Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

"Pasé'l Puertu de Payares,
pasé'l Puertu de Payares;
pasélu con muncha pena,
porque dexé los amores
xuntu a La Pola de Lena"

(popular)

las muyeres de Payares
III Encuentro de las muyeres de Payares, 2001

PAYARES
PAJARES

El pueblu

Villa y parroquia de Lena, subiendo al Ruchu y al Alto'l Puerto. Dista 23 kms. de la capital del concejo, y se sitúa a unos 1000 ms. de altitud. Tiene 133 habitantes censados. Es uno de los pueblos relativamente mayores del concejo de Lena.

El pueblu de Payares está compuesto por varios barrios: La Pría (pendiente y pedregosa, a la entrada del poblado); El Convento; El Chugar (conjunto mayor de casas que se extiende hasta al arroyo); La Vecera (al llegar a La Campa, donde se reunían los ganados para el cuidado en común, por 'vez'); La Campa (en un rellano del camino que asciende al Ruchu); y La Pedrosa (sobre La Campa).

Destaca en Payares el edificio del Portalgo: entrada o salida del pueblo (según la dirección del viaje); es el caserón bien conservado en piedra tallada (izquierda de la carretera subiendo desde Fierros), muy cuidado en su estructura rústica originaria, y con el soportal en columnas.


Suspiros de Payares

El Portalgo era el lugar obligado de los impuestos que se pagaban 'a la puerta' del nuevo distrito, al llegar desde tierras castellanas, marcado por el puerto. Desde El Portalgo hubo una cadena que cortaba el paso de la carretera (entonces 'paso de las carretas y los carros'), a modo de control, mientras se exigía el impuesto ineludible.

Detrás del Portalgo ("Portazgo" en la inscripción superior de la cornisa en piedra sobre la entrada) estaba La Casa Postas, con entrada y salida de nuevo al camín real. A pocos metros del Portalgo (en pronunciación de los vecinos), está el otro caserón de Los Corralones, a la derecha de la carretera subiendo: una amplia casa con corralá y arco de entrada en piedra tallada también.

Y junto a Los Corralones está La Casona: una rústica vivienda relativamente conservada (forno, serdu, char del suilu...). Según la voz oral, se trata de una de aquellas alberguerías (bergueras, albergueras...) tan abundantes como ventas y posás en estos altos de paso por El Payares.


La butía y el piniitsu
(el piniellu)

"Al pasar por el puertu,
puertu Payares,
m'alcontré con un vieyu
llindando vaques.
Como yera tan vieyu
y-pregunté:
-Si quier dormir la siesta,
yo llindaré.
Y el vieyu muy ufanu
me contestó:
-Les vaques de mio casa
llíndoles yo"
(asturianada)

Un poco más allá de La Casona, por el antiguo camino del pueblo, está La Casa de los Pidal: edificio en piedra rojiza bien conservado, también, que bien recuerda la conocida familia de investigadores y esritores payariegos. Siguiendo por el mismo camino antiguo (a pocos metros bajo la carretera actual), se llegaba al Hospital de Payares (no por casualidad estudiado y documentado por el propio J. Menéndez Pidal): conjunto de murias y fincas que así se siguen llamando hoy bajo Las Chinariegas y El Ruchu.

Aquella institución hospitalaria (en rigor de hospedaje y atención), por precaria que fuera, tenía su función: la de dar cobijo al caminante por aquellas pendientes del puerto. Recientemente, A. Montero Prieto concreta las funciones y anexos del L'Hospital de Payares en una de las rutas jacobeas: casa, hospitalero, horro, payares, cabezas de ganao....

Otra serie lugares recuerdan la vida floreciente de un pueblo en la montaña. Es el caso de La Fábrica (fincas hoy bajo El Hospital): según los lugareños fue una rústica central eléctrica, que alimentaba las precarias necesidades del vecindario. La Teyera y La Teyerona: lugar donde hacía la teja. La Cantera; La Casa la Maquila (molín que maquilaba): lugar donde el molineru o molinera 'cobraba en especie', reservado para sí una cantidad de farina o granu proporcional a los copinos molíos.

La etimología, las tierras de la paya (la escanda), cuando los payares yeran para la paya, claro (como dice la palabra)

La etimología de Payares parece clara: lat. palea, 'paja de la escanda' en este caso; tierras *paleares; o antiguas cabañas cubiertas con paja, al modo de otras en el conjunto asturiano, y en aquella sana costumbre ecologista de aprovechar los materiales de la zona para la techumbre de las cabanas (es el caso de las pallozas leonesas, galegas...). La paya era material imprescindible tiempo atrás, tanto por los cereales que daba, como por la misma paja para diversos consumos (animales, techumbres...). En Cangas del Narcea recuerdan bien los techaos de pacha (centeno, trigo).

No hay que olvidar que la misma palabra indica que antes de la yerba seca, las vacas comían paya (casi todas eran parcelas cultivadas; muy pocos praos): los payares, los palleiros...., eran de paya, como la voz indica. Y, si la paya era gruesa, presagiaba buena cosecha, buena farina. Entre los cangueses del Narcea, sigue vivo el dicho:

"La muncha pacha
dache vergüenza
dar poca grana"

Los vecinos de Payares vivieron, en fin, por mucho tiempo de las circunstancias del camino, primero, y de la carretera, más tarde: conocidas y recordadas son las aventuras y desventuras de los camioneros atrapados por fuertes nevadas subiendo penosamente el Puerto; y con gracia se cuentan todavía las argucias de los payariegos para ganarse unos duros con la ayuda imprescindible a los desventurados conductores hasta salir al Alto'l Puerto por El Parador actual.

Más tarde, famosos fueron los esquiadores de Payares en los campeonatos nacionales e internacionales. Y hoy mismo siguen muchos jóvenes ilusionados en los negocios de la hostelería y de la nieve. Era y sigue siendo la ley que impone el medio, muy áspero, ciertamente, en estos altos, una buena parte del año.

La parroquia de San Miguel de Payares está compuesta por los núcleos de Las Campas, Floracebos, La Malvea, El Nocíu, La Pedrosa, Polación, Santa Marina y Vichar.

El propio chugar de Vitsar (Villar, ahora) puede ofrecer un dato más: villar designaba en su origen un poblamiento nuevo separado de una villa ('posesión mayor). Y ese núcleo original podría haber sido el pueblo de Payares, que a lo largo de la historia tuvo cierta independencia, fueros, privilegios, pleitos... Es decir, Payares habría sido villa, como sostienen algunos vecinos actuales: "La Villa de Payares", en aquel sentido románico y medieval de la voz.

Payares, La Estación de. Casa de la parroquia de Payares (Lena), en la que vivieron mientras estuvo abierta a los viajaros la Estación de Renfe. Dista 25 kms. de la capital del concejo, y se sitúa a unos 1180 ms. de altitud. Hoy el caserón está deshabitado.

"Soy de Payares,
nací en la Campa,
y en la Mortera,
tras La Collá,
cavo tapinos,
cueyo cebera,
gozo del mundo
como el que más"

(Copla recogida por Carmen Prieto)


(foto de Alberto Cordero,
años cincuenta)

El arciprestazgo de Payares

En el orden del tiempo Payares tiene larga historia: fue Arciprestazgo. Es decir, fue Concejo Episcopal, independiente del Concejo de Lena. Es decir, Payares fue Obispalía, por una donación real al obispado de Oviedo allá por los finales de la Edad Media. Su función debía ser administrar justicia en el orden civil y criminal. En 1582, Felipe II incorpora a Payares de nuevo al a Corona. Y en 1583, Felipe II es ya propietario de Payares.

Tras varios litigios, Payares vuelve a tener jurisdición independiente en 1587. Pero en 1826 una Real Orden suprimió este tipo de Ayuntamientos particulares, jurisdicionales, ordenando su incorporación al Ayuntamiento más próximo, es decir a Lena. Así terminaba la autonomía relativa de Payares, que a mucho tuvieron y siguen teniendo sus vecinos y vecinas, a poco que uno converse con ellos.


(foto de Alberto Cordero,
años cincuenta)

Y el concejo de Pajares, hasta el año 1829

Resultaría increíble, si no fuera por las referencias históricas al hecho. Así, el ilustrado Rafael M. de Labra escribía en su obra Asturias. De Madrid a Oviedo (1881):

"Hasta 1829 la parroquia de San Miguel de Pajares (que era la primera que se encontraba al llegar a Astúrias) formaba por sí sola el Concejo de Pajares; pero desde aquella fecha pertenece al de Lena, cuya capital dista del pueblo aludido como cuatro leguas en dirección á Oviedo. Hoy [sobre 1870] toda la parroquia tiene unos 193 vecinos...Pajares es un relativo oásis para los caminantes. En él hay muchos paradores y posadas donde se refugian arrieros y pastores cuando a resultas de una terrible tormenta se cierra herméticamente el puerto y es menester esperar ocho y diez y quince días á que á fuerza de pico se franquée el camino.

Antes también existía un hospital con bastantes rentas, abierto á pobres y peregrinos y que del lado de Astúrias desempeñaba el papel que Arbas del lado de Castilla; pero vendidos sus vienes hácia el año 30, de aquella hospedería sólo queda la memoria, que remonta por lo ménos al siglo XVII.

La piedad, pues, había prodigado su solicitud en la áspera y peligrosa travesía de la cordillera cantábrica, contribuyendo de esta suerte á dar importancia á la pintoresca y excepcional entrada del legendario Principado" (p. 110)

"Si la ficiste en Payares..."

Sin duda que la historia del pueblo ha de ser larga, a juzgar por su posición estratégica en el paso de León hacia Asturias, en unos tiempos romanos y medievales, sin más comunicaciones que los caminos, los arrieros, las carretas y los carros. No había otras carreteras, y menos todavía, otros tipos de comunicaciones al estilo moderno. Así, al hablar de Payares suele aflorar en la conversación el dicho popular que nunca se sabe del todo hasta qué punto fue realidad o sólo leyenda traducida a una frase. El caso es que algo está escrito en los libros, a cerca de la muerte de un rey al paso por el pueblo, y por un conflicto con un vecino. Por ejemplo, Rafael de Labra, uno de los fundadores de la Institución Libre de Enseñanza en 1876, en aquel viaje de Madrid a Oviedo, dice lo siguiente:

"El Rey Sancho..., al pasar por Pajares quiso la mala estrella del navarro que éste acordase dar muerte ferozmente á un hombre de aquellas montañas, tras lo que vino el asesinato del Rey, muerto por una saeta á muy corta distancia de Pajares, en Campomanes -pueblecillo que se halla actualmente sobre la carretera y como á media legua larga ántes de llegar á Lena.

¿Cuáles fueron los motivos de la fatal determinación del viajero navarro? ¿Quién fué su víctima en Pajares? ¿Qué mano disparó la saeta vengadora? Sobre todo esto calla la historia, y este silencio sirvió á maravilla para que la leyenda fabricase su trama.

Para unos el atormentado por Don Sancho el Mayor fué un simple peón, y la muerte de éste estuvo relacionada con no sé qué aventura galante de aquellos cultos tiempos del derecho de pernada. Una pasión brutal y una protesta del amor ultrajado ó una honra hollada; hé aquí la base del drama.

Para los otros la víctima fue un noble señor de las Astúrias, y por tanto los vengadores no gozaron de menor renombre, atribuyéndose el disparo de la saeta á la familia de los Valdeses. Un conflicto de jerarquía, el choque de la autoridad real con el poder señorial, ambos nacientes, tal es la clave de la misteriosa trajedia del siglo XI.

Pero sea esto ó aquello, lo cierto es que entónces quedó en el lenguaje ordinario del Principado el refrán que dice: Si la hiciste en Pajares, pagástela en Campomanes" (del libro De Madrid a Oviedo, pp. 116 s.).

La casa Tibigracias

Otra leyenda cada vez más apagada llegó a Payares y a los vaqueros del Alto'l Puerto, en este caso atestiguada por el viajero Rafael M. de Labra allá por el s. XIX. Relata así:

“La casa Tibi-Gratias… se halla por debajo de la Perruca, entre ésta y Pajares y á la orilla de la carretera. Al decir de las gentes del contorno, la casa aludida tomó el nombre del sitio en que se encuentra –casi á la falda de un montecillo llamado el monte Repelayo. Allí suponen aquellas crédulas gentes que el vencedor de Covadonga elevó los brazos al cielo y dió gracias á Dios por ver expulsados de Astúrias á los moros. Pero diga la tradición lo que quiera, lo que parece más racional es, sin duda, que la casa tomara el nombre del fin con que fue fundada siglos hace por el Cabildo de Arbas; fin que no era otro que el de auxiliar á los transeuntes en medio de las grandes tormentas y terribles nevadas que sobrevienen en el puerto durante los meses de Enero y Febrero, y que precisamente en el sitio donde la casa se levanta adquieren su mayor violencia y producen el máximum del terror. En puridad, aquella casa, pequeña, de una sola planta, pero sólidamente construida como su destino pide, era y aún es una sucursal de Arbas” (libro citado, p. 108).

En fin, el pueblu de Payares, por su importante función caminera en el paso milenario entre la región asturiana y la vecina vertiente leonesa, tiene una larga historia, por lo menos en la memoria de sus pobladores. Y ello por mucho que los términos empleados para describir los hechos y los rincones (reyes de paso, hospital, concejo, paradores, portalgo...) no se correspondan con sus acepciones actuales. Por lo menos, algunas obras escritas dan fe de aquella voz oral transmitida por los mayores y, por lo visto, con razonable fidelidad a los datos.

Las cabanas de antes en Payares: con escobas, como los teitos de Somiedo

Un dato de interés recoge Ernesto Burgos en un artículo de La Nueva España (16-2-2016), titulado Dos prusianos en Pajares. Trata del viaje que en el otoño de 1896 realizaron por los montes asturianos el naturalista Hans Friedrich Gadow y su esposa, Clara Maud Paget.

Entre los muchos detalles de dan del pueblo de Payares los dos viajeros, donde se hospedaron, describen las cabañas de las brañas con la techumbre de felechu y escobas (especie de peornos, pero más finos); es decir, el Cytisus scoparius, que tiene las ramas más rectas y de hoja más menuda, por lo que tejen mejor, y no dejan pasar el agua; en cambio, los peornos (Cytisis cantabricus) es de ramas más dispersas, torcidas, amorfas, por lo que no se juntan y dejan goteras de inmediato. Esta diferencia la explican muy bien los somedanos, cuando uno se confunde entre ambas subespecies. El texto citado describe a sí una braña sobre Payares:

"Zona abierta de pastos ubicada en un alto, en donde en verano se reúne al ganado. Por la noche los animales no están cercados, son vigilados por los pastores, quienes se refugian en pequeñas chozas, similares a colmenas, con paredes curvas hechas de maderas verticales con ramas trenzadas entre sí y cubiertas por una gruesa capa de helechos y escoba. La zona de alrededor de las chozas resulta verdaderamente desagradable por la suciedad que se ha ido acumulando, pero no por eso deja de ser utilizada año tras año".

El documento es importante para aclarar el carácter más uniforme de las cabanas asturianas tiempo atrás: de madera en parte y con el techo vegetal. No habría que descartar que hubieran sido también de paya, como indica el topónimo, pues así se registran en documentos antiguos de Tuíza. Y hasta las mismas casas, como en tantos pueblos de montaña.

Ciertamente, estas referencias a las cabanas de Payares en parte coinciden con otro dato parecido recogido en Tuíza, donde otro viajero habla de que allí las cabanas tenían el techo cónico y de paya; es decir, semejantes a las pallozas más occidentales y de la vertiente leonesa de Babia y Tsaciana, como era lógicos siglos atrás. En las mismas o parecidas circunstancias, los nativos usan recursos iguales o parecidos también: los que tienen al lados (Ver Tuíza Riba).

Para más información, ver
Diccionario Geográfico de Asturias.
Ciudades, villas y pueblos.

Editorial Prensa Asturiana.
Colaboración de Julio Concepción Suárez

Y otros libros del autor

Volver a pueblos
Pasar a información cultural

Índice alfabético de contenidos