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La leyenda'l Puzu Tsago
(Chago)

Extracto del libro,
Por las montañas de Lena.
Ed. KRK, pp. 188-191.
Oviedo, 1998
Julio Concepción Suárez
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El Puzu Tsago (Chago, ya para una mayoría, por creciente cheísmo inevitable) es la gavia (la grieta) estrecha y profunda que se abre bajo las calizas cimeras de La Pena Tsago por la cara este, la que cae sobre Espinas y Tiós. Se trata de una cumbre divisoria de tres valles, siempre en cierto litigio por la divisoria de los pastos correspondientes por parroquias tiempo atrás: el valle de La Vega'l Rey - Tiós (al norte), el de Zurea - Vatse (al sur), y el de Tablao - Piadracea (al oeste). Tal vez en esta circunstancia esté el origen del relato como en otros casos (El Puzu la Vatsota, sin dir muy tsueñe).

En realidad la profunda sima se abre casi al filo de la cima por la cara noreste, justo sobre la palazana que desciende a Espinas por La Rebotsaliega. A unos 40 m de la cumbre, bajo la pequeña mostayal que resiste allí cada invierno las arremetidas del viento y de las nieves, entre un par de tsastras afiladas se abre la oquedad caliza, casi siempre anunciada por las chovas que revolotean en espiral sobre la grieta, se agitan a nuestros pasos silenciosos, o se lanzan en picado para estrellar sus graznidos entre aquellas breñas. Las chovas (Pyrrhocorax graculos) nos anuncian también el misterio de la cripta.

Los corales de La Fuente la Rasa.

Efectivamente, siempre intrigó a los lugareños y vaqueros de la zonas una leyenda muy arraigada en estos pueblos en la confluencia del valle del Lena con el del Güerna: Campomanes, El Reúndu, Tiós, Zurea, Vatse... Cuenta la voz oral que cierta pastora apacentaba sosegada sus ganados por aquellos bucólicos altos rocosos, cuando súbitamente dos carneros se enzarzaron en encarnizada pelea, hasta el punto romper con sus estruendos el silencio de las calizas.

Asustada la pastora por la griesca, quiso separar a los carneros obstinados en tan cornuda pelea, por lo que descendió de la cima con su cayada para intentar desentsurdiatsos (separarlos) de la engarradietsa (la agarrada), a muletazos si fuera necesario. Asestaba testarazos a uno y a otro contrincante en la cornamenta, pero seguían ellos cada vez más obstinados en demostrar quién era el más fuerte y, en consecuencia, el que mandaba en el rebaño.

Y llegó el desenlace trágico, en la versión de los lugareños: obcecados como estaban los carneros en derribar ladera abajo al contrincante, y ajena al peligro del pozo, como estaba la pastora ilusionada en separarlos, enganchados por la cornamenta retorcida, rodaron los dos machos sobre la abertura de la grieta, al tiempo que arrastraron al abismo de paso a la joven ninfa de la peña.

El resultado fue que también ella se precipitó al pozo, mientras un ruido espeso de cuerpos y de piedras retumbando se apagaba poco a poco entre las paredes calizas del abismo. A los pocos días aparecían los corales y las perlas del collar de la pastora en las aguas cristalinas de La Fuente la Rasa: una fuente bajo el poblado del mismo nombre, justo al paso del camín real del valle por La Vega’l Rey.

Siempre en el litigio de dirimir las aguas vertientes

Hay algunas versiones más, coincidentes en lo esencial de una leyenda que repite la misma estructura de otras del conceyu y de otros conceyos asturianos: en última instancia, una voz oral bien entramada para justificar que las aguas de toda la peña (con su lago invernizo encima, el tsegu) vierten hacia la ladera de los autores, y no hacia las otras colaterales de los vecinos.

Y la cuestión del litigio era importante en aquel entorno pastoril tan sólo unas décadas atrás: si vierten las aguas de la peña, vierten los pastos de los rebaños, de modo que en adelante iban a pertenecer a los vencedores en la contienda (cada uno siempre arrima el ascua a su sardina...). De hecho, La Pena Tsago (en torno al llagu estacional) la tienen como puerto de verano y de invierno los vaqueros de todo el valle de La Vega'l Rey, La Vega'l Ciigu, Tiós..., sobre La Fuente la Rasa. Por algo se inventaron antes el entramado de la leyenda de los carneros, que adornaron con los corales de la doncella.

Otras leyendas del conceyu Lena.

Otras publicaciones del autor:
Xulio Concepción Suárez.

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