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El Macizo Central
desde las proximidades de la cumbre del Cuetón

LAS MINAS DE LA SIERRA DE DOBROS

RESTOS DE UNA ANTIGUA ACTIVIDAD MINERA SON AÚN VISIBLES A LO LARGO DEL CAMINO QUE ASCIENDE AL CUETÓN POR SU LADERA NORTE

Elisa Villa Otero
XIII

Artículo publicado
en el Boletín nº 62
del Grupo de Montañeros
Vetusta de Oviedo,
Año 2000
(evilla@geol.uniovi.es)

El Cuetón es la más modesta de las tres cumbres principales del submacizo de Llerosos, esa imponente muralla que separa los cursos del Casaño y el Cares. ( Según nos informa Guillermo Mañana, infatigable "notario" de la toponimia de las montañas asturianas, El Cuetón es la denominación utilizada por los vecinos de Camarmeña, mientras que para los de Poo de Cabrales la cumbre se llama Cabeza Canal Negra) . Sin embargo, aunque la altura del Cuetón sea algo inferior a la del Cabezu Llerosos y El Jascal, esta montaña ofrece al montañero atractivos que en absoluto desmerecen los que presentan sus compañeros de cordal.

El mayor de todos es, sin duda, la espectacular panorámica que se divisa desde la cumbre: sobrecoge la profundidad del desfiladero del Cares, la belleza del perfil del Naranjo de Bulnes, la verticalidad del Murallón de Amuesa... Pero no es de todas esas bellezas, que los montañeros ya conocen muy bien, de lo que quisiera hablar aquí, sino de un rincón que el caminante que llega a la cima ha dejado mucho más abajo, un rincón que, cuando pasó por su lado, seguramente captó su atención y despertó su curiosidad: las Minas de Dobros.


Camino edificado sobre muros
en la zona entre las dos galerías

La Sierra de Dobros es el primer peldaño calizo que se debe superar cuando se accede al Cuetón por su vertiente norte. Tanto si se sube desde Arenas de Cabrales como si se hace desde Inguanzo o desde Poo, todos los caminos nos llevan a las antiguas minas de Dobros, hoy abandonadas. De esos posibles itinerarios, quien esto suscribe tiene especial predilección por el viejo camino minero de Sumonte, que arranca en Puente Cares, Arenas de Cabrales.

Esta ruta nos llevará, ascendiendo a través de un bosque de castaños y robles, a los hermosos prados y cabañas de Bano, desde los que podremos disfrutar de una inesperada perspectiva del Naranjo de Bulnes. A partir de Bano, el antiguo camino minero continúa con escasa pendiente hacia el oeste, hasta llegar al punto en el que se une a él una pista de uso ganadero que sale de Poo de Cabrales. Desde aquí seguiremos ascendiendo hasta llegar a la collada de Humones, que da vista a Inguanzo y Berodia, para despues faldear la sierra de Dobros por una ladera despejada desde la que ya podemos divisar, un poco por encima de nosotros, los restos de las explotaciones.

Tras más de una hora de camino y después de unos últimos zigzags en la senda, hemos alcanzado la parte inferior de las minas y con curiosidad comenzaremos a observar las huellas dejadas allí por los trabajos mineros. Con toda seguridad, de todas las labores que aparecen a la vista, las que más van a interesar al visitante que haga este recorrido serán dos galerías (excavadas a diferentes alturas) y una espectacular hendidura en las calizas que, de este a oeste, recorre la parte alta de la sierra durante largo trecho y cuya cicatriz es visible incluso desde la Sierra del Cuera.

En este punto es seguro que el montañero ya se habrá preguntado qué sustancia mineral se habrá extraído en Dobros y en qué época habrán tenido lugar las explotaciones. Diseminados por el suelo podemos encontrar fragmentos de minerales de manganeso (pirolusita, psilomelana), asociados a otros de hierro (hematites), así que la primera parte de la pregunta queda fácilmente respondida. Pero para saber algo más de las minas de Dobros podemos recurrir a un excelente trabajo publicado por Carlos Luque y Manolo Claverol (dos geólogos y profesores de la Universidad de Oviedo, que, además, son grandes aficionados a la montaña), en el que realizan un detallado e interesantísimo inventario de la minería de los Picos de Europa y alrededores.

La información recopilada por Luque y Claverol revela que, en la zona de Dobros, la actividad minera se prolongó (a cargo de diferentes sociedades) desde 1869 hasta 1960, es decir, durante casi todo un siglo. La primera empresa que se estableció en Dobros lo hizo a mediados del siglo XIX y se llamaba La Vieja Montaña. Esta sociedad, para bajar los materiales al valle, construyó un cable aéreo que iba desde Los Jorcaos hasta los alrededores de Inguanzo. En este último punto tenía lugar el lavado del mineral, proceso en el que intervenían mujeres y personas con algún impedimento físico para trabajar en las minas. El mineral extraído, unido al que procedía de Covadonga, llegó a exportarse a Inglaterra.


Hendidura producida por la excavación
del filón de manganeso

Mas adelante, hacia finales del siglo XIX, aparecen nombres ingleses y vascos al frente de las minas y se comienza a acariciar una idea extremadamente ambiciosa que, aunque contó con el apoyo del Ayuntamiento de Cabrales, nunca se llevaría a cabo: construir un ferrocarril desde Ortiguero a Tina Mayor para transportar el mineral hasta el puerto de embarque.

Las siguientes noticias de las que disponemos nos llevan ya a los años posteriores a la Guerra Civil, época en la que las minas estaban en manos de la Sociedad Carburos Metálicos. A pesar de que el volumen de las explotaciones era entonces de escasa importancia, la plantilla llegó a tener 70 trabajadores y se electrificaron las instalaciones. Sin embargo, la pureza del mineral no era alta y, por tanto, el interés de las minas fue en declive (el manganeso se utilizaba, y se utiliza aún, en algunos de los procesos de la metalurgia del acero).

En los años 60 del siglo XX, siendo propietario el Sr. Guerra Valdés, de Gijón, la actividad minera en Dobros llegó a su fin. Aunque en el pasado había habido momentos en los que se calculó que las reservas de Dobros podían acercarse al millón de toneladas brutas, lo cierto es que las producciones obtenidas a lo largo de un siglo de explotación quedaron bastante por debajo de aquellas expectativas.

Como se decía más atrás, un paseo por los restos de las explotaciones nos hará descubrir la boca de dos galerías horizontales. La más baja de ellas fue abierta en 1925, para tratar de cortar (sin éxito) la veta de mineral. Esta galería recibe el nombre de Galería El Pinche, debido a que al manantial que salía de su interior era al que enviaban en busca de agua a un muchacho que trabajaba en las minas.

La otra galería se encuentra algunos metros por encima de la Galería El Pinche. Desde su boca sale un asombroso sendero que, en zigzags construidos sobre muros de cantería, asciende por una canal casi vertical hasta remontar la parte alta del crestón calizo. Este tramo de camino, hoy día cubierto de hierba pero todavía en buen estado, fue construido por los mineros para facilitar el acceso a la parte superior de la sierra. Sin duda, vale la pena detenerse a contemplar esta obra, que sorprenderá por la osadía de su trazado.

Sin embargo, el camino habitual para remontar la sierra no es éste, sino el sendero que tradicionalmente han usado los vecinos de Poo para subir a los puertos altos. Este sendero, que también se ve obligado a superar una fuerte pendiente y que está, en gran parte, construido sobre muros de piedra, se separa de la otra ruta en la zona situada entre las dos galerías, sigue un poco hacia el oeste y, después de un recorrido un poco más largo que el del camino anterior, confluye con éste en lo alto de la sierra, en el lugar denominado El Escalón, situado unos metros antes de La Portilla Busnuevu.

Pero tanto si subimos por uno como por otro camino, es seguro que habremos observado a derecha e izquierda el rasgo que más sorprende en este recorrido: una zanja (de aproximadamente un metro de ancho y dos o tres de profundidad) excavada en las calizas a lo largo de más de un kilómetro de longitud. Esta hendidura, que comienza en Praduñu, junto a la majada Dobros, y va hasta la Peña Los Jorcaos, corresponde al vaciado de un filón rico en manganeso (intercalado entre los estratos de calizas) que constituyó el objetivo principal de las explotaciones. Hacia el oeste, el trazado del filón se acerca a la cima de la Peña Los Jorcaos, en una zona en la que aún se ven restos de un pilar del cable áereo.

Una vez superada la Sierra de Dobros el sendero gira hacia el este y, abriéndose paso entre matorrales que crecen sobre terreno de cuarcitas, nos lleva a la collada situada sobre la majada La Maneda, desde la que podemos ver, mucho más abajo, el río Cares y un tramo de la carretera entre Arenas y Poncebos. La ruta hacia El Cuetón, rodeando el monte Las Coronas, continúa ahora en dirección sur, pasando primero por la majada de Dubriellu y alcanzando después la de Ostandi. A partir de Dubriellu todo el camino vuelve a discurrir sobre calizas.

En esta zona, las frecuentes cavidades cársticas que, como es normal, se desarrollan en las calizas, están rellenas de una mezcla de materiales arcillosos y de minerales de hierro y manganeso; de éstos últimos podemos ver abundantes fragmentos diseminados por el suelo. A pesar de la considerable altura a la que se encuentran esas mineralizaciones, y a pesar también de la muy escasa riqueza que presentan, los rellenos de Ostandi también fueron explotados en el pasado, aunque de modo muy rudimentario (se cuenta que el mineral era bajado hasta Cabrales en cestos, a hombros de los mineros).


Galería superior y sendero minero
hacia El Escalón y Portilla Busnuevu

Abandonada hace tiempo la actividad minera, la Sierra de Dobros ha recobrado la paz de las montañas. Dado el carácter primitivo de aquella minería, no ha dejado grandes agresiones en el paisaje, ni ha roto la belleza del entorno. Fueron unas labores casi artesanas, a las que se llegaba no por pistas monstruosas y agresivas, sino por hermosos y audaces caminos, edificados piedra a piedra. Sin duda, la visita y observación de los restos de aquellas labores constituye hoy día un atractivo más de la ruta de ascenso al Cuetón.

Bibliografía, publicaciones, artículos

Ver Elisa Villa (I): unas palabras sobre toponimia.

Ver Elisa Villa (II): Los nombres del Naranjo.

Ver Elisa Villa (III): Casiano de Prado y Los Picos de Europa

Ver Elisa Villa (IV): Montañas de Eslovenia

Ver Elisa Villa (V): Gustav Schulze en Los Picos de Europa

Ver Elisa Villa (VII): ¿Quién fue Gustav Schulze?

Ver Elisa Villa (VIII): Crónicas del frío (Pequeña Edad del Hielo en la Cordillera Cantábrica)

Ver Elisa Villa (IX): Los secretos de las calizas

Ver Elisa Villa (XI) y Jesús Longo: Fotografías de Picos de Europa

Ver Elisa Villa (XII): Wildspitze, techo del Tirol

Ver Elisa Villa (XIV): Cuarmada: una cabaña singular, un tesoro perdido

Ver Elisa Villa Otero (XV): Viajeros en Los Picos de Europa (I)

Ver Elisa Villa Otero (XVI): Viajeros en Los Picos de Europa (II)

Ver Villa Otero, Elisa (XVIII): Viajeros en Los Picos de Europa (III) pioneros británicos

Ver Elisa Villa Otero (XIX): El Pico de Peñamellera en la mirada de antiguos viajeros

Ver Elisa Villa Otero (XX): El corredor del Marqués. Historias antiguas.

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