Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

"La puerta la cabana
atetsa con un cibiitsu;
y tú, per nun retorcetsa,
dexeste l'esteblu abiirtu"
(escuchada a Ramón el de Parana)

"Voi a vaqueriar
a los puertos de Güeria,
con el quirosán,
pa baxar a la feria".

(La Col.lá Propinde, grupo musical)

La "braña" es más que el "puertu"

Nombres femeninos desde las casas hasta las cabañas

De paso por los pueblos hacia los altos de las mayadas, va tejiendo la andadura un mosaico de nombres femeninos hasta la falda de las mismas peñas: sirva el ejemplo actual de los topónimos que van quedando en las extensas y empinadas Morteras quirosanas, colgadas de las vertientes meridionales del Aramo.

Es el caso de lugares que fueron tierras sembradas hasta por encima de los mil m: La Morteras, Las Panizaliegas, Las Michariegas, La Irías, Las Guarizas, Linares, Las Llinariegas, Las Viñas, Las Viñuelas, incluso; Las Ordaliegas, Las Orderias, Las Ordiales..., de los mismos altos.

Y hasta, La Ortigosa, La Cardosa, L'Ablanea, La Nozalera, Las Cerezales, Las Cereceras, Las Mostayeras, La Rebotsaliega... A la falda de La Mostayal morciniega, hay marcas de cierres para cavás y borronás que fueron sembradas de patatas o cereal. Todo un mosaico de parajes productivos hasta casi estos mismos días: escanda, panizu, michu, lino, cebada, viñas...; o ablanas, nueces, bellotas, mostayas... La dieta milenaria.

Las mismas brañas llevan, en su mayoría, nombres de resonancia femenina: La Peral, Tsamaraxil, Tsamaradal, La Pornacal, Sousas, Murias Tsongas, Braña Narcea, Las Brañolinas, Bobias, Güeria, La Vachota, Mayá Vieya, La Fresnosa, La Carbazosa, La Valencia, La Barcelona, Vegarada, La Tabierna, Mericueria, Canietsa..., en los altos de Somiedo, Cangas del Narcea, Quirós, Aller, Lena, Caso...

La braña, lo más fecundo del puertu

La referencia de braña no es la del puerto: la palabra no se aplicó, en principio, a un espacio geográfico concreto, reducido, sino a toda una actividad rica y fecunda, con los mejores pastos y productos tras el invierno, antes de los rigores y sequías agostiegas del estío.

La palabra braña procede, según parece, de la etimología *veranea: la época relativa al 'verano', la primavera tardía; es decir, todo el tiempo que va desde mediados de mayo hasta el mes de julio: cuando las yerbas, los productos ganaderos en las cabañas, son más generosos y abundantes.

La braña era la época de abundancia en manteiga, queso, llechi... -que dicen los pastores cabraliegos; era el tiempo de mejor comer, y hasta de sanar con los aires de la cabaña, o con las aguas de manantial. La braña era aquel único veraneo de personas y ganados. Y hasta se convertía en el mejor solaz de todos y de todas:

"Ya mandéi las rapazas pal puertu,
pa que se cargaran pronto las becerras:
ya baxaron las becerras manías,
ya las rapazas preñadas"

-me recordaban con gracia el dicho en alguna cabana occidental, tiempo atrás-.

En cambio, el puerto (en principio, simple abertura, paso, puerta estrecha) sólo hacía referencia al paso alto que comunicaba una vertiente de la montaña con la opuesta, perteneciente a otra cuenca, a otra parroquia, a otra región vecina. El puerto es una entrada o salida (según se mire) a los montes altos entre comunidades distintas, enfrentadas por los pastos.

De ahí el paso inmemorial e imprescindible por los puertos de Payares, San Isidro, Vegarada, Tarna, El Pontón, La Vachota, El Palo, Ventana, Tseitariegos, Somiedo... En realidad, la vaguada del antiguo paso de ganados, transhumantes y carreteros por lo menos malo de la montaña. La comunicación de la Meseta con el mar.

Posteriormente, la voz puerto se extendería a todo el conjunto productivo de las brañas y las mayadas. Lo mismo entre pastores que entre vaqueros, dir pal puertu, es simplemente 'subir a los altos': cada uno, al suyo.

Javier y compañía, dando buena cuenta de la tortietsa, el chorizu, el xamón, la pegarata de la güela...

Portudera: un puertu de nombre ente la nublina

Un ejemplo significativo parece el caso cabraliego de Portudera, Los Puertos de Era -que interpretan algunos- (sobre los 1400 m), en los altos de Arenas: un rellano espacioso entre abruptas montañas por todos lados, pero cultivado en el verano tiempo atrás. Pero de nombre muy difuso en el origen, por las abundancias toponímicas de la palabra -era, y muy poco analizado: en principio, lo más fácil, sería partir del nombre común era (lat. aream, ‘espacio cultivado’): un puerto de verano con sembrados ocasionales.

Pero también cabrían otros coincidentes en el sonido: latín aera (época), puerto de temporada; o aera (aire), zona de viento, por su situación en aquella planicie alta; o zona de niebla, nubes bajas frecuentes; y no habría que descartar una relación con el cobre (como en Coprevide, casi al lado), del latín aera (neutro plural, de aes, aeris), aplicado a aquellas explotaciones del mineral documentadas en estas zonas mineras de Los Picos. En fin, no hay una última palabra tampoco.

Más evidente sobre el terreno, la función del paraje tiempo atrás: en Portudera, el puertu es el paso cimero por los altos de Sotres y Tielve hacia Cantabria, Áliva, Liébana...; queda el dato de la amplia y bien empedrada calzada de Caoru, conservada en buena parte. En definitiva, una extensa mayada muy productiva en yerbas y ganados hasta estos mismos días.

Tener mayada en la braña

La misma voz mayada, como la de braña, es bastante más que el mayáu: tener mayá entre los vaqueros es tener derecho a todo el conjunto de mayaos, comunitarios, más un espacio para levantar cabana, cuerras y veyares; el que nun tien mayá, nun pue facer cabana. Y amayadar es entre los pastores de Los Picos una actividad completa: cuidar, ordeñar, el ganado en tiempo de verano; vivir en las cabañas.

De modo que tener mayá supone disfrutar de todos los derechos de la braña: derecho de vecindad, fecha de acceso, número de reses, otsera, llábanas, tapinos y xenestas para el techo, peornos para el fuego, fuente, acuerdos comunitarios... El mayáu, en cambio, es sólo un rellano cualquiera donde sestea y mosca el ganado; o una parcela dentro de las camperas que forman la mayada.

"Soy pastor, nací nel monte,
entre la flor yal yerbáu;
calor nun tengu de naide,
más que del mieu ganáu"
(recogida por Adolfo García Martínez)

Y hasta la mayadas llegaban seguras la vacas madrinas, más de fiar

A las mayadas llegaban en primavera tardía los ganados, con su vaca madrina al frente: la vaca guía en la vertiente asturiana de los vaqueiros (me confirma el antropólogo Adolfo García). Hace poco decía el cantoautor Labordeta, en un reportaje por las tierras de Babia, que allí conservaban muy bien la tradición de la vaca madrina.

Su misión de buena madre era muy concreta: en las largas andaduras hacia los puertos altos, las madres colocaban a los más pequeños en una cestilla de blimas, que asentaban con cuerdas entre los cuernos de algunas vacas más de fiar (la del cencerru, sobre todo, por supuesto).

Me contaba también Adolfo que los vaqueiros de alzada aseguraban la vida de los pequeños con unos cuantos amuletos que colgaban de la oreya de la vaca, para ahuyentar todo posible maleficio o meiga mala. Colgaban una bolsita con diversas flores a modo de talismán disuasorio. El viaje de los zagales quedaba con póliza de seguro y todo.

Aparte ahora la valoración y el riesgo del hecho, la costumbre debió ser frecuente hasta hace poco más de un siglo, pues en los años 70 un vecino de La Rúa de Campomanes me decía haber oído esta costumbre a su güelu, cuando subía el ganado hacia las caserías altas de los cordales lenenses.

Coinciden las dos versiones a uno y otro lado de Las Ubiñas entre babianos y vaqueiros. La vaca madrina, es otro ejemplo de seguridad femenina por los caminos de la braña. El caso es que no existe una versión paralela en masculino: ni en recuerdos ni en palabras.


(Dibujo de José Luis Benito)

Los sufijos productivos de la montaña

Los mismos lugares que recuerdan los frutos más codiciados de la braña son femeninos: La Fuente la Leche, La Tsomba la Leche, Pena Manteiga, La Vega las Mantegas, La Vachina las Mantegas, La Fuente la Otsera... Y otros como Las Becerreras, La Xatera, La Cuaña les Vaques, La Cuaña les Cabres..., ya famosa del Angliru.

Llevan, asimismo, formas femeninas todos los parajes que indicaban algún producto o utensilio imprescindible para aquella precaria vida en las cabañas: La Piornosa, Xinistrosa, La Cardosa, L'Argumosa, La Gorbizosa, El Vatse la Xanzana, La Salguerosa, La Jaeda, Nembra, La Maza, Les Maces, Mazariezas, La Hedrá, Les Bedules, La Texa, La Sota...

Porque imprescindibles eran por el verano en las montañas los peornos y xenestas, para las techumbres, o para el fuego; la xanzana, para el estómago; los cardos, para los animales; los terenos, para los sergones de las cameras; los abedules, las hayas, el bosque espeso, los texos..., para tantos tipos de aperios domésticos y artesanales (escudiellas, tazas, cuyares, zapicas, xarras, cestas...). Todo un aprovechamiento de recursos con nombres femeninos.

Como femeninas son muchas gamas y coloraciones de la tierra

Muchos tonos y colores de un paisaje llevan nombres femeninos: La Magrera, Las Reblagas, La Roble, La Robliza, La Róbriga (en realidad, tierras rojas, ruborizadas); La Roxa, Les Roxines, Las Arroxinas, Las Rubias, Las Mermeyas, Torre Bermeja, Peña Bermeya, Cuaña Bermeicha, Las Verdes, La Verdilluenga, Peña Blanca, Sierra Blanca, La Colorada... O Pena Negra, La Tenebrosa, Cuascura... (altos de Somiedo, Picos de Europa, Amieva, Ponga, Caso...).

Las zonas preferidas por cada especie animal son femeninas en su mayoría

Los lugares en la querencia de los animales (sesteo, pernocta, moscaderu...) abundan también con palabras y morfemas femeninos: La Yana las Perdices, La Faisanera, La Falconera, La Pena l'Aila, L'Azorea, Zurea, Las Robequeras, Pena Corvera, Cabrales, Pena Cabrera, Pena Cabritera, La Caballuna, Cochá Potrera, Las Porqueras, Las Porquerizas, La Trapa, La Trapiella, La Canal Vaquera... (altos de Cabrales, Picos de Europa, Aller, Sobrescobio, Caso...).

Otros tantos parajes para la estancia o el paso preferido por perdices, halcones, águilas, azores, urogallos, faisanes, cabras, corzos, robezos, caballos, xabalinos..., animales del monte en general. Lo saben bien cazadores y alimañeros: parajes paradógicamente buenos y malos a un tiempo para unos mismos animales (lugares de espera, tampas, cacerías...).

Extracto del artículo publicado sobre este tema:
"El género femenino en la toponimia de montaña asturiana",
en Etnografía y folclore asturiano:
conferencias 1998-2001
(pp. 53-75). RIDEA.
CONCEPCIÓN SUÁREZ, J. (2002). Oviedo).

Ver Bibliografía.

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