevadas ya van a ser más duraderas.

Por esto, el culto a La Virgen de las Nieves pudiera haber surgido con una cristianización del entorno, como en tantos otros parajes: se personaliza en una santa la creencia de que ella podría proteger a los lugareños, impidiendo que las nieves bajaran demasiado pronto en la seronda (el otoño); rezando a tiempo (con los donativos de las mantegas, los gallones...), personas y ganados podrían disfrutar de los frutos del campo hasta que terminara el año agrícola, en realidad, hasta noviembre. De ahí la costumbre de los vaqueros con sus monedas a la Santa, lo mismo al subir que al bajar el ganao del puerto.

Los ganaderos y las nieves, en primavera y la seruenda

El nombre de Las Nieves tiene su pequeña motivación en una leyenda popular: que un 5 de agosto cayó sobre aquel montículo del Curuchu una gran nevada que cubrió todo el entorno, menos el espacio que hoy ocupa la capilla -cuenta la voz del valle-. Atribuido el hecho por los caminantes a un milagro de La Virgen, levantaron en su honor la pequeña ermita. Tal vez se trate de una versión más de la leyenda corriente en el santoral, según la cual se apareció la Virgen, un cinco de agosto, con una gran nevada.

En todo caso, el nombre de Las Nieves puede tener origen remoto en las creencias de los ganaderos, siempre pensando en el bien de sus ganados: así fueron creando los santos y santas protectores correspondientes, de forma que les ofrecían productos (gallones, llacones, gochinos…) para que el ganado bajara sano del puerto en la seronda.

En el caso de Las Nieves podía estar la preocupación de que la nieve no dañara el ganado en la primavera tardía (una vez ya en el puerto); ni en en el otoño, antes de bajarlo. De la creencia devota surgiría la santa: de hecho, los vaqueros echaban unas monedas en el cepu de la capilla, cuando subían; y otras, cuando bajaban del puerto. Y de hecho también, hoy la fiesta de Las Nieves es devoción de los esquiadores.

Otras muchas capillas llevan el nombre de Las Nieves, algunas, como la de Manzaneda (Gozón), con un dato especial: el Niño en brazos de la Virgen lleva entre las manos una bola de nieve; y la misma madre está sentada sobre un pedestal cubierto de nieve. Nos explica la vecina que la capilla procedía de La Felguera y que la Virgen se conserva exactamente igual que en su ubicación original.

Nuestra Señora de las Nieves en La Brañuela allerana

Publicado en el libro
La Ermita de Nuestra Señora de la Brañuela,
por Joaquín Fernández García y
Julio Concepción Suárez,
pp. 55 ss.
Gofer, 2013
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La Capilla La Brañuela (subiendo al puerto Vegará desde Rubayer) está dedicada a Nuestra Señora de las Nieves, con fiesta el primer domingo de agosto. Y en el mismo Puerto Vegará, perteneciente a Valdelugueros, había otra ermita con la misma patrona: La Virgen de las Nieves. Para funciones semejantes se levantaron otras capillas que llevan el mismo nombre o parecido en diversos puertos: La Capilla las Nieves, sobre La Romía, antes de Payares; La Virgen de Acebos, bajo L’Alto’l Palo, Tuíza; La Capilla Santana y La Virgen de Trobaniel.lo, en Teverga; Nuestra Señora de L’Arcenoriu y La Virgen de Ventaniella, en Ponga…

Se deducen unas coincidencias: todas ellas suelen estar situadas a una altura media que marca la línea divisoria de las primeras nevadas en otoño; es decir, en la parte más fondera hasta la que descienden las primeras nieves tras el verano. Para algunos vaqueros son capillas que antiguamente estaban muchos meses cubiertas de nieve, de donde el nombre. El caso es que en todas se celebra la fiesta entre agosto y comienzos de setiembre.

Muchas explicaciones del nombre

El término nieve está menos explicado, pues hay muchas interpretaciones. Los vaqueros lenenses daban una explicación a su Virgen de las Nieves bajo Payares: según una leyenda, un día 5 de agosto ya remoto, cayó una gran nevada hasta esa altura, que sólo respetó (dejó milagrosamente esnevia) la pequeña campera sobre la que luego se construyó la ermita. El hecho  se interpretó como un signo divino, con el deseo de que allí se venerara a la Virgen. En otra versión de los vaqueros, la misma Virgen se apareció en la campera un 5 de agosto con otra gran nevada.

El caso es que cuando subían con el ganao al puerto Payares, los vaqueros echaban unas limosnas en el cepu de la capilla Las Nieves, para que la Virgen protegiera a los ganados y ganaderos; para que tuvieran buen verano; y cuando bajaban, echaban otras en acción de gracias por haberlos protegido; o para que el próximo año los protegiera mejor. Sobre todo para que no nevara demasiado pronto y tuvieran que dejar los altos antes de tiempo, con gran pérdida de pastos, tan escasos para los menos pudientes. Entonces, el ganado perdería también lo engordado en las mayadas.

Cuando el primer día de agosto yera el primer día d’invierno

Se diría que el nombre de Las Nieves, en su origen, puediera tener una referencia puramente geográfica y climática: los vaqueros saben bien que en aquellos años más cuerdos, cuando nevaba de verdá, las primeras nieves podían bajar hasta una cierta altura en el mismo mes de agosto. Más aún, en muchos puertos recuerdan invernás de nieve en todos los meses del año: las últimas demasiado tardías (xunio, xulio), y las primeras, demasiado tempranas, ya en agosto. De hecho, ahí está el dicho:

“Primer día de agosto,
primer día d’invierno”.

Más allá de estas montañas: La Virgen de las Nieves en Sanabria

De paso por las tierras
zamoranas de Sanabria,
capillas, cultos, leyendas...,
de la Virgen, de las nieves, de los caminos...,
con orígenes y estructuras parecidas
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En continuidad con esa arraigada tradición de culto a una Virgen protectora ante los rigores de unas nieves a destiempo, encontramos La Virgen de las Nieves en el pueblo zamorano de Lubián. No por casualidad tampoco, en el lugar de La Tuíza (género femenino, en este caso). La justificación de la capilla se repite también en la voz oral:

En un mes de mayo hace muchos, muchos años -nos cuentan en el pueblo- apareció por primera vez la imagen de la Virgen en un pozo de nieve, pero al otro lado del río, no donde está hoy. Los vecinos empezaron a pensar en levantarle una capilla en el fondo del valle. Pero en setiembre la misma imagen volvió a aprecer en el alto, en Chanos, por lo que los vecinos de los pueblos cimeros interpretaron que el lugar de la capilla debía hacerse arriba; y levantaron su capilla en Chanos.

En medio de muchas disputas por la ubicación definitiva, la decisión quedó zanjada cuando un 5 de agosto, en medio de una nevada tan a destiempo, de nuevo volvió a aparecer una imagen de la Virgen abajo, en el valle, justo en el rellano junto al río, donde la encontramos hoy: sólo había quedado limpio de nieve el pequeño espacio en torno a la imagen milagrosa.

Entonces ya no hubo más discusiones por el emplazamiento: los vecinos del valle y los de los altos quedaron convencidos de que la Virgen quería su capilla abajo. Y abajo levantaron la capilla actual, y la Casa del Cura, lugar de reunión de todos los curas de la comarca con ocasiones diversas.

Pero distribuyeron las fiestas para compensar: unas abajo, en mayo y junio; y otras, arriba: en agosto y setiembre (4 en total, a lo largo del año), coindiendo con sus mercados respectivos. Y así quedó Nuestra Señora de las Nieves, o de Tuíza, por el nombre de la campa actual.

Con todo, esas dos ubicaciones en litigio se continuaron hasta estos mismos días, sin problemas mayores: los vecinos de arriba, los de Chanos, en las fiestas, colocaban su orquesta, sus productos y sus bailes, a un lado de la campa, en una esquina; los de abajo, los de Lubián, al otro. Pero alternaban las actuaciones, para no confundir a los asistentes: tocaba, primero una orquesta, y todos participaban en los bailes; le tocaba, luego el turno a la otra, y cambiaban de escenario sin más problemas. Y así hasta el final de la jornada festiva, cuando cada uno se marchaba a sus pueblos de destino.

Una vez más, la encrucijada de los caminos, de cultos, de relaciones comerciales...

Como en tantas otras ocasiones, con estructuras orales parecidas, este tipo de disputas por un asentamiento de devoción mariana, siempre se decide en función del lugar más comunicado al lado de los caminos: en los cruces de varias rutas en direcciones distintas, según los valles, los cauces de los ríos, los concejos, las regiones a uno y otro lado del paraje.

En el caso zamorano de La Tuíza, la encrucijada era importante para la comunicación por el valle, y no por los altos, como pretendían los pueblos cimeros: pasa el camino famoso de los segadores gallegos, que acudían cada verano a la siega de Castilla (inmortalizados luego por Rosalía de Castro y otros autores).

Y en la capilla -nos cuentan los vecinos- ya hacían ofrendas a la Virgen de Tuíza, a la ida, para que les protegiera y les fuera propicia la temporada; y le hacían ofrendas a la vuelta, en acción de gracias por los bienes cosechados; como norma, si no les había ocurrido nada mal, le dejaban la hoz (la fouciña), con la que habían segado todo el verano.

El mercao completaba (o motivaba, quién sabe...) una misma comunicación festiva: toda la mañana y tarde se juntaban a la compraventa los ganaderos y agricultores de Galicia, León, Portugal, Asturias..., en aquella gran explanada de terreno al lado del río Tuela, con todos los beneficios que suponen las aguas para el ganado, para la higiene de los asistentes, para la salud, en definitiva, de toda la comunidad un día de fiesta y de trasiego humano y ganadero.

En definitiva, el emplazamiento de la Virgen de las Nieves quedaba fuera de dudas: un lugar de comunicación multifuncional, social, religioso, comercial, caminero... Incluso se habla del camino mozárabe sanabrés, que los lugareños interpretan como origen del posterior camino de Santiago.

Y, por supuesto, un lugar de culto: había que pedir a una Virgen protectora que en primavera, por mayo arriba, deshiciera pronto la nieve para que los ganados pudieran subir a los altos; y que en agosto y setiembre, todo lo contrario, que no nevara temprano, que se retrasaran las nevadas todo lo posible, para que los ganados pudieran resistir en los altos, aprovechar los pastos, y bajar ya gordos para los samartinos invernales.

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