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Lena:
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El concejo de Lena, en sus distintos valles, hubo de causar siempre una impresión especial, al combinarse varias sensaciones para una misma andadura en pocos kilómetros. Desde El Alto Payares a Villayana no hay treinta kilómetros en línea recta, pero se suceden paisajes muy diversos: las pendientes espaciosas del Payares y Yanos; las angosturas más boscosas entre Fierros y Renueva; las laderas más sosegadas de Malveo y Casorvía; el espacio remansado entre Campomanes, Corneyana y Sotiello; las soleadas vegas del río entre La Vega'l Rey y La Pola; la impresionante y siempre fértil vega de Villayana, antes de adentrarse otra vez en las estrecheces de Senrriella camín de Ujo.

Así debió ser, siglos atrás, como en parte lo sigue siendo hoy, una vez que ya no se contemplan los cultivos de antes en laderas sembradas desde las mismas riberas del río Lena hasta casi la cima de los cordales: aquellos sembrados de escanda, con sus tonos variados a medida que avanza el año; los castañeros espesos, de coloraciones verdes intensas o de ocres rtelucientes por la seronda arriba.

El paisaje debía ser otro cuando los viajeros lo contemplaban desde las diligencias de mulas y arrieros, o a lomo de los caballos a ritmo lento por carreteras y caminos empedrados, tres o cuatro siglos atrás; o tras los cristales de un tren que serpentea por los altos de Linares o Malveo desde hace poco más de un siglo; o simplemente a pie, como en un tiempo había de hacer la mayoría de peregrinos y romeros camín de Sansalvador y Compostela.

Un viajero de mirada aguda y escirtura precisa, como Rafael M. de Labra, decía así en 1881, con motivo de un viaje de Madrid a Oviedo, en tren hasta Busdongo; en diligencia de caballos, entre Busdongo y La Pola; en tren otra vez con máquina de vapor, de La Pola pa baxo, un tiempo en que todavía no se había inaugurado el túnel de La Perruca:

"El efecto que el valle de Lena produce en el viajero llega á ser excepcional. Trae éste en el ojo la imágen de la inmensa llanura de Castilla y en la imaginacion los abismos de Pajares. La emocion que determina el pase del Puerto no permite la degustacion (llamémosla así) del paisaje asturiano que allá en el fondo de aquellas montañas se entrevee.

Ahora -continúa el autor-, ya tranquilo el ánimo, el cuerpo ménos aporreado, el horizonte más abierto, la montaña más lejana y la casa, y el árbol, y el rio, y el animal y los objetos más al alcance de la vista y hasta de la mano del que observa posesionado de su cómodo asiento, en espacioso wagón, es mucho más fácil advertir los detalles y dominar el conjunto, haciendo brotar en el espíritu la idea completa del panorama que rápida mente se desenvuelve al paso de la loco­ motora.

Sin embargo, con ser muy bello el valle de Lena—uno de los más extensos del Principado—y con producir verdadera impresion en el observador, muy pronto desaparece esta última, al punto de que, llegado á la capital, el viajero apénas si tiene una frase para aquel pintoresco trayecto de nueve á diez kilómetros".