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Etiquetas, palabras clave, tags: Cotho del Monsacro, toponimia, Nati Torres, equipo Vestigia, Morcín

"Quisiera que la toponimia no se nos presente como un depósito de fósiles, ni como un archivo de datos para el historiador o el lingüista, sino como un tesoro de recuerdos vivos y operantes, llenos de problemas que incitan a la investigación"
(Rafael Lepesa).

    Los vestigios del Monsacro
    a través de sus topónimos
    por Nati Torres Rodríguez
    y equipo de investigación,
    Vestigia

Martes 9 de marzo de 2021. Salón de Actos del RIDEA, 19:00
Presentación por Xulio Concepción Suárez

A) El trabajo investigador de un equipo local: Vestigia

Los orígenes del proceso.

El año 2016 tiene lugar la presentación del libro «Montsacro: In aeternum et in perpetuum monte-sacro» de Natividad Torres Rodríguez. Con él, y por su acogida entre los lugareños, parece reavivarse en el concejo de Morcín, y fuera de él, la atención sobre el Bien de Interés Cultural de las Ermitas del Montsacro y su Patrimonio Natural.

Un primer taller municipal.

Desde la Concejalía de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Morcín, con la iniciativa de la Educadora Social, Ana Rúa, se acoge con interés la propuesta de creación de un taller municipal con la idea de profundizar en la historia del Montsacro y, de paso, en la historia del municipio de Morcín.

Un trabajo cooperativo, colectivo, interactivo, abierto a la comunidad.

Este equipo de trabayu se regirá por el principio de potenciar y mantener la cultura colaborativa a nivel institucional, social e individual, no sólo en la producción de nuevo conocimiento y su difusión, sino desde la participación efectiva de la comunidad y de todos los agentes locales.

Nace un equipo investigador. Y así, un simbólico 14 de febrero de 2017, nace el Equipo de Investigación Histórica Vestigia que, en estos momentos, dirige Natividad Torres Rodríguez y coordina Ana Rúa Collar.

Los componentes actuales:

  • Álvaro Luis González Suárez
  • Álvaro Menéndez Rodríguez
  • Ana Rúa Collar
  • Desirée Rodríguez García
  • Esther Fernández García
  • Chano Menéndez Fernández
  • Marta Fernández Barrero
  • Milagros Fanjul Rodríguez
  • Natalia García Mallada
  • Nati Torres Rodríguez

Los objetivos compartidos, el método de trabajo multidisciplinar

Un grupo de personas movidas por la curiosidad y el gusto por la historia que, desde sus respectivas cualificaciones y experiencias, constituyen el «corpus» imprescindible para el necesario proceso investigador.

La considerable actividad de este equipo a lo largo de sus cuatro años de trayectoria investigadora, cuenta con la colaboración de miembros de las comunidades morciniega, riosana, riberana, proacense, quirosana; y de sus respectivos servicios municipales, cronistas,  asociaciones, fundaciones e instituciones supramunicipales.

Fiel al enfoque de trabajo multidisciplinar y participativo con el que se identifican todos sus miembros, este equipo interactúa en simbiosis con la Universidad de Oviedo. Buen ejemplo de ello es el estudio llevado a cabo por el departamento de arqueología de la Universidad de Oviedo en 2019 y que esperamos poder disfrutar, en breve, en esta casa.

En fin, con este intercambio de conocimientos y corresponsabilidad desde el trabajo en red, se persigue el compromiso  que todos tenemos ante lo que sucede en nuestro entorno.


Foto por Desiré Rodríguez García

B) La globalización de un trabayu, más allá de un monte y de un conceyu

Otro valor añadido a este equipo de investigación es el haber conseguido pasar de lo local a lo global: de la localización de un paisaje a la globalización de todo un conjunto de paisajes unidos, por lo menos, en su historia y toponimia. Por ello, el equipo Vestigia tiene para mí un valor doblado: el estudio del patrimonio local, su microhistoria, su microtoponimia, su intrahistoria, en buena parte sin escribir; y la coordinación etnográfica, toponímica, religiosa, cultual..., con los conceyos vecinos (Riosa, Ribera, Quirós...).

Y ello, no sólo por los datos que sacaron del documento medieval, sino por los datos toponímicos -teonímicos, en este caso- que rodean el Monsacro: varias divinidades confluyen con su mirada en los altos del monte, como referencia posible de lugares de culto precristianos sucesivos en el tiempo. Es el caso del Teleno (el de Morcín y el de Riosa), Samartino (Riosa), El Tárano (Ribera), Penanes, Obia, San Juan (Morcín, Ribera, Riosa, Quirós). Es decir, las divinidades precristianas de Tilenus, Marte, Taranis, Júpiter, cristianizadas después

Toda una red de conexiones etnográficas, toponímicas..., mucho antes de las redes virtuales del milenium.

Tal vez, un monte sacro que fue contemplado por los mismos pobladores primitivos de lo que luego sería Oviedo, ya a lo lejos y en el fondo del valle; así apunta Vicente González en su tesis doctoral (1981), cuando relaciona el topónimo Oviedo con Obia, a través del posible (I)ovia, (I)ovetun, (I)ovetao, una vez latinizado y perdida la referencia a la divinidad Júpiter. O reinterpretado el topónimo por intereses diversos.

Un equipo de trabajo, en definitiva, que comenzó en Morcín y terminó estableciendo toda una red de conexiones, por lo menos toponímicas, cultuales, etnográficas, en toda la redonda de poblamientos y pueblos circundantes, mucho antes que de los límites administrativos y artificiales de los concejos ya en tardíos tiempos medievales.

Una buena perspectiva multióptica para unos tiempos ya puestos en red muchos siglos y milenios antes de facebook, twitter y similares. Porque, en realidad, todos vivimos y vivieron en red, conectados a su modo y en sus tiempos con los recursos y tecnologías del momento, por precarias que nos parezcan hoy en la era del móvil, gwsap y similares: los prerromanos, los medievales..., también estaban conectados a su modo por otros signos visuales y lenguajes.

Pero, sobre todo, las conexiones por las raíces léxicas, toponímicas, cultuales..., dejan pocas dudas sobre el terreno.

C) La lectura interactiva de un paisaje toponímico medieval

Esa labor investigadora de un equipo de trabajo en común (en estaferia, que diríamos, aunque sea más virtual en estos tiempos que corren) resulta imprescindible si queremos acercarnos sin prejuicios a un documento medieval; o a un paisaje toponímico estudiado en parte, pero sin haber relacionado toda la red de topónimos que puede latir conectada en torno a un centro principal unificador.

Sólo un trabajo en equipo, multidisciplinar, multióptico, puede recuperar estas conexiones tan sutiles trazadas por los nombres del terreno, y convertir El Monsacro en un lugar de referencias cultuales desde remotos tiempos indoeuropeos..

Una colaboración personal en estaferia, una suerte y un honor...

Y así llegué yo a colaborar con este equipo, más bien, en principio dedicado a la historia, a la documentación escrita, medieval..., de un monte y un conceyu; pero un equipo abierto y convencido de la necesaria explicación toponímica -etimológica, etnotoponímica- del léxico y los topónimos que cita un documento, para identificarlos y posicionarlos sobre un terreno habitado en concreto.

Pronto, intentamos descifrar aquella docena de líneas del documento medieval (1158), y la escasa veintena de palabras y supuestos topónimos que fuimos deduciendo hasta con lupa; ellas nos llevaron por las sendas, camperas y peñas del Monsacro y del Aramo, tras los rastros que hubieran podido dejar en los topónimos actuales.

Y así nos fueron señalando nombres y nombres sobre el terreno los nativos de estos conceyos, para indexarlos y analizarlos después: su compañía en las excursiones por el monte fue decisiva para la lectura del documento medieval. Una estaferia toponímica también en estos tiempos virtuales.


Plumilla por Nati Torres Rodríguez

D) Del texto al paisaje, y del paisaje, el texto otra vez

Y, así, desde los documentales lectuso, cova deladreda, devalle devoelias, iuncedo, cova arbadi, texera, de cova gudina, concha deiusana, orto demartino verres, delaspalleras, cova caprera, cova devalle menor... (así grafiados en el documento de Fernando II de León), fuimos pasando y pisando por los parajes actuales que pudieran estar en la referencia remota da cada uno de esos supuestos topónimos; y ello en la pesquisa de posibles palabras derivadas, o con otras traducidas por notarios o escribas a sinónimos equivalentes.

Fuimos, así, tejiendo el círculo de nombres por un amplio espacio circundante más allá del Monsacro y del mismo Aramo: La Malata, El Malatu, La Covarriella, La Campa Obia, Xonceo, Los Arbaciles, El Teixo, La Techera, Estaragudín, Les Payeres, La Payarina, Cuamayor y Cuamenor.

Con la otra lectura, ahora inversa, caminamos desde el paisaje y los senderos, al texto medieval otra vez, para seguir tejiendo el léxico toponímico completo del cotho: fuimos visualizando esa especie de redonda que comienza en interportas, limítrofe con lectuso, va marcando los límites por los cuatro conceyos que rodean El Monsacro, y se cierra en interportas otra vez.

Unas rutas inolvidables, al aroma y al sabor de los bizcochos y el café al final de la andadura

En definitiva, un trabajo entre archivos y camperas, compartidas con un equipo de investigación en las que nunca nos faltó de nada para disfrutar de un paisaje del medievo en pleno milenium digital: fotografía, video, grabación de voces lugareñas...

Hasta la tortilla de casa, el bizcochu, los suspiros, las galletas, las casadiellas, el café del postre..., relucían en gran mesa de la pradera o al cobijo de un aviru, cuando la nublina arreciaba entre las peñas. El paisaje toponímico con los cinco sentidos, al completo.

Plumilla por Nati Torres Rodríguez