Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

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La Collá Propinde:
los aires musicales renovados
más allá de las distancias

Traducción castellana
de la carátula del disco.
Xulio Concepción Suárez

Entre el azul de las distancias mesetarias y las brumas plateadas del Cantábrico, siempre reluce, allá en los altos lenenses, la bucólica campera de Propinde: una espaciosa collada, animada desde tiempo inmemorial al silbo de la brisa, y al son pastoril de tantas ilusiones en torno a las cabañas. La Cotsá Propinde destaca sosegada a media altura entre la fastera lenense de Parana y la vertiente leonesa de Pendilla (Pindietsa, para los vaqueros de siempre).

De paso por paraje tan virgiliano, el nombre recuerda la expresión latina pro, más penditam (‘al lado, al pie de la pendiente’), en referencia al comienzo de las curvas (Las Retuertas) que hubo de trazar la Vía Romana de La Carisa, para tomar altura hacia Tresconceyos: la unión de Lena, Aller y Villamanín, como bien dice la palabra.

O un compuesto de pratum más penditam: la pradera de la pendiente. El mismo sentido topográfico ha de llevar el poblado cercano de Pendilla: vallina en la pendiente pequeña.

Un paraje en femenino: lo que dicen las pàlabras. Sea lo que ello fuere, el primer componente del nombre aparece en femenino, con aquella idea verdaderamente ecológica en el sentido más natural de la palabra: lo femenino siempre mayor, más vistoso, más productivo, más creativo y placentero, que lo masculino.

Las palabras son las palabras (lo que ye, ye): una collada siempre es mayor que un colláu: como la güerta, mayor que el güerto; la campa, mayor que el campu; la ventana, mayor que el ventanu.... El culto a la tierra madre, que diría el indio Seatle, tiempo atrás. Y es que ciertamente, La Cotsá Propinde sirvió de espaciosa entrada a Lena y a toda la región asturiana desde un tiempo inmemorial, mucho más allá de los romanos.

De vía pecuaria, a calzá romana. Coinciden los vaqueros lenenses con los pastores leoneses en que La Cotsá Propinde fue antes vía pecuaria; es decir, camino de rebaños espontáneos: voz ya indoeuropea *pek-, latinizada en pecorem más tarde. Era la collada el lugar más cómodo para aquella transhumancia estacional entre los rigores de las tierras castellanas y los pastos más frescos de estas montañas siempre reverdecidas por las brisas del mar.

Bien lo sabían ya los ganados que, en los inviernos más fríos, pasarían el invierno entre los pastos más verdes de Avilés, Salinas o Xixón. Más tarde, los mismos pastores seguirían utilizando esta vía transhumante por La Cotsá Propinde para aprovechar los rastroxos de Cuaña, Carraceo, Carabanés..., en aquella buena vecindad a que acostumbran las alturas de las brañas sobre las intrigas palaciegas de la villa o la ciudad.

Las propias huestes romanas, que dicen guiadas por Carisio, no encontraron portilla más placentera para romper las encrespadas serraspas asturianas, que esta estratégica loma en pando tras los primeros repechos de Pendilla.

Y así trazaron la ingeniosa calzá romana, que todavía podemos disfrutar los asturianos, mientras las garras de las palas no sigan serpenteando al azar de loma en loma, y trazando pistas y pistas en homenaje a la nada; o mientras la sigan protegiendo érgumas, gorbizas y zarzas. La protección menos mala en estos tiempos, según parece.

En continuidad también con las palabras prerromanas. Así reconvirtieron los hábiles romanos aquellas sendas ganaderas en espaciosas calzadas propicias a los carros. Pues ya estaban poblados los altos de Propinde, a juzgar por los nombres de lugar que llevan raíz prelatina.

Por ejemplo, Los Corraones (celta *korr-, ‘recinto cerrado, corra’): cantizal saliente sobre la calzada misma, con restos de asentamientos primitivos. Curietsos (misma raíz celta): lugar del asentamiento castreño sobre Tsioso (límite con Aller).

Tsastras (celta *lastra-, ‘losa, piedra lisa’): saliente muy vistoso que divisa todo el valle y hayedos sobre Parana. El Cantón de Tsagüezos (preindoeuropeo, *kant-, ‘roca’): cantizal donde se asientan las catorce corras del llamado Castro de Tsagüezos, sobre el pequeño lavajo (tsaguete) que le da nombre.

Y otros muchos topónimos que sin duda entraron por La Cotsá Propinde en boca de tantas culturas indoeuropeas que la cruzaron tiempo atrás: Carabanés, Picu Ranero, el mismo río Lena: celta *len-, ‘suave, lento’, aplicado a un cauce de aguas más sosegadas entre Campomanes y Uxo, tras las torrenteras del Güerna y del Payares. Con dos hitos muy señeros al par de una vía con tanto trasiego: la estela de Bustamores; y el dolmen megalítico del Padrún.

Y por la vía balata resonaban los romances. Y siguió La Cotsá Propinde en su función de cancietsa siempre abierta a la región asturiana. La antigua vía pecuaria sirvió de cauce literario a los pastores que llegaban de las tierras extremeñas por otra calzada empedrada: la balata (voz árabe, balata, ‘loseta’), luego transformada en vía de la plata por interpretación popular. En realidad, un camino de tantos empedrado, aprovechando las cañadas ganaderas de siempre.

Con los aires extremeños, y aquella buena vecindad entre pastores y vaqueros, a uno y otro lado de estas montañas, los bisagüelos y bisagüelas de nuestros tartaragüelos y tartaragüelas, fueron aprendiendo en los mayaos de los puertos, esos romances orales, que llegaron a nuestros güelos y güelas.

Todavía se escuchan en varios pueblos de Lena, como en otros conceyos a oriente y a occidente: todavía los recitan los vaqueiros somedanos, teverganos, alleranos, tarninos, ponguetos... Son los temas de Rosina Encarnada, La loba parda..., que ya se recitaban como romances de ciegos en la literatura romance castellana, a ritmo de panderu, de zampoña y de rabel.

O llegaban los destellos del camín francés. La misma ruta espaciosa, uniforme, sin mayores subidas ni bajadas, siguieron los romeros del camín francés; los comerciantes del estraperlo; los turistas más recientes, o tantos montañeros y montañeras, por el simple placer de contemplar a un tiempo la región asturiana entre las nublinas de la altura y las mismas olas del mar. El sabor de las distancias entre el saber rural más entrañable del terruñu y la cultura milenaria, sin barreras, mucho más allá de las Ubiñas, Tresconceyos o El Ceyón.

Como resonaban los ecos de aquellos mozos lenenses tras la música melguera de las zagalas babianas. Y siguió La Cotsá Propinde como mejor lugar de paso entre las nublinas del Payares y el cielo estrellado de la Meseta. Así, los vaqueros lenenses, tras larga jornada con el ganado en el puerto, cruzaban La Raya ilusionados en busca de xorda, folixa y buenas mozas cazurras en las fiestas vecinas de los pueblos leoneses al otro lado del cordal.

Iluminaban las noches de Propinde alegres canciones de galanes gayasperos enamorados que recuerdan todavía nuestros lenenses mayores, cantadas al crepúsculo camino de la verbena; revolotean en la memoria de la collada muchas canciones de mocetones tumbados cabizbajos sobre la grupa de la yegua ya cansina también ella, al rociar el alba, en la vuelta de la farra.

Con la música melguera de las mozas cazurras y babianas, que dejaban arrulladas por el alba, rompían aquellos mozos vaqueros otra vez la nublina de La Cotsá Propinde en el regreso a la cabanas.

Y resuena La Cotsá Propinde con los nuevos ecos de estos mozos renovados del dosmil. En el ejemplo de las sendas inmemoriales sin xebes nin barreras, y en la idea de que los aires musicales de la altura desconocen las caxigalinas palaciegas de los valles, la música melguera de La Cotsá Propinde inunda también las laderas a una y otra fastera de Las Ubiñas, Tresconceyos y El Ceyón.

Y así, lo mismo se escuchan los ritmos arremangaos de la Muñeira de Tsena, que los otros más esbraciaos de Carabanzo al Sáhara. Y sosiegan el oído los sonidos más tsariegos de Maruxina, Vatse Turón, La Corrá Tsonga o la Fogueira de San Xuan. Como arrecueyen nel tsar y nel esquenu xunto al forno la andadura larga del Emigrante o de la Vatsina oscura. Porque siempre seguirán gayasperos los aires sonoros, siempre frescos, renovados, de Propinde y su collada.

(Texto asturiano del disco)

Para más información, ver
Diccionario toponímico de la montaña asturiana
Julio Concepción Suárez.

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http://www.lacollapropinde.com

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