Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
 

“Mocines de Tsaciana,
¡quién vus mantien!:
lus arrierus del Puertu
que van y vienen”

(copla popular) .

 
 
Por la ruta de Tseitariegos:
un poblamiento antiguo
al par de la vía caminera
(luego, carretera)
de Ponferrada a Salas
 
 

Cursos de Extensión Universitaria,
Universidad de Oviedo,
en Cangas del Narcea, agosto-setiembre 2012.
"Por la ruta de Leitariegos:
flora y leyendas".
por Xulio Concepción Suárez

0. Anotaciones introductorias al paisaje habitado

A) La posición geográfica de un pueblo en un paso de montaña

Anotación previa.
Muy agradecidas informaciones
de los nativos de estos pueblos:

    • El Puerto Tseitariegos,
    • Brañas de Riba y de Baxo,
    • Arbas, Trescastro, Corros,
    • Riomolín, Tablao, Tsindouta,
    • Veigamieru, Vitsaxer, Vitsar de Rogueiru,
    • Vitsar d'Arbas.....

    Y, especialmente, a Pablo Linde (del Puerto Tseitariegos),
    a Diego y a Constantino Martínez (de Casa Vuelta),
    en Trescastro.

El paso en los altos de las cumbres por lo menos malo del contorno

En realidad, El Puerto Leitariegos (antes Tseitariegos) es un poblado que se levantó con los siglos, no por casualidad, en un paso estratégico entre la vertiente leonesa y la asturiana: ganados transhumantes, tribus de paso, cazadores, pescadores, aventureros, buscadores de metales, conquistadores, huestes guerreras, arrieros, carreteros, peregrinos, comerciantes, mercaderes, trasimanes, artesanos ambulantes, estraperlistas, vaqueiros de alzada, esquiadores más recientes..., no tendrían más remedio que haber utilizado durante milenios uno de los pasos más apacibles (menos malos) de la Cordillera Cantábrica, al lado de otros parecidos más al oriente y al occidente (Puerto Somiedo, Ventana, Payares, Sanisidro, Tarna, El Pontón...). La famosa carretera (en su origen, simple camín de carretas y carros, como dice la palabra) entre Ponferrada y Salas.

No es de extrañar, por tanto, que desde tiempo inmemorial los lugareños de uno y otro lado de la montaña hubieran intentado dar explicación al origen de un poblamiento en una cumbre tan desabrida y expuesta a las inclemencias del tiempo durante muchos meses al año: las nevadas de antes se prolongaban entre noviembre y marzo, por lo menos, con las casas cubiertas hasta los tejados muchas veces; hasta se hacían túneles para salir por ventanas y puertas.

Hay que sumar, en aquellas economías de siglos y milenios atrás, la escasez y precariedad de alimentos sin formas de producirlos ni conservarlos como ahora: todo dependía de unos montaraces y tardíos cereales, animales del monte, pequeña cabaña ganadera, algunos frutos de temporada, aguas demasiado abundantes, o escasas según el devenir del año... Todo un paraje de interés caminero y comercial, para un estudio interdisciplinar desde distintas perspectivas, pues quedan documentos orales y escritos para ello (etnohistoria, etnotoponimia, etimologías asturianas y leonesas, odonimia, etnobotánica, etnografía en su conjunto).

Un poblamiento peninsular a mayor altura

Se da la circunstancia de que Tseitariegos puede ser uno de los pueblos habitados a más altura en toda esta cordillera: sobre los 1525 m. Y estaba habitado, como hoy lo está, todo el año, incluso en pleno invierno, de donde tantas leyendas se habrían formado para explicar el milagro de la supervivencia y heroicidad de los vecinos. O la ausencia de niños por las caleyas tantas veces. El abrigo podría solucionarse más fácilmente, pero los alimentos hubieron de escasear sobremanera en años más duros de sequía o de nieves, tormentas, ventiscas.. Siempre sería un pueblo más bien viejo, con pocos mozacos animando las callejuelas.

Pronto el poblamiento se habría podido hacer estable y sostenible gracias al camino, a su función de lugar de paso, lo mismo que al trasiego de ganados y merinas de las distintas regiones peninsulares hacia los buenos pastos en torno a las brañas de Arbas, puertos de verano frescos frente a los sequedales leoneses o extremeños. La prueba está en que ya por el s. XI se fundó el monasterio de Corias, con una gran iniciativa colonizadora y comercial hacia las regiones de Babiia, Tsaciana, Las Omañas..., con el objetivo de conseguir cereales, aceite, vinos..., al tiempo que exportar madera, utensilios del campo, ganados...

Poco a poco se habrían ido levantando alberguerías lo mismo por la vertiente leonesa que por la asturiana: Brañas, Caboalles... Todo ello facilitaba la explotación de las posesiones del Monasterio de Corias en tierras leonesas. Estas ventas al lado del camino principal de Tseitariegos aseguraban el pan y el cobijo a transeúntes durante todo el año, incluso en los inviernos más duros, con la téncica de las espalas.

Las alberguerías, por precarias que fueran entonces, tenían su propio patrimonio destinado a favorecer el paso por los caminos con su labor asistencial. Corias supondría, ya desde la Edad Media, un motor importante para el uso y conservación de los caminos por el puerto. Así se levantó pronto (1167) el Hospital de Leitariegos, a cargo del monasterio de Corias. Y por eso la capilla de San Juan del Puerto tiene dos imágenes del Bautista.

Los hospitales de Tseitariegos: la atención obligada al que va de paso

En años benignos, la población del puerto se iría estabilizando: cultivos de algunos cereales, legumbres, hortalizas, yerba abundante para el ganado... Siempre teniendo en cuenta los poblamientos un poco más fonderos de Brañas de Riba y de Baxo, a menos altura que el puerto y más llevaderos en pleno invierno, lo mismo que otros por la vertiente de Tsaciana. O de los pueblos de Caboalles por los que se aseguraban los productos importados en carros de la meseta castellana y leonesa.

Hasta cuatro hospitales se citan en los documentos medievales: Leitariegos, Brañas, Ferraria, Cafrenale. Todos ellos sobrevivieron gracias a las gestiones y mantenimiento de los monjes y abades de Corias que en 1326 consiguen de Alfonso XI el Privilegio de Leitariegos, de forma que los vecinos no tuvieran que deshabitar el pueblo por las durezas de la geografía y del clima. Dice el texto:

"Don Alfonso, por fazer bien e merced al abat del monesterio de Sant Juan de Corias e a los omnes buenos moradores del Puerto de Leitariegos e de Brannas e de Trascastro e de los otros lugares del dicho puerto ... por cuanto el dicho abat nos lo pidió por merced e nos fizo relación commo los dichos lugares se despoblavan e los vecinos dellos se iban a vivir a otras partes por el grant estremo de fríos e tierra muncho agra e de poca proveda en que están, e que si los dichos lugares se despoblasen sería muy grant danno e perdimiento de los caminantes que por ende fuesen, porque si non touiesen donde se acoger, segunt el gran frio del puerto e donde estan los dichos lugares, perecerían de muerte....".

El Privilegio aseguraba la vida del pueblo y el mantenimiento del camino amplio: atención hospitalaria, manutención, espalas de la nieve, rescate de carruajes y arrieros en las nevadas por sorpresa, alimento de las caballerías... Con estas funciones y algunos privilegios los vecinos se animarían a seguir en aquellos altos más inhóspitos, y no abandonalo hacia pueblos más fonderos lo mismo a uno que al otro lados de las vertientes del puerto. Algunos privilegios:

  • … por ende, otorgamosles e quitamosles a los dichos vecinos e moradores ... que non paguen alcavala nin pedido nin monedas ni martiniega nin yantar nin servicio nin empréstito nin fonsado nin fonsadera nin vayan a llamamiento de hueste nin de cavalgada e que sean quitos de velas e de rondas e de todos los otros pechos e pedidos e tributos que sean usados e por usar en cualquier manera que a nos pertenezcan e de los otros pechos que los de nuestra tierra echaren e derramaren entre sí en cualquier manera que nombre ayan de pecho...

  • .... e por les fazer más bien e más merced e porque se mejor pueblen los dichos lugares, otorgámoesles e quitámosles que non paguen portazgo de todos sus averios e mercadorias que levaren o troxieren de qualesquier partes que sean en todos los nuestros regnos ...

El Privilegio fue ratificado por todos los reyes hasta 1879 en que el uso de las carreteras, y el paso por el Puerto entre Ponferrada y La Espina, terminó convenciendo a la Administración de que las esenciones y ventajas de los vecinos ya no tenía fucnión en esos tiempos.

Carreteira de Castietsa,
las criadas dus venteirus
train xustitsus de presiana,
que tsis dan lus arrieirus
(copla popular)

Funciones camineras de los lugareños, por tanto:

En obligados pasos altos como el de Leitariegos, muchos siglos atrás, la justificación de un poblamiento era tan evidente como imprescindible: nieblas intensas muchos días al atardecer, frío, lluvias, granizos, nevadas, según la época del año, y muchos días en una estación cualquiera; peligro de lobos, osos...; pérdida ocasional del camino, si uno se desviaba por el monte ante diversas circunstancias.

Para evitar esos riesgos más o menos diarios, pronto hubo de surgir un poblamiento a partir de otros más fonderos: Trescastro, Corros, Arbas, Brañas... Los monjes de Corias (regla de San Benito) tendrían buen cuidado de alimentar estas iniciativas, al tiempo que aseguraban una importante vía comercial entre los pueblos asturianos y los leoneses, castellanos, extremeños... Las atenciones camineras eran inestimables: alojamiento, lumbre, agua, aviso a los extraviados a toque de campana, reparación de caminos, espala de nieve, asistencia en aquellos precarios hospitales... Si las nevadas eran largas, alimento a las caballerías, parexas de bueyes... En resumen, la atención al camino resultaba imprescindible en aquellos tiempos por los altos:

  • desarrollo de la arriería: arrieros y traxineros de todo tipo con sus reatas de caballos, mulas, machos..., toda una especialidad de los nativos en el arte de la arriería y el transporte en carros entre la región asturiana y la vertiente leonesa hacia tierras castellanas, aragonesas, zamoranas, extremeñas...

  • exportación de productos regionales: todavía en el s. XIX y parte del XX, varias familias mantuvieron una organizada actividad diaria para abastecer de productos asturianos una importante ruta comercial entre Cangas y Madrid: leche, mantegas, carnes curadas, pescado salazón, maderas, hierro...

  • importación de productos peninsulares: en el mismo viaje arriero, traían de vuelta productos necesarios o encargados (cereales, vino, aceite, lenteyas, garbanzos...)

  • transporte de pasajeros (viajeros, emigrantes...): a lomos de caballerías, en carretas..., a media caballería o a caballería entera.

La familia Cosmen: ALSA

Los tiempos cambian y las personas se adaptan. Un ejemplo evidente es el caso de la familia Cosmen que del arte de la arriería pasó al arte del transporte por carretera y del motor. La capacidad familiar desarrollada por tradición, sustituyó las reatas de caballos y diligencias por autobuses, como sigue hasta la fecha, mejorada en técnicas y comodidades cada año. Hoy llegan la red de ALSA, de una u otra manera, hasta los cinco continentes.

 
 

B) La vida en aquellos altos tiempo atrás

1. La vida arriera

Había dos familias importantes: la Casa Provisor, de los Cosmen; y la Casa Basilio, dedicadas al transporte, en carros, carretas, carromatos, machos, mulas... Hasta 1911, en que venden los últimos machos. Pasaba el camino principal, la llamada carretera Ponferrada y La Espina (el camín de La Espina); El Puerto quedaba justo a unos 75 km a cada lado: 75, desde Ponferrada; 75, a La Espina. No obstante, entre octubre y mayo podía estar muy poco transitable por la nieve, de donde las frecuentes espalas que hacían los pueblos vecinos de una y otra ladera. Los viajes eran a media mula (medio camín a pie,y medio a caballo), y a mula entera (siempre a caballo).

Los arrieros desarrollaban una importante actividad comercial en el camino de Cangas a Madrid, sobre todo. Se dice que primero, con animales de pezuña (bueyes), luego de herradura (caballos, machos...). En los carromatos llevaban cada semana manteigas en banastras que podían pesar hasta 100 kilos cada una. Y otros productos: truchas enlatadas, utensilios artesanos... De vuelta traían los encargos: cebada, trigo..., para personas y ganados. Para el trabajo de la zona se usaba la parexa de vacas, más que la de bueyes. .

Cuandu diba pa Madriz,
tseguéi a Campurriondu,
alcordéime de las nenas,
¡votu a Dios que atrás mi volvu!
(copla popular)

2. Las plantas: su importancia para la vida diaria.

El clima duro no permite demasiadas variedades vegetales, ni cultivos a estas alturas sobre los 1500 m. Sólo se dan las berzas, las cebollas, las zanahorias, las lechugas, las remolachas, las patatas... Es, por tanto, un pueblo más ganadero que agrícola: casi no se cultivaban cereales, salvo la cebada y en pocas cantidades; se vivía del ganado: vacas, cabras, oveyas, gochos, sobre todo..., que daban los samartinos del año. Había pitas, para los güevos. La harina venía siempre de León y tierras castellanas: trigo, centeno... El samartín solía ser de dos gochos y una vaca. Pocos arbolados mayores: ni castaños, ni nozales, ni manzanos, ni perales...

  • abedules: aperios de labranza, mangos...; la corteza blanquecina se utilizaba en tiras retorcidas para las velas de la noche; arde lentamente muy bien; y la corteza cocida se usaba en infusiones para bajar el ácido úrico.

  • ablanos: blancos (frutos más grandes, blandos), negros (más pequeños y duros); los ablanos y las ablanas se guardaban secos para el invierno, incluso pueden durar varios años en el horro.

  • atrapamoscas: tiraña, tirigaña, en los regatos en torno a La Tsaguna; para las obstrucciones intestinales.

  • arándanos: muy aprovechados siempre; medicinales, estomacales, diuréticos...; era famoso el anís con arándanos que se daba a todas las edades en caso de dolores de barriga fuertes.

  • arándanos del oso: los frutos del enebro, nieblos; muy utilizado el arbusto como combustible en las cabañas y en las casas: da mucho calor, y pocu fumo.

  • badutsos: baútsos, el oso come los granos de la cebolla alta; y el ganado come las hojas muy anchas, lo mismo en verdes por la primavera, que en secas como yerba por el invierno (es una umbelífera).

  • berzas: abundantes; alimento diario de personas y animales, gochos, pitas...; muy castigadas por la nieve en el invierno.

  • brecina: urcias, ganzu, de flor blanca y de tamaño más pequeño que el brezu; muy combustible como lumbre para la cabaña y la casa.

  • brezu. urcias de flor violácea; raíces muy duras para el carbón vegetal; leña muy duradera en el fuego del hogar.

  • cádabos: peornos para la lumbre; velas para el alumbrado de noche; se hacían las escobas y escobones para barrer la casa, las cuadras, el horro, las caleyas....

  • capudre, cafresnu, cadupu, serbal: tipo de fresnu que da las bayas rojas; muy rebuscadas por las aves en otoño y en invierno.

  • carbazas: alimento para los cerdos; dañinas en los praos, pues no dejan crecer otras yerbas mejores.

  • cardos: símbolo de buenos pastos, de buenas yerbas; muchos lugares llamados Cardeo, La Cardosa....

  • carquexa: para fregar las tablas de la casa, la cocina...; muy apreciada como infusión para los riñones, para la orina...; y como sergón: la cama, la camera de los pastores en la cabaña; dicen que facilita la circulación de la sangre, que es bueno para la espalda, que relaja...

  • carrizos: para la cestería; alimento del ganado en las sequías; sirve de pastizal duro cuando escasean otras paciones más blandas.

  • carroubas: raíces muy duras de las urcias (el ganzu), que se usaban para la lumbre, para hacer carbón...

  • cebada: único cereal que se daba algo, poco, en aquella altura; pequeño, más bien montaraz, es el único que resiste los rigores de la nieve, las tormentas, las nieblas....

  • cerezales bravas: eran las únicas posibles, casi no tenían carne, sólo piel y pepita; pero no había otras mejores, más suculentas, pues la nieve y las xelás de primavera matan las flores de marzo arriba, y ya no hay frutos.

  • chinizos: abundantes en las tierras y bordes de los caminos; muy dañinos en los sembrados, pues dan mucha grana que se distribuye con rapidez, muy invasiva.

  • cirigüeña, celedonia: para el yodo de las heridas, estómago..., tomado en dosis adecuada; como la hay por muchos sitios, se usaba para casi todo.

  • consolda, consuelda: para las roturas de güesos; llegó a venderse en las farmacias en forma de pomada, de pastillas...

  • enebros: los arándanos del oso; muy abundantes sobre La Tsaguna; el arbusto tioene tallos y raíces muy duros que usaban como lumbre para el fuego.

  • érgumas, árgumas, toxo: alimento del ganado, combustible fornos, estru establos....; los comen en el invierno, sobre todo, pues resisten verdes bajo las mayores y prolongadas nevadas; son, por ello, la salvación del ganado al pasto libre.

  • estoupo: tipo de yerba muy dura y alimenticia; como no la quema la nieve, sirve de alimento en las nevadas todo el invierno.

  • fayas: muchos usos con sus maderas, para utensilios, construcciones...; producen las bayas del fayucu, fabucu, faúcu..., que se comían a falta de castañas por el monte, y en los altos, donde ya no puede haber castañares.

  • felechas: tipo de felechos que nacen en manojo, con varios tallos en tipo maceta, más suaves, más verdes, los come el ganado

  • felechu: un solo tallo más grueso; se usaban para teitar, como mullido por debajo de las tsousas de forma que éstas no se deslizaran sobre la madera .

  • fresnos: previenen de los riesgos de los rayos sobre casas y cuadras, pues los atraen con sus profundas raíces; alimento imprescindible para el ganado por el otoño y el invierno.

  • ganzos: urcias, de flor azul, que daban las carroubas, más altos que las brecinas; para el fuego de la lumbre, sobre todo, para mullir los establos y sacar cucho, que abonaba muy bien las tierras de semar

  • garbancera: espino blanco, que da las bayas rojas comestibles, a falta de frutos más suculentos..

  • guindas: más resistentes que las cerezas; se usaban también como digestivo: el popular anís con guindas.

  • lirio del agua (ver nenúfar); tipo de alga que se extiende en mantos ocres sobre la misma superficie del lago; raíces profundas muy ramificadas.

  • malva: calmante, depurativa; se da en lugares soleados, donde tiene mejor calidad la flor.

  • manzanal, la: un manzano muy grande, cuando da muy buenas y abundantes manzanas.

  • manzanilla: muy buena y abundante; recogida a finales de agosto, setiembre, antes que caiga la flor o seque demasiado.

  • manzanillón: manzanilla mayor y de peor calidad, que se daba a los animales en botellas, para las indigestiones, entelaúras....

  • mazacorales: yerba para el ganado, pero de mala calidad, sobre todo, si la comen en verde, pues les produce trastornos digestivos.

  • moras: zarzas, artos, alimento del ganado todo el año; los lugareños las comían en abundancia por el verano arriba, en tiempos de escasez y de muchos miembros en la famila; el samartín, el pan..., no daban para todos a diario.

  • nenúfar, lirio del agua, ninfa (Nymphacea alba): cubre buena parte de la laguna, La Tsguna.

  • orieganina: oriégano más pequeño, muy aromático, flor azulada, violeta...

  • oríegano: catarros, digestiones...; se recoge en agosto y setiembre, antes que caiga la flor o quede amarronada oscura, sin las propiedades suficientes.

  • ortigas: alimento de ganados y personas en su tiempo; se usaban cocidas para la tortilla, a falta de patatas; había esfriegas de ortigas verdes para la espalda, para el rión....

  • patatas: muy abundantes, para personas y ganados, pero en ocasiones no se podían sacar, pues se sembraban muy tarde (mayo, junio), y no les daba tiempo a madurar porque en octubre ya nevaba de nuevo; quedaban así bajo la nieve, de forma que unas cuantas las comían los ratos (los ratones), otras se pudrían... La cosecha se perdía en parte, pero en años buenos, las patatas se daban muy bien: grandes, abundantes, sabrosas..., que alimentaban los gochos para el samartín

  • peguitsos, repegones: no los come el ganado en verdes; sólo si las hojas van entre la yerba seca .

  • pironos: para la lumbre, para las velas, una vez muy secos o quemados en vida, con el tallo negro, casi calcinado, pero duro por dentro todavía.

  • pitoxas: plantas delgadas y altas, con abundantes bayas alineadas sobre la vara del tallo.

  • pládanu: pláganu; utensilios de trabajo, madera blanda y poco resistente; se hacían madreñas muy ligeras, pero de poco durar.

  • rebotsas: rebollos, robles, cuando son muy grandes y dan bayas muy gruesas para los animales; vigas de las casas, tablas muy duraderas....

  • repegones: para los juegos, alimento del ganado entre la yerba.

  • restatsones: la digitalina, dedalina..., buena para el corazón; restallaban al explotarlos; se cogían para vender en su tiempo a las farmacias, dicen allí que para la penicilina....

  • salgueiros: utensilios de madera, flores y hojas medicinales (el acetilsalicílico posterior, la aspirina sin más)..

  • tila: calmante, digestiva, madera muy dócil, ligera...; por eso siempre había una tilar cerca de las casas, de las cabañas...

  • tsapazos: alimento del ganado, hojas grandes, se dan pronto en primavera, en lugares húmedos, sobríos...

  • umeiros: mangos..., pocos usos... se dan en suelos húmedos, junto a los regueros, los ríos..., por lo que crecen muy rápidos y la madera es blanda y de poco durar.

  • urcias: para la lumbre, raíces muy duras para el carbón vegetal.

  • valeriana: pa los nervios...; hay varias clases, y en cada zona no coinciden loas plantas con el nombre vulgar.

  • xanzaina: muy abundante en la ladera de La Tsaguna; se usaba como medicinal para deporar la sangre, para abrir las ganas de comer; había que conocer bien las dosis, pues debilita mucho los góbulos de la sangre.

  • xardón: acebos con pinchos; alimento del ganado con las mayores nevadas, utensilios, concentración de la caza en los inviernos, bayas que atraen páxaros, símbolo, amuleto en las cuadras..

  • xinestas: para las escobas, techumbres...; son distintas de los peornos, pues tienen las ramas más derechas, uniformes, delgadas..., de manera que tejen mejor que los peornos, mucho más difusos, irregulares....

  • xiplos, xípulos: son los badullos, baútsos..., que daban xiblatos, por sus cañas gruesas y huecas, para hacer silbatos..

  • xistra: los anisinos. Muy buena como yerba seca para el ganado, pero si la coge el agua se queda negra y pierde calidad.

  • xunclos: para la cestería; los come el ganado en las grandes sequías; abundan en los humedales, por lo que se mantienen verdes casi todo el año.

  • yerba. Era la base de la alimentación animal: de muy buena calidad, maciza (no hueca), rellena, más bien corta, muy alimenticia; mejor la de las zonas calizas.

3. El agua imprescindible, al filo de la altura

Una obsesión primera de los pobladores de aquellos altos sería el agua: muy escasa en verano, muy abundante en invierno, primavera y otoño, a veces. O sequías prolongadas o deshielos y arrastres imparables por aquellas empinadas pendientes a uno y otro lado del pueblo actual, a la falda de los altos del Cuetu Arbas. Los doce meses del año podían tener allí circunstancias extremas para la supervivencia de personas y ganados.

En relación con el agua, la voz oral tejió, en consecuencia algunas leyendas que explicaran a su modo la importancia de una laguna para la supervivencia del poblado: el agua de La Tsaguna d'Arbas dio vida al poblado, a través de un cuélebre, que purificaba los desmanes de los pobladores cuando se desviaban de sus funciones hospitalarias al servicio de los caminantes, por indigentes que fueran. Y el agua está presente en los castigos que lanzaba en Mago de la gaita contra los niños malos, cuando sus lágrimas hacían surgir torrenteras en aquellas cumbres, que arrasaban cuanto encontraban en su curso. Siempre el agua, para bien o para mal, es la vida de los altos.

Con una nota distintiva de las aguas: alrededor de la laguna hoy no se aprecian signos de beber el ganado, lo que permite la contemplación de todos los detalles a un tiempo (botánicos, hidrológicos, zoológicos, geológicos, químicos...). Habría que investigar el detalle y consultar a los ganaderos por qué el ganado no bebe en la laguna.

Una vez más, la etimología de las palabras documenta la importancia del agua en unas alturas con dos climas extremos: mucha abundancia en invierno; escasez, en verano y otoño muchos años. Arbas (laguna y pueblo bajo Brañas) ya procede de primitivos preindoeuropeos, *ar- (corriente de agua); indoeuropeos, *ar-b- (agua). El topónimo coincide con el otro Arbas del Puerto (Busdongo, Payares), en circunstancias geográficas parecidas. Y Arbas, en Cuera (Peñamellera), puertu baju, también muy escaso en agua en ciertas épocas. Por eso se valoraba tanto, y se señalaba con su nombre ya desde primitivos pobladores.

4. La toponimia: la descripción de los parajes por los nativos

El lenguaje toponímico de los nativos, ya desde remotos tiempos preindoeuropeos, fue precisando cada palmo del territorio usado con su nombre preciso a modo de cartel informativo de la función del paraje. Sirva el ejemplo del mismo Arbas: de la raíz indoeuropea *ar-b- (corriente de agua), sin duda alusiva al nacimiento de uno de los afluentes más largos y altos del río Narcea (no por casualidad, a su vez, de la raíz preindoeuropea, *nar-, agua, fuente, arroyo). Las raíces lingüísticas que atestiguan un poblamiento ya antiguo en estos altos.

Por los nombres de los topónimos, escuchados en la sabiduría local de los vecinos de estos pueblos a la falda del Cuetu Arbas, se reconstruyen las iniciativas y peripecias para sobrevivir durante milenios en lugares cimeros tan inhóspitos, sin más recursos que los que daba el suelo o permitía el cielo. De ahí que las leyendas de la zona aludan siempre a esos cuatro elementos imprescindibles para la vida: el aire que da aliento, el agua que germina, la tierra que produce, el fuego que limpia y renueva. Unos cuantos nombres de lugar más escuchados a los vecinos.

    • Arbas, El Cuetu. Pico mayor sobre La Tsaguna: se divisa el mar en días muy claros. Pueblu actual de Arbas: puede ser el lugar habitado mejor de aquellos valles altos: espacioso, en la confluencia de varios arroyos, muy soleado, con tierras abundantes para los sembrados... No por casualidad, bajo El Castro y Trescastro, hoy pueblo también. Raíz indoeuropea, *ar-b- (agua, corriente de agua)

    • Brañas de Riba y de Baxo. El lugar del verano (latín vulgar, *veranea), las tierras veraniegas para ganaderos y ganados. El veraneo del ganado se hizo estable en el invierno, buscando un lugar empozado ligeramente, más habitable con las nieves que el Puerto, mucho más expuesto y tardío en productos por su altura.

    • Brianales / Branales, Los. Pastos altos sobre Trescastro (de brana, por braña, en algunas zonas): fincas bajo varias brañas de Tseitariegos.

    • Cabras, La Fuente las. Manantial que da el agua a La Fuente la Capilla; evidente referencia a los pastos más adecuados para el cabrío.

    • Cabuezos. Empozado, sobre Trescastro, formas cóncavas del terreno (latín, cavum).

    • Capilla, La. Dedicada a San Juan. Fuernte muy buena al lado que baja de Los Rondos, zona de La Tsaguna.

    • Castros, Los. Al este del pueblu, praos con abundantes montículos rocosos: bien posicionados, por tanto hacia el poniente, al sol en invierno, al suroeste; fuentes al lado; se controlan los valles hacia la vertiente asturiana y hacia la de Caboalles leonesa; controlan las cuatro direcciones de la andadura. Recintos fortificados primitivos (indoeuropeo, *kst-r-, lugar cortado, aislado)..

    • Chanetones, Los. Fincas llanas al oeste, en el valle, muy buenas, chanas, muy valoradas frente a las pendientes colaterales y más pedregosas por ambas partes de la vaguada (latín planos, con sufijos aumentativos, por las dimensiones del terreno, la calidad...).

    • Chano la Yerba, El. Al este del pueblu, buena yerba, la riqueza d ela que siempre vivió el pueblo arriero, ganadero...; lugar llano.

    • Faros, Los. Fincas al este, sobre el pueblu. Tal vez en relación con la naturaleza del suelo para la artesanía de los alfareros (árabe al fahhâr, alfarero), el barro para los cacharros.

    • Fontanines, Los. Se bajaba el agua para regar los praos en la ladera de La Tsaguna; fuentes pequeñas.

    • Fraile, El Pucu'l. Sobre Arbas. Descripción figurada, por la forma del picacho contemplada en una perspectiva; mucha imaginación se proyectaba en algunas picachos y formas del terreno.

    • Fuchaqueiros, Los. Praos bajo El Parador actual, vertiente leonesa. Tal vez, por la forma empozada (Fueyos, en otras zonas, latín fovea, poza).

    • Fuentesagrada. Manantial que vierte a Caboalles: agua muy buena, medicinal, sagrada..; eran las fuentes de la salud, con arraigadas creencias entre los lugareños.

    • Gatu, El. Sobre Arbas. Referencia a los animales salvajes para la caza; el gatu montés, el gatu algaire.

    • Morrodas, Las. Fincas con abundantes peñascos, al oeste, sobre el pueblu, bajo La Tsaguna; verdaderos morros del suelo (perromano *mor-r-, roca, saliente, morro).

    • Navarón, El. En valle, en nava (indoeuropeo, *naw-, valle), como tantas Navia, Nava, Naviego, Navariegas... La utilidad de los valles más productivos en ciertas épocas, refugio invernal en otras...

    • Parrochas, Las. Zonas de maleza y pastizales del monte (tal vez, de parro, pato silvestre).

    • Pena'l Cuervu, La. Sobre Los Chanetones, al oeste. Lugares frecuentados por los curvos, y, en consecuencia, muy vigilados por los lugareños, pues se llevaban el ganado menor, las pitas, los pitinos....

    • Penablanca. Ladera este del pueblo, donce nace el río Narcea; piedras blanquecinas, relucientes en la distancia y con las aguas.

    • Piedra'l Puerto, La. Praos bajo La Tsaguna, mucha piedra blanquecina, reluciente.

    • Pinietsas. Fincas empinadas y con piedras, pindias.

    • Pozón, El. Lugar del riachuelo, en el nacimiento del Narcea, donde se bañaban los jóvenes; nace en Peñas Blancas, ladera este del pueblo.

    • Puente, La. Praos (Los Praos de las Puentes) a la entrada del pueblo, subiendo, donde había un pontón sobre el pequeño arroyo origen del río Narcea, que nace en Penas Blancas; allí lavaban la ropa las muyeres antes; género femenino, dimensional: las puentes, mayores que los puentes.

    • Puerto, El. Tesitariegos. El pueblu es asturiano desde El Parador actual. Tiene la Capilla de San Juan con la puerta orientada al sur, lo mismo que el campanario; y una fuente muy buena al lado. Está posicionado en lo mejor del valle: las casas, en la ladera oeste, orientadas al saliente, la salida del sol; los praos, más bien en la ladera este, orientados al poniente, al suroeste...; en todo caso, lo mejor para los praos, la yerba, las tierras sembradas...; la ladera bajo La Tsaguna, todo brezos, pastizales abiertos... (latín portum, paso de montaña, puerta).

      Viven hoy cuatro familias todo el año. Tuvo hasta veintiún vecinos allá por los años cuarenta, con unas 120 personas, entre mayores y menores. Forma la parroquia de Brañas de Riba, Brañas de Baxo, Trescastro y El Puerto. En realidad, una puerta: un paso estrecho por lo menos malo de los altos, con aquellas precarias tecnologías camineras de milenios atrás.

    • Raberas, Las. Praos en Las Puentes, este del pueblo, entrada subiendo, sobre el río Narcea; tal vez por las formas de pradera alargadas entre las peñascas, con formas reducidas, estrechas, como los rabos (latín, rapum), en designación figurada, metafórica.

    • Ribaos, Los. Riberas pendientes (latín riparia), en contraste con las vegas más apacibles y productivas del valle.

    • Rogueiru, El Picu. Al otro lado del Cuetu Arbas, sobre Arbas. Regueiru, con variación fonética de átona inicial.

    • Rondos, Los. Praos de donde baja el agua a la fuente de La Capilla, La Fuente las Cabras. Por las formas más o menos circulares, redondas (latín, rotundos).

    • Treitacuesta. Fincas pendientes sobre Trescastro. Antiguas treitas (latín tractas, lugares por donde se trae algo): lugares pendientes por los que se hacía deslizar la madera a modo de canalizos muy empinados, para evitar tener que arrastrarlos con caballerías o parexas (trechuros, poleas..., de otras zonas)..

    • Tsagonatsos, Los. Pequeñas lagunas (latín lacus), bajo La Tsaguna grande: para y pasta mucho por allí el ganado en verano, yerbas siempre verdes, frescas, con agua...

    • Tsaguna, La. Lago mayor sobre Las Tsagunietsas. Tiene por el medio abundantes algas, xunclos, carrizos... Orientada de noroeste a sureste, falda del Cuetu Arbas. Concentra animales todo el año a beber, a resguardarse... Lugar de caza, por tanto: corzos, liebres, xabalinos, tsobos, zorros..., que, a su vez, ellos mismos vienen a cazar a otros.

      Se bajaban presas con agua para regar los praos foneros de Los Morrodos, La Piedra'l Puerto. Es una laguna con el misterio de no saber por dónde entra el agua ni dónde se sume: permanece al mismo nivel todo el año, y aunque se regara con ella, el agua no disminía mayormente; no se notan marcas de subida ni bajada de aguas en las piedras que hacen de borde alrededor. No hay olas, parecen aguas quietas, sin corrientes, sin remolinos, sin cercos... Sólo el salto de alguna rana irrumpe en el remanso silencioso de la superficie.

      Aguas muy transparentes., con abundante mofo verde claro en todo el bordillo del lago: suave, esponjoso al caminar... Tampoco se sabe la profundidad de las aguas. Según la voz oral, se sumen y dan a los manantiales de Cuevas del Sil, lo que pudiera ser la interpretación leonesa, que no creen los asturianos, por supuesto.

      De ahí, las leyendas. Una dice para probarlo, que en una ocasión se perdieron las carrancas de un mastín pastor, y fueron a aparecer a una fuente en Cuevas del Sil. Hay patos silvestres que se comían con mucho gusto en aquellos tiempos de escasez. En tiempos arrieros, una vez por semana, llevaban allí a bañarse las caballerías. Mantiene abundantes ranas, pero no otros peces: no se recuerdan truchas, ni anguilas..

    • Tsamas de Brañas. Lugares húmedos. Raíz ya prerromana, *lama, 'pastizal húmedo, tremedal'.

    • Tseitariegos. Es todos el puerto, también compartido en parte por los de Caboalles que compraban allí sus pastos para el verano. Los pastos se vendían también a los pastores extremeños, que traían una media de dos mil ovejas por rebaño. Son pastos de excelente calidad para todo tipo de ganados: buenas yerbas, agua abundante, camperas, sobre todo en la ladera este, bien comunicados, resguardados en las tormentas... Las casas pertenecen a los asturianos. La línea, el mojón, La Raya, está en el lugar del Parador actual, vertiende leonesa. Zona de ts vaqueira: "quien nun diga tseite, tsume, tsinu y tsana, que nun diga que ye de Tsaciana". Pastos de excedente calidad para la leche, la manteiga (latín lactem, con sufijos abundanciales).

    • Tsindouta. La linde (latín, limitem), el límite alto, el cimero, para los pueblos del valle; de donde el apellido de la zona, Linde, tal vez por vivir en la zona limítrofe entre la vertiente asturiana y la leonesa vecina.

    • Tsousera, La. Zona de canteras al oeste del pueblu, donde sacaban las losas para las casas: las tsousas para los teyaos (prerromano, lausa, losa plana).

    • Tsungares. Fincas alargadas sobre el río Narcea, entre Arbas y Trescastro. Recuerda los tsungueiros: las sogas, las cuerdas de amarrar, los cordeles, por ser largos, claro (latín, longos).

    • Valdecuélabre. Al otro lado del Cuetu Arbas y La Tsaguna. La leyenda del cuélebre tiene allí siete cabezas, según alguna versión de la leyenda.

    • Veigas, Las. Sur del pueblu, al este, praos de yerba en valle, praderas húmedas, productivas junto al arroyo (prerromano, ibaika, vega junto al río). .

    • Yanu los Fueiros, El. Ladera de La Tsanuna, sobre los praos. Tal vez en relación con los fueros del Privilegio de Tseitariegos (Carta concedida por Alfonso XI a los moradores del Puerto en 1326, por la que quedaban exentos de todo tipo de tributos, servicios, portazgos...).

Para el origen de los nombres, ver
resumen de unas cuantas etimologías asturianas
Xulio Concepción Suárez

O ver también
Diccionario etimológico de toponimia asturiana
Xulio Concepción Suárez

 
 

C) Las leyendas de la voz oral: la interpretación milenaria por los nativos

Casi todas las leyendas incluyen, como se dijo, esos cuatro componentes de la vida: tierra, agua, aire, fuego. Así se observa en el caso del cuélebre de la Tsaguna y el peregrino: aquel peregrino, sin tierra que alimente, sin el fuego del hogar en la invernada, sin aire, sin aliento, en la tormenta..., sólo dispone ya del agua, fundirse para siempre en la vida del lago; el agua que da vida, que limpia, que hace renacer de nuevo...

Destacan dos leyendas en especial: la que gira en torno a un cuélebre, gran culiebra, dragón... (leyenda I), con varias versiones coincidentes en un argumento esencial (el monstruo que castigaba a los pobladores por haber despreciado a un indigente caminante, un día de nieve y de tormentas); y la que habla de un mago ilusionado con poblar aquellos altos con niños buenos (leyenda II), pero que un día se fueron haciendo malos a medida que crecían y limitaban posesiones individuales, por lo que fueron arrasados del poblado para siempre.

Tal vez se trate, como en toda función de las leyendas, de tejer una didáctica o una explicación de las circunstancias por las que fue pasando el poblado en la montaña: su dependencia hospitalaria, una atención obligada a los caminantes, para poder seguir subsistiendo en aquellas cumbres; o su circunstancia milenaria de población siempre envejecida, con una ausencia de niños debida a la dureza del clima, las distancias a lugares más poblados, las enfermedades sin remedios, los peligros de las envidias, y otros vicios propios de lugares pequeños, encerrados en sí mismos, recelosos unos vecinos de otros. Una versión más del dicho: "Tsugar piquinu, infierno grande".

De ahí, la importante función instructiva de las leyendas contadas de güelos a nietos al par del fuego, en unos tiempos a tantos siglos de la radio, la tele, o los mismos cuentos escritos, las novelas... Sólo la voz oral, a veces ya recogida en algunos cuentos de escritores locales, nos permite hoy reconstruir aquella pedagogía adecuada a su tiempo; y gracias a unas cuantas preciosas páginas web y blogs digitales de aficionados a la cultura rural, lo mismo por la vertiente leonesa que por la asturiana. Aunque con las variantes inevitables, los núcleos literarios coinciden en su carácter instructivo.

1. Leyenda I: El cuélebre de Leitariegos (Tseitariegos)

Cuenta la leyenda que una noche de noviembre, se reunían como otras tantas los paisanos y paisanas del pueblo en torno al fuego de un hogar cualquiera para charlar y pasar las horas largas de la tarde antes de dormir. Se reunían en caleichu (el filangueru de otras zonas). Era la época del samartín, que se hace en noviembre, pues bajan los animales gordos del monte, y así no hay que alimentarlos con cereales necesarios para la casa. Se hace la matanza de gochos, cabras, oveyas..., de forma que ya quede para todo el año hasta el nuevo samartín.

Esta leyenda mantiene una estructura muy didáctica y literaria: el contraste de personajes y actitudes desde el principio al final. Comienza con la situación de bienestar más confortable entre los lugareños (comida abundante, lumbre en el hogar, calor familiar...), frente al desamparo más angustioso de un caminante (hambre, frío entre la nieve, soledad absoluta...).

Y siguen otros contrastes muy visuales: poblado y lago; vida tranquila rota por el cuélebre; poder natural y poder religioso... Finalmente, la vida tranquila se recompone, pero siempre con la advertencia de la moraleja en las caleyas: el silencio del pueblo se rompe cada mañana de San Juan con aquella voz lejana amenazante del dragón, allá encadenado en el fondo del lago.

En la motivación inicial de esta leyenda se diría que late aquella didáctica religiosa añadida: los monjes tendrían buen cuidado de educar al pequeño poblamiento, de forma que ni abandonaran el pueblo por las malas condiciones geográficas, ni tuvieran la intención de acomodarse demasiado, menospreciando a los caminantes que les daban la vida. Con la leyenda, se mantenía viva la advertencia: que a nadie se le ocurriera caer en la tentación siquiera, pues los castigos serían inmediatos... (Muchas versiones de la leyenda, pero resulta muy didáctica la de la interesante página web leonesa: www.elsaber.es).

Todo ocurrió en una noche de abundancia y samartinos en los hogares

La voz oral sitúa la leyenda precisamente en una época de abundancia de alimentos: el samartín es una fiesta algre para todos porque durante unos días nadie va a pasar hambre: incluso unos vecinos intercambian carne con los otros, y se reparte con los más pobres del pueblo, los que ni podían hacer samartín porque tenían que venderlo para pagar impuestos y rentas, o favores a los dueños y a los ricos. El caso es que en estos días a punto ya del invierno se celebra la matanza del gochu como la mayor fiesta del año gastronómico.

Con motivo del samartín también se reúne la familia que viene de otros pueblos vecinos para ayudar en los trabajos y para charlar relajadamente en unos días, algo que no van a poder hacer por el año arriba, siempre con los trabajos del campo pendientes: labrar, sembrar, recoger yerba... Estos días no hay ya labores de campo urgentes, pues llega el invierno y la época del hogar, el fuego del tsar, la vida familiar.

Con la matanza del gochu, sobre todo, aparece el picadillo, el fégado, el tocino, las morcillas, el botillo, los chorizos, las longanizas, los jamones... Las noches se vuelven entonces felices pues la abundante leña para el tsar asegura calor físico y calor humano, conversación íntima, paz del hogar, seguridad y unidad familiar... El samartín es el símbolo de la bayura en un pueblo de montaña, sobre todo, donde la vida del año pende de los animales engordados en el monte por el verano arriba.

Mientras la silueta de un caminante se tambaleaba con las ventiscas de la nieve entre las casas cerradas

En este contexto de bayura, y en una noche en que empieza a nevar, cuenta la leyenda que, cuando una mujer se asoma a la ventana antes de apagar la luz de la vela, contempla la silueta de un humilde caminante que llega tambaleándose entre las casas, cerradas todas ellas a cal y canto tras la cena caliente y abundante. El hombre va llamando a cada puerta que encuentra para pedir cobijo, pero la respuesta siempre es parecida:

- Lo siento, buen hombre, no podemos hospedarlo, estamos de samartín y hay mucha gente en casa.

Se extrañó mucho el caminante, pues su experiencia era que en los otros pueblos de Tsaciana siempre había recibido cobijo en andanzas anteriores, y tenían fama de muy hospitalarios con los caminantes de paso. Por eso llamó en la puerta siguiente convencido de que aquí sí que le darían cobijo. Pero tendría que escuchar la misma respuesta del interior de la casa aún al calor de los rescoldos de la lumbre:

- Disculpad, caminante, pero no podemos acogerle, además ya son horas muy tarde, no nos queda cena... Lo sentimos, váyase con Dios más adelante...

De este modo, aunque muy extrañado, el caminante se va dando cuenta de que esa noche tiene todas las puertas cerradas, y no le darán ni el calor del fuego; sigue pensando qué les habrá ocurrido para haber olvidado su buena fama de amor al prójimo más necesitado que transita por los caminos un día invernizo de temporal. Así se va cabizbajo de entre las casas.

"Seréis castigados", por vuestra hospitalidad olvidada

Pero ya a eso de la medianoche bien entrada y cerrada, uno de los vecinos se despierta sobresaltado de un sueño, y grita aún confuso:

- ¡Pero qué es esto, qué demonios ha ocurrido para que esta noche hayamos negado asilo a un caminante con la nevada que está cayendo...! ¡hay que ir en su ayuda y cobijar al forastero!

Así fue llamado puerta a puerta a unos cuantos vecinos, y todos juntos siguieron las huellas que conducían a la Laguna de Arbas. Al llegar a la orilla, uno de los vecinos dio la voz:

- ¡Allí, mirad, allí hay un bulto...!

Todos se dirigieron al lugar, donde encontraron al pobre caminante, medio muerto de frío, con las últimas ascuas semiapagadas que había logrado encender antes de congelarse. Entonces intentaron reanimarlo en vano, y del que ya sólo pudieron escuchar sus últimas palabras balbuceantes:

- Ya es tarde, vosotros habéis violado las costumbres más elementales de hospitalidad con los caminantes, por ello seréis castigados. Un monstruo os visitará cada año, y su furia sólo lograréis aplacarla entregándole como sacrificio una joven doncella del pueblo...

Y diciendo esto, el caminante dio un último aliento, lanzó su cayado al lago, y expiró. Los vecinos contemplaron asustados cómo el cayado se convertía en una especie de reptil que se sumegió serpenteando entre las cristalinas aguas de La Laguna de Arbas. Muy impresionados regresaron al pueblo, donde les esperaban inquietas las familias ya desveladas, que no se creyeron las aventuras descritas, diciéndoles que habían visto visiones:

- ¡Ja, ja, ja..., dejaros de fantasías, iros ya a dormir que el frío os ha hecho delirar...!

Y así apareció el gran monstruo, aquella mañana de San Juan

Como aún era invierno, fueron pasando los meses, llegó la primavera y ocupados con los trabajos por el año arriba, los vecinos ya habían olvidado los sucesos de La Laguna. Pero al llegar la mañana de San Juan, el 24 de junio, contemplaron cómo un gran monstruo se arrastraba desde la laguna por los senderos, y destrozaba todo lo que se ponía en su camino, ganados, cosechas, lo mismo en los campos que entre las casas del poblado.... Una vez complacido con los destrozos, despareció ladera arriba por el mismo camino que había bajado

Reunidos de nuevo los vecinos, y recordando las condiciones impuestas por el moribundo, acordaron unánimes el pago del tributo en forma de doncella:

- Después de lo visto, ya no tenemos más remedio, en otro caso no nos quedará nada, acabará con el pueblo, con nuestras cosechas, con nuestros ganados. Es horrible, pero...

Pasó otro año, y ya no se olvidaron del anterior: en la misma mañana de San Juan un grupo de hombres se encaminó hacla La Laguna, llevando consigo a una doncella elegida por el pueblo a sorteo para el tributo... Llegaron a la orilla, la dejaron sola y ya nunca se supo más de ella. Pasaron varios años, y se fue repitiendo la triste historia: cada año, en la mañana de San Juan, una doncella desaparecía milagrosamente de entre las aguas del lago.

Hasta que llegó Lucía a la laguna con el rosario de la Virgen

Pero al siguiente año, la casualidad tocó en desgracia a una joven muy bonita y muy cristiana que era la admiración del vecindario: todos quedaron conmocionados, pues se trataba de la chica más piadosa del pueblo, conocida por su fervorosa devoción a la Virgen. Todos la lloraban, especialmente su madre, a la que ella misma intentaba consolarla:

- ¡Madre, no sufra, pues qué cosa hay más grande que entregar la vida por los demás... No llore!

Llegó la noche de San Juan, del 23 al 24 de junio, y Lucía -que así se llamaba la doncella- pidió como última voluntad al vecindario que le dejaran pasar la noche sola en la ermita del pueblo rezando a la Virgen hasta el amanecer. Así se lo concedieron, entró en la ermita y rezó toda la noche, durante horas y horas. A eso de la madrugada, a punto de romper el alba, oyó la voz de la Virgen que salía de la imagen y le decía:

- ¡Lucía, no temas, levántate y ven!

- ¡Sí, sí, Madre..., -contestó la joven...

- ¡Toma mi rosario, llevalo contigo bien guardado, y, cuando la bestia salga de las aguas, arrójaselo al cuello y ya no te hará nada...

- ¡Sí, sí..., Madre! -contestó la joven impresionada.

Y la voz del dragón se encadenó para siempre en el fondo de las aguas

Llegó la mañana de San Juan, y como todos los años, un grupo de vecinos condujo a Lucía camino de La Laguna. Una vez más, el grupo descendió al pueblo dejando sóla a la joven al borde de las mismas aguas. Otra vez la bestia fue muy puntual y pronto apareció frente a la niña con su gran boca y colmillos al aire, pero por una fuerza especial se quedó mirando extrañada a la víctima, en el momento en que ésta le arrojaba el rosario que le envolvía el cuello hasta ahogarle.

La bestia -termina la leyenda- luchó desesperadamente para intentar soltar el cordón que le ahogaba sin remedio, mientras se hundía poco a poco hasta el fondo de La Laguna, para no volver a salir nunca más. Y del misterio sólo queda ya una voz muy apagada que dice que en la mañana de San Juan, si se escucha atentamente en el pueblo, aún se oye muy lejos un golpear de cadenas que procede de las aguas del lago. Dicen que tal vez se trate de la misma serpiente que aún sigue allí encadenada, amenazando con salir a flote y recibir el tributo de un pueblo que una vez había olvidado un acto de atención hospitalaria al caminante.

 
 

2. Leyenda II: El gran mago que hacía sonar la gaita

Resulta de interés muy didáctico esta leyenda rastreada a través de la interesante página leonesa http://www.de-leon.com. En realidad, da la impresión de que la voz individual y colectiva de un pueblo siempre intentó explicar el origen de su pequeño mundo por escondido y pequeño que resultara en la soledad de unas montañas. El poblamiento del Puerto de Leitariegos también necesitaría una explicación, y así intentaron tejerla los mayores para enseñarla a sus descendientes ya desde bien pequeños, todos juntos alrededor del fuego en aquellas noches más largas, terminados los trabajos del campo y del ganado.

Por eso, la estructura del relato sigue los pasos de la creación del mundo en el lenguaje bíblico: un padre mágico que va creando de la nada las plantas, los animales, los seres humanos... Primero son buenos (la vida paradisíaca), luego la envidia los va haciendo malos (la ruptura del orden, el pecado), se vuelven cainitas entre sí, el Padre tiene que castigarlos con agua y fuego, y hasta llega a destruir su pequeño mundo (aquel gran diluvio), su reducido Universo local... Una estructura legendaria universal.

Finalmente, el creador mágico expulsa a los últimos supervivientes del Paraíso inocente primitivo, y ya no podrán volver nunca a él, pues el Padre se desentiende de unos humanos dañados por la envidia, el egoísmo, el pecado. El aire de la altura, la música armoniosa de las montañas, ya nunca será puro, pues el agujero del fuelle de la gaita mágica, ya no permitirá tañer melodías creativas nunca más. Sólo una posibilidad de arrepentimiento reconstruiría el inocente paraíso primigenio infantil. Una tradición literaria que llegó y se adaptó, una vez más, a los altos del Puerto Tseitariegos.

Como en la leyenda del cuélebre, se diría que late aquí también una didáctica social y religiosa, que bien se cuidarían de alimentar los monjes de Corias: que nadie cayera en el peligro de volverse demasiado egoista y envidioso con sus vecinos, pues eran pocos y había que llevarse bien. En otro caso, terminarían aislados, sin niños, sin ilusiones, egoistas, envejecidos, volcados sobre sí mismos... Un poblamiento expuesto a la extinción.

(Resumen de la leyenda
recogida en un cuento de David Rubio,
Peralvillo de Omaña,
digitalizado en la web citada:
http://www.de-leon.com).

Cuenta la leyenda que hace muchos, muchos años, vivía en Leitariegos un mago poderoso, tan alto como un gran pino, que siempre llevaba sobre su cabeza un frondoso árbol tupido de ramaje. Su larga barba, las cejas y las pestañas eran de espeso musgo. Se vestía con la corteza de las encinas, su voz era como el trueno, y siempre llevaba bajo el brazo una gaita tan grande como la iglesia del pueblo.

Cuando aquel Mago creó las camperas, los árboles, los rebaños...

El sonido de su gaita producía fenómenos maravillosos: si la tocaba dulce y suave, todo el paisaje se cubría de yerba fresca y verde; si soplaba más fuerte, hasta podía crear seres vivientes; si soplaba con furia, se levantaba una tormenta que removía hasta los cimientos de las montañas, y hasta el mar se retiraba a lo lejos dejando grandes espacios de tierra al descubierto.

Una vez fue atacado por unos poderosos enemigos, pero él se limitó a llevar simplemente la gaita a los labios, al tiempo que todos ellos se vieron transformados de golpe en pinos y robles por todas partes. Jamás se cansaba de tocar, pues se deleitaba viendo que todo se animaba y cobraba vida alrededor al son de los ecos melódicos de tan mágica gaita

De esta forma, al son de la gaita iban creciendo como por magia numerosos y espesos rebaños de ovejas lo mismo en las montañas próximas que en los valles circundantes; y sobre la cabeza de cada oveja iba creciendo un pequeño árbol, con el que el mago distinguía cada uno de sus ganados. Hasta las mismas piedras de las camperas se fueron transformando en mansos mastines, que le reconocían por su voz.

Y decidió que aparecieran los niños

Así se fue poblando de ganados el alto del puerto. Pero viendo que los vecinos de los pueblos de los valles y laderas no eran tan buenos como él esperaba, dudó por mucho tiempo en crear seres humanos. Por fin, llegó a la conclusión de que la mejor solución era crear sólo niños, ya que siempre serían amables y buenos. Y así se decidió a poblar El Puerto de Leitariegos sólo con niños. Comenzó a tocar con su gaita la tonada más dulce de su vida, y así fueron apareciendo niños y más niños en muchedumbre infinita. Todo el Puerto de Leitariegos era encantador entonces.

Sin más ocupación que jugar a todas horas, las inocentes criaturas vivían en la felicidad extrema: trepaban por las enredaderas, chupaban la miel de sus tallos, se hartaban con los frutos de los árboles, dormían en camas de musgo, se columpaban en las ramas de los árboles... Y de noche seguían siendo igualmente felices, porque el Mago tañía para dormirlos en hermosos sueños profundos.

Un mundo entonces sin rencillas, sin posesiones privadas...

Ni una palabra de enojo se escuchaba en El Puerto, pues los niños nunca se peleaban entre sí. Tampoco había envidia, pues todos disponían de abundante ganado para alimentarse, nadie vestía más rico ni más pobre, no había suntuosos palacios junto a míseras chozas; la yerba crecía espesa al son de la música del Mago, de modo que los rebaños estaban bien alñimentados todo el año. Tampoco había peligros, pues los fieles mastines los conducían por los lugares más seguros y esponjosos de las praderas. Aquellos niños eran tan felices como los primeros habitantes del Paraíso. Desconocían la enfermedad y la muerte; no sabían ni leer ni escribir, pues ningún conocimiento más necesitaban para la felicidad diaria..

Hasta que las la envidia rompió las paz de las camperas, de las cabañas...

Pero un día las cosas empezaron a cambiar, cuando los niños se hicieron grandes, empezaron a cavar pequeñas porciones de tierra para cada uno, construir chozas individuales... Cuando a uno se le ocurrió decir "Esto es mío", todos los demás lo dijeron también. Algunos, los más listos y holgazanes, creyeron más fácil cobijarse en las chozas hechas por otros que construirlas ellos mismos con sus manos. Así empezaron los unos a defender sus viviendas con los puños, y los otros a usurparlas. Comezó la primer batalla.

Alguien fue a contárselo al Mago, que sopló con furia la gaita, produciendo un aterrador ruido que asustó terriblemente a los pequeños guerreros, sometidos al miedo por primera vez. Así comenzaron las luchas y las riñas en el pacífico reino del Mago de la gaita, que contemplaba entristecido cómo aquellos pequeños del Puerto se comportaban ya como el resto de los humanos en otros pueblos y países.

El Mago empezó entonces a buscar posibles soluciones al conflicto. ¿Los soplaría para barrerlos hasta el mar, y crearía otra nueva generación? Sería inútil, volverían a ser como éstos. ¿Destruiría toda posesión individual motivo de las discordias? ¿Les regalaría más bienes a cada uno? Todo fue inútil, porque los más holgazanes sólo se aprovechaban de lo que trabajaban los más diligentes y laboriosos... Las rapiñas eran interminables, lo mismo que las peleas y las muertes.

Y los ríos de lágrimas se deslizaron hasta el mar

Las cosas iban de mal en peor, por lo que el Mago se entristeció hasta el extremo de que de sus ojos brotaron lágrimas tan abundantes que formaron ríos caudalosos que iban a perderse en el mar... Pero los niños no se percataban de ello, y continuaron con sus pendencias y sus robos. Lloró tanto el Mago que se llegaron a formar cataratas y torrentes que devastaban las tierras, y hasta formaron un lago en el que aparecieron ahogadas muchas criaturas.

Entonces, el Mago dejó de llorar, hizo soplar un viento suave y secó las tierras inundadas. El panorama era desolador: las praderas habían desaparecido, las casas se reducían a montones de piedras; los ganados no daban leche por falta de pastos; los crueles niños mataban las ovejas para beber su sangre, y se hicieron así más sanguinarios y crueles. El Mago decidió entonces soplar con su gaita para que aparecieran otros animales: caballos, toros salvajes, elefantes, serpientes..., que mataron a muchos niños más.

Pronto los niños ya eran como los habitantes de los demás países, por lo que el Mago se entristecía cada vez más al ver que todo lo que había creado sólo servía para el mal, y al comprobar que los mismos niños le echaban la culpa a él mismo de entrenarse y ensañarse con tantos desastres.

Ni escuchaban ya la gaita, ni el creador entusiasta de antaño se cuidaba de tañerla, pasando el día dormido durante muchas horas. Sólo de vez en cuando se despertaba, soplaba con furor la gaita, levantaba una tormenta de fuego y arrasaba hasta el último árbol que se mantenía en pie, mientras la lluvia de las nubes no bajara a extinguir las llamas.

Todo se acabó, cuando la gaita mágica dejó de soplar, por aquel gran agujero causado por los lugareños en su fuelle

Los seres humanos decidieron entonces hacer callar para siempre la gaita mágica: armados con lanzas, espadas, ondas y piedras, se enfrentaron al gigante que, al verles, soltó una carcajada que hizo temblar la tierra tragando a muchos de ellos con sus chozas y ganados. Entonces empezaron a tenderle numerosas guerras y trampas para intentar derribarlo, pero con leves soplos o estornudos suyos, los derribaba él a todos. Hasta hizo caer una nevada que sepultó a humanos y animales, convirtiéndolos en hielo de un golpe.

Finalmente, trataron de robarle la misma gaita mientras dormía, pero les resultaba tan pesada que entre todos no lograron moverla siquiera. Discurrieron en abrir un agujero en el fuelle, pero sólo consiguieron levantar una tormenta que terminó con todo ser vivo sobre la tierra, el mar o el firmamento, un cataclismo que acabó con el Universo.

El gigante ya no despertó jamás, y allí yace todavía durmiendo con su gaita bajo la cabeza, sonando a veces, cuando los vientos soplan a este lado de Los Pirineos. Mientras tanto, El Puerto de Leitariegos sólo volvería a ser el reino de los niños, si alguno, arrepentido, lograra poner un parche en el fuelle dañado de aquella mágica gaita encantada.

Reflexión literaria sobre la leyenda del Mago

Con el recuerdo obligado de la estructura bíblica de aquel relato primigenio

Se diría que la estructura del relato de Leitariegos sigue los pasos de la creación del mundo en el lenguaje bíblico: un padre mágico que va creando de la nada las camperas, las plantas, los animales, los seres humanos... Una estructura legendaria universal, que reproduce para un espacio pequeño como el de Leitariegos, aquella tan preciosa como precisa síntesis que hace el relato antiguo del Génesis en sus libros sucesivos:

    1. El primer día Dios creó la luz y la separó de las tinieblas: a la luz, la llamó día, y a las tinieblas, noche…

    2. El segundo día, separó las aguas de los cielos y las aguas de la tierra…

    3. El tercer día, separó las aguas de los mares y creó la tierra seca, para que produjera toda clase de semillas…

    4. El cuarto día creó el sol, la luna y las estrellas…, y separó el día de la noche…

    5. El quinto día, creó los animales, y les dijo: creced y multiplicaros.

    6. El sexto día, creó el hombre y la mujer.

    7. El séptimo día, vio que todo estaba bien hecho, y descansó.

Entre el proceso natural, la leyenda, el mito, el rito, el culto, el respeto a las divinidades…

El relato bíblico continúa con la estancia de Adán y Eva en el Paraíso, la tentación del árbol de la fruta prohibida, la prueba de la manzana… Y, finalmente, la expulsión del lugar, castigados al trabajo y al dolor. Termina la creación literaria con la envidia entre sus hijos, la venganza de Caín, y el Diluvio como regeneración universal, por la situación generada entre los humanos.

En realidad, y a su vez, siguiendo la cadena de los tiempos hacia atrás, la propia estructura bíblica no es inventada, ni partió de cero, sino que fue el resultado oral (la explicación popular) de un proceso mucho más remoto, y simplemente natural: el cosmos debió pasar en su origen por una situación sin vida, oscura, nebulosa, pura física confusa. En millones sucesivos de años, fueron apareciendo las aguas, la tierra seca, las plantas, los animales, los homínidos…

Y pronto, o de forma paralela, se irían levantando las rivalidades entre los individuos, las familias, las tribus, las culturas... Y las guerras consecuentes, las catástrofes naturales, el aniquilamiento de razas enteras, especies animales, pueblos… Es decir, los humanos se dieron cuenta de que había que crear divinidades para evitar a un tiempo los castigos y rogarles que no los repitieran más. Había que aplacarlos, y así se fue completando el proceso natural: leyenda, mito, rito, culto, finalmente.

Es decir, todo un largo camino en la creación literaria oral, que la fantasía hilvana desde el caos inicial a Tseitariegos, pasando por la creación bíblica. La didáctica de las leyendas, por primitiva que resulte hoy, era tan oportuna como motivada (documentada, real…) sobre cada territorio abarcado. Bajo cada leyenda late una realidad comprobable: geográfica, geológica, hidrográfica, etnográfica, histórica, comercial, social… No todo es fantasía literaria.

El aire que alienta, el agua que da vida, la tierra que produce

La estructura antigua de la leyenda de Leitariegos, con evidentes adaptaciones orales al contexto del puerto, es evidente: el Mago aparece con su gaita en un espacio del todo montaraz y despoblado, en unos altos hasta donde llegaban las aguas del mar; hay días de tormentas y días de nublinas ciegas; el Mago hace retroceder al mar desde aquellos altos, creando las camperas con su fuelle mágico; hace brotar sobre ellas plantas y rebaños.

Finalmente, crea el reino de los niños, pero comprueba tristemente que aparece la envidia de unos frente a otros… Muy entristecido el Mago, decide castigarlos: arrasa las casas y los sembrados con tormentas, destruye los bosques con fuego, y hasta convierte en hielo a los mismos humanos bajo una gran nevada.

El final de la leyenda es más difuso: el reino feliz de Leitariegos sólo podría reconstruirse cuando los humanos expulsados de aquellos altos repararan el daño causado en el fuelle de la flauta mágica encantada (el soplo, el aire, la vida…), mientras el Mago dormía. Sólo entonces, sería posible un nuevo mundo feliz, aquel perdido reino de los niños, con sus cuatro componentes en equilibrio: la tierra, el agua, el aire, el fuego.

En todo caso, si los humanos no colaboran entre sí, no puede haber vida feliz sobre la tierra. Tal vez, debajo de todo late la advertencia del peligro, aquel mensaje tentador del “seréis como Dioses ”, que motivo el final bíblico del estado inocente sobre la tierra habitada. Tampoco El Puerto de Leitariegos, por pequeño que fuera el poblamiento y el paraje bucólico, sería en adelante feliz si un día se convierte en lugar de envidias y rencillas en aquellos altos a medias entre la tierra y el cielo. Tal vez de ahí, la preciosa moraleja que late en la leyenda reconstruida por David Rubio en su versión escrita.

Conclusiones de las dos leyendas sobre Leitariegos

En fin, el lenguaje toponímico y el lenguaje de las caleyas de un poblado, la literatura oral y escrita, por sencilla que resulte en estructuras y metáforas, suponen los documentos más elementales para descubrir las capacidades creativas de cada poblamiento, a la hora de dominar o adaptarse al terreno que pisaban y al clima que no podían evitar.

Por eso, para la lectura compleja de un poblamiento en la montaña, resultan imprescindibles los lugareños (más o menos jóvenes o mayores): ellos y ellas siguen dando cuenta, no sólo de las creencias, actitudes, capacidades, iniciativas, tecnologías rurales…, de los antepasados, sino de las suyas propias hasta hoy mismo, para seguir trabajando, creando, imaginando…, hasta ya edades muy avanzadas. Son la memoria viva de la dura supervivencia en las montañas.

De la vida, memoria y ejemplo de los nativos, se deduce que tierra, aire, agua…, son tesoros que hay que mimar, conocer, dominar, en las montañas: la cultura del agua, la cultura del fuego, la cultura del viento, la cultura de las plantas, el cultivo de la tierra... Como lo es la vida comunitaria, lo mismo entre los propios vecinos, destinados a compartir los espacios todos los días por las caleyas, que la hospitalidad con los caminantes de paso, necesitados tantas veces de atención caminera entre los rigores de aquel clima la mayor parte del año.

Ni las nuevas tecnologías más sofisticadas, digitalizadas, informatizadas, hacen milagros para la mayoría, y menos para los habitantes de los poblados altos (las crisis recientes son el ejemplo). Los nativos de los pueblos, y cuanto más de montaña, más convencidos, nunca perdieron esa idea de que nadie da nada hecho ni gratis: desde el alba hasta el anochecer, desde la primavera hasta el invierno otra vez, la tierra produce lo que se trabaje (y ni siquiera siempre). Y siempre en buena vecindad y sentido comunaitario.

El cielo, aún con muchos rezos a santos y a santas venerados, sólo colabora con los más diligentes, si acaso, como recuerda el dicho: "Dios da muncho, pero más el cucho" (por cierto, culto y cucho, con la misma etimología, ‘cultivo, cuidado'). Lo que son las paradojas: por lo menos, en lo que dicen las palabras.

 
 

Lus arrieirus dil puertu
por Manuel Fernández Álvarez
(Manolo Román)

 
 

¡Ay Ilesina di Brañas,
quién ti viu, ya quién ti vía,
agüey tristi, sulitaria,
y, aintias tan cuncurrida,
cuando la xenti dil Puertu,
di abulengu la arrrería,
cun las suas recuas tchigaba
lus dumingus a la Misa.

Sieti yeran lus arrieirus;
diez machus cada un tinía,
sitenta, sitenta machus,
la flor di nuesa arriería:

Basiliu yal Pruvisor,
Tumasillu ya Cuatrinus,
cun Xuanillu ya Xipín,
y'Alunsín il di Basiliu.

Nuevi días di arriería;
nuevi pu las carriteras;
nuevi pa dir Madrí,
ya nuevi pa dar la vuelta.

Bien amuntáus in lus machus
cabalgan lus di pimera;
burra cumpleta il billeti,
qui bonus cien ríales cuesta.

A media burra caminan,
y, andan a media carrera,
lus di la sigunda clasi:
cincuenta rialis is tchevan.

Mediu camín van a pía,
ya van l'outru mediu andandu,
lus prubinus di tircera,
nu cochi di San Fimandu;

anqui si dalgunu cansa
ou si acasu si pón malu,
cualisquier qui va muntáu,
dexa'l sitiu pa muntalu.

Anda lixera la recua,
pus muy fuertis son lus machus;
tá atendíu il viaxeru;
lus arrieirus van cantandu;
ya'l pasar pu la Tsaciana
salin mozas a miralus;
etchus tamién las saludan,
pus cunócinsi dacuandu,
ya cantan aquél cantar
qui aprindierun nun séi cuando,
qui pul vatchi tsacianiegu
dexa'l ecu risunandu.

"MUCINAS DI TSACIANA
¿QUIÉN VUS MANTIENI?
¡LUS ARRIEIRUS DIL PUERTU
QUI VAN YA VIENIN!"

Pul vranu cun il calor,
ya pul iviernu cun nievi,
l'arrieiru trabatchador
camina tóu cuanto puedi;
y'al son di lus isquilonis
di la riata in filera,
cantan cun las ferraduras
lus machus na carritera.

Cuando tchegan a Ataquines
abri Francisca la Venta;

lus machus, piensu, ya cuadra,
la xenti, cama ya cena.

Fártansi tous bien a xieitu,
ya duermin a pierna suelta;
tsivántansi bien timpranu,
ya pónsi in marcha la recua.

Ya venga outra vez a andar,
inti bromas, ya inti fiestas,
pu lus campus castitchanus,
lus di las tierras enmensas.

Pur fin, entran nos Madrilis,
dil viaxe la ansiada meta,
ya hay fiesta, ya hay aligría,
y'abrazus di lus qui asperan.

Discargan las mircancías,
pus tamién incargus tchevan:
lus tsaconis, yal 'xamón,
ya dil samartín la prueba,
pa dir pu la Casa Campu,
ou pu la Fonti la Texa
lus dumingus pu la tardi
a fartasi bien di trabas.

Nuevi días di arrieiría,
nuevi pu las carriteras,
nuevi pa dir a Madrí,
ya nuevi pa dar la vuelta.

Pu lus campus castitchanus,
atchumdus por tsuna tcheaa,
vien cera pal Xuevis Santu,
ya turrón pa Nueitibuena.

Cuandu pur fin van tchigandu
a la tsazaniega tierra,
óisi outra vez il cantar,
qui ya fái muitu aprindieran:

"MUCINAS DI TSACIANA
¡QUIEN VUS MANTIENI?
¡LUS ARRIEIRUS DIL PUERTU,
QUI VAN YA VIENIN".

Ya tchegan a Tseitariegus,
iI puertu di súas quirencias;
fáin un un altu piquenu;
la recua bebi, ya meixa.

Infilan camín di Cangas,
comu final di la meta;
discargan homis, ya incargus;
cuémin arrieirus, ya recuas.

Fáinin cuentas dil viaxi,
a solas, xuntu a la recua,
ya inti la xenti, ya incargus,
a la ida y a la vuelta
sacanun onci mil riales,
dóus mil sieticientas "pelas",
qui tóas fónum pal Bancu,
pus tienin muy bien pur etchas.

¡Machus güelus d'INTERCAR,
ya güelas di ALSA las Recuas!
¡Ruedas in las cuatru patas,
patas in las cuatru ruedas!
¡Ay lus arrieirus dil puertul
¡Ay di Tsaciana las nenas!
¡Ay machus lus di lus tíus!
¡Quí tiempus, quí carriteras!

 
 

Información completa en el libro:
Las brañas asturianas,
un estudio etnográfico, etnobotánico y toponímico,

de Adolfo García Martínez, Matías Mayor y Xulio Concepción Suárez

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Rutas de Cangas del Cangas.
Universidad de Oviedo,
organización de Alfonso García Leal.

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