Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

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Poemario.
Marisol García Álvarez

1. Recuerdos gratos

Recuerdo las grandes aldeas,
la gleba sobre los campos,
los floridos árboles de ciruelas.
Los pasos bohemios
en el parque de la hiedra.

Sobre el alba,
a lo lejos, Campomanes,
con sus casas solariegas.
El valle del Peral
con sus montañas y praderas.
Tablao, de largos corredores
y hogares de grandes verjas.
Hórreos y cuadras
envueltos en nieblas.

Bendueños, de casas rústicas,
helechos y enredaderas.
Las peonías en cadena,
adornando las aceras.
Santa Cristina,
con sus columnas mágicas.
Leyendas situadas sobre la colina
acordonada de hierba

2. Cruzamos la calle

Rompió la luna el silencio,
llegaron las palabras sin miedo.
Atravesamos el invierno,
un frío congeló nuestras miradas.

Un calor oculto salió de tus labios,
el amor impaciente abrasó tus labios
de fugitivos fuegos dorados.
Los últimos abrazos cautivaron el instante.

Después..., el amanecer celeste
nos devolvió a nuestros lugares.
Tan sólo cruzamos una calle
para no detenemos en la monotonía.

3. ¡Duerme, amada mía!

¡Duerme amada mía!
conquistadora de cielos,
en el aire vuelan tus colores
de mujer hermosa;
sobre el dulce susurro
de las aguas claras
quedará el recuerdo eterno
de tus delicadas y suaves manos.

Ya se despiertan las rosas anacaradas
en aquellas tardes
de perfumes penetrantes.
Y junto a tu reposo, sobresalen
colores de caricias y esencias de jazmín.

Un ángel dibuja en tus labios
de brillo extenso
la obra de mi amor perpetuo.

Ya se abre el sol
con sus luces de memoria grata,
y nos trasmite la ilusión
de un nuevo día de júbilo.
Duerme, amada mía,
y despierta de nuevo en mis brazos.

4. Privilegios

A vosotros os nombro,
a esos que suben las
altas escaleras.

A vosotros,
que os envuelve el orgullo
entre subterráneos oscuros,
siendo solo seres de otro lugar.

El privilegio os cae desmesuradamente,
y entre los débiles
caen vuestras miradas
firmes.

Vosotros,
que estáis en tan alto cielo,
para poseer las estrellas mudas
de aquel firmamento irreal,
paseando por los palcos iluminados
de la encontrada gloria,
sin ser vosotros los que debieran coger
las luces.

Estatuas de piedra,
que no habláis de vuestros errores,
ni tan siquiera emitís las gracias a aquel
que os creó privilegiados.

Y nosotros,
seres diferentes,
doblamos las rodillas
para creer que podemos
aún ser merecedores
de lo que ustedes poseen.

Me visitáis entre flores heridas,
y alzáis la frente ante la fina lluvia,
porque sois aquellos que poseen el poder
de derribar las murallas bajas,
para construir templos entre las arenas.

5. Presencia

Sentí llegar el diluvio de tus besos.
Se desplazaron mis labios sobre el alba.
Confusos atravesamos el instante
de caricias y palabras.

Sentí aquella estrella fúlgida
recorrer por el infinito de nuestras almas.
Llovía..., recliné mi cabeza
sobre una floja luz gualda.

Recuerdo aquellas mujeres:
sus rostros demacrados,
sus manos enlazadas,
sus caras compungidas.

Cerca de ellas, las rosas arrancadas.
Los capullos secos
colgados de las ventanas.

Volví aquellos instantes
de delirio y añoranza,
cuando caminamos juntos
por aquel estanque de aguas claras,
donde se reflejaba en silencio
aquella luna tan clara.

Amanecían jilguerillos cantando
con sus trinos cerca del agua.
Y, aunque vuelvo aquel lugar
conservando aún la esperanza,
en aquella mañana fría
llena de niebla mojada,
ya no cantan jilguerillos,
ni hay estrellas doradas,
ni las aguas son cristalinas ni claras.

6. Naufragio

Comprendí tus inquietudes,
tus sueños, tus ambiciones.
Hoy ya no te amo, no ensalzo tus encantos,
ni tus éxitos. Ya no eres mi dulce muñeca,
tu belleza me parece, simplemente,
una oportunidad de juventud.

Bajo los refugios de un claro cielo
sobresale tu imagen desintegrada
sobre nubes blancas. Y aunque aún
brotan las hermosas sensaciones de júbilo
expresando miles de colores interminables,
hoy ya no te amo.
Sin saberlo, dejé de amarte.

7. Princesa del mar

Las olas vienen
cargadas de dolor, de sueños eternos,
de gigantes con barbas, de sueños llenos
de sombras moradas.

Son olas de espuma,
de negras batallas,
de nostalgias envueltas
en lágrimas y espadas.

Quisiera teneros cuando
el sol se baña
en aquel silencio
de aquellas playas.

Cuando los recuerdos cruzan mi alma,
siento tu imagen vagar por mi casa.
En el aire tu aroma flota
sobra mil palabras.

Tú, en aquellas profundas
aguas saladas,
reina de peces,
sirena del alba.

Sobre un rayo te fuiste
entre caracolas y algas,
tus ojos sin brillo,
tu pálido rostro de nácar,
tu vestido rosado envuelto en plata.

Acariciando lentamente
el timón de aquella barca que zarpa
entre las nieblas espesas,
las olas se marchan.

Aquella niña fallecida
en la playa.

8. Naufragio

Las huellas invisibles del amor
me traen tu aroma en esta fría madrugada.
El cielo se mueve entre lúgubres sombras y almas.
Sonrío a aquellas músicas lentas sin palabras.

Te recuerdo aún impúber
sobre la primavera poblada,
entre el olor del heno,
rodeada de flores en la alborada.

Sobre un sonido hermoso
siento resbalar tu mirada,
tus ojos glaucos, tus manos de hadas.

Aquellos días lluviosos, las güertas nevadas,
entre las ausencias, aún quedan recuerdos
de dolor y distancias calladas.

9. Para siempre

Para siempre tuvimos
las estrellas dispersas,
las rosas marchitas,
los astros del cielo,
¡las flores benditas!

Tenemos para siejmpre.
La vida finaliza entre el agobio del último peldaño.
Vuelve a mí el silencio de aquel tiempo pasado.
Nos pertenece. Sólo ese sueño largo.
Aquellos crisantemos entre otoños morados.
El ciprés junto al crucifijo cosido al mármol.
Las tumbas llenas de claveles y ramos.
Para siempre, aquellos inviernos, aquellos veranos.

10. Tengo miedo

Tengo miedo
a que se acaben las verdades,
a que las rosas sólo sean marchitas,
a que las estrellas se apaguen
tras aquellas negras colinas.

Miedo a despertar un día,
contemplar el cielo plúmbeo
sobre la casa vacía.

Recuerdo...
Las negras esquinas,
los negros montes,
los lobos ahullando,
acechando siempre sobre la mañana fría,
se van despacio después de calmar su ira.

Tengo miedo de cruzar aquel sueño
para despertar en la agonía.

11. Dual (Dos). 1

Despejado el cielo,
las nubes avanzan,
la risa es niebla
congelada en el alma.

La tristeza dormida
en la gloria deseada.
la ventana abierta
abrazando la lluvia sin alma.
Pisando este camino,
de polvo y desesperanza.

Aunque ella es el universo,
la reina de la mañana,
sus ojos emiten brillos
reflejados en sus pupilas rosadas,
sus labios están dormidos
entre los suaves céfiros de plata.

Sus dedos son bugidos
entre las rosas del alba,
sus vestidos de gasa fría,
estela de madrugada.

Abrióse la estrella esplendorosa,
alumbrando su puerta cerrada.
Así es ella amada.

En el corazón mío ella es amada,
prendida al crepúsculo hermoso
que rodea su tez blanca.

12. Dual (Dos). 2

En el corazón mío, ella es amada.
¡Mas, ay de aquella mujer que ama!;
jamás recordaré sus ojos,
ni sus manos quebradas,
ni su rostro inacabado,
aunque su belleza me agrada.

Ni despierta en mí el deseo
de abrazar su cuerpo de dama.
Jamás podré amar aquella
que me ama,
aunque nunca olvidaré
la pureza de su alma.

Jamás la añoro,
aunque ella me idolatra
junto a vientos recios,
azahares y montañas.

¡Jamás podré amar aquella
que me ama.
(Del poemario, Tristezas de un poeta)

(Marisol García Álvarez)

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