Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

l'urogallu: el gatsu monte
(foto de Raúl)

Brañagallones
(ver Braña y Gatsina).

Extracto del artículo publicado en el
Diccionario toponímico
de la montaña asturiana (etimológico)

Julio Concepción Suárez.
Editorial KRK. 2001. Oviedo.

La palabra. De la conversación con los vaqueros casinos en las cabañas del puerto se va uno con muy pocas dudas en este punto: todo el conjunto de Redes (nunca *Reres, que deforman algunos mapas) fue un bosque muy animado en aves tiempo atrás: urogallos, perdices, palombos.... De modo que, lo de braña queda dicho en otros artículos del Diccionario (lat. *veraneam): 'el lugar de veraneo, la época del verano', para los vaqueros y vaqueras de aquellas mayadas de Casu (Caso), a las que ascendían desde los pueblos del valle (Bezanes, Soto....). Y lo de gallones, sostienen los casinos que es por la abundancia del gallu monte (el urogallo) que siempre animó el Monte Redes y alrededores.

Y tendrán razón otra vez los lugareños. Muchos detalles de esta braña tan topaera escuchamos agradecidos a Silvino y Juan Valdés, Manuela y Juan Fernández, buenos conocedores de la vida con los ganados por aquellos altos hasta estos mismos días. Como recordaremos tantas veces por el año arriba aquellos cafés de pote, doblemente sabrosos, agospiaos (abechugaos) como estábamos en la cabana mientras descargaba la tormenta, y contemplábamos el zigzagueo de los rayos en las calizas de La Peña'l Vientu, El Cantu l'Osu, Piñueli... Saboreamos con el café el saber inmemorial de los vaqueros por aquellas bucólicas praderas.

"Hay pocos placeres tan gratificantes como perderse por un bosque, echarse en su mullido suelo y contemplar la majestuosidad de sus troncos, el tembloroso movimiento de sus hojas y el relajante color del cielo al fondo" (José Díaz)

El entorno. Brañagallones es el puerto de verano en el camino desde Bezanes a Valdebezón, sobre el citado Monte Redes (Casu): espaciosa campera rodeada de hayedos y acebales (aceos, que nos dice Silvino), con unas cuantas cabañas todavía, si bien algunas muy transformadas. Aún quedan signos de lo que fue una braña sabiamente diseñada por los vaqueros: las cabañas autóctonas siguen buscando el saliente o el poniente según estén situadas a uno o a otro lado de los mayaos; según lo exijan las pendientes.

Esa sabiduría de los lugareños contrasta con lo que ocurre en parajes muy transformados sin respeto mayor por el entorno: las cabañas antiguas, están bien orientadas y protegidas de los vientos y del temporal; las cabañas recientes, en cambio, miran cada una a donde cuadre, sin la orientación precisa que sólo el vaquero sabía dar al mor del suelo, del sol, de la inclinación de la ladera, de los aludes y neveros...; sólo el lugareño sabe dónde conviene la cabaña para él, y los corrales para sus ganados.

Es la ecología en su dimensión exacta: el estudio del entorno. Porque, un tiempo atrás, no había porespán ni vitrofib…, sino parés talladas en piedra; ni poliuretano ni onduline…en los teyaos, sino el arte en el tejido de los teitos, o en el ensamblaje de las llábanas (las tsábanas) labradas. O de unas tablas también como tejado: buena madera, cortada en su menguante, fendía, cantiá, llabrá a mano... Excelentes artistas madreñeros se labraron también allí en los estirados días de la mayada, con las gruesas fayas crecidas en tan espeso y extenso boscaje; o xugueros, que diseñaban los yugos para exportar en buena parte a los pastores castellanos, justo al otro lados de las peñas cimeras.

La etimología parece clara al contemplar el contorno y escuchar a los vaqueros. Tanto Brañagallones como La Vega la Gallina, ambos en Casu, fueron zonas abundantes en perdices, palombos, urogallos… En el otoño la justificación de aquella fauna abundante es más evidente aún: los espesos conos de los acebos que salpican el hayedo, cargados de bayas rojas por octubre arriba, aseguran la certeza de una alimentación suculenta en los meses invernales (de algo había de vivir tanta caza en los días de las nieves).

Más aún: las abundantes plantas de gayubas, o gabuxas, que recubren los altos de Valdebezón (Arcostaphillos uva–ursi L) guardan sus otras bayas, también rojizas, escondidas bajo las hojas para la escasez inverniza. Con unos y con otras, urogallos, perdices y perdigones van a tener aseguada la despensa en los meses más duros del año.

El campo toponímico. Muchos parajes con el mismo origen. Burgallones: sobre la cuenca del Río Semeldón, bajo El Valle Moru (Ponga). Brañagallera: pequeña campa entre hayas sobre los puertos de Viañu y Cazoli (Ponga), bajo Pileñes; paraje tan vistoso como discreto en aquella collada al paso de los senderos; enfrente está La Cuesta’l Polleru. La Gallera: loma, mayada y cabañas, sobre La Felguerina (Casu), muy vistosa y frecuentada tiempo atrás por perdices y urogallos -bien los recuerdan los vaqueros mayores de hoy; bajo los altos del Visu la Grande.

La Cutsá los Gatsos: pequeña braña allerana, con cabanas, en el valle que desciende de los altos de La Cutsá Pandos hacia Cuevas (fue zona de urogallos). La Yana la Gatsina: sobre Yananzanes, en el camino a las brañas de Bustempruno, L’Acebal, El Cotséu Rocín... Las Penas del Gatsineiro: en La Sierra’l Pando (Cangas del Narcea). Corgallones: en Llaviana. El Río’l Gallu: río que desciende de Peña Mea por el Raigusu (Llaviana).

La Vega la Gallina: en la braña de Cotorgán, sobre Los Arrudos (Casu). Yandelagatsina: entre La Cortina y El Nocíu (Lena). El Monte Gallinar: ladera boscosa en La Sierra Escueño y El Pierzu (Ponga), frecuente en caza. La Llomba’l Gallu: entre El Monte la Mofosa y Caldes (Ponga). En algunos de estos nombres puede haber homonimias en relación con la piedra (ver Calabazosa, Calaverdás, Gachega…). El Monte las Galladuras: bosque de mucha caza en Ibias.

La etimología. Por todo lo dicho, una vez más tienen los lugareños. Se trataría de la voz latina gallus, aplicada aquí al gallu monte: al urogallo. De ahí el topónimo descriptivo de los parajes en su querencia. Ni es la recogida campa en medio de hayedo lugar abundante en roquedales que pudieran hacer sospechar de la raíz prerromana *kal–, *gal– (‘piedra, roca’): no es nota distintiva del paraje. Lo de braña quedó en el topónimo: para los vaqueros hoy es mayá.

A pesar de la siempre posble etimología popular, en aquel entorno boscoso que rodea las camperas con estos nombres, nada inclina a pensar en un antropónimo derivado de Gallus, Gallo, Gallio, Gallionis, Gallius… que tal vez justifique otros topónimos. (Ver Gatsina).

"Todos y cada uno de los rincones de estos arroyos de montaña son un tesoro, matáforas de pureza, vestigios de un mundo inalterado y primigenio que debemos preservar para las generaciones venideras" (José Díaz)

NOTA: con esta misma estructura se analizan unas 6.000 entradas del diccionario,
que recogen esos 35.000 topónimos
de toda la geografía asturiana, sobre todo de montaña
.

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