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EMBRUJADA

Bárbara Díez Pando

Querido diario:

Si contarte a tí mis penas me liberara de su carga, mil veces te las contaría encantada, pero sé que no servirá de nada. Sólo eres papel que el tiempo pudre, y con el tiempo la tinta de mi pluma se borraría, como se ha borrado de mi cara la sonrisa. Y entonces volverían con más fuerza, como vuelven las olas a azotar el acantilado en las tormentas. Mas para cuando eso ocurra ya será demasiado tarde: no tendrán a donde volver. Y se perderán en el olvido del tiempo, que el tiempo se encargará de olvidar. Por eso, y sólo por eso, te las contaré. Imaginaré por unos minutos que tú eres él.

Todo comenzó una tarde de verano, cuando los últimos rayos de sol dejaban paso a la suave brisa. Esa brisa que en la noche peina los cabellos del mar. Ésa que calma el ardiente fuego, que enciende el amor en el pecho. Fue en ese instante eterno, cuando tu mirada me atravesó el corazón, dejando una herida abierta que sangra gota a gota por tu amor. El azul del cielo despejado envidia al azul de tus ojos, porque son tus ojos mi cielo, y el cielo un simple techo sin sol. Son tus ojos los que iluminan mis días; tus labios, el sueño que desvela mis noches; y tu cuerpo, el pecado que me condena. Por ti soy capaz de romper el firmamento con mis dedos, como si de un cristal se tratase.

Tú eres el fuego que me quema por dentro, el huracán que arrasa todos mis sentimientos. Tu simple presencia me convierte en un volcán de deseo, pierdo el control sin remedio, y la razón ya ni siquiera la tengo. ¿Ves en qué me he convertido? Soy incapaz de pensar en algo que no seas tú. No puedo hacer nada sin recordarte y cada vez que cierro los ojos sólo veo tu imagen. No consigo borrarte de mi mente, pero todo lo que siento por ti es nada. Es nada porque ni siquiera te conozco. Puedes ser el peor hombre que pisa la tierra, un auténtico demonio.

Y yo, como embrujada por tu encanto. Quizá sólo sea deseo, pura atracción, pero eso no causa dolor. Y tú me estás matando poco a poco de amor. Me has dado a beber una poción, un veneno que me encadena, que me convierte en tu esclava. Me gustaría decirte todo lo que por ti siento, porque queman como fuego las palabras en mis labios. Aunque más aún quisiera que quemaran en mi cuerpo tus manos. ¿No te das cuenta? Me has atado los pies y las manos, lanzándome al torbellino de la locura. Quiero escapar y no puedo, de lo cual me alegro porque escapar de ti no quiero. No soy dueña de mis actos, no soy dueña de mi vida, me he convertido en una sombra, por ti estoy loca perdida.

Por favor, libérame, cura con tu antídoto tu propio veneno. Te permito destruirme con tus manos, devórarme con tus besos, necesito que tu agua apague el fuego de este deseo. Sé que no puedes escucharme, que no has oído nada de todo lo que estoy diciendo. Estarás ocupado amando a otra. La compadezco, porque sé que la herirás más de lo que a mi me has herido. Y lo sé porque ella recordara los besos que yo no he tenido. Aún en la desdicha será más afortunada. Te odio, te amo, son dos sentimientos, en mi, por ti enfrentados.

En esta noche hechizada, conjuros de olvido he formulado, mas mi poder, maldito, también me has robado. Tampoco encuentro en mis libros de magia remedios para mi dolor. Las velas que enciendo, tu viento las apaga, encendiendo mi corazón, convirtiendo mi cuerpo en llamas. Acaba ya con esta tortura, por favor, déjame seguir mi vida. El tiempo vencerá, ganará el olvido y te convertirás en un simple recuerdo dormido. ¿Por qué me engaño? Jamás me dejaras en paz, yo nunca te olvidaré y cuanto antes lo acepte, antes lo conseguiré superar.

Pero hay algo que si había olvidado y el recuerdo ha conseguido despertar. Soy persona de recursos, una bruja difícil de vencer. La muerte puede liberarme y con ella la batalla venceré. No permitiré que me hagas más daño, no conseguirás hacerme sufrir más. Y cuando mi alma se convierta en un fantasma y vague por la playa en que te conocí, avisaré de tu presencia, sólo me condenarás a mí. Yo fui la primera en tu lista, por mi culpa descubriste tu poder. Pero tú sólo te perdiste en las sombras de maldad: no intentes culparme a mi también. Y como he aceptado mi culpa, conmigo comenzaste y terminarás también. Quemada en la hoguera del deseo, la última bruja morirá, y no pretendas salvarme ahora, porque no lo lograrás.

Dicen que querer olvidar un amor es recordarlo para siempre por eso no te podré olvidar. Lo único que puedo hacer es convivir con tu recuerdo, impedir que el deseo me devore y luchar contra viento y marea por mí. Tú eres el centro de mi vida, pero si me pierdo a mí por ti, tú ya no serás el centro de nada. Por eso he de seguir adelante. Adiós, amor mío.

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