Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

Conversar
por Juan A. Vázquez.
I

La Nueva España,
6 de julio de 2008

“Hay palabras que tienen fuego de rayos y que incendian donde caen».
Vi
cente Huidobro.

Ya no sabemos conversar. Hasta han ido desapareciendo los sitios y las ocasiones para hacerlo. Sabemos hablar, decir, expresar, pero no sabemos conversar, que más que decir es esperar que te digan, que más que afirmar es descubrir, que más que exponer es reflexionar. No paramos de hablar, pero no conversamos. No sabemos conversar porque nos falta con quién hacerlo.

Llamamos conversaciones a encuentros de uno y otro que no llegan a ser de dos, a chácharas que no dicen nada, a cruces de monólogos desentendidos de lo ajeno: Pero eso no es conversar. Decimos que las conversaciones sirven para aproximar, para acercar, cuando la proximidad, la cercanía está en el origen de la propia conversación .

Hablamos sin entendernos porque hablamos para no entendermos, porque hablamos para defender y no para buscar la razón, para imponer y no para convenir. Nos sentimos propietarios y no participes de la conversación. Preferimos convencer a conversar. Sobamos las palabras, cuando lo que hay es que acariciarlas. "Tenemos prisa y por eso más que conversar lo que queremos es resolver, sin demos cuenta de que resolver requiere precisa mente mucha conversación.

Nos comunicamos desarrollando sustitutos de la conversación. Los chat, los mensajes comprimen la palabra que requiere abun­ dante, cálida, cómplice, la conversación. Nos contamos las cosas que sirven más para la información que pare la reflexión Por eso estamos informados de casi todo y, sin embargo, no nos enteramos de casi nada. Nos comunicamos sin descubrimos, sin mostrarnos y la conversación requiere complicidad, mirarse a la cara. Por eso, en vez de decir aceptamos que nos digan. Por eso hay tanto monólogo y tanto runrún de palabras vacías, gastadas, que no dicen nada.

El verano, poblado de sonidos, de ruidos que acallan la palabra, es también tiempo para encontrar el momento, el ambiente, las personas propicias, los cómplices necesarios para ese raro, estimulante, enriquecedor, hábito de una verdadera conversación”.

por Juan A. Vázquez

Ver Juan A. Vázquez (II)

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Ver Juan Vázquez (V): Prosas sueltas

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