Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

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El Seltu'l Diablo

Publicada en el libro:
Por los pueblos de Lena,
Ayuntamiento, Hifer, 2014
(p. 555s).
Xulio Concepción Suárez
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Frente a La Penasca Valdediós, no por casualidad

El Seltu'l Diablo es hoy el paraje entre Riospaso y Tuíza Baxo, en una de aquellas curvas más cerradas de la carretera, que caen sobre la margen izquierda del río Güerna. El lugar se sitúa sobre un precipicio muy marcado, que destaca por su vistosidad sobre todas aquellas peñas y valles, lo mismo hacia los altos de Ubiña, que hacia el fondo del valle y ladera de La Tesa, Las Navariegas, La Mesa.... Un verdadero mirador al estilo turístico actual en plena naturaleza, que se asoleya ahora.

Se dan otras circunstancias que habrían favorecido la leyenda del Diablo saltando de una ladera a la otra sobre el precipicio. Y todo ello, por una apuesta. Justo enfrente se encuentra La Penasca Valdediós: la peña del valle de Dios, tal vez en referencia a todo el valle que continúa por El Quempu hacia los altos de Acebos, lugar documentado del Monasterio, hoy reducido a unas ruinas en parte respetadas entre las cabañas. Por el valle bajaba el camín francés que venía de la vertiente leonesa por El Alto'l Palo y pasaba por la alberguería de La Virgen de Acebos.

En este contexto religioso, de abundante trasiego siglos atrás, frente a una peña dedicada a Dios, no tardarían los lugareños o viajeros en contraponer una penasca dedicada al diablo, aunque tuviera que ser más pequeña y mala por simple jerarquía eclesiástica y de conciencia popular. Así se fraguó la trama que llegó a nuestros días muy desdibujada.

La pequeña anécdota que recuerdan los lugareños

Se podría resumir así: una noche de luna llena, un paisano de Tuíza subía, ya casi de madrugada, por el camino antiguo de Riospaso (carretera asfaltada hoy), después de haber pasado parte de la noche de juerga en alguna fiesta. Al llegar al promontorio del saliente rocoso, se sentó en el pequeño rellano que mira al vacío, tal vez por descansar en la subida.

O tal vez por descargar un poco la cabeza, aún revoloteando en el recuerdo y los efectos de algún vaso de buen vino, saboreado más veces de las necesarias para la andadura sin problemas entre tantas curvas del camino y precipicios sobre el río. De esta forma, evitaría también la reprimenda o la escoba de la muyer nada más aparecer por la puerta de la casa.

"¡Qué cabrón más raru... Y habla y too!"

En un momento de imaginación mayor (o con los efectos del vino...), el paisano creyó abrir los ojos, y entonces vio en sueños, ante sus propias narices, un gran castrón (macho cabrío) que lo contemplaba con toda guasa, y moviendo la cola con gran animación. Muy asustado, escucha que el castrón le dice:

"Oye, paisano, tú que conoces tan bien el terreno y pareces tan fuerte, ¿por qué no apuestas conmigo a ver quién salta más lejos desde esta peña a la otra que está enfrente?

Entonces, el paisano, sin saber muy bien si estaba viendo con sus propios güeyos o soñando, se quedó tan confuso que no le pudo gorgutar palabra. El castrón, siguiendo con la misma mofa, le dijo entonces:

"Pues da lo mismo, si tú no quieres saltar, salto yo: mira y aprende".

En ese momento, el misterioso castrón cogió un poco de carrera, levantó la cola, dio un gran brinco sobre sus patas traseras, y desapareció en medio de la noche a la luz de la luna.

Muy aturdido el paisano, le vino a la mente que el castrón tenía la cola demasiado grande para ser castrón, y sólo pudo abrir los labios para balbucear tartamudeando en el silencio de aquellas peñas:

"¡Qué cabrón más raru... Y habla y too"!

Termina la leyenda diciendo que del cabrón, nadie más vio ni rastros entre aquellas peñas, ni al uno ni al otro lado del río. Y del paisano, tampoco se supo más de lo que le habría ocurrido, sobre todo, después de llegar tan de madrugada a casa, y de intentar convencer con la historia a la muyer....

En todo caso, la creatividad literaria oral en unos tiempos tan lejos de los cuentos escritos, de los libros al alcance de la mayoría, de la tele... Y tal vez, la moraleja cristianizante también: "cuidado con llegar tarde a casa, de noche, bebido...", pues uno podría encontrase con el diablo... El Cura'l pueblu, la Iglesia..., procurarían desarrollar y difundir este tipo de leyendas. Tampoco daban puntá sin filu, por supuesto.

(tomada del libro Por los pueblos de Lena, 2014).

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