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Carta de un suicida...
Recogida por Rafael Galván Díaz

Junto al cadáver de un suicida se encontró una carta que decía:

"Señor Juez, no culpe a nadie de mi muerte: me suicido porque en dos días más de mi vida no sabría aún quién soy. Verá Ud. Yo tuve la desgracia de casarme con una viuda que tenía una hija; de haberlo sabido, no me hubiera casado. Para mayor desgracia, mi padre era también viudo; se enamoró de la hija de mi mujer, y se casó con ella, de modo que mi esposa era suegra de su suegro; mi hijastra se convirtió en mi madre; y mi padre, al mismo tiempo, era mi yerno.

Y la cosa no terminó ahí. Al poco tiempo, mi madrastra trajo un niño al mundo, que, por ello, era mi hermano, pero al mismo tiempo era nieto de mi mujer, de manera que yo era abuelo de mi hermano.

Con el correr del tiempo, mi mujer también trajo un niño al mundo que, como era hermano de mi madrastra, era cuñado de mi padre y tío de su hijo. Mi mujer era suegra de su propia hija; yo, en cambio, padre de mi madre; y mi madre y su marido son sus hijos; mi padre y mi hijo son hermanos; mi mujer es mi abuela, ya que es la madre de mi madre, y además yo soy mi propio abuelo.Ya ve Ud., Sr. Juez, me despido de este mundo porque no sé quién soy".

Entonces el Juez, que estaba un poco varilla, dictó veredicto:

"No se vaya a creer, señor suicida, que va a escapar a la mano de la ley. Le declaro culpable de asesinato, por lo tanto a cadena perpetua y trabajos forzados, por sinvergüenza"

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