Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

"El universalismo debe basarse
en una concepción de la diversidad lingüística y cultural
que supere a la vez
las tendencias homogeneizadoras
y las tendencias al aislamiento exclusivista"

(Declaración Universal de Derechos Lingüísticos)

. :

Aquellos apuntes de Neira.
o la rica variedad lingüística románica.
Sus palabras en el tiempo
.

Extracto de las palabras pronunciadas
en el homenaje a
Jesús Neira,
Salón de Actos del RIDEA,
26 de enero, 2012,
por Julio Concepción Suárez

Allá por el comienzo de los setenta

En aquel comienzo de los setenta, bajo la palabra dialectología (en auge entonces) acudíamos unos cuantos y unas cuantas a las aulas de la Plaza Feijoo, muy ilusionados los que procedíamos de los pueblos, con una materia tan novedosa en contenidos y formas. Y todo ello, tantos años antes de las terminologías más en uso: variedad de lenguas, pluralidad, riqueza, diversidad, lingüística, coexistencia de lenguas, no discriminación regional, bilingüismo, diglosia"

En aquellas décadas, previas a las sucesivas oficialidades y cooficialidades más esperadas, asistíamos algunos a clase de Neira, sobre todo, por el placer de escuchar las circunstancias de la complejidad lingüística peninsular en su génesis, desarrollo y coexistencia: una descripción lingüística del catalán, del gallego, del leonés, del asturiano, del mozárabe "Todas las variedades juntas bajo una misma palabra que globalizaba toda la asignatura: dialectología. Pues todas eran por igual dialectos del latín.

El caso es que, con aquella terminología, políticamente correcta entonces, escuchábamos sin apestañar las explicaciones visuales de Neira. Y digo visuales, porque las explicaciones de Neira nos entraban, sobre todo, por la vista: su impresionante capacidad de visualización de ideas, esquemas, equivalencias, relaciones, procesos..., nos permitía recorrer, día tras día, clase tras clase, las distintas variedades lingüísticas del mapa multicolor, que los siglos y las culturas fueron diseñando en el espacio y en el tiempo, desde remotas épocas prerromanas hasta estos mismos días.

Con las preclaras explicaciones de Don Jesús Neira (al que muy poco importaba el Don, y con el hombro de la chaqueta siempre a punto de caer hacia un lado), memorizadas en sus paseos ante el encerado, como si de un powerpoint se tratara hoy, comenzábamos unos cuantos a saborear los misterios de las lenguas más allá de aquel castellano de los textos, tan puro como tan duro para los que primero habíamos salido de la escuela del pueblu, y luego del bachiller o del colegio en territorio urbanita. En la clase de Neira fundíamos algunos pasado, presente y perspectiva: empezábamos a ver policromado el entorno de los pueblos y montañas, por fin, estudiado en un aula, y hasta con nota y todo. Podíamos cambiar el color de los cristales para mirar las lenguas también.

Aquel era el programa: catalán, gallego, mozárabe, leonés, asturiano..., unidos desde las raíces por isoglosas actuales

Ya en la primera clase del curso, nos avanzaba el programa: el catalán, el gallego, el leonés, el aragonés, el asturiano, las hablas mozárabes"; a veces con referencia al rumano, italiano, portugués...” Esa enumeración, sin más distinciones, nos creaba expectativas. Así, empezábamos a tomar unos apuntes que luego contrastábamos y completábamos en unos cuantos resúmenes, pues la verdad es que Neira, como si estuviera leyendo unos folios, una vez que comenzaba la clase, ya no paraba en la hora entera. Se podría escuchar el vuelo de una mosca, pero no era fácil tomar a boli todas las palabras seguidas: un discuso verbal cuajado de detalles nuevos.

No tenían desperdicio, no había frases comodines, repeticiones"Sólo, de cuando en cuando, unas siluetas de fonemas y grafemas en la pizarra, servían de apoyo a su clarividentes sesiones de tarima. Por eso, luego, entre unos y unas cuantas nos pasábamos mutuamente los apuntes, para elaborar aquella versión esquematizada que, por lo menos, ahora podemos saborear otra vez, tantos años después. Como si estuviéramos de nuevo escuchando a Neira hablar de la complejidad romance, de la riqueza lingüística peninsular.

Ya en el primer tema, al hablar de las lenguas hispánicas, nos gustaba escuchar que tenían, por lo menos, un suelo y un tronco común. Por ello, a pesar de las diferencias, habrían des ser más las coincidencias. Y ponía Neira muchos ejemplos: ferro, en gallego; ferro, en catalán; fierro, en leonés; hierro, en castellano"Y así empezaba a aplicar términos como isoglosas, diacronía, sincronía", que apreciábamos especialmente cuando los extendía sin distinciones a todas las lenguas coincidentes en esos puntos: las coincidencias del asturiano occidental con el gallego; del asturiano central con el catalán, de la metafonía lenense, del neutro de materia..., con parte del italiano, del portugués"

La variedad lingüística románica: coincidencias y divergencias

Estas relaciones puramente lingüísticas, y en esos términos y tiempos, ya resultaban para algunos ciertamente motivadores: aquel apartado de las relaciones de una lengua con las demás peninsulares (con todas) lo tomábamos al pie de la letra. Por ejemplo, releo ahora en los apuntes:

“Se habla de la influencia del castellano en las otras lenguas, pero se olvida lo inverso: el influjo de las otras lenguas en el castellano, pues cuando una lengua avanza no se impone, sino que se transforma”.

Y ahí es cuando se detenía en los detalles de cada variedad románica, sin más clasificaciones que las propias de la época, con la terminología dialectológica en los manuales de uso. Incluso se remontaba más allá de la variedad lingüística peninsular (siempre riqueza para él) y nos llevaba al mapa de la Europa románica: hablaba detenidamente de las coincidencias y divergencias entre la Romania oriental y la occidental, a uno y a otro lado de los Pirineos. Especial ilusión nos causaba a algunos escuchar que la oposición del adjetivo asturiano lenense nigru/negra , se correspondía en rumano con la otra parecida (por razones metafonéticas) negru/neagra, que explicaba él como posible rasgo ya latente en la misma diversidad geográfica latina.

Con aquel repertorio de lingüsitas de moda entonces: Krüger, Rohlfs, Vossler..., con aplicaciones directas al entorno asturiano inmediato (etnolingüística)

Ilusionante resultaba, además, para nosotros que reforzara esas asociaciones (poco menos que ecuacionales) entre las lenguas más próximas, con los lingüistas de moda por aquellas décadas 60-70: Menéndez Pidal, Ascoli, Rouselot, Guillieron, Navarro Tomás, Humbolt, Von Wartburg, Joan Corominas, Krüger, Rohlfs, Chomski, Amado Alonso, Josep Piel, Bernard Pottier, Georges Matoré, Eugenio Coseriu, Saussure, Karl Vossler, Da Silva Neto, Antonio Tovar, Badía i Margarit, Mayer Lübke, Antoni Griera, García de Diego, Carballo Calero, Zamora Vicente, Rodríguez Castellano, Alarcos"

Por aquellos 60-70 era lo que había. Frente a tantas teorías, rollos muy tramados, y empolle tras empolle..., las explicaciones de Neira nos resultaban próximas, inmediatas, prácticas, sobre todo porque nos descubrían aspectos lingüísticos, sociolingüísticos, etnográficos, que siempre habíamos utilizado, pero sin leerlos en apuntes ni libros. Y que con el tiempo se irían traduciendo en conceptos más arriesgados incluso: etnolingüística, etnotoponimia, etnocultura regional, etnolexicografía..., y tantas otras formas parecidas, a poco que tecleemos en internet.

Especial atención poníamos algunos en aquellas décadas universitarias donde la moneda de uso era la fonética y la fonología de moda, el funcionalismo, el estructuralismo puro... Neira se detenía, en cambio, sobre apartados como aquel famoso de la Escuela de Hamburgo. Nos hablaba de aquella revista, "Palabras y cosas", cuya postura significó una reacción contra el fonetismo abusivo:

"El grupo alemán -copiábamos a velocidad taquigráfica- consideró que el fonema es una abstracción que se da en la palabra, la cual hace referencia a un concepto y a una cosa. Pero, entonces, para estudiar una lengua hay que estudiar sus usos y costumbres: su cultura, sin la cual no podemos saber las características de esa lengua. En la citada revista se estudiaba el aspecto etnográfico y cultural, convencidos de que sólo dentro de la cultura se puede estudiar una lengua".

Predicar con el ejemplo: de la fonética a la etnolingüística, y a las caleyas del pueblu, en aquella tesis doctoral del Habla de Lena, por 60 pts de entonces (3 platos del día en la Cocina Económica o en la OAC)

Se detenía Neira entonces (menos de lo que algunos deseábamos, ciertamente en un programa tan amplio) en autores que desarrollaron el método de las 'Palabras y Cosas' en distintas lenguas de la Romania: por ejemplo, Fritz Krüger, en distintas regiones peninsulares; Gerhad Rohlfs, en el aragonés y otras lenguas pirenaicas.

Por estos mismos años descubríamos, de paso, la tesis doctoral de Neira, no por casualidad, elaborada precisamente con esos criterios lingüísticos y etnográficos a un tiempo. Hasta comprábamos un ejemplar por 60 pesetas (así consta a lápiz en la primera página), pagadas de muy buena gana, a pesar de que 60 pts suponían tres platos del día (eso sí, acorrompinaos...) en la OAC, o en la Cocina Económica.

En la tesis comprobábamos el nuevo enfoque etnolingüístico que predicaba el profesor: al lado de los capítulos primeros de El habla de Lena (vocales, sonidos, fonemas, consonantes, sintaxis...), a los que dedicaba unas 70 páginas, disfrutábamos con ansiedad de la segunda y tercera parte (los aperos de labranza, las faenas agrícolas, el arbolado, la vida social, la onomática, el vocabulario lenense). Unas doscientas páginas: ciertamente, el profesor no era un teórico, predicaba con el ejemplo; hablaba de lo que conocía, investigaba y publicaba. El número de páginas desigual no podía ser casual.

Continuaba Neira citando autores que desarrollaban en sus tesis doctorales y artículos de revista, estudios parecidos para describir la cultura de una región determinada, con una importante renovación de los estudios dialectales: al lado de lo puramente fonético se estudiaba la parte cultural de esa misma zona investigada. Por ejemplo, la conocida Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Llegaban a nuestras manos también los trabajos léxicos y toponímicos de Menéndez Pidal, Alarcos, José Manuel González, Rodriguez-Castellano, Manuel Menéndez...

Siguiendo con la Etnolingüística, la Antropología estructural...

Se detenía el profesor hablando con gusto de la Etnolingüística americana. Y vuelta a copiar en estilo taquigráfico aquellas palabras sin desperdicio entonces (y hasta novedosas para muchos y muchas hoy mismo, obsesionados sólo por lo fríamente fónico o estructural):

"La Etnolingüística está motivada por esa relación lengua-cultura. En EE. UU. es tradicional desde los orígenes de la lingüística americana, originada desde aquellas lenguas indígenas amerindias. La relación es indiscutible: la lengua es un hecho cultural de primera categoría, que pondríamos en primer lugar. Lo que se discute es el grado de relación entre lengua y cultura, la prioridad, el deslindamiento entre ambas. Algunos parten, sin más de la cultura, y ven la lengua como un producto suyo. Según los lingüistas americanos, la lengua supone una visión del mundo, un pensamiento conformado a ella... Hasta sostienen la imposibilidad de las traducciones de unas lenguas a otras..."

Seguía Neira admitiendo y rebatiendo entusiasmado estas tesis, elevando el tono muchas veces; y ya era difícil escuchar a Neira elevando el tono de paseo por la tarima, una vez que se instalaba en ella. Ciertamente, unas veces elevaba el tono, matizando esos nuevos enfoques etnográficos y etnolingüísticos.

Otras veces, ponía, en cambio, algunos reparos a las teorías extremas, para terminar con unas conclusiones más mitigadas: que los hablantes de una lengua no hablan igual porque no piensan igual, que la visión del mundo de un pueblo aparece en el vocabulario..., que hablantes de lenguas distintas pueden coincidir o tener estructuras semejantes...

De ahí, la importancia de estudiar este conjunto de variedades lingüísticas románicas que englobaba entonces la Dialectología en cuestión. Iba terminando Neira esta larga introducción al curso con una referencia a la Antropología estructural, igualmente sugestiva para algunos entonces.

Lengua y dialecto, sin otras diferencias internas

Pasaba luego a las famosas distinciones lengua, habla, dialecto, norma, sistema..., según las distintas escuelas, pero se detenía especialmente (y elevaba el tono otra vez) cuando iba concluyendo la clase:

"En este carácter abierto del código lingüístico está el aspecto creador del lenguaje: y es ahí donde cabe la invención del individuo; el poder decir algo de modo distinto y hacerse entender, pues de hecho las gentes hablan de maneras distintas en contextos distintos y la comprensión siempre es posible. Este es el carácter dinámico, creador e innovador del lenguaje frente a los códigos no-lingüísticos, inmutables".

Nos gustaba también escuchar aquellas palabras, hace tantas décadas ya:

"Una lengua es un conjunto de modalidades regionales, dentro de las cuales hay incluso otras, hasta llegar al idiolecto o habla individual. Y tal diversidad, en principio, no es imperfección alguna, sino consecuencia del carácter abierto de las lenguas que se adaptan a los distintos casos".

Y se detenía en su posición ecuánime: la equiparación lengua / dialecto, desde el orden puramente comunicativo

"Tal distinción -copiábamos y completábamos después en el bar con los ejemplos que citaba- pertenece al uso común de las gentes... Pero desde el punto de vista lingüístico, interno, no hay diferencia alguna entre lengua y dialecto: son exactamente iguales, se trata de sistemas con sus estructuras y funcionamiento perfectos. Y ahí citaba una misma expresión, tipo le dio, diole, dioi, dioche, diotse..., según fuera castellana, leonesa, asturiana..." Y seguía con otros muchos ejemplos.

Para terminar afirmando en su serenidad acostumbrada: "Así pues, lengua y dialecto no son categorías estables, pues el dialecto puede llegar a lengua, y la lengua a dialecto".

Se iban sucediendo los vocablos en la diversidad cotejada: xinero, en asturiano; gener, en catalán...

Aplicaba Neira la teoría lingüística al hablar de las isoglosas, por ejemplo, y así nos deleitaba poniendo en un mismo nivel al gallego y al asturiano (la verdad es que con poco nos contentábamos en aquellos tiempos). Nos hablaba de unos límites (fónicos, léxicos...) más o menos difusos pero estables, en torno al río Navia; o se refería al leonés, mucho más impreciso por el oriente con el castellano; o al aragonés, de pasos más nítidos y puntuales con el catalán. Resumía, así, diciendo que:

“las lenguas de la península se pueden estudiar como sistemas que funcionan unos junto a otros, y a la vez globalmente en relación con una unidad superior, arquetipo que las englobaría a todas: el latín”.

Unidad y diversidad lingüística, ya desde remotos tiempos preindoeuropeos, indoeuropeos...

Para las isoglosas de las coincidencias regionales, Neira ponía ejemplos como ianuariu, que dio: gener, en catalán; janeiro, en portugués; xinero, en asturiano; chiner, en aragonés; enero, en castellano; yenair, en mozárabe. Y llegaba a la conclusión de que las lenguas regionales tienen más elementos en común que diferenciales, para lo que citaba muchos otros ejemplos del uso común en diversos campos.

Pasaba luego a las diferencias, y a valorar las razones lo mismo de las citadas isoglosas, que de las circunstancias que motivaron los límites entre estas diversas lenguas romances. Comenzaba por rastrear esa diversidad lingüística desde remotos tiempos prerromanos; y especialmente nos gustaban entonces las referencias a las lenguas indoeuropeas y no-indoeuropeas, como posibles gérmenes ya de las diferencias regionales posteriores. Y citaba a Corominas para el supuesto celtismo del noroeste peninsular, aunque, más bien en el vocabulario, pues en lo fonético sería más difícil de demostrar, concluía Neira.

Así ya íbamos comprobando que eran más (bastantes más) las coincidencias...

Se detenía Neira en las condiciones de la romanización ibérica, y nos conformábamos nosotros con escuchar entonces aquella interpretación de la igualdad en las formaciones romances, desarrolladas respectivamente en cada variedad regional:

“Las lenguas del oeste peninsular – garabateábamos en los apuntes- (castellano, leonés gallego") son más cercanas al latín clásico que las orientales (catalán, aragonés"), porque el primer latín traído a la Península Ibérica era más dialectal con sus particularidades geográficas más vivas. En cambio, cuando los romanos conquistan Galicia, por ejemplo, ese latín ya estaba más unificado bajo la norma clásica. De ahí las variantes de unas lenguas respecto a otras”.

Se detenía Neira en las condiciones geográficas y etnográficas que motivaron la diversidad lingüística posterior. Siempre matizando que eran más las coincidencias (la unidad inicial), entendíamos de paso diferencias relativamente tan marcadas entre distancias tan cortas: entre un lenense (tsinizos para los alleranos), y un allerán, un quirosán... , con tan pocos km y valles por el medio; y no digamos ya un cabraliegu, un naviegu... Se detenía en referencias a la población indígena, a la cultura autóctona, a las dificultades de comunicación.

Preferíamos ver las coincidencias, pero la verdad es que, recordando nuestros pueblos, parecían más las discrepancias, aunque nos entendiéramos perfectamente. Los resultados están a la vista hoy: los medios de comunicación (la tele, el móvil, las carreteras) redujeron las distancias lingüísticas también, como las seguirán reduciendo. En todo caso, las discusiones y matices se continuaban en Casa Cundo o en el Garal, sobre todo con los gallegos, claro....

Seguíamos contrastando y comparando: ponte, en gallego; pont, en catalán; puenti, en parte del asturiano; puente, en castellano... O fuella, en aragonés; fulla, en catalán; fueya, en asturiano...

Se refería luego a las causas posibles de la fragmentación lingüística del Imperio: condiciones geográficas, aislamiento en las montañas, falta de literatura, invasión de los pueblos germánicos, el desarrollo de la variedad mozárabe "Con todas esas condiciones “las tendencias latentes de diversificación se manifestaron poco a poco libremente, hasta dar como resultado la gran variedad romance en época medieval.

Y así pasaba ya a los ejemplos concretos de las lenguas romances una vez diversificadas. En busca de razones antiguas, comenzaba por citar, por ejemplo, a Plinio que ya hablaba de los lucenses frente a los astures, luego conventos jurídicos de Lugo y Asturias. Y, una vez más, las coincidencias y divergencias sin otras distinciones: ponte, en gallego; pont, en catalán; puente, en castellano, en leonés"

Es decir, siete vocales en las lenguas romances marginales, frente a cinco, en las lenguas centrales. Y ponía ejemplos de topónimos, que nos sonaban de cerca a unos u a otros (en clase había también gallegos, leoneses...): Cacabelos, Ponticiella, Murietsos, Castietso"

Se detenía en las causas posibles de los límites entre esas lenguas romances contiguas de oriente a occidente: entre el catalán y el aragonés; entre el gallego y el leonés occidental; entre el gallego y el asturiano más allá del Navia"Llenaba de ejemplos la pizarra con vocales abiertas y cerradas, con la yod": fulla, en catalán; fuella, en aragonés; folla, en gallego; fueya en asturiano y leonés.

O nigru, isti, isi, en parte del asturiano; surdu, en italiano del sur; isto, isso, en portugués...: negru/neagra, en rumano; la metafonía más distante en el panorama regional, peninsular, panrománico...

La clase más novedosa para los que éramos tsinizos, resultaba la que dedicaba Neira a la metafonía, ese cierre de tónicas ante –u, -e, -í finales: ahí se hacía presente nuestra identidad montañesa, tan chocante entonces a los oídos urbanitas. En la clase de Neira sabíamos que nadie iba a girar la cabeza, si alguno pedía explicaciones o aportaba un ejemplo más sobre un fenómeno tan específico asturiano como teñido de ruralismo en las calles de entonces.

Hoy, en cambio, un topónimo como L'Angliru (con metafonía al completo) triunfó a nivel internacional, y es pronunciado así en todos los medios de comunicación, foros digitales, comunicaciones virtuales, folletos deportivos, turismo... Lo que prueba que no hay fenómenos lingüísticos de 1ª y de 2ª: la metafonía no tiene connotaciones negativas, rurales, pueblerinas... Pero sólo triunfan o se silencian cuando hay intereses para ello.

Más aún, hasta nos crecíamos cuando Neira relacionaba la metafonía asturiana (antes mucho más generalizada) con otras lenguas de la Romania: por ejemplo, con el rumano (negru/neagra), con el italiano del sur (surdu/sorda), con el portugués (ollo, con o cerrada, isso, isto). Y citaba unos cuantos ejemplos, que antes se habrían extendido hasta el mismo Cabo Peñas: puirtu, cuitu, terdi, cumi, isi, isti... Todavía casi incrédulos de que hasta en Xixón o Verdicio pudieran hablar en parte como en Lena, rastreabamos más datos en la tesis doctoral de Carmen Castañón, publicada poco atrás.

Ya por febrero arriba, pasaba Neira a las coincidencias y divergencias peninsulares respecto al sistema consonántico: clau, en catalán; llave, en castellano; chave, en gallego; tsave, en parte del asturiano; chave, en leonés"Y así iba ejemplificando los resultados de otros fenómenos lingüísticos: las oclusivas, las geminadas, las líquidas, las nasales, aspiradas, el neutro de materia"

Las explicaba Neira en combinaciones diversas, aunque aquí matizaba más bien en cuanto al leonés (occidental, central, oriental), sin especificar demasiado con el asturiano, como algunos esperábamos. Luego, a la salida del aula, aportábamos cada uno ejemplos de nuestras zonas respectivas, que nos explicaba, como si la clase se prolongara en la plaza Feijoo.

O llun, en catalán; lua, en gallego...; lluna, tsuna, en asturiano (con la ts vaqueira en su caso)

Semana tras semana, seguía matizando Neira consonante tras consonante, y comparándolas de lengua en lengua: esas arraigadas cacuminales del leonés occidental, tan esperadas (tsamar"):

“esta solución parece que viene de las lenguas indígenas, o de los dialectos italianos que tenían los mismos resultados” -decía.

Al llegar a las nasales, se halagaban nuestros oídos al encontrar una explicación para aquello de pena, cabana, escanu, suinu, aná", tan distintas al castellano peña, cabaña, sueño, añada.. Y así continuaba recorriendo Neira la formación de todo este mosaico romance, con las semejanzas y diferencias desde un orden estrictamente lingüístico, interno, con su técnica sencilla que ya teníamos asimilada: una misma palabra diversificada en asturiano, leonés, catalán, portugués"

Avanzaba y terminaba un curso tan novedoso (glocal y global, que diríamos hoy), con el tema más esperado: el astur-leonés, terminología estandarizada entonces. Había varios leoneses y leonesas en clase, y cada uno barría un poco para su vertiente: unos decíamos que ponía demasiados ejemplos de Babia y Tsaciana; ellos aldericaban que, en realidad, la lengua más amplia era el leonés, que lo decía Menéndez Pidal.

Sin entender entonces del todo si habría de ser gallego-asturiano, o más bien astur-gallego, astur-galaico...

La verdad es que, por extensión geográfica y número de hablantes, no levantábamos mucho la voz: nos conformábamos con que se citara el asturiano, o el gallego-asturiano, pues por aquellos tiempos no nos parecía poco que alguien en clase estudiase palabras, tantas veces susurradas en voz baja por las calles de Oviedo, en la escuela, o por los rincones de institutos y colegios. No obstante, tampoco entendíamos del todo entonces por qué no habría de ser astur-gallego, astur-galaico... Lo iríamos entendiendo en parte luego, y lo seguiríamos criticando con el tiempo.

Terminaba Neira el curso con la idea que había empezado en el mosaico de lenguas: la unidad lingüística peninsular; una continuidad lingüística sólo quebrantada por el castellano en su expansión política a costa de las demás lenguas. Citaba el caso de la l- inicial: lluna, llun; llugar, lloc; llobu, llop"

Con la Enciclopedia Álvarez, Lázaro Carreter, Correa Calderón... , en la retina todavía, de la unidad lingüística, a la diversidad etnolingüística

Con la asignatura de Neira, por primera vez para nosotros en unas aulas, cerrábamos el ciclo de la escuela rural y del colegio urbano; del castellano puro y de la Enciclopedia Álvarez, o de los impecables comentarios de texto de Lázaro Carreter-Correa Calderón. Y abríamos al tiempor el otro ciclo de la pluralidad lingüística, no sólo peninsular o regional, sino del conjunto panrománico dentro, y aún fuera, de los límites europeos: entendíamos, así, de una vez por todas, la génesis de las distintas lenguas que antes fueron dialectos todas ellas por igual: dialectos del latín.

Entendíamos la unidad lingüística original frente a la diversidad etnolingüística inevitable, en un proceso natural y social a un tiempo, motivado por el contexto geográfico y etnográfico posible en cada región; donde el latín vulgar se fue adaptando y transformando socialmente desde el pueblo (desde los pueblos), con todos y todas sus hablantes, cada uno y cada una en su medida oral o escrita.

De ahí la riqueza específica (léxica y toponímica) de unos pastores en la montaña; o de unos marineros junto a sus costas del mar. En cada zona hay unas diferencias lingüísticas porque muy distintas son las referencias de las palabras, las costumbres, los alimentos, los productos del suelo...

Con el cuidado de la glotofobia, que previene Jesús Tusón

Por eso ahora, cerramos aquella puerta virtual del aula de Neira en La Plaza Feijoo, con unas palabras de Jesús Tusón que bien podrían recoger, tantos años después, los ecos de un profesor universitario (asturiano y lenense) en su espacio y en su tiempo, que explicaba en su programa muchas palabras de nuestra infancia:

"El rechazo de la diversidad no sólo se produce entre lenguas diferentes, sino también respecto a las variedades geográficas y sociales interiores. La avaricia es inconmensurable y, en estos casos, la glotofobia no conoce límites: el sistema escolar, por un lado, y la promoción del ridículo, por otro, serán los instrumentos de un poder que ha aprendido urbanidad, que ya no quiere colonizar, que solamente 'civiliza' y libera al pueblo de la barbarie. ¿Caminamos hacia un futuro sin colores y sin los matices de cada color?"

Porque fue Neira un investigador empeñado en aquellas décadas, por valorar en su tiempo y en su contexto la riqueza lingüística hispánica (panhispánica, por lo que nos tocó en el aula), lejos de toda colonización glotofóbica, en el sentido del autor catalán. Un profesor empeñado en defender cada paisaje lingüístico peninsular con sus tonalidades tan policromadas desde el verdor más intenso junto a las costas del mar, hasta los tonos más grisáceos o blanquecinos de las calizas cimeras de cualquier montaña. Tanta riqueza verbal no cabría, ciertamente, en las apretadas páginas de un simple manual, monocorde y monocolor.

Y glotofóbico, sobre todo, pues cualquier variedad lingüística regional nunca cabe en las apretadas restricciones impuestas por la hegemonía (o imposición) de una sola variedad, con menosprecio de las demás. Sólo el pueblo irá seleccionando: las Academias nunca van delante, sino detrás.

Del encerado y la tiza, a los bytes y bites de interné

En fin, cerramos la memoria de aquel aula del edificio Feijoo, con tiza y encerado entonces al par de la tarima, al tiempo que abrimos las ventanas de interné, por las que siguen y seguirán difundiéndose, en parte, las palabras escritas de Don Jesús. Y se seguirán traduciendo a bites y bytes por cables o autopistas digitales bastante más allá del Güerna y las Ubiñas.

Artículos, conferencias, comunicaciones en congresos, colaboraciones diversas, libros, diccionarios", hoy, como tantas obras silenciadas bajo la puvisa blanquecina de tantos estantes atiborardos, no podrían quedar al privilegio de unos cuantos y unas cuantas. No podrían quedar en el silencio de tantas estanterías que tantas ilusiones y trabajos soportan reducidos hoy sólo a papel.

En ocasiones, hasta resultan verdadero privilegio injusto sólo para algunos y algunas, puesto que sólo sirven a unos pocos para la copia pura y dura (para la fotocopia, la reprografía más disimulada), que luego se incluirá disimuladamente en pretendidas publicaciones personales más novedosas, sin citar siquiera los autores, pues nadie va a pararse en comparar... Ni dispondrá fácilmente de los originales para ello. Casi como 'el recorta y pega' de los collacios de hoy, tan criticada.

Porque los autores originales, hoy más que nunca, vuelven a ser las fuentes más fidedignas, ahora en la investigación virtual: Fresneo, Malveo, El Nocíu...; y no *Fresnéu, *Malvéu, *Nocéu...

La publicación digital de los textos originales de Neira y de tantos investigadores asturianos, en las ya comunes bibliotecas virtuales, terminaría con todos estos privilegios, y pondría en su sitio al autor y al copista o la copista (a los que sólo se le 'olvidaron' las comillas...): "unos cardan la lana y otros llevan la fama" -dice el refrán.

Sería la forma de estudiar a Neira y a tantos otros lingüistas en su contexto y en su tiempo: sin intermediarios, sin deformaciones, sin manipulaciones, sin plagios...; en sus fuentes, asoleyando sus palabras originales a los dieciséis vientos del milenio, tras una pantallla a miles de km en toa la rondiá.

Cerramos también aquellos apuntes a boli y en colorinos, tejidos en esquemas (y pasados a limpio, ahora amarillentos ya, claro), con las notas garabateadas de unos cuantos y unas cuantas, que los completábamos en el Bar Sevilla, el Garal, Casa Cundo, la División Azul...

Entendíamos por primera vez el valor de nuestro entrañable asturiano (y leonés), con tantos siglos (en algún aspecto, milenios) detrás: aquella variedad romance que construyó y seguirá construyendo el pueblo a su manera (todos los tsugares mayores y menores asturianos); y seguirá actualizando, digitalizando, tecnificando a su modo, bastante más allá del dosmil, con distintos habitantes: cibernetizados, en parte, ahora ya ellos también.

En resumen, las bibliotecas virtuales (los autores digitalizados ahora) evitarían muchas manipulaciones, tergiversaciones, marginaciones..., de textos originarios fuera del alcance de la mayoría sólo en formato papel. Investigar en papel y en digital deben ser ya las dos caras de una misma moneda: cuando una no es posible, hay que recurrir a la otra.

En otro caso, cientos de tesis doctorales, miles de artículos en revistas especializadas, van a ser el nuevo alimento gratis para unos cuantos y unas cuantas desalmados y desalmadas. En nada justo ni con los científicos ni con la ciencia.

Pero son y serán imprescindibles las fuentes directas de los investigadores asturianos, en su espacio y en su tiempo: hoy las usan a distancia los estudiantes de instituto, los telecentros, los centros asturianos en el extranjero... Las fuentes se consultan a distancia

Pues, sin duda, el asturiano sigue y seguirá vivo a su modo de oriente a occidente, y de Penubina al Cabu Peñes. Al lado o más allá de vaqueros, marineros o pastores, crecen nuevos usuarios en tupidas redes sociales, foros, webs, news, blogs"Bien lo comprobamos por los institutos, por los colegios rurales, en las clases para adultos (padres, madres", por las tardes), en las casas de cultura de cualquier Ayuntamiento ya.

El asturiano de los pueblos sigue latiendo, de forma oral y escrita (más o menos castellanizada o asturianizada según los casos), ante el teclado y la pantalla del ordenata, en el móvil, el email, el skay, el messenger, facebook, twitter, revistas y prensa digital, grupos musicales, canción popular, tonada, refraneru "

Como sigue vivo el asturiano en esa inmensa riqueza léxica de tantos museos etnográficos, parte etiquetada con las palabras de la zona en el caserón correspondiente, y parte circulando por interné la palabra y la foto fundidas, en aquella idea antigua de "palabras y cosas", con la que tanto aprendimos de Neira y de otros después .

O como se sigue traducido el asturiano a numerosas rutas de montaña (con mejor o peor suerte también), al turismo rural, al senderismo, a las pistas d'eskí..., en ese tupido mosaico de topónimos, a modo de gran diccionario geográfico del suelo entre el mar y las montañas. Globalización y glocalización se vuelven interactivos ahora, también en el uso del asturiano que llegó al dosmil para todas estas actividades.

Y porque la lengua siempre la hicieron y la tendrán que seguir haciendo los hablantes de los pueblos, con los hablantes virtuales incluidos hoy, por supuesto. Como dicen La Pena Chago (puro cheísmo natural, esperable), no La Peña Llago, ni Llegu..., como se lee y se oye deformado

Basta observar ya la cantidad de páginas web, blogs digitales..., que circulan con unos u otros criterios y objetivos por la red: la realidad es la que es. Tal vez pudiera haber otra, podría cambiarse, pero ahora, y de momento, es la que hay. En todo caso, imprescindibles, investigadores como Neira y tantos otros de su quinta, para dar conocer un poco mejor el sistema lingüístico regional completo, mediante aquellos documentados estudios fónicos, morfológicos, léxicos, semánticos, etnolingüísticos, etnográficos", a los que Neira dedicó vida y alma hasta casi hasta estos mismos días. Y tal vez lo hizo porque merecía la pena y porque, como tantas veces dijo él mismo, “La lengua la hacen los hablantes”.

Decíamos más arriba que, por razones muy diversas (extralingüísticas casi siempre) a veces se escucha la voz del pueblo, triunfan sus propuestas, caso de L'Angliru, y no ya El Anglero, El Angleru..., como algunos medios más o menos politizados se atrevieron a lanzar por delante.

Por fín, fue L'Angliru que dijeron siempre los vaqueros de la zona, riosana, sobre todo. Pero en otras ocasiones, no se deja triunfar la voz de los hablantes. Es el caso del cheísmo consecuente de la evolución de la ts vaqueira, hoy traducido a lleísmo normativo, sin nada que ver en muchas zonas asturianas.

Decía Neira en su tesis doctoral que, allá por los años cincuenta, la alveolar africada sorda (ts), con toque oclusivo fuerte, tiende a ser sustituida por la la ch, más oclusiva, más suave y sin labialización: tsamber, tsubu, tsimiecu..., pasaron a chamber, chubu, chimecu... Y así se oyen en los pueblos, entre los más jóvenes incluso, hoy.

En cambio, ni ts, ni ch, se encuentran ya en los diccionarios de asturiano normativos: ya sólo hay llamber, llobu, llimiagu... Evidente caso omiso a la voz de los hablantes: como si antes fueran las reglas y las academias, olvidando también aquello de "No se hizo el pueblo para la lengua, sino la lengua para el pueblo".

Porque habrá pueblos sin hablantes, pero no hablantes sin pueblos...

Ahora bien, los hablantes del milenium ya no son sólo los hablantes de los pueblos. Incluso ya hay pueblos sin hablantes: alguien va a investigar unas palabras, unos topónimos, y, a veces, ya no encuentra a quién entrevistar, porque todos se han ido a la villa, a la ciudad o a fundirse para siempre con los montes que le vieron nacer.

Pero, si hay pueblos sin hablantes, lo que no hay es hablantes sin pueblos: en otras naciones o regiones, en la villa o en la ciudad, siguen los vecinos oriundos (o sus fíos, o sus nietos), emigrados de un despoblado actual. Y siguen con la lengua madre de su infancia, que saborean cada verano, cada puente, cada fin de semana que vuelven a la casa familiar, o al chalecito reparado por etapas.

Esos hablantes siguen siendo la memoria exiliada del despoblado, por muy alejada que estuviera en algún caso. Pero tienen algo o mucho que decir unos y unas cuantas todavía, como demuestran en cantidad de foros de internet, facebook, blogs digitales... A falta de otros lugareños presenciales para las encuestas en papel, están ellos para las encuestas virtuales: sólo hay que pedirles información y animarlos que la expresen, cuando se hacen estudios rurales.

El territorio ya es mucho mayor que el terruño: hay un territorio geográfico y un territorio virtual; un territorio lingüístico nuevo, fruto de las comunicaciones del milenium

Los hablantes dispersos de un despoblado actual son los supervivientes del nuevo territorio lingüístico, aunque ya no se pueda decir que sea sólo terruño: cambió este concepto también; el territorio virtual ya no coincide con el terruño local. Por esto, ya no vale excusarse con aquello de que "en el pueblo no queda nadie", y así pongo lo que me da la gana; o entrevisto a alguien que nada tiene que ver con el lugar, para justificar la entrevista y manipularla a placer...

Los nuevos habitantes no pueden tener una residencia continuada en el pueblo: sólo vendrán de vez en cuando; incluso, son ajenos al lugar. Pero todos sienten el pueblo como algo propio, con su nombre y sus usos incluidos. Tienen derecho a opinar, sobre todo en cuestiones de palabras escuchadas a los nativos.

En fin, seamos objetivos, científicos, rigurosos, al hacer entrevistas, encuestas. Digamos lo que hay, y no lo que queramos que haya. Hay pueblos sin hablantes; pero, de momento y todavía, no hay hablantes sin pueblos. En todo caso, quedan las voces escritas grabadas por investigadores que sí llegaron a tiempo para las entrevistas in situ, cuando bullían las caleyas.

Esas voces escuchadas a los lugareños de medio siglo atrás han de ser el modelo de lo que fue la lengua, la etnolingüística, del pueblo. Los cambios vendrían con las décadas, y con las preferencias de los usuarios posteriores (presenciales o virtuales). Por eso la necesidad de la documentación digital también en este campo: los datos del papel al alcance de los teclados.

Si los lectores van menos a las grandes bibliotecas, las grandes bibliotecas tendrán que ir más y de otra manera a los lectores: Neira ya se lee en la web (se podría leer toda su obra en la red)

Nos extraña que muchas tardes las bibliotecas estén vacías, que la gente no acuda a las conferencias. Pero olvidamos las distancias, los espacios, los tiempos... No todo el mundo, ni desde toda Asturias, los orientales o los occidentales se pueden permitir el lujo de acudir en forma presencial a las bibliotecas de las ciudades, a las charlas de Oviedo, de Xixón: cuesta dinero desplazarse, en invierno es de noche a las 6 de la tarde, hay más cosas que hacer.

En cambio, si la presencia puede ser virtual (como lectores, como oyentes de una videoconferencia), las pequeñas salas de los conceyos más alejados, o la casa, el despacho..., puede estar ocupados por lectores y oyentes virtuales a cualquier hora del día o de la noche. La cultura hay que asoleyala, que esté al alcance de todos y de todas, de cualquiera, con medios o sin ellos para acudir a la ciudad.

Habrá que llevar las bibliotecas a las montañas de forma virtual, a los conceyos del centro, del oriente y del occidente; de las costas junto al mar, y de los pueblos altos a la misma falda de las montañas; a toda la región, a otras regiones, a otras naciones, a otros continentes... Hay que llevar a los investigadores asturianos a las casas de Cultura de los Ayuntamientos, a los telecentros, a los centros Asturianos del Extranjero, a los hogares individuales de cualquier estudiante o aficionado. Es la lecura virtual, frente a la lectura presencial.

Y el pueblo seguiría haciendo la lengua, con los medios de comunicacioón y con los siglos

"Si la montaña no viene a.., habrá que ir a la montaña". Allí se leería la realidad y extensión del neutro de materia, la metafonía, la ts vaqueira o el cheísmo... Se evitarían manipulaciones, errores... Se leería la realidad lingüística asturiana. Luego, los hablantes del milenium decidirán por dónde ha de ir la lengua, pero conociendo la realidad antes; decidirán si triunfan unas formas centrales o marginales; del mar o de la montaña.

La nivelación lingüística la irá haciendo el pueblo con los medios de comunicación y con los siglos. Pero la falta de información sólo beneficia a los que dictaminan y van dirigiendo delante. Más aún, hay muchos intereses en que no se difunda lo mucho que hay impreso en estanterías, bajo el polvo y la puvisa tantas veces. Y ello, con todas las implicaciones de aquella frase de Neira: "Las lenguas las hacen los hablantes".

En fin, mucho agradeceremos el trabajo incansable de Jesús Neira con su rica y larga riestra de investigaciones asturianas en el campo de la fonética, la fonología, el léxico, la toponimia..., como tuve el privilegio de comprobar en los años que me dirigió la tesis doctoral: una especial intuición tenía Neira para relacionar un topónimo con la raíz léxica correspondiente al contexto asturiano, siempre en aquella perspectiva etnolingüística tan admirada por algunos desde que lo conocimos en el tiempo de las aulas.

Que así perdure su labor en la memoria virtual de los nuevos hablantes e internautas del milenium. Y sirvan en su homenaje aquellos bucólicos versos de Fray Luis de León para completar estas palabras:

"¡Oh campo, oh monte, oh río!
¡Oh secreto seguro deleitoso!
roto casi el navío,
a vuestro almo reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso...

...A la sombra tendido
de yedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado,
del plectro sabiamente meneado"
(Fray Luis de León)

Bibliografía de Jesús Neira

Otros trabajos de Neira

Ver "El hablante ante la lengua..."

Prólogo a Vital Aza (en PDF)

Comentarios a las Obras de Vital Aza

Otros libros sobre Lena

ÍNDICE alfabético de materias