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Las Glosas medievales:
San Millán de la Cogolla,
Silos, Valpuesta
.

A) El latín vulgar (hablado) frente al latín culto (escrito).

  • En principio, la palabra vulgar sólo significaba ‘popular, del pueblo llano', por lo tanto lo relativo al uso común hablado de la lengua.

  • Se llamaba latín vulgar o sermo vulgaris, al conjunto de dialectos que se fueron derivando del latín hablado en las distintas provincias del Imperio Romano: al tiempo que se iba extinguiendo el latín vivo, se iban desarrollando formas habladas con notables diferencias en cada región conquistada. El latín llevado por los soldados romanos a las distintas provincias, no era, ni con mucho, el latín escrito por Cicerón y demás escritores, el latín literario (artificial, cuidado, estilístico…).

  • Así, ya en el s. IX se puede hablar de lenguas romances tempranas, o lenguas románicas. Pero no había dos lenguas paralelas (un latín puro y uno vulgar), sino una sola lengua, el mismo latín vivo, en constante evolución, frente al latín clásico (que no se hablaba), el que se escribía en la administración, los juristas, los comerciantes, el ejército, la literatura… En definitiva, el que servía para las relaciones administrativas entre las diversas provincias del Imperio.

  • El latín hablado difiere bastante del latín escrito (el clásico) en su fonética (pronunciación), gramática, léxico… Es un proceso de cambio desde los mismos comienzos del Imperio hasta épocas tardías. Pero no hay documentos escritos que recojan la transcripción exacta del habla común de los usuarios. Sólo se pueden deducir por métodos indirectos, reconstruyendo rasgos comunes a distintas lenguas, donde se ven las diferencias del latín hablado al latín escrito. O a través de textos latinos que condenaban como errores ciertas pronunciaciones y usos del latín hablado en distintas provincias.

  • Este latín vulgar sólo se llegó a escribir muy tardíamente, después de seis o siete siglos de ser sólo hablado: hacia el s. III ya empiezan a perderse las declinaciones, por lo que el vocabulario y las concordancias gramaticales evolucionan, ya no se hacen como en latín.

  • Hacia el s. V, con la caída del Imperio Romano, debieron coexistir el latín hablado con un latín escrito (clásico), muy transformado ya, lejos de las normas literarias y más puristas del latín culto; los hablantes preferían escribir imitando a los clásicos (latín ya medieval), pero sin conseguirlo en absoluto; de modo que poco a poco en nada se parece ya al latín de los primeros siglos, ni en lo hablado ni en lo escrito. El latín medieval siguió escribiéndose un tiempo, paralelo a las lenguas romances.

  • En el s. IX (813) un Concilio decidió que el clero predicase en la lengua romance vernácula para que los fieles la entendieran, señal de que si el clero, los monjes..., hablaban en latín vulgar, ya no la entendían.

  • Allá por el s. IX, aparecen los primeros textos escritos: las glosas, los cartularios, las notas romances escritas en los márgenes de los libros latinos. Serían las futuras lenguas vernáculas, autóctones de cada provincia, cada región, cada nación después (Hispania, Francia, Romanía…). Lo que fue la Romania, de donde las lenguas románicas. El Cantar de mio Cid se considera el texto primero más amplio, en el que ya difiere con claridad una lengua romance respecto al latín vulgar procedente de Roma.

  • La documentación escrita en latín vulgar es muy escasa hasta el s. IX, y sólo se encuentra muy aislada para referirse a ciertas innovaciones gramaticales en textos del latín tardío, de los que sólo se conservan algunos ejemplos de errores que dan a entender cómo se hablaba ya en esos siglos, con diferencias respecto al latín escrito:

    • en el s. IV, en un texto llamado Peregrinatio Aereteriar, de una monja galaica que relata un viaje a Palestina;

    • o en las obras de San Gregorio de Tours.

  • Nacen los dialectos romances del latín hablado. En las distintas provincias del Imperio se sigue hablando de manera diferente, en cada una sus variantes, respecto al mismo latín: desde el s. IX van surgiendo, entonces, el castellano, el francés, el italiano, el catalán, el gallego, el portugués... Al tiempo que se surgen diferencias muy notorias, el latín vulgar va desapareciendo, y apareciendo una lengua romance en cada región, marcada con sus localismos propios (fónicos, léxicos, sintácticos...).

B) Glosas Emilianenses.

Textos de las glosas Emilianenses

a) en navarro-aragonés original (variante riojana), traducidos del latín vulgar:

"Con o aiutorio de nuestro dueno Christo, dueno salbatore, qual dueno get ena honore t qual duenno tienet ela mandatione con o patre con o spiritu sancto en os sieculos de lo siecu los. Facanos Deus Omnipotes tal serbitio fere ke denante ela sua face gaudiosos segamus. Amen"

b) en un castellano actual, aproximado

"Con la ayuda de nuestro Señor Don Cristo Don Salvador, Señor que está en el honor y Señor que tiene el mandato con el Padre con el Espíritu Santo en los siglos de los siglos. Háganos Dios omnipotente hacer tal servicio que delante de su faz gozosos seamos. Amén" .

  • Con unas anotaciones a mano a finales del s. X o comienzos del XI, entre líneas o en los márgenes de algunos pasajes del códice latino Aemilianensis 60. La intención del monje copista sería la de aclarar el significado de algunos pasajes del texto latino, que ya no entendía del todo. Por esto, va traduciendo más o menos las palabras al romance de aquella época entre el pueblo llano de estas zonas (La Rioja, Burgos, Navarra…).

  • En algunas glosas se trata de un latín coloquial, muy evolucionado ya, intermedio entre el latín vulgar y el romance hispánico. Estas glosas serían el testimonio escrito más antiguo en el dialecto romance peninsular, con pocas variantes entonces de unos a otros (riojano, navarro, leonés, aragonés…): la lengua que ya hablaba el pueblo (agricultores, comerciantes…).

  • Forman un conjunto de más de 1000, de las cuales unas 100 están en romance navarro-aragonés, en su variedad riojana.

  • El nombre se debe a que fueron compuestas en el Monasterio de San Millán de la Cogolla, La Rioja, entonces parte del Reino de Navarra, en la zona en la que surgiría el castellano dos siglos después.

  • En principio, se había creído que estas glosas suponían el primer documento escrito en lengua castellana, pero resulta que en realidad estaban redactadas en el romance navarro-aragonés en su variedad riojana. Pero se encontraron textos castellanos más antiguos: los Cartularios de Valpuesta, con rasgos castellanos y leoneses, así aceptados por la Real Academia Española.

B) Glosas Silenses.

  • Fueron encontradas en el monasterio de Santo Domingo de Silos (Burgos).

  • Son también comentarios en lengua romance peninsular, realizados por copistas medievales en los márgenes de un texto en latín, a finales del s. XI, con la finalidad también de aclarar los contenidos que no entendían. No obstante se supone que estas glosas eran copia de una versión anterior, tal vez del mismo texto de las Glosas Emilianenses.

  • Forman un total de 368 glosas, anotaciones manuscritas, con términos en romance que sustituyen a los términos latinos: aparece, por ejemplo, manducaret (por deuorandum), kematu siegat (igni comburatur), qui non sapiendo (por ignorans ), luenge stando (por absente), agueros (por auguria), qui facen (por exercent), non conbienet (por non liceat), mulieres (por coniuges), aya (por habeat), sotare (por saltare), manducaret (por ederit)…

C) Cartulario de Valpuesta.

Textos del Cartulario de Valpuesta, año 844:

a) en romance castellano antiguo, traducido del latín vulgar:

« ...in loco que uocitant Elzeto cum fueros de totas nostras absque aliquis uis causa, id est, de illa costegera de Valle Conposita usque ad illa uinea de Ual Sorazanes et deinde ad illo plano de Elzeto et ad Sancta Maria de Uallelio usque ad illa senra de Pobalias, absque mea portione, ubi potuerimus inuenire, et de illas custodias, de illas uineas de alios omnes que sunt de alios locos, et omnes que sunt nominatos de Elzeto, senites et iubines, uiriis atque feminis, posuimus inter nos fuero que nos fratres poniamus custodiero de Sancta Maria de Valle Conpossita... ».

b) en castellano actual aproximado:

«...en el lugar que llaman Elicedo con fueros de todas las nuestras excepto alguna causa de fuerza, esto es, de la costera de Valpuesta hasta la viña de Val Sorazanes y de allí al llano de Elicedo y a Santa María de Vallejo hasta la sierra de Pobalias, excepto mi parte, donde habremos podido encontrar, y de los puestos de guardia, de las viñas de otros hombres que son de otros lugares y hombres que llaman de Elicedo, viejos y jóvenes, varones y hembras, hemos puesto entre nosotros fuero que nosotros hermanos pongamos guardián de Santa María de Valpuesta...»

  • Los Cartularios de Valpuesta (Burgos) son unos documentos del s. XII que, a su vez son copias de otros documentos anteriores; algunos ya se remontan al s. IX, según parece, aunque se duda de la autenticidad de muchos de ellos, pues parece que fueron falsificados.

  • Están escritos en un latín vulgar muy tardío, que podría ser el romance primitivo hispánico más antiguo, coincidente con la variedad del castellano en esa zona de Burgos.

  • En 2010, la Real Academia Española, avaló los cartularios como los primeros documentos en los que aparecen palabras castellanas, anteriores, por tanto, a las Glosas Emilianenses.

  • Los Cartularios de Valpuesta, llamados Gótico (escrito en letra gótica) y Galicano (escrito en letra galicana o carolina), son documentos latinos referentes al Monasterio de Santa María de Valpuesta, con textos fechados desde el año 804 al 1200, cuando ya aparecen textos escritos en pleno romance castellano.

  • Su valor está en que estos documentos recogen la confusión que existía a la hora de escribir, al tener que adaptar el sistema latino (fónico, gráfico, gramatical…), a los nuevos sonidos romances

  • Como rasgos de estos cartularios hay que destacar:

    • Ya hay diptongación de los vocales latinas /e, o breves/, con el resultado castellano parecido al actual: pelle > pielle; foros > fueros.

    • Pérdida de vocales átonas interiores: elicetum > Elcedo (Alcedo actual); fraxinum > fresno.

    • Sonorización de consonantes sordas intervocálicas latinas: capitia > cabeza.

    • Desarrollo de consonantes palatales y sibilantes a partir de grupos consonánticos latinos con yod: vinea > vinga; puteu > poço.

    • Desaparición de las declinaciones latinas con uso generalñizado del acusativo terminado en -m.

    • Aparecen las preposiciones en sustitución de los casos latinos.

    • Se forma el plural romance en -s: sos sobrinos.

    • Aparece el artículo a partir del demostrativo latino: ella > la.

    • Se van creando formas verbales: ba, son, pertenez...

    • Aparece ya un orden sintáctico castellano (Sujeto + Verbo + Complementos...), frente al orden latino que ponía el verbo al final de la oración.

  • Como rasgos específicos del romance castellano frente a otros romances, los Cartularios tienen otras características:

    • Reducción del diptongo -ie- amte palatal: noviello > novillo.

    • Reducción de los ditongos decrecientes: carreira > carrera.

    • Pérdida de f- inicial: Felix > Heliz.

    • Palatalización de diversos grupos consonánticos: tecta > techa...

En conclusión, el primer testimonio escrito del castellano ya no se consiera en los documentos de los Glosas Emilianeneses y Silenses (s. XI), sino en el Cartularo del Monasterio de Valpuesta, casi dos siglos antes (s. IX). Y ya no se considera La Rioja cuna del romance castellano, sino Burgos. Así lo había mencionado Ramón Menéndez Pidal, décadas atrás; y así lo reconoce hoy la Real Academia Española de la Lengua.

(Más información en Wikipedia y otras webs).

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Xulio Concepción Suárez

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