Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

 

Historia de una escalera
Antonio Buero Vallejo.

Representación por los alumnos/as
de 2º Bachillerato, A.
Dirección de Miguel
IES Benedicto Nieto. Lena.

.

Queridos espectadores, en especial el único que hay, nuestro querido profesor de Lengua Castellana y Literatura, Julio. He aquí la representación de la obra del bueno de Antonio Buero Vallejo, "Historia de una escalera", representada por los alumnos de 2º de Bachillerato, grupo A. Está claro que no va a salir como si la hiciesen un grupo de actores profesionales. Está claro que no va a salir como el bueno de Buero Vallejo querría. Pero has de tener algo claro, va a ser mejor que cualquiera que puedas imaginar. Sin más miramientos, he aquí dicha representación, esperemos que le guste.

1. Dirección y organización:

2. Reparto de personajes:

a) en el primer acto veremos a:

b) en el segundo acto veremos a:

c) en el tercer acto veremos a:

Para finalizar, como presentador, este humilde “speaker": Carlos.

3. Algunas escenas

COBRADOR.- La luz. Dos sesenta. La luz. Cuatro diez.

GENEROSA.- ¡Dios mío! ¡Cada día está más caro! No sé cómo vamos a poder vivir.

PACA.- ¡Ya, ya! ¿Es que no saben otra cosa que elevar la tarifa? ¡Menuda ladronera es la Compañía! ¡Les debía dar vergüenza, chuparnos la sangre de esa manera! ¡Y todavía se ríe!

COBRADOR.- No me río, señora. Buenos días. La luz. Seis sesenta y cinco.

PACA.- Se ríe por dentro. ¡Buenos pájaros son todos ustedes! Esto se arreglaría como dice mi hijo Urbano: tirando a más de cuatro por el hueco dela escalera.

COBRADOR.- Mire lo que dice, señora. Y no falte.

PACA.- ¡Cochinos!

[...]

DON MANUEL.- Hija mía, algunas veces no me respetas nada.

ELVIRA.- Pero te quiero, que es mucho mejor. ¿Me harás ese favor?

DON MANUEL.- Depende...

ELVIRA.- ¡Nada, me lo harás!

DON MANUEL.- ¿De qué se trata?

ELVIRA.- Es muy fácil, papá. Tú lo que necesitas no es un yerno rico, sino un muchacho emprendedor que lleve adelante el negocio. Pues sacas a Fernando de la papelería y le colocas, ¡con un buen sueldo!, en tu agencia. ¿Concedido?

DON MANUEL.- Pero, Elvira, ¿y si Fernando no quiere? Además...

ELVIRA.- ¡Sorda!

DON MANUEL.- Ese Fernando os tiene sorbido el seso a todas porque es el chico más guapo de la casa. Pero no me fío de él. Supónte que no te hiciera caso...

ELVIRA.- Haz tu parte, que de eso me encargo yo...

DON MANUEL.- ¡Niña!

[...]

FERNANDO.- Carmina.

CARMINA.- Déjeme...

FERNANDO.- No, Carmina. Me huyes constantemente y esta vez tienes que escucharme.

CARMINA.- Por favor, Fernando... ¡Suélteme!

FERNANDO.- Cuando éramos chicos nos tuteábamos... ¿Por qué no me tuteas ahora? ¿Ya no te acuerdas de aquel tiempo? Yo era tu nivio y tú eras mi novia... Mi novia... Y nos sentábamos aquí, en este escalón, cansados de jugar..., a seguir jugando a los novios.

CARMINA.- Cállese.

FERNANDO.- Entonces, me tuteabas y... me querías.

CARMINA.- Era una niña... Ya no me acuerdo.

FERNANDO.- Eras una mujercita preciosa. Y sigues siéndolo. Y no puedes haber olvidado. ¡Yo no he olvidado! Carmina, aquel tiempo es el único recuerdo maravilloso que conservo en medio de la sordidez en que vivimos. Y quería decirte... que siempre... has sido para mí lo que eras antes.

CARMINA.- ¡No te burles de mí!

FERNANDO.- ¡Te lo juro!

CARMINA.- ¿Y todas... ésas con quien has paseado y... que has besado?

FERNANDO.- Tienes razón. Comprendo que no me creas. Pero un hombre... Es muy difícil de explicar. A ti, precisamente, no podía hablarte..., ni besarte... ¡Porque te quería, te quería y te quiero!

CARMINA.- No puedo creerte.

FERNANDO.- No, no. Te lo suplico. No te marches. Es preciso que me oigas... y que me creas. Ven. Como entonces.

CARMINA.- ¡Si nos ven!

FERNANDO.- ¡Qué nos importa! Carmina, por favor, créeme. No puedo vivir sin ti. Estoy desesperado. Me ahoga la ordinariez que nos rodea. Necesito que me quieras y que me consueles. Si no me ayudas, no podré salir adelante.

[...]

URBANO.- Fernando.

FERNANDO.- Hola. ¿Qué quieres?

URBANO.- Un momento. Haz el favor.

FERNANDO.- Tengo prisa.

URBANO.- Es sólo un minuto.

FERNANDO.- ¿Qué quieres?

URBANO.- Quiero hablarte de tu hijo.

FERNANDO.- ¿De cuál de los dos?

URBANO.- De Fernando.

FERNANDO.- ¿Y qué tienes que decir de Fernando?

URBANO.- Que harías bien impidiéndole que sonsacase a mi Carmina.

FERNANDO.- ¿Acaso crees que me gusta la cosa? Ya le hemos dicho todo lo necesario. No podemos hacer más.

URBANO.- ¿Luego lo sabías?

FERNANDO.- Claro que lo sé.

URBANO.- Lo sabías y te alegrabas, ¿no?

FERNANDO.- ¿Que me alegraba?

URBANO.- ¡Sí! Te alegrabas. Te alegrabas de ver a tu hijo tan parecido a ti mismo... De encontrarle tan irresistible como lo eras tú hace treinta años.

FERNANDO.- No quiero escucharte. Adiós.

URBANO.- ¡Espera! Antes hay que dejar terminada esta cuestión. Tu hijo...

FERNANDO.- Mi hijo es una víctima, como lo fui yo. A mi hijo le gusta Carmina porque ella se le ha puesto delante. Ella es quien le saca de sus casillas. Con mucha mayor razón podría yo decirte que la vigilases.

URBANO.- ¡Ah, en cuanto a ella puedes estar seguro! Antes la deslomo que permitir que se entienda con tu Fernandito. Es a él a quien tienes que sujetar y encarrilar. Pues es como tú eras: un tenorio y un vago.

[...]

CARMINA.- ¡Eso! ¡Un cobarde! ¡Eso es lo que has sido siempre! ¡Un gandul y un cobarde!

URBANO.- ¡Tú cállate!

CARMINA.- ¡No quiero! Tenía que decírselo. ¡Has sido un cobarde toda tu vida! Lo has sido para las cosas más insignificantes... y para las más importantes. ¡Te asustaste como una gallina cuando hacía falta ser un gallo con cresta y espolones!

URBANO.- ¡Métete para adentro!

CARMINA.- ¡No quiero! Y tu hijo es como tú: un cobarde, un vago y un embustero. Nunca se casará con mi hija, ¿entiendes?

[...]

CARMINA HIJA.- ¡Te necesito, Fernando! ¡No me dejes!

FERNANDO HIJO.- ¡Pequeña! Carmina, voy a empezar en seguida a trabajar por ti. ¡Tengo muchos proyectos! Saldré de aquí. Dejaré a mis padres. No los quiero. Y te salvaré a ti. Vendrás conmigo. Abandonaremos este nido de rencores y brutalidad.

CARMINA HIJA.- ¡Fernando!

FERNANDO HIJO.- Sí, Carmina. Aquí sólo hay brutalidad e incomprensión para nosotros. Escúchame. Si tu cariño no me falta, emprenderé muchas cosas. Primero me haré aparejador. ¡No es difícil! En unos años me haré un buen aparejador. Ganaré mucho dinero y me solicitarán todas las empresas constructoras. Para entonces ya estaremos casados... Tendremos nuestro hogar, alegre y limpio..., lejos de aquí. Pero no dejaré de estudiar por eso. ¡No, no, Carmina! Entonces me haré ingeniero. Seré el mejor ingeniero del país y tú serás mi adorada mujercita...

CARMINA HIJA.- ¡Fernando! ¡Qué felicidad!... ¡Qué felicidad!

FERNANDO HIJO.- ¡Carmina!

4) Crítica de Victor Retortillo y Rubén Tuñón

Esta es la crítica hacia la obra de teatro Historia de una escalera que los alumnos de 2º de Bachillerato grupo A han realizado. A continuación, la crítica uno a uno, destacando tanto los puntos negativos como los positivos, además de recibir una puntuación individual. Así pues, comencemos:

Ver representación de 2º B

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