Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez


(foto de Antonio Álvarez)

Algo de madreñas:
mis recuerdos del oficio
desde Aguino y Pertsunes
.

por Antonio Álvarez Rodríguez

En cuanto a la fabricación de madreñas tengo recogidos al completo las labores y útiles que se usaban. Pero estamos hablando de 10.000 palabras, para hacerse idea del grado de detalle con que lo he redactado en mi libro somedano, El sentir de la memoria (en proceso de revisión y edición ahora).

A mis paisanos les encantó cuando lo leyeron, además introduzco comentarios muy personales sobre todo ello. Mucho sentimiento también.
Esa será la publicación larga, la que escribo para nuestros descendientes; en el futuro nos agradecerán ese detalle. No he leído a nadie que describa cómo se hace un par de madreñas con precisión; cómo coloca el madreñeru brazos, manos y piernas en cada gesto... De madreñas algo sé, porque no vi hacer otra cosa durante siete años; casi todo el año era lo que hacía mi padre.

Una y otra vez. Fue nuestra única tv de la infancia. Recuerdo aquellos gestos de mi padre, uno por uno: cada corte, cada gesto y cada golpe eran precisos, milimétricos y estudiados y repetidos miles de veces. Si alguien que no sabe se pone a ello, no lo consigue, porque cada gesto tiene su postura y su fuerza; ni te puedes pasar ni quedar corto; has de ser totalmente preciso. Parece fácil pero no lo es en absoluto.

 A modo de resumen, para mí las madreñas se componen de las siguientes fases: (extracto del texto en el libro)..


(foto de Antonio Álvarez)

 

Aponer

Para nosotros eso es poner las vacas al carro. O echar el grano a la moxega del molín; también graduar bien la distancia entre las muelas del molín, la volandera y la fija. Nada que ver con las madreñas- (Ana Cano opina lo mismo en su diccionario del bable de Somiedo).

Baltar:

Primera operación en el monte. Con el hacho de las madreñas, el machao, de mango mas pequeño que la bruesa de la leña y más ligero para manejarlo con una sola mano al dar forma a los tazos.

Hay que dar muchas vueltas al árbol para estudiar bien la caída y que no se esgace ( se fenda por donde no debe), o vaya a mancar a alguien. Primero se corta por donde va a caer un tramo y luego por el contrario, tiene que baltar con un golpe seco que corte de cuajo el corte. Normalmente cae hacia donde tiene el mayor peso de las ramas, el sur y a favor del terreno. Cuando baltan al revés es un problema serio.

Marcar

Una cuarta de hombre y alguna pulgada dependiendo del número de par que se quisiera hacer. Cuarta y pulgada etc… se marcaba dando un corte con el machao para iniciar más fácilmente la tronza.

Tronzar:

Con el tronzón, dos personas, normalmente en el suelo. Si el tronco era gordo daba dos madreñas por taco, sino una. Las muy gordas podían dar cuatro madreñas, pero de esas ya no quedaba ninguna. La parte del corazón es delicada porque raja, fende con facilidad.

Desbastar o mas bien esbastar:

Eliminar algo de la madera y dar una forma muy rústica al taco (el tazo) no se quita demasiado porque las podas son útiles en casa para la cocina. 

Entazar:

Ya en casa: preparar los tazos, tacos de madera preparados con el machao, el hacho de las madreñas. Tienen la forma tosca de la madreña. Se marcan los tacos, la boca y un corte sobre la boca. (ver foto) se hace sobre el mismo banco de azolar.

Azolar

Nosotros llamamos a  dar la forma final al exterior de la madreña con la zuela, dejarla lista para furar. Se hace encima del banco de azolar que es un gran tronco plano sobre cuatro patas abiertas, parradas, para que no baile. Mi padre abría incluso la boca de la madreña con el filo pequeño de la zuela. Preparar una madreña lleva un buen rato de zuela. El paisano se sienta a caballo del tronco y apoya la madreña contra la forma del banco que se ve rebajando de los golpes del hacho y de la zuela.

Como la madreña tiene postura, cada par tienes dos puestas, la derecha y la izquierda, algo combadas por fuera y más lisas y  paralelas por dentro. Ahí estaba la gracia del buen vestir de un par de madreñas, por la forma se conocía al madreñero.

Furar:

Vaciar la madera del interior de la madreña, sobre el banco (tronco horizontal con entatsadura para furar y dos tacos que se aprietan bien con el porro, a la altura cómoda para los brazos que trabajan de frente, pero ligeramente agachados para que al arquear el cuerpo ejerzas bien la fuerza y la controles mejor.

Sin ese control no podrás trabajar ni controlar bien lo que haces…)  se empieza con el porro y  la gubia, o mejor, haciendo un taladro vertical con el taladro pequeño, luego los taladros, normalmente tres, se empieza por el pequeno no vaya a romper la madreña.

Luego, el mediano y el grande para abrir bien la forma del pie. Con la mano se van sacando las podas del taladro.  A continuación se perfila con la Tsegra, también hay varias. Y por último se esboca con el cuchiellu de madreñero. Un cuchillo en pico, más ancho junto al mango y terminado en punta. Hay quien prefiere esbocar después de arraseirar, porque la madera ayuda mejor a formar la boca, forma que se da definitivamente con el raseiro.

Si esbocas primero es un riesgo grande porque luego igual te queda la boca torcida y sin forma. Con una regla de madera se comprobaba el par, un listón que lleva varias marcas, del 35 al 42, más menos.

El madreñero con mano sabia va acariciando la madera mientras fura, por dentro y por fuera para apreciar al tacto cuanta madera le queda y cuanto puede rebajar antes de romper. Yo lo hacía y llegas a saber con milímetros cuanto espesor tienes. Es lo primero que hago cuando compro un par. Comprobar que haya madera bastante para que no me rompan al primer retorzón del pie.

Arraseirar:

Sobre el banco de arraseirar, normalmente por la noche en la cocina,  con el raseiro y el bastrén, limpiar y perfilar definitivamente la madreña, primero con el rasero hasta dejar todo bien marcado, sobre todo tacos, boca y puntera.

Luego, el bastrén la afina quitando todas las marcas del raseiro y así hasta dejarla lista para el lijado que se hacía primero un raspado con el cristal (un trozo de cristal roto y colocado perpendicular a las marcas que vas a afinar), y la lija del cuatro, ni muy fina ni gorda. Estas labores nos tocaban a los niños y las mujeres. 

Por deformación infantil, yo no tiro ni un cristal roto, los guardo todos porque pasábamos mucha penuria buscando cristales para raspar. Ahora los uso para pulir los mangos. Son fantásticos.

En algunas casas se juntaban dos madreñeiros a arraseirar y hacían filandón mientras trabajaban.

Raseiro

Cuchillo con los extremos a modo de cuerno, por los cuales se agarra para arraseirar las madreñas.  (la definición es de Ana Cano, pero me gusta). Yo diría más bien cuchilla larga de media pulgada de ancho…, que se maneja en dos posturas, por debajo o por encima de las manos, según lo que estés haciendo con él.

Esbocar:

Era el remate que se hacía de la boca, una vez se terminaba con el bastrén.  Este remate se hacía con un cuchillo pequeño que cada madreñero tenía.
 
(Las que compras hoy en día suelen venir sin esbocar. Yo siempre llevo navaja para “esbocar” las que trae la gente por ahí y lo agradecen, porque sino rompe las zapatillas.)

 El cuchillo era artesanal, hecho por ellos mismos de un trozo de gadaño viejo. Bien templado pues cortaban como una barbera. Precisaban tener el lomo muy engrosado por eso se hacían con un gadaño, porque tienes que hacer mucha fuerza perpendicular al filo al cortar y si usas un cuchillo normal romperá el filo sin remedio.

Se coge bien firme con la mano vertical contra la boca y se ajusta cortando la madera en curva y  con el tino preciso para no fender la boca, al sen de la veta, nunca en contra.

Dibujar

Con los dibujadores: una pequeña gubia con un mango muy grueso en forma de pera que se fabricaba de un trozo de guadaña, un sacabocaos que se fabricaba de una ballena de un paraguas con su mango recto y un sacasuelas que también solía ser de un trozo de guadaña con un filo en forma de V, y un mango algo plano y mas ancho,  que permitía trazar surcos rectos y curvos de mayor  o menor profundidad. Todos estos los fabircaba y templaba el propio madreñero. Solo se dibujaban las de fiesta.

Barnizar

Con flate o con barniz negro.

Bastrén:

 

 

Especie de rasero plano para alisar la madreña y quitar las marcas de la zuela. El bastrén solo alisa, no sirve como el raserio para definir cantos y formas.  El raseiro se llevaba lo gordo, marcaba tacos boca y puntera,  el bastrén lo fino. Siempre a favor de veta, si vas en contra… ya sabes peladura y lío.  

Hay que graduarlo muy bien para que no se clave en la madera y la fastidie. Es delicado de manejar, como los peladores que venden los charlatantes en la plaza de Mieres los domingos. Requiere mucha práctica y maña. Yo no podría manejarlo con el garbo con que ellos lo hacían.

Mi padre se rió de la artrosis después de toda una vida con estos aperos entre las manos. No la dejó progresar. ¡¡Ahora quieren curarla con pastillas!!. Qué poco saben…

Porro

Taco de madera, cilíndrico, de una cuarta más o menos, con algo de forma cóncava y con un mango que lo atraviesa por el medio. Se usa para atascar bien los tornos que sujetan la madreña al banco y para golpear la gubia. Era un elemento de prestigio y cada madreñero gustaba de tener el suyo bien aparente. De roble mejor. De cierno puro para que no rompa al golpear.

Podas

Las virutas gordas que saca la zuela y el machao al desbastar. Eran muy útiles para el fuego una vez secas. Cuantas más mejor. Era lo más característico del suelo del taller, todo cubierto por una espesa capa de podas ¡como recuerdo yo ese mullido!, es lo que más me presta cuando parto la leña, preparar un buen podeiro y patear encima.

Ferrar

Poner clavos de ferreiro o tacos de goma con cinco puntas. Cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes, pero ya van muchas palabras…


(foto de Antonio Álvarez)

Ver relato de La Praviana


(foto de Antonio Álvarez)

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Ver blog de Antonio Álvarez:
Aguino y Perlunes.

http://aguinoyperlunes.blogspot.com.es

El léxico del madreñeru en otras zonas asturianas

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