Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

"Porque [...] el palabrero geológico..., las palabras son nombres relacionados con la geología en su sentido más amplio. Nombres vulgares de elementos geológicos muebles, como minerales, rocas o fósiles; topónimos que poseen un significado geomorfológico, hidrológico, petrológico o minero, por citar sólo algunos de los ámbitos más abundantes...”
(Juan José Durán Velasco, geólogo)

El paisaxe toponímicu mineru:
el valor de la Tierra Madre,
traducido a palabras del terreno"

(esquema de trabayu en PDF)

Resumen de los contenidos tratados
en la charla-coloquio,
de la Asociación Cultural Camín de Mieres,
Casa de la Cultura,
2-10-2019,
por Xulio Concepción Suárez

A) Palabras previas

La toponimia minera supone todo un patrimonio verbal asturiano, imprescindible a la hora de entender la historia en el presente de un paisaje regional cualquiera, desde los cauces de los ríos hasta las cumbres de las montañas; la simple lectura sobre el terreno de la riqueza mineral entre estas montañas, desde remotos tiempos preindoeuropeos hasta estos mismos días del milenium digital. La toponimia de la minería asturiana en el tiempo.

Una historia del pasado para entender mejor y proyectar el futuro a nuestro alcance. Con una nota lingüística añadida: una inmensa mayoría de nombres de minas, concesiones, chamizos, pozos, bocaminas... -por las razones que sean- llevan nombres con morfemas femeninos: tal vez, el valor de la naturaleza, una vez más; la Tierra Madre, que diría el indio Seatle.

En defintiva, los recursos naturales que sustentaron, alimentaron, a los pobladores astures desde tiempo inmemorial. Todo un lenguaje minero habitado en estas montañas, digno de estudiar, ahora con recursos digitales.

La diacronía toponímica de cada lugar habitado de un paisaje: la historia de lo menor, en buena parte sin escribir, pero que bien documentan los topónimos (la microtoponimia, nanotoponimia, que dirían los más técnicos...).

B) Los problemas planteados sobre el paisaje minero actual

Las minas abandonadas (complejos mineros en su conjunto): bocaminas, capas sin cerrar, cargaderos, lavaderos, cables (los baldes aéreos) hierros enterrados, escombreras, pozos disimulados entre la maleza, manantiales perdidos, socavones potenciales, dinamita, barrenos, pólvora abandonada y sin explotar...

La reutilización de las propiedades de suelos mineros sin definir en buena parte: expropiaciones forzosas, falta de escrituras, herederos sin conocimiento de sus fincas explotadas (con o sin permisos previos).

Peligros disimulados bajo suelos de minas cerradas: calicatas de carbón, chimeneas de pozos, socavones, hundimientos del terreno; bocas abiertas semihundidas; argayos por el corrimiento de las aguas por las bocaminas...; un peligro creciente bajo las zarzas que los disimulan en muchos casos.

El problema está a la vista o disimulado, al acecho, entre las zarzas: cazadores, vaqueros, pastores, turistas..., de paso que no perciben antes el socavón; animales que buscan cobijo y se caen a los pozos; perros de caza –o de paseo- que rastrean piezas, y se desploman de improviso por los agujeros; vacas, xatos, caballos..., que buscan sombras y se hundan bajo las malezas... Un peligro creciente al ritmo de las malezas.

C) Y el agua, las aguas que cambiaron sus rumbos naturales tras las minas cerradas...

Como el problema silenciado del agua: las aguas estancadas en el interior de las mians, las bolsas interiores que se están formando, tras los cierres de los pozos, los escombros para taponar las bocaminas; los tapones que se forman con los derrumbes interiores de las galerías...

Una prueba evidente ya en el exterior, a flor de suelo: están apareciendo manantiales en torno a antiguas explotaciones mineras, donde nunca los hubo; y están desapareciendo otros en los mismos parajes, donde siempre corría una fuente...

Impredecibles las consecuenias con el paso de los años: hasta observan los propietarios de viviendas en los pueblos a la falda de las minas, que sus pozos negros cerca de casa (donde no hay desagües comunales), se están llenando misteriosamente de agua, que hasta rebosa a los caminos en poco tiempo.

Unos pozos que, antes, se mantenían a un nivel durante años, hasta que los limpiaban de nuevo. Unas aguas sospechosas, donde nunca habían dado problemas en el recinto de las casas.

D) Con otro patrimonio imprescindible para la localización, estudio, indexación, digitalización..., de la toponimia minera: el saber de los propios mineros asturianos

Pero ciertamente, siempre se puede estar un poco a tiempo: son muchos los mineros -de mediana edad, ya un poco mayores, o muy mayores, incluso- que conservan en su memoria los nombres de las minas -capas, pozos, travesales...- que ellos mismos trabayaron, o que escucharon a sus compañeros de otras zonas parecidas.

Esa aportación toponímica de los propios mineros sería imprescindible a la hora de reconstruir la cartografía minera (geolocalización, incluida), el paisaxe mineru en su conjunto: carbón, canteras, fluoritas, manganeso, mercurio, antimonio....

Es más, muchos de estos mineros son expertos montañeros que manejan nombres de lugares por toda la geografía asturiana, muchos de ellos, comunes a las minas; esa facilidad para entender el lenguaje toponímico en el uso asturiano, sería herramienta decisiva a la hora de recoger los nombres del paisaje minero, antes que se vayan para siempre en la memoria de los lugareños de los pueblos.

Con las aportaciones digitales en manos de los mineros ahora

Finalmente, como una oportunidad añadida: muchos mineros -montañeros o no- manejan hoy los recursos digitales a diario: procesadores de texto, bases de datos, blogs, páxinas web, redes, Facebook, Twitter...

Unas ferramientas imprescindibles a la hora de recoger, localizar, posicionar con exactitud, compartir, comprobar, matizar, precisar, corregir..., los nombres de las minas, aún entre las zarzas ahora; o a punto de borrarse del todo de la vista y del oído para siempre.

En defintiva, una base de datos, un blog digital, una páxina web..., compartida por estos mineros, sería la solución adecuada para esa fijación definitiva de los nombres de las minas sobre el paisaje, antes que las zarzas terminen por borrarlas del todo del patrimonio asturiano.

Y, sobre todo, antes que la memoria minera se vaya de los pueblos y de las montañas también. Pues, si los mineros no lo hacen, los más probable es que el trabayu -esta última estaya, estaferia minera...- ya quede para siempre sin facer...

E) Varios paisajes ensamblados en torno a cada mina según su contexto

El caso es que la lectura toponímica del paisaje minero resulta un documento asturiano más -pero un documento imprescindible- para el conocimiento, uso, previsión y gestión futura del espacio rural que llegó al milenium:

a) Un paisaje exterior, contemplado con los cinco sentidos. En estos tiempos de matorral creciente sobre los antiguos espacios mineros (bocaminas, pozos, calicatas, lavaderos...), aún podemos –y hasta debemos- seguir leyendo el suelo con palabras de resonancias sensoriales diversas.

Con la vista: la mina L’Atalaya, La Mina la Jermosa, La Mina’l Río Color (mercurio, cinabrio), La Mina la Encarnada, Los Coloraos, La Magrera, Ferreirúa, La Encarnada, Buferrera, Las Rubias, Calduveiru, La Mina Llumeres, Martín Birmiyu, La Miñera (mercurio), La Fana Freitas, Valledor, El Cotséu L'Oro...

Con el oído: La Mina Escucha...; La Mina’l Gaitiru, La Mina la Sorda, La Mina’l Sordón, La Mina la Gotera, El Xiblu, La Bisbitera...;

Con el gusto: La Boca la Campa, La Mina Las Minas de Figareo, Yanapumar, Ablaneda, Cerezal, Figareo, Xagarín, La Xagosa, Tseitariegos, Olivares (Oviedo mismo)...;

Con el tacto: La Mina la Sucia, La Mina la Marniega, Las Minas de Cienfuegos, Fogares, Las Tremonas, La Fonfría, El Pzu las Muyeres Muertas... 

Con las corrientes de aire en las entrañas mineras: La Mina los Podrizos...

b) Un paisaje interior, subterráneo, lo que no se ve, los vestigios sepultados. Bajo las zarzas crecientes, o a cierta profundidad, por las sendas de las palabras, podemos seguir calculando vestigios semienterrados o ya sepultados del todo: La Cantera’l Castiellu, El Castiellu Cellagú, Murias, Pozu Vieyu, La Mina Corros, La Mina’l Castro, Las Minas de La Cobertoria, Los Veneros...

c) Un paisaje rural habitado por los nativos de siglo en siglo: La Mina’l Centenal, La Mina Linares, Misiego, Las Minas de Ordaliego... 

d) Un paisaje digital para consultar en cada andadura. Las tecnologías informáticas nos pueden facilitar mucho una andadura, si previamente rastreamos con lupa, y a modo de dron, la cartografía en relieve que nos facilita Google Earth (en 3D) y similares; podemos observar con cierto detalle el estado del conjunto mineru por el que vamos a caminar: escombreras, socavones, posibles estructuras metálicas abandonadas, aguas de bocaminas, socavones en los senderos tradicionales...

F) Las palabras femeninas más abundantes en el paisaje toponímicu mineru: bocaminas, pozos, travesales, capas...

  • Las cualidades positivas de la mina, la esperanza de los mineros traducidas a palabras entusiastas: nombres de las capas, sobre todo. L’Abundancia, La Inagotable, La Sapiencia, Casualidad, Primogénita, Muchashay, La Providencia, Infinita, Prosperidad, Ocasión, Amaneció, La Vitoria, La Chalga...

    O La Mina Perpetua, La Segura, La Escondida, Deseada, Gramporvenir, Hallada, La Inesperada, Improvisada, Indispensable, Bienvenida, Fecunda, Positiva.

    O Valerosa, Atrevida, Envidiada, La Jermosa, La Preciosa, La Bonita, Resucitada.

  • Las propiedades negativas, la expectativa incierta, la prevención del mineru, con adjetivos y sustantivos previsores.

    Fugitiva, Desconocida, Porsivale, Porsipinta, Pocovales, Nadiemequiere, Mirameynometoques, Precaución, Atrapada, Malaespera, Crueldad, Descuidada, Ingrata, La Parva, Falsa, Nada, Retrasada, Olvidada, Segregada, L’Abandonada, Quemada, Fúnebre, Leprosa, Terrible, Envidiosa, Tremenda, Fea, Rancia, La Golosa, Tonta

  • Los valores morales, éticos, asertivos. Voluntad, Ambición, Experiencia, Esperanzas, Fortuna, Justicia, Severa, Prudencia, Paciencia, Firmeza, Buenafé, Buenasuerte, Constancia, Porfiada, Perfectas, Modesta, Rigurosa, Acertada, Salvación, Alerta, Espabilada, Cuidadito, Cavila, Simperjuicio...

  • Los antropónimos femeninos que prevalecen en los nombres de las minas. Carmina, Loly, María Luisa, Jaimina, Julita, Vicenta, Baltasara, Dulcinea, La Zagala, La Morena, Linda, Divertida, Linda Loca, Novia, Muda, Peregrina, Casallena...; frente a Cienfuegos, Fogares, El Gaitiru, Tresamigos...

  • Como son femeninos los adjetivos geográficos para relacionar su etnografía. Española, Bella Española, Madrileña, Extremeña, Vizcaína, Numancia, La Gallega, Compostela, Turca, Romana, Italiana, Irlandesa, La Inglesa, Indiana, L’Americana, La Colombiana, La Escrita...; frente a Cuetu Lebaniegu, Gallegos, El Portugués, Portugalete...

G) Un larga cronología toponímica minera tallada sobre el paisaje asturiano con palabras milenarias

Por otra parte, unas cuantas palabras del paisaje asturiano atestiguan las actividades mineras entre el mar y las cumbres de las montañas, con diversos minerales (mercurio, cobre, bronce, hierro...), mucho antes del carbón:

  • palabras prerromanas: preindoeuropeas (Narcea, Aller, L'Aragona...); indoeuropeas (Aramo, Navia, Alba...); ligures (Grandas, Tsamas...); celtas (Tarna, Cangas); vascas (A Veiga, Altaiz); germánicas (El Franco, La Franca...)

  • palabras de la romanización: La Cobertoria, El Monsacro, Currietsos, Piedraxueves, Santa Bárbara...

  • palabras árabes: L'Atalaya, La Magrera, El Moclín...

  • palabras medievales: Llaviana, Tiñana...

  • palabras más recientes: El Pozu Polio, El Lavaderu, El Cargaderu...

H) En la disyuntiva: mina / pozu (voces prerromanas las dos)

En fin, las razones de este predominio verbal femenino en la toponimia minera serán muy variadas, pero resulta evidente que hubo una selección del nombre mina, frente al otro también usado entre los mineros, pozu:

  • mina: de la raíz céltica*mein-, galo *mina- (mineral); en 1296 se documenta ya como ‘lugar donde se extraen los minerales’ (Corominas), “mina de fierro”; por tanto, el paisaje minero incluye todos los minerales y yacimientos de naturaleza distinta, extraídos en estas montañas desde tiempo inmemorial, prerromano, por supuesto: cobre, bronce, oro, fierro, mercurio, antimonio, azabache, blenda, carbón...; y, por supuesto, piedra (gr. líthos, ‘piedra, roca’), mineral con tantos usos en todas las culturas y tiempos, y en sus distintas variedades según las canteras y las zonas regionales. Voz femenina.

  • pozu: voz incluso más antigua, de la raíz indoeuropea, *peu- (cortar), *put-to- (podar, cortar), latinizado en puteus (corte en la tierra, hoyo, pozo). Con la paradoja consabida del género dimensional: los mineros suelen usar el pozu como el lugar concreto de trabajo, el lugar donde extraen el mineral (masculino también); pero usan mina como conjunto de toda la explotación: instalaciones, vetas del carbón, capas sucesivas, transporte, productividad del pozu (género femenino, por tanto). Algo así como la parte, frente al todo.

A modo de resumen

En definitiva, el lenguaje toponímico minero ofrece en estos mismos tiempos todo un paisaje verbal –multicolor, intercultural, pluriforme- como patrimonio asturiano para seguir construyendo –y reconstruyendo- en el milenium la historia de cada territorio por el que pisemos o por el que pasemos con ocasión cualquiera.

O un un paisaje, un territorio habitado, que vayamos estudiando con actividades y objetivos diversos, más o menos lúdicas, deportivas, turísticas, técnicas, científicas, universitarias o escolares.

Pues los nombres del terreno –las palabras silenciosas del paisaje- nos van describiendo los espacios que fueron transformados de siglo en siglo con sus distintas capas verbales a modo de estratos culturales en cada tiempo: raíz prerromana, latina, romance..., producto cultivado, explotación más o menos remota, o más o menos reciente...

Una vez más, el patrimonio imprescindible de los lugareños: la voz oral milenaria de los pobladores de un paisaje. O el patrimonio humano de los propios mineros: porque, sin la memoria de los verdaderos agentes de las minas, pocos topónimos se podrían recuperar ya. Y, si no lo hacen los mineros, sin hacer quedará. Los demás sólo podríamos colaborar en la estaferia a la hora de interpretar, matizar... Poco más.

Material prácticu de trabayu:

Esquema de la exposición
PowerPoint en PDF

Temas relacionados en esta misma páxina:

  1. El paisaje toponímico minero 0 (esquemas de trabajo interactivo).

  2. El paisaje toponímico minero 1 (cronología minera).

  3. El paisaje toponímico minero 2 (minerales y minas).

  4. El paisaje toponímico minero 3 (campos de topónimos con referencias mineras).

  5. El paisaje toponímico minero 4 (imágenes en PowetPoint: con los cinco sentidos sobre el paisaje).

  6. El paisaje toponímico minero 5 (ejemplos prácticos).

ANEXOS: Importancia del léxico y la toponimia para el estudio del paisaje geológico y minero en su conjunto. Texto de Juan José Durán Velasco -continuación-:

"Entender el significado de las palabras más arraigadas en el territorio, más pegadas a sus habitantes y a nuestros antecesores, fomentar su uso, intentar que no se olviden o se pierdan. En definitiva..., mostrar una pequeña colección de palabras bellas que sirven o sirvieron en ocasiones para designar el medio que nos rodea" (del Palabrero geológico. Instituto Geológico y Minero de España).