Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

 


(foto de Arximiro, años 30)

Arximiro VII

LA FÁBRICA DE SILLAS
de SOTIELLO
La Fábrica'l Quempu

por Argimiro Álvarez López
(97 años, ve muy mal para escribir,
siempre a mano y sobre rayas
más o menos derechas...;
sin una falta, pero con algunos rasgos
casi desdibujados ya;
algunas comas añadidas,
los subtítulos,
cuatro colorinos...,
dejan un texto ejemplar;
las palabras, suyas, por supuesto.
Nun ye broma...).
Transcripción del manuscrito
por Carmen Castro Riego

"Vamos a ver lo que puedo recordar. D. Julio Concepción Suárez me pide el encargo de que cuente lo que pueda de la historia de una industria ya cerrada que se llamó “Fabrica de sillas Quempu” Sotiello. Tengo entendido que esto que yo escriba, don Julio y el arte de la ciencia lo van a sacar al mundo de interné: la fábrica y el paisaje humano de la fábrica.

Yo soy Argimiro Octavio y pertenecí a una familia muy pobre y muy ignorante en aquellos tiempos. Cuando acababa de cumplir 20 años de edad, era soldado del ejército, y con calidad de baja en el hospital de Pamplona, que estaba dirigido por monjas. Entonces yo confeccioné una poesía a la superiora de las monjas, que era natural de Francia. Aquella poesía de cuarenta versos, cargada de faltas de ortografía, seguro que está en las baldas de las bibliotecas francesas.

Hasta que pude comprar mi primer diccionario

Pero el tesoro mío fue más importante: aquella “Hermana” Superiora me cogió del brazo (yo estaba enfermo), y me bajó al sótano del hospital, donde estaba el museo-biblioteca de los oficiales del Ejercito. Estuve toda la mañana ojeando volúmenes, hasta que topé con un diccionario.

Entonces no podía comprar ningún diccionario, claro: en España pasamos una larga crisis total de postguerra, y cuando ya empecé a trabajar por cuenta ajena, si ganaba algo, era para dárselo a mi madre, para darnos de comer. Pero cuando ella tuvo un hueco, ya me dejó diez pesetas para comprar el diccionario, que yo tanto alampaba. Hasta aquí mi presentación.

El origen de las materias primas: los hayedos de Lindes

La fecha que traemos entre manos fue alrededor del año 1920. En esas fechas, aún no se hablaba de millonarios en metálico, y sobre todo, lo que imperaba era la cosa agrícola y ganadera. Sólo eran millonarios los amos de las tierras, como los “Señoríos”. Y Lindes de Quirós era un señorío, compañero del señorío de Arbas (León). Dice la copla con fina ironía:

“En Quirós había un señor,
porque murió lo enterramos:
él hijos no tenia…,
y los Nietos heredaron”

Este señor que enterraron, me parece que se llamaba don Bernardo Terrero; pero en 1920, el señorío de Lindes ya figuraría en el apellido “Nieto”. Lo nuestro empieza en que el monte de Fayas en Lindes, me parece que mide un cuadro de tres kilómetros de lado y una altitud media de 1.500 m. De los hayedos de Lindes venían las fayas para la fábrica de Sotiello.

Yo conocí al dueño de la fábrica de Quempu en la fecha que ya tendría uso de razón, el año 1925. D. Ángel Maíz, era alto, esbelto, muy correcto, y provenía del reino de Valencia. Por esas fechas se dieron a conocer el señor Nieto y el señor Maíz. 

Con la primera máquina de vapor para mover los cables

En el Quempu lo primero que se hizo fue instalar una gran máquina de vapor, alimentada con carbón, que transmitía fuerza mediante una polea a la turbina para mover los kilómetros de cables, y transportar la madera en forma de “rollas” desde la estación del monte sobre Zurea y Lindes hasta la estación de la fábrica en Sotiello.

El perfil de la línea era bastante pendiente desde la estación hasta la Campa la Gachina; siempre en línea recta, bajaba por la Borroná de Foro hasta Ribachán. En la Borroná había un puesto de guardia que se llamaba Trompeta, porque la pendiente era muy pronunciada; y además en Ribachán cambiaba el perfil y volvía a subir.

La complicada estación de Ribachán

En Ribachán los cables de la línea pasaban por un control: las ruedas poleas tenían caja para el grueso cable, pero en esa estación de control el cable tenia que pasar por debajo de cada rueda; veamos, los ganchos de servicio tenían un par de ruedas, mas la tenaza al cable; cuando se cargaba la rolla, se hacia sobre un carril, y se llevaba rodando hasta el cable en movimiento; pero en la estación de Ribachán la rolla tenia que salir del cable, porque el cable tenia que pasar por debajo de la polea; y además dos veces seguidas en cosa de seis metros.

Yo esto no lo sabré explicar, pero cuando tení,a diez años fui a estudiar aquello como turista, y para la mi simpleza me pareció una genialidad aquel control en aquella ensenada; además conocí al Trompeta de la Borroná de Foro, que yera el que lo facia… con las pastoras de la bezera de las cabras. En la estación de Ribachán había mozos empleados para constantemente correr los ganchos de cargado o de vacío.

Volvemos al monte de la madera entre Zurea y Lindes.

El monte era el manantial de madera de la fábrica, y fue comprado a tramos y en varias épocas.  Las cortas se hacían por contratas, tenia que ser a mano, y el trabajo era muy duro; la corta de la madera, al parecer la hacían entre los meses de septiembre a diciembre, si lo permitían las nevadas. Aquí entra la ciencia de que para la madera que va a tener empleo, se corte en esas fechas, y en los menguantes, a poder ser.

Y lo que se exportaba tenía que ir con la garantía de que durara sana siglos y siglos. Los cuartos de menguante son los mejores para cortar la madera de los tejados, para coger la escanda, para enrestar las panoyas, para que la moza se quedara preñada.

La fábrica del Quempu, cuando sólo tenía la potencia de la máquina de vapor, tenía una sierra grandona principal, que llamaban la Galera. La madera era para exportar, lo más cerca Bilbao, etc. Y a las rollas medianeras sólo les podaban los costeros hasta quedar en esquina viva. Pero es que la máquina de vapor, si andaba el cable, quedaba poca fuerza para más aparatos.

D. Ángel Maíz se las ingenió para alternar, para gastar la madera en el Quempu y hacer sillas, sillones artesanos y buscar mercado quizá en Valencia. Los aparatos manejables, como tornos, tupís, lijadores, taladros, esos eran de escaso gasto, ahí lo que más contaba eran los esquemas y sobretodo la genialidad de los artistas.

El paisaje humano: las muyeres de la Fábrica

Lo del paisaje humano corría a cargo de que D. Ángel Maíz era criatura cariñosa y caritativa porque empleó la mano de obra de mujeres. Y como el sueldo, el jornal, iba a ser muy bajo, quiso ocupar a las más necesitadas. Yo no podré precisar que D. Ángel fuese el dueño, puede que fuese una empresa.

La cosa es que aquí en Sotiello nació un empresario. Este señor se llamaba Leandro Escosura, que  montó una central eléctrica para estos vecinos, de una potencia desconocida entonces. Y sería, porque llevó la energía a la fábrica de Quempu para triplicar el volumen de producción y de mano de obra de la Fábrica.

Tampoco tengo las fechas de este cambio; pero la fábrica del Quempu fue a parar a manos de Leandro Escosura. Hay que decir que después de la guerra, de la crisis, también hubo camiones grandes y el cable de Lindes quedo quieto.

Leandro Escosura murió joven y en la nómina lo remplazó un señor que se llamaba Don Víctor, natural de Eros, Herías. La fábrica siguió próspera y alegre con una plantilla de mujeres, puede que el doble que de hombres.

Cuando el turullu marcaba las horas de la Fábrica: no había otru reló

D. Julio Concepción me pide que ponga qué hacía cada mujer, y con qué máquina; qué llevaban de comida, a dónde se sentaban para comer, y para hacer la guasa de los varones… Poco me acuerdo yo de entonces: la que trabajaba en la Fábrica era Guadalupe, pero que ya se murió a los 102 años. Como recuerdo, aquí en la escuela de Espineo montamos la Asociación cultural, que está decorada con detalles como una gran foto con la plantilla de todas las mujeres trabajadoras y trabajadores y con sus nombres y apellidos.

Pero hubo algo importante, y D. Julio Concepción quiero que se haga cargo de que D. Ángel Maíz metió en la fábrica a la xente más pobre: eso era muy importante entonces para una mujer, trabajar fuera de casa. Ellas se sentían muy ufanas por ganar unos cuartos como los homes, aunque fueran sólo unos riales. Todo era muy pobre: las sillas buenas valían a un duru (5 pesetas), y los xornales por baxo de dos pesetas jornada diaria (ocho riales).

Pero cuando nosotros, muertos de fame, sólo pensábamos en las horas de comer

Nosotros en las Monas, a 500 m. de la fábrica, estábamos pendientes de la máquina de vapor, porque casi nunca estábamos fartucos de comida, ni teníamos más reloj que el paso del sol. Pero la fábrica tocaba el turullu a las siete de la mañana, a las ocho de la mañana, a las doce del día, a la una de la tarde y también a las cinco: entonces teníamos bien aprendidas esas horas.

Ello era porque todas las personas que había en la fábrica vivían en un contorno de pueblos próximos en las laderas del mismo valle, desde los que se oía el turullu,. y se guiaban por él para levantarse, salir de casa, llegar puntuales... Así, desde las siete a las ocho, había que apretar el paso para llegar puntuales a trabajar. A los de las Monas el turullu yera sólo pa pensar en la comida: muncha fame pasábamos en aquellos tiempos de la Fábrica".

Argimiro Álvarez López.

Ver Argimiro: (I): nacer en Las Monas, un siglo atrás

Ver Arximiro (II): la Fragua y Tanilsao,
mis primeras luces

Ver Argimiro (III): de filanguiru

Ver Argimiro (IV): El Arca de Espineo

Ver Argimiro (V): la quemá de La Pena

Ver Arximiro (VI): Museo - Escuela d'Espineo

Ver Arximiro (VIII): Cuando aprendí a escribir en fueyas de panoyas aplastás

Ver Arximiro (IX): El Arca d'Espineo

Ver La Fábrica'l Quempu:
recuerdos de Alberto Cordero
y de otros informantes

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