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El horro de los dibuxos baxo l'aleru:
Bendueños

1. Unos dibujos tallados infrecuentes

a) Unas tallas que pasaron desapercibidas con los siglos, por las razones que fueran... (incluso entre sus propios vecinos)

Entre los vestigios interesantes del pueblo queda un horro con unos ya muy desdibujados grabados bajo el aleru que da al sur: el dibujo principal consiste en una escena erótica que parece ser pertenece al llamado estilo de Villaviciosa. José González, muy aficionado a estos temas de los pueblos, nos facilita estos datos, que bien agradecemos porque nos resultan novedosos; dice en concreto:

"Los hórreos pertenecientes al denominado “estilo Villaviciosa” son los más antiguos conservados en Asturias. Se trata de hórreos identificados entre los siglos XIV y XVI, y situados mayoritariamente en el concejo de Villaviciosa... Las decoraciones de este estilo pueden estar talladas o pintadas, sobre todo en las colondras, los liños y la fachada principal. Se utiliza la talla en bisel, lo que produce fuertes contrastes de luz y sombra, que a veces se refuerza con la utilización del color blanco, rojo y negro.

Muchos de sus motivos están inspirados en el arte románico, y también en el prerrománico y en el popular, siendo los diseños tallados más frecuentes los que tienen como base el círculo: rosetas, molinetes, estrellas, triángulos o cuadrados, alineados en semicírculo; cuadrados formados por yuxtaposición de líneas verticales y horizontales, etc. Otros motivos frecuentes son las cruces, aves, serpientes y, excepcionalmente, escenas eróticas.

En cuanto a las decoraciones pintadas, éstas se realizan enmarcando el motivo con una línea de color que se rellena de colores planos (blanco, negro y rojo). Los motivos decorativos son similares a los tallados, encontrando aquí, además, personajes armados y caballos.


Ver la interpretación de Alberto Álvarez Peña, para un hórreo semejante en Llaviana, estilo de Villaviciosa

El hórreo de Bendueño -continúa José González- quizá datable en el siglo XVI,  presenta  unas tallas geométricas de gran calidad en los liños y en la cabeza de los liños. Entre ellas, además, es destacable una escena erótica entre dos hombres y una mujer embarazada, muy similar a la que figura en un hórreo de Lorío (Laviana), aunque mucho mejor conservada en el caso de Bendueños, y que se podría interpretar, quizá, como una alegoría de la fertilidad.

También es interesante una representación de una serpiente, figura frecuente en hórreos antiguos, y que es  un símbolo múltiple: por una parte, guardián de las cosechas; por otra, asociado al mal, el pecado y la tentación; y ascociado también al alma, a la regeneración e inicio de una nueva vida. Destaca, asimismo, una talla que representa huellas de calzado, similares a otras que podemos ver en hórreos muy antiguos del concejo de Cabranes".


L'horro, a lo fondero'l pueblu

b) ¿Unas figuras preventivas, admonitoras, didácticas para su tiempo y a su modo...?

Difícil interpretación del trio hasta la fecha: no hay estudios asturianos que lo aclaren (no los encontramos), ni nos lo aclaran los estudiosos de símbolos semejantes en la arquitectura popular consultados. Sólo de forma sucinta encontramos una referencia indirecta (o paralela) en el estudio profundo que los cántabros hacen del arte románico en la región vecina: Ángel del Olmo (geógrafo) y Basilio Varas Verano (médico-sexólogo), en su libro Románico erótico en Cantabria. Lifer, Imprenta S.A. Palencia. 1988 (p. 71). Dicen estos autores de otras figuras en piedra por las iglesias, catedrales...:

"¿Son las esculturas románicas una forma de expresión en piedra de los textos bíblicos? ¿Son estas hermosas figurillas la traducción en piedra, para gentes iletradas, de la lección obsesivamente transmitida por la Iglesia según la cual las tentaciones de la carne, el coito, los horrores de la lujuria, son el pecado supremo? Este parece ser el significado que muchos historiadores del arte, religiosos o no, han vislumbrado a la hora de hacer una interpretación académica".

Y continúan los autores cántabros:

"Sabemos que en la época del desarrollo del románico, el pueblo llano, e incluso clérigos, no sabían leer ni escribir, como nos refiere Gonzalo de Berceo en el milagro del 'clérigo ignorante'. No se valoraba a quienes se dedicaban a estos menesteres. La lectura y la escritura se dejaban para los monjes. Es de suponer que aquellos hombres abocados exclusivamente a la guerra o a labrar el campo, según la clase social a la que pertenecieran, fueran 'duros de mollera' cuando se les hablaba de cuestiones complicadas y que los curas usaran representaciones del arte románico para explicar la Historia de la Salvación".

Muchas otras anotaciones de valor encontramos en la amena lectura de estos dos estudiosos de la simbología medieval. Por ejemplo, leemos un poco más adelante (p. 94):

"Temas esotéricos' y ocultos, y 'exotéricos' o comunes al vulgo, se prodigan en los templos romániicos. Los primeros, para los iniciados, y los segundos, para el pueblo analfabeto. Estas dobles manifestaciones ya aparecen en Mesopotamia, que también ha sido el hogar donde se han forjado muchos de los símbolos que se encuentran en la Biblia (y 'Biblia de piedra' es el templo románico); así, la serpiente, el árbol de la ciencia del bien y del mal, etc. Ya aparecen representaciones en un croquis de Susa..."

"Es casi lógico pensar (p. 92) que en una época de incultura y superstición, se revivieran o perduraran muchos de los ritos sexuales-religiosos de la antigüedad; así, no sería difícil mantener los cultos fálicos de la Roma antigua en una provincia romanizada como la península Ibérica. Cultos que según algunos representan deformación o vicio, pero que incluso en sus apariencias más obscenas, pueden resultar aspectos castos".

"Por lo tanto (p. 93), el culto de Dionisios es típicamente agrario, en el cual se adoraba a una divinidad fálica de la fecundidad; sus misterios incluían una serie de ritos orgásticos, en el curso de los cuales se producía un verdadero frenesí: bailes frenéticos, bebidas excitantes..., homosexualidad, copulación..., lesbianismo".

En su estudio pormenorizado de aquellos ritos paganos traducidos a cultos y símbolos cristianos, y en esa doble perspectiva, sólo en apariencia cotradictoria, entre la moralidad cristiana y la sexualidad mundana (las dos caras de una misma moneda en la perspectiva medieval), recogen estos autores toda una tradición literaria oral, imprescindible para entender este tipo de lenguaje tallado y difícil de descifrar. Sirva un ejemplo al azar, en boca de las mujeres cántabras por su fiesta de la Candelaria, allá por el 5 de febrero:

"¿A la gloriosa Santa Águeda
la venimos a rogar
que nos guarde las teticas

que tienen que amamantar"

c) Erotismo y religión, unidos desde culturas milenarias: "como el agua extingue el fuego, de la misma manera la limosna elimina el pecado"

Aunque el estudio de estos símbolos en piedra, realizados con reservas por los dos cántabros en iglesias, templos, monasterios, catedrales..., no se corresponde del todo ni en el contexto ni en el tiempo con las tallas eróticas en madera del horro de Bendueños, sí se puede concluir con ellos que ese paralelismo religión - sexo, moralidad - erotismo, prohibición - divulgación..., son muy antiguos: la prostitución sagrada (la hierodulia) se practicaba ya en Grecia (templo de Afrodita), según noticias de Estrabón.

Este tipo de lenguaje simbólico llagaría al románico, como forma de explicar contenidos religiosos, morales..., a quienes no sabían leer ni escribir. Poco a poco, del interior de las iglesias y otros templos, las figuras irían saliendo al exterior en las paredes, para representar las costumbres sexuales de la humanidad a los fieles, a los paganos mismos.

Y, ya en el exterior, esos y otros símbolos parecidos serían poco a poco utilizados por otras instituciones, artesanos, posesores..., para explicar, prevenir, invitar, sugerir, incitar, generar deseos..., a los vecinos en cualquier edificación pública o privada (en piedra o madera), a cerca de las prácticas sexuales usuales en la época. El mismo San Pablo decía: "Nada hay de suyo impuro; mas, para el que juzga que algo es impuro, para ese lo es".

Y no parece que haya contradicción alguna entre la prohibición y la invitación: como dicen estos autores cántabros, en los ss. XI-XII, ya predominaba una mezcla de fe con abundantes supersticiones:

"La rudeza de la vida y la falta de control a la hora de la venganza o la fornicación, eran fenómenos cotidianos a los que no se sustraían ni clérigos ni monjes. Sexo y religión muchas veces se confundían en la práctica... Sin embargo, todos parecían conscientes de que 'sicut aquan extinguit ignem, sic eleemosyna extinguit pecatum".

Es decir, "como el agua extingue el fuego, de la misma manera la limosna elimina el pecado". O, lo que es lo mismo, el pecado se solucionaba de inmediato con la confesión, el arrepentimiento momentáneo, las monedas de penitencia impuestas por el confesor... Tal vez, de ahí el dicho antiguo en el mismo registro popular: "Pecar, arrepentirse, volver a pecar, volver a arrepentirse... Y volver a empezar". Todo estaba programado.

Como la práctica se extendía al mismo clero, monjes, obispos, señores, vasallos..., sin distinción de estamentos, todo el mundo lo veía bien; con los símbolos eróticos a la vista de un pueblo que no sabía leer ni escribir, y con su práctica arraigada por naturaleza, mitología, y por cultura milenaria (sexualidad natural, biológica, poblacional...), los fieles pecadores aumentaban sus donaciones para recuperar el perdón de Dios.

Las instituciones eclesiásticas, monacales, catedralicias..., se convertían en entidades económicas intermediarias de la cólera divina y, al mismo tiempo, de verdadertos economistas que podían levantar iglesias en cada pueblo. Y, cuantas más iglesias, capillas, ermitas, festividades de patronas y patronos..., más limosnas, más productos ofrecidos, donaciones..., pues cualquier poblamiento que se formara nuevo, por pequeño que fuera, levantaba su propia iglesia.

d) El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, hasta estos mismos días

En consecuencia hábil, el clero bien animaría en el proyecto, pues la iglesia levantaban gratis los feligreses durante años; dice la voz oral, que hasta no hace muchos años, una de las penitencias en el confesionario consistía en trabajar un número de días al servicio de la iglesia y de la retoral: con ello quedaban perdonados los pecados; o pagando una cantidad alternativa. En todo caso, siempre con la vuelta de nuevo a empezar: pecar, arrepentirse..., volver a pecar... El privilegio estaba organizado y con proyectos de un futuro que llegó hasta bien entrado el s. XX.

No hay que olvidar, que en la perspectiva de la Iglesia, los mismos niños nacen ya en pecado: hay que bautizarlos para que empiecen el camino de nuevo, aún sin haber hecho nada todavía, ni bueno ni malo, en su corta vida. Y las madres, después de dar a luz, no podían entrar en la iglesia ni en los actos religiosos hasta pasados 40 días del parto, cuando volvía "a ofrecese con el guaje" (puro eufemismo popular); otra vez la dicotomía pecado / perdón, tan arraigada en las instituciones. El Árbol de la Ciencia del Bien y del Mal: el placer, el pecado, y el perdón unidos desde mucho antes de nacer.

Especial interés tiene ese detalle de "dir a ofrecer al guaje", eufemismo evidente de purificación de la madre por haber dado a luz (eufemismo que impresiona desde el lenguaje mismo); la madre tenía prohibido pasar la puerta principal de la iglesia, mientras el cura no la recibiera fuera, en el pórtico, en presencia de los demás feligreses, familiares..., un día de misa de domingo.

El cura les echaba, entonces, una bendición a los dos con el hisopu, y a continuación, ya pasan todos dentro; como iban echando alguna moneda de paso (unas perronas, unos riales...), la ceremonia había dado su rendimiento, una vez más. La misma madre tenía que llevar una vela encendida en la mano, que, por supuesto, le vendía el cura, la iglesia..., en definitiva.

No obstante, la memoria inteligente de los mayores bien recuerda que esto no convencía a casi nadie, pero el miedo a perder el alma en el infierno en un momento (o, por lo menos, nel purgatoriu...), y retorcese toa la vida entre llamas y culiebras..., les obligaba a callar en sin rechistar migaya; en sin gorgutar por un negocio tan a la vista hasta con la madre a penas sin recuperar siquiera. Bien lo asoleya y se vengaba, a su modo, la copla popular:

"La ilesia ye un comercio,
los curas los comerciantes,
y los que van a ella,
una camá inorantes"

En el mismo lenguaje evangélico se citan palabras de Cristo expulsando a los mercaderes del interior del templo: señal de que el templo lo habían convertido los propios rabinos, los sacerdotes..., en un lugar puramente de intercambio comercial. Y en el s. XX se seguía pagando la llamada bula (lat. bulla, 'bola', luego sello, documento pontificio): un certificado que daba la iglesia a los fieles para poder comer carne en cuaresma; el que no lo pagaba, cometía pecado y se podía condenar.

Es decir, los ricos solucionaba el posible pecado con dinero: para ellos, no había acción pecaminosa, pues lo traducían sin problemas a monedas; los pobres, o hacían gran sacrificio con sus escasos dineros, o no podían comer carne en toda la cuaresma. Hasta había varios tipos de bulas: con la más cara, podían comer carne todos los días, salvo los viernes (la vigilia); con la más barata, ningún día desde Ceniza a Pascua.

e) La unión de los contrarios, la síntesis adecuada a cada contexto en su tiempo

En definitiva, religión y mito, fe y superstición, moral y sexo, obediencia y libertinaje, clero y pueblo, palabras y hechos, pecado y virtud..., no parecen dicotomías separadas a lo largo de la historia, sino dos caras de una misma moneda sin solución de continuidad. Estas aparentes contradicciones conviven en buena armonía: numerosos documentos hablan, castigan previenen, prohiben..., ciertas costumbres sexuales entre el clero, los monjes...., que tenían mujeres, hijos, concubinas, barraganas en el entorno inmediato de sus propias iglesias o monasterios.

Sabido es que en tiempos medievales y posteriores la mortalidad superaba a veces a la natalidad: guerras, hambres, pestes, epidemias... Harían falta hijos no sólo para trabajar las tierras, pagar impuestos, mantener los vasallajes..., sino para contribuir al sostenimiento de las iglesias, las parroquias, las retorales, los señoríos.

Religión / laicismo, moralidad /sexualidad, pecado / penitencia, cristianismo / paganismo, luchas entre el clero secular / el clero regular, barraganería, amancebamiento, homosexualidad, simonía, desfloración ritual, magias diversas..., eran perfectamente compatibles, como dejan ver tantos símbolos correspondientes, sólo en apariencia contradictorios. De ahí, el totem de la fecundidad (falomorfos, genitales femeninos...) en el interior de tantas las iglesias: ábsides, capiteles, canecillos, columnas, bóvedas celestes... El símbolo más natural de la naturaleza, sin ir más lejos.

"Libertades sexuales unidas a tradiciones paganas, corrupción del clero, analfabetismo, herejías, supersticiones, relajaciones..., dan como resultado un cristianismo popular, donde prevalecen ritos de fecundidad, consustanciales a las propias condiciones de subsistencia humana" (p. 157)

El proceso económico con esa síntesis de contrarios lo explican Ángel y Basilio (p. 115):

"Una legión de demonios acecha al hombre medieval, que acosado necesita pedir ayuda, con la fe, y sobre todo con limosnas y donaciones, comprando así su tranquilidad espiritual y escatológica, mientras engordan monasterios y cabildos, que ávidos de riquezas hacen que proliferen santos, a los que incluso especializan en remedios y enfermedades, y que tan pingües beneficios consiguen de los peregrinos, que como si de turistas medievales se tratase, recorren los monasterios depositando sus óbolos [sus monedas]"

2) Una lectura de conjunto: una sintaxis posible tan simbólica

En principio, el grabado de las tres figuras (adulto, mujer embarazada y joven) se encuentra, tal vez, no por casualidad, seguido de otras dos tallas simbólicas: una serpiente (o eso parece) y unas pisadas. Como nada aparece, de momento, escrito, poco podemos hacer, más allá de describir el conjunto, como si de un texto discursivo se tratara (una sintaxis icónica, visual, en este caso). Hasta se podrían analizar por separado -dirá alguien-. Y no está mal que lo hiciera, por supuesto.

En principio, el horro fue levantado justo al lado del camín francés que continuaba de Bendueños a Campomanes por Solapresa; bajaba por El Preu la Fuente Santa, seguía por Tsamas, Nocea, Casafraes... Sabido es que el solhorro (el espacio abierto baxo l'horro) era público; todo el mundo (propios y extraños) se podían cobijar 24 horas, y seguir camino; era un derecho comunitario muy respetado hasta hoy mismo por muchos propietarios (horros con cielu, con vuelu, pero sin suelu). En todo caso, el dueño del horro habría ordenado, o permitido, las tallas, pues de otra forma no se hubieran hecho.

a) Las tres figuras humanas (dos hombres y una mujer en medio) parecen una continuidad de aquella simbología románica, bien estudiada por los autores cántabros citados; y recordada más arriba por José González, buen conocedor de muchos detalles olvidados en los pueblos. La talla sexual podría estar en continuidad con la función productiva, previsora, de los graneros: el símbolo de la cosecha, el sostenimiento del poblado todo el año.

El tallista, tal vez habría querido ilustrar, a su modo, las funciones naturales más remotas del presente y el futuro de un poblamiento organizado: la unión sexual, la reproducción necesaria para el trabajo del campo; incluso con un matiz: la mujer está embarazada, por lo que los efectos del adulto y del joven (eso parecen) no van a tener repercusión reproductora alguna en el ambarazo, en este caso concreto; se trataría aquí, de una simple iniciación a los ritos de la sexualidad creadora, tan arraigados en cualquier cultura universal.

El lenguaje tallado en el horro trataría de recordar a los jóvenes la necesidad de producir, renovar, retoñar, mantener el poblamiento que convenía a todos los estamentos (civiles y religiosos): imprescindibles los vasallos siempre..., los feligreses, para la economía eclesiástica y civil. No hay que olvidar que en el mismu aleru del horro aparecen otras tallas circulares que podrían representar el sol: el verdadero símbolo de la vida; nace cada mañana, se oculta a la tarde, muere de noche...; pero vuelve a renacer al alba, vuelve a morir al crepúsculo... Y así día, tras día, milenio tras milenio.

b) La serpiente es símbolo contradictorio de muchas cosas según contextos, costumbres, tiempos: virilidad, dulzura, maldad, astucia, tentación, maldad...; hasta representación del mal, el diañu, el diablu; la culiebra es el peligro, pero también la astucia para salir triunfante; la oportunidad de superar el mal paso y seguir camino más seguro (el bien / mal). El mal necesario, para que el bien resalte y triunfe finalmente, en aquella moral tan contradictoria, de una corrrupción que abarcaba por igual al clero, obispos, papas, señores feudales... El gran negocio del mal, antes y después también.

c) Las pisadas, las huellas: serían, precisamente, la solución a las escenas precedentes, tentadoras, estimulantes, generadoras del deseo, que siempre hicieron posible la continuidad de la regeneración de un poblamiento asentado; sin reproducción natural, nunca hay futuro; aunque sea con intervención del mal; en aquel contexto religioso, el perdón, la penitencia lo iba a borrar todo, para volver a empezar, como más arriba se dijo. Ley de vida: bien / mal, virtud / vicio, pecar / arrepentirse, aprender / progresar, penar / disfrutar..., condenarse / salvarse..., en definitiva.

Sin olvidar tampoco el mito del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, presente no sólo en el Génesis bíblico, sino en otros como Gilgamesh y semejantes. Al probar el fruto del placer, la tentación, viene el castigo, que sólo se repara con el perdón, para seguir de nuevo camino. Como se dijo más arriba, el mito permanece en costumbres como el bautismo, o la vuelta a la iglesia de las mujeres tras los 40 días del parto. Incluso, si el niño se moría antes del bautismo, no podía ser enterrado en el cementerio: lo enterraban fuera, pues se consideraba que no iba al cielo, sino al famoso Limbo. Hasta ahí llegaba, el negocio del alma y el pecado.

Pero, por encima de todo estaba la idea de salvar los productos, la productividad de un pueblo; un crecimiento vegetativo bueno para la mano de obra y el vasallaje, para la Iglesia, para los tributos, para el mantenimiento de los señores y señoríos, monasterios... El camino a seguir en la perspectiva medieval, siempre a medias entre el paganismo y el cristianismo, que bien estudiaron los autores cántabros citados.

3. Un poblado a medias entre el Conde y los Frailes

Una vez más, gracias a los datos observados por José González y Carmen, descubrimos algo añadido a la historia antigua de Bendueños, tantos siglos silenciada bajo l'aleru l'horro. Efectivamente, los nativos mayores del pueblu (Ciona, Manolo...), ni los conocían, por disimulados y semiocultos allá en lo alto de los liños; intocables, inalcanzables, como en el cielo; o como en el infierno, quién sabe...

Los nativos, en cambio, recuerdan algo más del horro y de las demás posesiones tradicionales del pueblu; por ejemplo, que las fincas estaban divididas entre dos grandes poseedores: el Conde de Revillagigedo y los Frailes de la Capilla. Ellos serían los que aportaron esos datos etnográficos y artísticos al patrimonio local.

El primero, el Conde, poseía las fincas a la entrada del pueblo (al este) y camino a Campomanes, donde está el horro: L’Aguilero, La Zarrá, La Vicietsa, La Tierra’l Préu, La Gortona, El Garagüitu, L’Aguilón, Solapresa, Truébano... Y Los Frailes de la Capilla poseían las fincas a la salida del pueblo, hacia Alceo y el Camín Francés (al oeste): La Campa, La Martina, El Caliru. En los comienzos del siglo XX, los llevadores comenzaron a comprar las fincas al Conde, al que siempre baxaban a pagar la renta anual a Campomanes. El horro, en zona del Conde, por tanto.

4. Hasta el horro era, para alguno y alguna, la única suit de la noche de bodas en sus tiempos

En fin, la pequeña historia de Bendueños se puede seguir leyendo en muchos detalles sin escribir. Sabido es que debaxo del horro se cortexaba; los horros eran libres, el suelo no era propiedad privada, pues son muebles, no inmuebles. Sólo cuando tenían, por lo menos, una columna (pegutsu) de piedra, significaba que ese horro había sido levantado en suelo privado, no del común (los cierres vinieron mucho después).

Los horros eran, además, símbolos de fertilidad: allí se guardaba el grano para la simiente. Incluso, se usaron como dormitorio, cuando eran muchos en casa (recuerdan en algunos pueblos); y en ocasiones, para la noche de bodas: para muchos recién casados, no había hotel ni suit más lejos.

En resumen

Por todo lo dicho y observado hasta la fecha, habrá que seguir investigando, pues este tipo de lenguaje simbólico está muy poco estudiado en Asturias; tal vez, como en tantos otros casos, haya que deducirlo de las observaciones elaborados en otras regiones. Incluso, ni siquiera se trate de una sintaxis de símbolos seguidos, en un contexto discursivo, sino que formen tres tallas pegadas sin conexión entre ellas. También pudiera ocurrir, pero habrá que demostrarlo: esperemos que los expertos nos faciliten una lectura al servicio de todos. El silenciamiento cavernícola, el elitismo de sillón al uso, va teniendo fecha de caducidad. Menos mal.

De momento, nos quedamos con unos dibuxos que, por lo menos, respetaron hasta la fecha propietarios y lugareños (¡cuántos no se habrán borrado, transformado, destruido..., por orden de unas instituciones y otras...!). La decoración conservada supone todo un estilo ornamental, casi único en Asturias, tal vez ya de corte románico medieval, a partir del s.XIII y XIV. Un lenguaje simbólico que habrá que seguir traduciendo de la mano de los expertos. Vicente Rodríguez Hevia, gran investigador en estos y otros temas etnográficos, sin duda nos dará muchas pistas: habrá que recurrir a sus sabias palabras, y aplicar a este caso concreto.

Una vez más, el lenguaje universal del mito, mucho antes ya de griegos y romanos; la didáctica de las leyendas, con tantas lecciones históricas para letrados o iletrados, muchos siglos antes que las palabras escritas, el papel, la imprenta, o el ordenata. El lenguaje de un horro, sin estudiar todavía en plena fiebre urbanita y cetraliega, tan discriminatoria como manipulada en estos mismos tiempos del milenium virtual.

Ver la Leyenda de la Fuente Santa

Más sobre Bendueños: el origen del poblamiento

Ver la interpretación del horro por Alberto Álvarez Peña, para un hórreo semejante en Llaviana, estilo de Villaviciosa

Bendueños en la TPA:
el programa Pueblos de Sonia Fidalgo y su equipo

Información complementaria en
VINDONNUS

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