Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

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(cuadro de Regina Aguinaco)

- "Dime, vaqueirina dime,
¿tú qué cuemes na tua braña?
-Comu pulientas cun tseite,
ya grupu cun la cuachada".
(copla recogida por Adolfo García Martínez)

Conversaciones con Alejos
(Historias de vaqueiros 3)

por, Jesús Lana Feito.
L'Auteiro (Somiedo)

Suso, como todos los nenos, pasaba horas y horas en el entorno de la casa familiar y con el único contacto de los suyos. Conversar con otras personas, como Alejos, era una novedad siempre interesante sobre todo por conocer otra forma de ser y de vivir.

Alejo regresó de La Argentina con poca "plata" porque hacerse rico no era su pretensión ni allá ni acá. Su filosofía de vida era la comunicación, los buenos consejos y vivir que no es poco. Todos lo conocíamos como Alejos, vivía solo y se dedicaba únicamente a desnatar leche.

A principios del siglo XX, cuando ya se habían dejado de usar las otsas, ollas de barro, para reposar la leche y separar la nata de la debura, una mantequería asturiana iniciaba su actividad de recoger la nata incluso en los pueblos más alejados y sin carretera.

Alejos estaba en La Argentina en compañía de cientos de vecinos, incluso familias enteras, que habían partido en busca de otra economía, regresar pronto y cumplir con un deseo generalizado, comprar fincas.

La Argentina fue uno de los principales países de destino para millones de europeos, entre ellos unos dos millones de españoles decidieron aprovechar las oportunidades que les daba Argentina. En El Valle no había sitio para más habitantes, las casas acomodaban a miembros de familias muy numerosas, incluidos por supuesto abuelos, tíos solteros y algún otro pariente, pero la tierra ya no se podía repartir más. Se sembraba y se segaba en los lugares más difíciles e incluso peligrosos, en las peñas.


Museo Etnográfico de la Lechería de Morcín

Alejos regresó y observó una nueva actividad desconocida, el funcionamiento de tres máquinas desnatadoras manuales, una en cada barrio.

Algunos vecinos, Mateo y D. José el maestro, probablemente fueron pioneros en esa "gestión empresarial"que se fue pasando como un testigo entre vecinos. En los años cincuenta en Valle de Lago había tres máquinas de desnatar y un "gerente", Alejos, encargado de dar al rabil y recoger la nata y transportarla hasta La Pola en su jumento.

Todos los días llegaba a El Auteiro, asomaba por La Corona con su lechera tumbada sobre el hombro y tocaba la corneta para anunciar su llegada. Se dirigía a casa de Adelaida y allí ya lo estaba esperando Suso, en el portalón, donde se encontraba cada día con aquel abuelo ajeno y a la vez familiar. Años antes Adelaida le había dejado instalar la máquina desnatadora en el portalón de casa y todos los vecinos del barrio venían a desnatar la leche.

El volumen de la mercancía era más bien escaso, poca era la debura o suero que cada vecina llevaba de nuevo a casa después de desnatar y poca era la nata que le entregaban a Alejos. Los ingresos eran siempre escasos e incluso si había que hacer mantequilla en casa tampoco se llevaba la leche a desnatar.

Antes de que llegaran las vecinas era un buen momento para charlar y para que Suso pudiera plantear algunas cuestiones a alguien que también deseaba la conversación. Alejos conocía las aficiones de Suso y lo observaba siempre preparando en el corral el xugo, las mutsidas y todos los aperos para xunir las vacas, lo que en conjunto llamábamos la arbía.

Suso disfrutaba con esos preparativos, aunque casi siempre era una actividad que no llegaba al final, las vacas estaban en otro lugar y los aperos, la arbía, volvía al portalón. Era en realidad un juego, una afición que se repetía con frecuencia, más bien un deseo. Los juegos de los guajes estaban estrechamente relacionados con la actividad de los adultos y el deseo de ser "grandes".

Alejos buscaba ocasiones imaginarias para dar salida a aquellos deseos y mientras que liaba su cigarrillo le contaba a Suso que un día de primavera xunirían dos becerras sin domar y llevarían un carro de cucho para la pena de La Estaca. Una vez arriba dejarían allí pastando a las dos novillas y ellos bajarían en el carro vacío por la garganta de El Gulipo fumando en pipa hasta las tierras de Las Duernas.

Los ojos de Suso brillaban de asombro y después miraba hacía aquella peña que mencionaba Alejos y donde casi hay que subir gateando. Le mandaba repetir las historias cada cierto tiempo, lo justo para no olvidarlas y disfrutar de aquel final feliz y mucho más del placer de xunir dos novillas bravas.

En otras ocasiones dejaban la imaginación y entraban en cuestiones filosóficas. Alejos le preguntaba a Suso qué le parecía aquella gente que le daba golpes a la tierra con un picón o una fesoria. ¡Pobre tierra!, decía Alejos. La pregunta de Suso no se hizo esperar: ¿a ti, Alejos, no te gusta darle golpes a la tierra? ¡Claro que no!. Suso sacó sus conclusiones y sin rodeos le dijo: ¡entonces tú eres un folgazán¡ Las carcajadas de Alejos ponían a Suso colorado y había que dejar la conversación para el día siguiente porque además llegaban las vecinas con sus lecheras.

Una o dos horas después Alejos partía con su lechera al hombro, siempre después avisar a los vecinos que no habían escuchado la corneta acaso por el ruido del río. Hasta El Suquín se acercaba para llamar a Adela con ese toque que había traído de allá: ¡Adelita! ¡Adelita!

También en los últimos años de su vida Alejos seguía siendo servicial, escuchaba otras historias y se ocupaba de la Portería de la residencia de ancianos en Oviedo, allí dejó que la vida llegara tranquilamente al final sin imaginar que años más tarde Suso reivindicaría también la comunicación y esa filosofía de transmitir saberes, pero sobre todo actitudes.

"Cuandu por Somiedu pasu,
digo al machu dilanteiru,
las fichas de don Patriciu
non son pa ningín vaqueiru"
(copla vaqueira)

***

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Suso y el carneiro

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el albardoneiro, el sogueiro ...

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Ver Entrevista a Manuel Álvarez Lana (Manolín)
y Víctor Lana Brañas
: por Jesús Lana Feito

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Para otras informaciones sobre estos temas,
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