Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

 

Serenarse
Juan A. Vázquez.
II

La Nueva España,
20 de julio de 2008

“La belleza necesita silencio”.
Antonio Gamoneda

Necesitamos serenidad, serenamos. Vivimos aprisa, con tanta prisa que apenas apreciamos la vida que nos pasa deprisa. Por eso necesi­ tamos instantes para detener el tiempo, para sentirnos propietarios del tiempo y dueños de la prisa, para serenarnos y serenar ese mundo en que vivimos agitados.

La serenidad es calma. Pero más que calma, la serenidad es equilibrio, es momento para encontramos a nosotros mismos. Serenidad es calma, es equilibrio, pero es sobre todo armonía contigo y con lo que te rodea. Es jugar a la ficción del no pensar para alcanzar el único momento en que de verdad pensamos. Necesitamos serenamos frente a todo lo que nos urge y a los que nos urgen. En el moderno mundo de las prisas, serenarse, serenar, infundir serenidad, tener serenidad, es lo verdaderamente urgente.

Serenarse es perder la mirada a lo lejos para ver más allá de lo que tenemos cerca: es dirigir la vista al horizonte para descubrir que hay horizontes más allá de lo próximo; es detener el tiempo para sentido en nuestras manos, detenerse con el tiempo, para hacer que el tiempo no pase o para acompañar al tiempo que pasa. Es distanciarse de lo inmediato, descubrir los detalles que siempre se escapan, contem­ plar todo sin buscar nada, disfrutar todo sin ansiar nada, escuchar sonidos, murmullos. silencios que no se oyen entre tanto ruido de palabras.

No hay un manual para serenarse. Pero el verano, mirando al mar o a la montaña, es tiempo propicio para la serenidad, porque el mar y la montaña son como los sedantes de nuestras urgencias urbanas, porque ésa es la serenidad que ansiamos, que buscamos, que necesitamos, que merecemos. Aunque para llegar a esa serenidad hayas tenido que dejar atrás multitudes, colas, aeropuertos y atascos que convertirán de nuevo a la serenidad en un recuerdo de los días de verano.

por Juan A. Vázquez

Ver Juan A. Vázquez (I)

Ver Juan A. Vázquez (III)

Ver Juan A. Vázquez (IV)

Ver Juan Vázquez (V): Prosas sueltas

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