Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
"Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta"
(Miguel Hernández).

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Oficios de antaño: el segador
(Historias de vaqueiros V)

por, Jesús Lana Feito.
L'Auteiro (Somiedo)

Los nuevos tiempos traen nuevos oficios y olvidan otros que necesariamente tienen que pasar a la historia, pero que de ninguna manera han de ser ignorados. Uno de ellos, relativamente reciente, es el de segador. Desde la Asturias llana y costera partían hacia la montaña los segadores, iban a las siegas, a ser contratados por unos días en los pueblos a ambos lados de la cordillera: primero en Babia y después en Somiedo.

Partían con un hatillo colgado del estil del gadaño, los fierros de cabruñar y la ilusión de comer un buen jamón y ganar unos cuartos. Abajo en sus pueblos ya se encargaban los de casa de recoger la hierba, siempre menos necesaria que en la montaña porque ellos segaban verde todo el año. Siega la mucher y los fichos, decían, que nosotros tenemos que ganar algo y conocer mundo.

A veces también colgaban del estil las madreñas, incómodas para caminar largos trayectos pero muy necesarias para que el corte del gadaño no se acercara a los pies. Así llegaban a Babia a primeros del mes de julio y a mediados de este mes de la hierba ya empezaban a aparecer por Muriastsongas, más o menos cuando la hierba ya se empezaba a segar en La Pradera.

"Mociquines de Tsaciana,
¿quién vus mantiene?
Lus arrierus del puertu
que van y vienen"

Se veían con buenos ojos aquellas retahílas de mozos que gritaban ijujús para anunciar su llegada. Incluso en algunas ocasiones llegaban acompañados por el son de la gaita. No es menos cierto que al sonar de la gaita desde la Arbaneicha, tres mozas tiraron el garabato y empezaron a bailar en los praos del Rozoltsobo.

Todas las familias esperaban su llegada, muy especialmente las mujeres que vivían solas o con hijos pequenos, pero también en las casas donde había mozos porque ya estaban de segar y por supuesto las mozas que recibían piropos nuevos.

En cada casa se contrataban uno o dos segadores, no había presupuesto para más. No era fácil conseguir las 10 pesetas diarias que cobraba cada uno hace 60 años, ni las 200 ó 300 ptas de años posteriores. También costaba trabajo reservar los mejores embutidos y jamones para el mes de la hierba. El vino, tercer concepto en la factura de gastos, venía desde Babia, unos días antes, en grandes pellejos amarrados a la albarda del caballo.

Lus vaqueirus de la braña
tienen la vida ganada,
pu la mañana ya'l grupu,
ya la nueite la cuayada.

Su tarea era segar, cobraban por segar y lo hacían en compañía de otros varones de la casa, que formaban equipos compactos, en una estacha cada uno y donde nadie podía despistarse. Si ibas el primero, el gadaño del segundo bufaba a tus pies y si ibas el último de ningún modo podían alcanzarte por la retaguardia.

El domingo era día de descanso para las siegas, así lo imponía la Iglesia. No se podían realizar tareas serias como segar o acarretar hierba con el carro y las vacas, sólo se permitía esmaratsar, pañar y amontonar. Si los segadores no podían colaborar en estas faenas menores, faenas de mucheres, tampoco cobraban el domingo.

Pasados ocho o diez días, con jornadas de seis de la mañana a ocho de la tarde, las siegas finalizaban, el pachar tenía que estar lleno para el largo invierno y se organizaba el baile final en La Pradera. Si todos habían quedado satisfechos, contratadores y contratados, al año siguiente repetían.

Valle de Lago, 22 de julio de 2006

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el albardoneiro, el sogueiro ...

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y Víctor Lana Brañas
: por Jesús Lana Feito

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