Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

Los signos para el inicio
de la vida en la braña
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Los signos de la partida: el felechu, la fueya, el canto de los sapos después de abril

Llegada la primavera alta, los propios ganados comienzan ya a subir solos hacia los puertos desde las carbas fonderas sobre los poblados. Y los vaqueros tenían unos signos para dejarlos subir a los puertos, o para detenerlos si no estaba el tiempo asegurado.

Todavía hoy, sólo dan por terminado el invierno, al margen del calendario, cuando lo vaya diciendo el campo. Por ejemplo, dicen: "Cuando cantan los sapos antes de abril, ta l'invierno por venir". Y "Onde mates una culiebra antes de mayo, ha de cubrir la nieve". Los ganaderos se fían poco de las fechas para el cambio de estación. Se fiaban menos del gamón

Otro dato es determinante: cuando empieza a grillar el helecho, mucho después de los gamones: "Nun te fíes del gamón, que ye gran embusterón; fíate del felichu, que sale pel so derichu". Y dan su explicación los vaqueros: los gamones brotan mucho antes que los felechos, pues salen a poco de quitarse la nieve, allá por marzo arriba, cuando a penas hay pastos todavía. Los animales despuntan los gamones interpretando que es la hora de ir ascendiendo hacia los altos en busca de yerbas más sabrosas.

Por esta observación y necesidad de pasto, debieron surgir tantos lugares con nombres significativos en aquel contorno primaveral: El Gamoniteiru, El Gamonal, La Campa los Gamones, La Fonte'l Gamón..., en el puerto del Aramo. Gamonedo...., en otros concejos.

Se fiaban más bien de los felechos

Pero el vaquero sabe que no es el tiempo, pues arriba tampoco hay paciones mejores: se fía sólo del felechu, que empieza a despuntar encorvado allá por mayo arriba. Ése es el tiempo templado que permitirá crecer las yerbas de forma segura y duradera: cuando hay felichu, hay pación. Entonces van dejando subir el ganado. Por esta razón, los vaqueros tenían sus cierres adecuados en ciertos puntos estratégicos: de rayas arriba -que dicen todavía hoy.

De ahí topónimos como La Portiecha, entre las carbas de Xomezana y el puerto de Vegafuentes, Bovias...: había una portilla entre los roquedales de la gran peña y los paredones de las fincas, para retener a los ganados hasta las fechas acordadas por la esquisa o el conceyu. O hasta que el tiempo lo permitiera.

Como en otros muchos concejos, quedan otros parajes con nombres parecidos. Es el caso del Cancechón: cancilla entre Las Guarizas de Tuíza y El Meicín, bajo Peña Ubiña.

Al ritmo que marcan las fueyas y las invernás

El dato definitivo para la partida era la fueya de las fayas: a media que la hoja del hayedo iba ascendiendo de media ladera arriba; es decir, al tiempo que iban brotando las hayas, se entendía que echaban pación los mayaos.

Y al ritmo marcado por las paciones y las fueyas iban subiendo los ganados desde la carbas hacia las brañas. Y con fueya en las fayas, el ganado entre las cabañas.

Con todo, el tiempo de la braña no quedaba asentado en el estío, hasta que pasaran todas las invernás: la 1ª, la del cuquiichu (a mediaos de mayo, cuando dexa de cantar); la 2ª, la de pandorao (a primeros de xunio); y la última, la de la palombiecha (per xunio arriba). Pasadas las tres invernás se daba por comenzado el verano de verdad: el estío del calendario.

Una primera estrategia en las sendas de los vaqueros: caminar al filo de la cumbre (por la rena, que dicen los pastores)

Un primer detalle se percibe todavía hoy en las costumbres de los vaqueros: salvo que hayan de cruzar un valle, hacen siempre las travesías largas casi al borde de la cima del cordal: camín de Porciles (altos de Zurea), camín del Carril (altos de Carraluz), camín de la prestación (Alto Riosa), camín de La Carisa...(altos de Parana). Es lo que llaman los pastores cabraliegos caminar por la rena: al borde de la cima.

Sin duda con este mismo origen, algunos vaqueros mayores de los pueblos lenenses llamaban camín de la reina, camín de la rina, al camín real (Vía Romana de La Carisa): el camino que fluye casi al borde de la cima, sobre los pueblos de Parana, Felgueras, Casorvía..., procedente de Castilla.

En realidad, este camín de la rena, de la rina, se habría transformado en camín de la reina, por evidente interpretación popular: tal vez de la raíz prerromana *re-k-, *re-n-, *rein- ('surco, cauce, arroyo'), confundida luego con el latín rex-regis, regina ('rei, reina'). Un camino siempre por el surco, por el borde alto de los grandes valles marcados por los ríos. De ahí tantos Ranero, Renorios, Vega'l Rey, Vega Rey, Sen de Rey... También podría ser una metáfora renal, sin más: algo así como el lomo de la montaña.

La estrategia inmemorial: ver y no ser vistos, caminar sin problemas

El camín de la reina no sería más que la pervivencia primitiva de una forma estratégica de cruzar una ladera por el punto menos vulnerable: lo suficiente alto para otear todo el valle a los pies; pero no tanto como para ser visto al recortarse la figura en el horizonte. Ver y no ser visto, en definitiva.

Y como la raíz de la palabra, la costumbre también inmemorial: han de ser las mismas sendas trazadas por los ganados en su transhumancia más primitiva, como simples manadas antes; seguidas por ganaderos, después. Son las vías pecuarias: los animales siempre cruzan los valles por lo cimero (ver y no ser vistos). También lo saben los cazadores.

Un par de ejemplos: La Carisa y La Mesa, siempre al borde de la cima

Los romanos no hicieron otra cosa que trazar sus calzadas sobre estas vías pecuarias: tanto La Carisa como La Mesa cruzan estas montañas casi al borde de Tresconceyos y El Michu, respectivamente.

Los mismos senderistas de hoy, las grandes travesías turísticas, para no tener problemas con las marañas, las zarzas, el boscaje de los valles, se trazan por las cumbres al filo de las cimas: por lo más vistoso y ligero para la andadura larga, por donde se camina con menos problemas.

Y lo primero, levantar la cabaña

La llegada al puerto implicaba una tarea imprescindible: levantar la cabana. Como es sabido, la cabaña lenense tiene la techumbre de peornos asentados sobre puntales de acebu, y recubiertos con tapinos del mismo cesped de la campera.

Por esto, esas techumbres perentorias se hunden a menudo con el peso de la nieve. De modo que había que repararlas en parte al llegar al puerto con los aperios y la carraca: los alimentos de la semana más la vianda (el pan d'escanda).

Escobas (las xenestas) y peornos (los cádavos): cada uno, para su cosa. Imprescindibles resultaban en el entorno de la braña otros muchos productos vegetales del entorno. Es el caso de las escobas (las xinestas) y los peornos (los cádavos)..., al alcance en cada zona. No son iguales, pero se emplearon todos. De ahí topónimos como El Peornal, Xanestosa, L'Ascobaliega...

Muchos lugareños distinguen dos tipos de peornos: los normales (Cytisus cantabricus Reichenb), de ramaje más disperso y de menos peso; y las xinestas (Cytisus scoparius Link.), de ramaje bastante más tupido, por lo que tenía varios usos, como los sigue teniendo en los teitos de las cabanas somedanas.

"Estos peornos nun son como los otros: nun son cádavos" -afirmaba un observador allerán en el lugar de Xinistrosa, en el puerto de Bustroso. "Y siempre nos estrañó el nombre del peornal". Razón tenía, por supuesto.

La estrategia estudiada por los vaqueros desde tiempo inmemorial

Preocupación importante era estudiar la estrategia de la cabaña: se levantaba siempre fuera de los canalizos de las pendientes, para que no pudieran arrastrarla las valanchas, los aines. Y se orientaban más bien al este o al sur, de modo que se evitara el viento norte de las tormentas.

Además, se alejaba de las corrientes de aire para que no pudieran caer encima los rayos: en una cabaña sólo con instrumentos de madera tiempo atrás, y bien situada, eran imposibles los rayos. Los peligros aumentan en cambio hoy: teléfono móvil, herramientas de fierro, antenas de radio, tele portátil...

En definitiva, una primera cualidad de las cabañas extraña al que va de paso: las cabañas están situadas casi siempre en los parajes menos placenteros; a veces, en lo peor del puerto: en la pendiente, entre las peñas, fuera de las camperas llanas...

Pero no extraña al vaquero conocedor del contorno: la precaución, lo primero. Y así, ni una valancha, ni un rayo, en la cabaña: en otro caso, al levantarla, ya no sería en el último lugar castigado.

Y entre las cabanas, el cabanón

Lugares como El Cabanón (en Heros y en El Quempu) recuerdan una función especial de algunas cabañas. En algunos cordales o en los puertos, había una cabaña mayor comunal: en ella se reunían los vaqueros y vaqueras por la tarde, una vez finalizadas las tareas tras los ganados.

Resume la costumbre C. Cabal: en el centro de la braña estaba la cabanona o cabanón, una choza como las otras, pero de mayor tamaño; la levantan entre todos los vaqueros, servía como lugar de reuniones en horas de solaz y de reposo; incluso para dormir en ella sin distinción de sexos.

Tal vez de ahí, el cierto reparo con que siempre se miró a las vaqueras que pasaban el verano en los puertos con otros vaqueros: muchas historias, aventuras y desventuras con muchos silencios en los detalles. Imposible, todavía hoy, obtener demasiados datos.

La vuelta de las cabañas: los otros signos del regreso

La hora del regreso de la braña también era observada en otros signos del entorno. Por ejemplo, en el espantapastores, espantavaqueros, o azafrán montés (Colchicum autumnale L.): una planta que suele aparecer por setiembre arriba, a las primeras lluvias más frías. Con ello retoña la braña, pero las hierbas que nacen (el verdín, que dicen los vaqueros) ya son malas para el ganado. Es la hora del regreso.

La Fuente'l Mal Tiimpu

Otros signos anunciaban la llegada definitiva del invierno. Por ejemplo, ciertas fuentes. Es el caso de La Fuente'l Mal Tiimpu (bajo los puertos de La Vachota). Así llaman los lugareños a ciertas fuentes que empiezan a rezumar cuando va a cambiar el tiempo: paradógicamente, antes de que empiece a llover.

Parece ser que el fenómeno -dicen los geólogos- se explica por una evidente diferencia de presiones entre el interior de la roca y el exterior del entorno: al bajar la presión, sube la humedad a la cara superior, y brota el agua contenida en las calizas.

El mismo fenómeno se encuentra en otras muchas fuentes que prevenían a los lugareños del nuevo temporal, a falta todavía del hombre de la tele.

Y había otros signos pa revolver el tiempu: cuando las vacas se meten en los acebales y ximielgan los cencerros nervisosas; cuando tira el ciguechu (la niebla de La Cigacha, al oeste de Güeria); cuando sudan las parés de las cabanas en un gran día de sol... Entonces, ye que va a revolver el tiempu o a invernar.

Advierten entonces que es la hora de descender de nuevo a las carbas cimeras: de rayas abaxo, en este caso.

Extracto del artículo publicado sobre este tema:
CONCEPCIÓN SUÁREZ, J.
(2002).
"Costumbres vaqueras en las brañas lenenses ",
en Etnografía y folclore asturiano:
conferencias 1998-2001
(pp. 75-119).
RIDEA. Oviedo.

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