Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

 

La Vía Romana de La Carisa

Descripción completa en el libro de rutas,
Por las montañas de Lena
(ruta 38, pp. 332-344: 1 parte)
(ruta 21, pp. 203-210: 2 parte)

Descripción de los pueblos a la falda del trayecto:
"De las corras a las polas,
poblamientos y poblados a la falda de La Carisa
":
Xulio Concepción Suárez
(publicado en el RIDEA)

Javier, en La Cotsá Propinde

La estrategia inmemorial de un camino por un alto: ver y no ser vistos

En resumen, la vía romana (la ruta de La Carisa) entraba por Pendilla: en la etimología, la tierra pindia, pendiente; o tal vez de piedra, *penedilla, como tantos otros lugares peninsulares. Más probable en este caso, una relación al comienzo de la pendiente hacia Propinde (en contraste con las llanmuras leonesas que dejaba atrás), pues no son significativos los penedos (los peñascos), en las proximidades de Pendilla, ni hacia El Ceyón.

La vía romana llegaba desde León o desde Astorga, en sus diversas ramas y direcciones. Ascendía luego por Furniechos, llegaba a La Cotsá Propinde y serpenteaba a la derecha por Las Retuertas. Así iba cogiendo altura para la vigilancia suficiente sobre los valles de Lena y de León al tiempo.

Ya en La Cotsá los Corriones seguía elevándose ligeramente hasta casi la misma falda del Picu Tresconceyos. Luego ya se mantiene sobre El Mayéu Fierros, La Cruz de Fuentes, Currietsos, Castro La Carisa, La Boya, La Fuente'l Surbu, Busián...

Desciende luego por La Cava y sigue por L'Acíu, donde cambia a la ladera allerana camino de Carraceo, Serralba, Carabanés...

La Vía Romana pasa junto al Dolmen de Carabanés, desciende por Espines y ya continúa por la vertiente allerana hasta los altos de Carabanzo. Allí se conservan los megalitos del Padrún. Finalmente la vía romana baja a Uxo (Ujo) y sigue hacia Mieres del Camino...

Valerio y Anselmo

Por unos mismos caminos con usos sucesivos en el tiempo

La ruta de La Carisa se conserva en algunos tramos, con dos trazados: el más alto, el originario, el llamado Camín Viiyu por los vaqueros; y otro más fondero, tal vez alternativo para ciertas épocas de nieve y más reciente, el Camín Nuivu, que dicen los lugareños.

En todos estos tramos, el camino fluye siempre al filo del cordal cimero con la estrategia natural más antigua: ver y no ser vistos. Controlar el valle y no ser controlados, a ser posible. Dicen los pastores leoneses que era el camino viejo, la antigua vía pecuaria, usada por los mismos rebaños trashumentes que venían de las mesetas interiores a estas montañas cantábricas; los romanos usarían las mismas vías para transformarlas con sus recursos de entonces..

El topónimo es dudoso. Cabría el preindoeuropeo *kar- ('roca'); o el celta latinizado, Carisa, Carisius: el general romano Carisius que, según parece, vino a conquistar estas montañas pudo dar el nombre a la vía, en parte trazada reutilizando una antigua vía pecuaria: la de los ganados transhumantes, siempre de vuelta entre la Meseta Castellana y los pastos de invierno al abrigo del mar.

Publicidad y realidad en los trabajos de La Carisa

Las investigaciones de nuestros entorno asturiano siempre son bien recibidas. El problema surge cuando sólo se traducen en poco más que letra impresa; o en simple papel de prensa que desaparece con el día, dormida ya para sienmpre en la hemeroteca virtual. Si, además, lo que queda sobre el terreno (en vivo y en directo, lo verdaderamente útil), es erróneo, impreciso, claramente equivocado, su función educativa no sólo se reduce a cero, sino que hace mucho mal a los usuarios de paso. Es contaminante, ridícula, vergonzante. La corrupción tiene muchos rostros más allá los euros y los privilegios consabidos.

Sirva el ejemplo (el mal ejemplo) de los cartelinos bajo las excavaciones. .Resulta humillante a la vista o a las chirucas del caminante (lo mismo da) la lectura de unos paneles desplegados a todo viento bajo los castros de La Carisa. En ellos que se dice textualmente: “la agricultura era cerealista (maíz, trigo)”. Así como se lee y suena: que en los castros se alimentaban de maíz…

El panel, de más de dos metros de altura, con amplios textos y gráficos castreños, está bien visible para información de unas obras subvencionadas con dinero público. Y con todos los permisos y vistos buenos administrativos. En el pie del cartelón (mucho tamaño para que la aberración se lea mejor) se asoleyan varios escudos y símbolos de los patrocinadores bien instruidos en esta ocasión: ayuntamientos, instituciones, entidades... Para muestra...

Cartelinos muy desinformativos para el que va de paso

En fin, su dinero habría costado el cartelín (la rigurosa investigación asoleyá); pero la barbaridad, nada educativa por ello, en absoluto contribuye al prestigio de los descubrimientos de un recinto castreño (que los hay, sin duda). Más bien invita a tomarse en broma tantos miles de euros empleados. Si todos los descubrimientos de la Vía Romana son de este rigor, el caminante más bien tomará el bocadillo y cambiará de ruta a escuchar a los páxaros cantar por los peornales.

El dato es del dominio común: el turista, el extranjero de paso, el estudiante, el universitario, el profesor, el simple ciudadano medio sabe que el maíz llegó a Asturias van cuatro siglos, no miles de años… Por supuesto, después del s. XV, entre tantos otros productos amrericanos tras el descubrimiento. Van cuatro días, vamos.

Las estadísticas…, no van desencaminadas tampoco para el ranking europeo: al lado de los últimos puestos en lectura y matemáticas, habrá que meter el nivel cultural de algunas investigaciones arqueológicas también. Y buena falta que hacen las investigaciones en cualquier campo asturiano: siempre son agradecidas (cuando son investigaciones de fiar, claro).

Algunos datos recientes del campamento (2016, Joaquín Fernández García & Julio Concepción Suárez -coordinadores, AA.VV- Asturias, concejo a concejo: Aller, RIDEA, p. 48 ss). Resumen de algunos datos.

Vestigios "Las obras de fortificación son todavía muy ostensibles y se concentran en la parte alta de la meseta, sobre todo encarando la ladera occidental, por la que bastante más abajo discurre la vía. Todas ellas están constituidas por los clásicos fosos en V -fossae- y terraplenes levantados con las tierras extraídas de ellos -agger-, conforme a las características comunes a los campamentos romanos, siendo casi todas las fosas dobles -la fossa duplex muy empleada por Julio César en sus campañas militares- a fin de fortalecer la eficacia defensiva.

Las defensas se completaban con numerosos elementos de madera, consistentes en bandas de estacas aguzadas -cippi, acutissimi valli- o ramificadas -cervi- que, tal como han revelado las excavaciones, se encajaban en las cabeceras de los contrafosos y en los taludes de los terraplenes para impedir la aproximación del enemigo. Sobre cada terraplén se colocaba, además, una empalizada que protegía a lo defensores, los cuales se movía por un ancho paseo de ronda, a veces empedrado. Estas obras defensivas ofrecen a lo largo del enclave un desarrollo y distribución desiguales.

Las barreras. El esfuerzo defensivo privilegió la cota más elevada, representada por la loma de Curriel.los, que fue rodeada con tres líneas defensivas concéntricas. La más interna es indicada por un talud que podría estar coronado por un caballete elevado en el que se insertaba una empalizada. Por delante corre otra barrera formada por una infrecuente fosa cuádruple, si bien dos de las fosas fueron añadidas en un momento posterior, y todavía más al exterior se trazó otra línea provista de una gran fosa doble. En la sección occidental este imponente dispositivo defensivo alcanza medio centenar de metros de anchura. Por delante en la zona SO se trazaron otras dos barreras formadas por unas perfectas fosas dobles que descienden por la ladera unos 200 m para cerrar un espacio triangular en cuyo extremo inferior se englobó un manantial. Además, toda esta ladera occidental es barrida por una defensa rectilínea, formada por un foso y talud no muy marcados, que llega hasta la vía y prosigue aún más abajo. La función de esta barrera era impedir posibles incursiones desde el N que aprovechasen la cercanía del camino para ascender en desenfilada por la vaguada.

El circuito defensivo. Por su parte, el cerro meridional, excepto la cara E que coincide sobre un cortado, fue rodeado por otra foso doble que apenas es ya reconocible en el terreno. En cuanto a las terrazas orientales, algunas fueron protegidas con pequeñas defensas y parece que la línea perimetral más externa fue asimismo reforzada. En total, el circuito defensivo activo del conjunto de instalaciones podía alcanzar cerca de dos kilómetros, lo que da idea del contingente humano que era necesario para su salvaguarda.

Los recintos. Todo el sistema de defensas da lugar a varios recintos de forma y tamaño muy distintos, y cuyo grado de ocupación resulta difícil conocer. Aunque el campamento supera las 10 hectáreas, hay que tener en cuenta que las defensas ocupan una buena parte de esa superficie y algunos espacios reunían escasas condiciones de habitabilidad. Con todo, los cálculos realizados permiten suponer que el campamento podía alojar prácticamente los efectivos de una legión en caso de una ocupación completa. Las tropas debían repartirse por los recintos en función de las diversas unidades militares, siendo su alojamiento en tiendas de campaña como demuestran las numerosas clavijas de hierro para fijación de los vientos que fueron encontradas.

Los barracones. Así y todo, en el último episodio de uso del campamento en uno de los recintos superiores se construyeron barracones de planta cuadrangular realizados con un zócalo de cimentación de piedra sobre los que se levantaban paredes de madera y manteado de barro. Al encontrarse a poca profundidad sus evidencias han desaparecido en su mayor parte, aunque el incendio de uno de ellos facilitó la conservación de grandes vigas de sección rectangular, algunas con clavos de hierro. No hay que descartar que en ocasiones se vivaquease directamente sobre el terreno aprovechando la bonanza térmica estival.

La estancia, la vigilancia... El recinto más alto, coincidente con la cumbre que fue totalmente explanada, y de poco más de un millar de metros cuadrados, debió servir de centro de guardia, pues desde él se domina todo el enclave y se accede a las posiciones defensivas. Algunos indicios apuntan a que pudo contar con torres elevadas y en su centro se realizaron hogueras para caldear e iluminar la vigilancia nocturna. Aparte de las calles para las rondas y circulación de las tropas, el campamento dispuso de una vía principal que desde la puerta de ingreso, situada hacia el lado meridional, recorría la zona de la dorsal hasta llegar a los barracones. Era una calle totalmente empedrada de más de 2 m de anchura. Conviene agregar que en el extremo inferior de las terrazas orientales se acondicionó una gran charca natural que pudo abastecer al ganado caballar.

Los objetos encontrados. Las pesquisas arqueológicas facilitaron el hallazgo de un variado repertorio de objetos de hierro muy representativo del equipamiento militar. Entre el armamento hay puntas, conteras y remaches de lanza y de jabalina -pilum-, proyectil de honda, dardos -pilum catapultarium- y diversas piezas de catapultas -entre ellas un gatillo del disparador-. Típicas herramientas son varios azadones utilizados en los movimientos de tierras -aparecieron bajo los terraplenes defensivos-, una hoja de hacha, un zapapico -dolabra-, una aguijada y un cincel. También se encontraron objetos diversos como las clavijas de tiendas de campaña, numerosas tachuelas de calzado, una cuchara, una argolla de pared, clavos y remaches variados.

Cerámicas, semillas... En uno de los barracones aparecieron varias vasijas de almacenaje de cerámica común -una de ellas para agua y otras para avellanas, trigo y otras semillas-, afiladeras y un percutor. Bajo los barracones hubo previamente un área metalúrgica tal como indican escorias y subproductos de fundición.

Las monedas. Entre los materiales más destacados se encuentran las monedas: un denario de Julio César -de 54-51 a. C. conmemorativo de su victoria sobre los germanos-, as de Augusto y Agripa -quizá acuñado en Orange en 30-29 a. C.-, as de Celsa -Velilla del Ebro, de 27 a. C.-, as de Cneo Pompeyo -acuñado entre 46-45 a. C. con anterioridad a la batalla de Munda-, as de Publio Carisio -datado en 23 a. C.-, un quinario de Carisio y una moneda partida anterior a 26 a. C....

El topónimo. Todo este monetario es muy coherente y ayuda a datar el campamento en la etapa de las guerras cántabras, que de manera genérica se datan entre los años 29-19 a. C. Pero es aquí donde el topónimo Carisa, con el que ya se conocía esta montaña en el siglo XI, suministra una valiosísima prueba por su procedencia etimológica del legado Publio Carisio.

Las estrategias. Y es que fue durante el mandato de este, entre los años 26-22 a. C., cuando se desarrollaron las operaciones bélicas contra los ástures, según los historiadores clásicos. Esta es la datación increíblemente precisa que debe asignarse al campamento, en el que, para mayor corroboración, se encontraron dos monedas emitidas por el propio legado de Augusto. Por lo demás, la condición bélica de las instalaciones ya se podía sospechar a partir de su fortalecimiento defensivo, su situación a una altitud extrema, la fortificación de las aguadas y su ocupación exclusivamente estacional.

Así es que tanto el campamento como la vía debieron constituir las infraestructuras principales para la ocupación militar de la Asturias transmontana, ofreciendo una información privilegiada de la estrategia seguida en la conquista".

  • (2016, Joaquín Fernández García & Julio Concepción Suárez -coordinadores, AA.VV- Asturias, concejo a concejo: Aller, RIDEA, p. 48).

  • Artículo sobre la toponimia de La Rarisa: CONCEPCIÓN SUÁREZ, Julio (2006). "Desde las corras a las 'polas': poblamientos y poblados a la falda de La Carisa". En Etnografía y folclore asturiano: conferencias 2003-2004 y 2004-2005 (pp. 45-84), RIDEA. Real Instituto de Estudios Asturianos. Oviedo.

  • Libro sobre La Carisa: CAMINO MAYOR, Jorge - VINIEGRA PACHECO, Yolanda - ESTRADA GARCÍA, Rogelio (2005). La Carisa. Astures y romanos frente a frente. Caja de Ahorros de Asturias


Ver artículo "Toponimia de La Carisa" (RIDEA):
Xulio Concepción Suárez

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Para más información, ver
Diccionario toponímico de la montaña asturiana

Julio Concepción Suárez.

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