Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

"Al pasar la barca,
me dijo el barquero:
las niñas bonitas
no pagan dinero.

-Yo no soy bonita,
ni lo quiero ser:
arriba la comba,
una dos y tres".

(muy popular)

 


(foto de Gloria Muñiz Prieto)

 
Los xuegos asturianos:
definición
(páxina en sus comienzos...)

Sabido es que los juegos en los pueblos fueron siempre didácticos, educativos, pero especialmente en aquellos de montaña, lejos de otras actividades atractivas para entretener a los niños y a las niñas por las tardes fuera ya de la escuela, en las fiestas, por las noches, o en los inviernos siempre mucho más largos que en las villas y ciudades.

En cada zona asturiana prevalecen unos juegos más que otros, aunque hay unas coincidencias básicas: todos pretenden desarrollar la habilidad personal y colectiva, el ingenio, la perseverancia, la intuición, la observación, la capacidad de aventura y de riesgo... Y siempre imitando un poco los trabajos de los padres y los güelos (ellos); o de las madres y las güelas (ellas). Pero la mayoría eran juegos comunes a mozacos y mozacas, por lo menos desde hace ya unas cuantas décadas atrás.

Se añade una nota principal: la mayoría de los juegos había que fabricarlos, antes de poder xugar: había que buscar los materiales, trabajarlos a mano, construirlos por piezas... O simplemente, buscar un utensilio casero que sirviera pa xugar: una cuerda, la lata, una teya, una panoya, las barbas del maíz... En unos casos, los hacían antes los padres o las madres, hasta que aprendieran a facelos los guajes...

En fin, la didáctica lúdica al completo: un desarrollo de la mente y de las manos, siempre a partir de lo aprendido de sus mayores o de lo escuchado a otros que llegaran de otros pueblos. Sirvan unos cuantos ejemplos para empezar.

alzo la maya
  • Se designa a uno o a una para quedarse por suerte con la maya: un pañuelo, una gorra..., que se coloca en el suelo o sobre un bancu, pareón... El resto de guajes y guajas se esconde tras un árbol, en una corripa, detrás de una esquina..., siempre más o menos próxima con el objetivo de sorprender antes al que tenía la maya.

  • El que se queda (el de la maya) tiene que ir descubriendo a uno, al tiempo que dice: ¡alzo la maya por Pepín, por María...! Y entonces ése o ésa lo sustituye: se queda en la maya. Pero si uno es capaz de llegar a la maya (al pañuelo) en un momento de descuido del otro, dice ¡alzo la maya por todos!, y se acaba el juego, ya que el designado para ello no fue capaz de defender la maya. Se comienza de nuevo.

aro y gancheta, l'
  • El aro y la gancheta es tal vez uno de esos juegos más sencillos, divertidos y completos que nos podíamos imaginar entonces. Un simple aro de alambre grueso o de fierro, en el mejor de los casos, con un diámetro muy variado según la edad y el tamaño del guaje. El aro lo hacía el ferreru, o el padre, el güelu...

  • La gancheta, de alambre también, y con una pequeña empuñadura de madera los más curiosos, tenía abajo un pequeño encaje rectangular para que encajara el aro. La gancheta la hacía también el padre, el güelu, o el rapaz, si ya era un poco mayor y curiosu; el mangu ya era más fácil de reponer, pues sólo había que taladrar un poco con un hierro caliente cuando se rompía o se flojaba.

  • Las posibilidades del juego eran relativamente muchas: la más frecuente las carreras, colectivas o individuales. Bastaba con coger el aro, enderezarlo con la gancheta, y a dar vueltas por los caminos del pueblo a la mayor velocidad posible, con el único objetivo de sortear piedras y barros para que nos e viniera al suelo. El chaval se entretenía, se concentraba, alardeaba un poco ante los posibles transeúntes, se entrenaba para las competiciones... Incluso hacía los recaos y encargos más contento y rápido: se imaginaba que iba en bicicleta, en moto...

  • Luego estaban las competiciones dentro del pueblu, de un pueblu con el vecino rival, el salto sobre una tabla, las peripecias para pasar sin caer por un tablón sobre el regueru, una charca, el río... En fin, el desarrollo de unas habilidades o malabarismos hoy traducidos a tantas otras formas: la tabla, el monopatín... El juego como desarrollo sano del ingenio entonces.

bolos, los
  • Los niños ya un poco mayorinos participaban de los bolos, aunque ya era juego de mozos. Muchas modalidades por toda Asturias, entre Peñamellera y Vegadeo, por lo que no resulta fácil una síntesis aquí. El Museo de los Bolos de Panes, abierto desde hace algún tiempo, es todo un ejemplo de la importancia de este juego en los pueblos asturianos hasta estos mismos días

  • Hay bolos de Peñamellera, del Cabu Peñas, de Luarca, de Navia, de Tinéu, de Agones (Pravia), Debaxubolu, Boluvaqueiru, Pasadiez, Bolu celtaÖ Harían falta muchas páginas para tantas descripciones.. Todos ellos más o menos ya en internet.

  • En todos los casos (con bolos altos o bajos, con bola entera o partida) la gracia estaba en la concentración, la puntería, la fuerza, la estrategia..., a la hora de decidirse por unas jugadas o por otras. Al otro lado de estas montañas, en las regiones vecinas, el juego se enriquece con otras modalidades. Mucha bibliografía, páginas web, folletos..., que definen cada una de las variantes, por lo que no hace falta apurar más explicaciones en esta reducida tabla. Muchas páginas en internet.
cabras de
Xuan Barbero, las
  • Era una especie de juego, casi a medias con el cuento, la música, la magia..., con el que la güela o el güelu intentaban dormir a los nietos más pequeños, después de cenar, y sobre todo en el invierno: días muy pequeños, noche ya a las siete de la tarde... No había tele, xuegos electrónicos... Los guajes nun taban cansaos, se aburrirían, y sólo a base de cuentos, leyendas, xuegos..., acabarían dormiéndose entre los brazos de los padres o los güelos. Tal vez se durmieran escuchando el rosariu diariu, tamién...
    • "Las cabras de Xuan Barbero
      toaas van por aquel regueru:
      la pinta lleva el collar,
      la blanca lleva'l cencerru.

      Los gatos van pe las vigas
      comiendo las llonganizas:
      comiendo pe las meyores,
      dexando pe las más ruinas".

  • Unos necesitaban más tiempo y otros menos, pero en varios minutos se iban quedando dormidos, repetidas las estrofas unas cuantas veces, al tiempo que la güela pasaba un dedo suavemente alrededor de la cara del niño (siempre girando en el mismo sentido). En otras ocasiones güelos y nietos hacían giros paralelos con los dedos, al tiempo que cantaban entre ambos. En fin, la literatura oral en su tiempo: imprescindible entonces también, y tan lejos de otros planes de lectura todavía.
castro, el
cascayu, el
casqueyu, el
tángana, la
racha, la
  • Era muy popular, pues concentraba mucho público infantil expectante a contemplar las habilidades de uno o una con la tángana (pequeña piedra plana) a los pies.

  • Tenía muchas modalidades de unas zonas a otras, desde los más sencillos (un rectángulo con 6-8 divisiones), hasta complicadas casillas asimétricas por las que había que ir saltando alternativamente, siempre lanzando por delante la tángana con la punta del pie.

  • Los cuadros interiores estaban numerados desde el 1 al 12, por ejemplo. Siempre a la patita coja, se colocaba la tángana en el 1, se empujaba con habilidad al 2, y allí saltaba el niño o niña. Así había que llegar hasta el final para lanzarla fuera definitivamente, y siempre de un sólo golpe entre un cuadro y otro. En otro caso, se perdía, y pasaba el siguiente.

  • Además había unas reglas: ni la tángana ni el pie podía pisar las rayas. Y, si el castro era largo, sólo se podían apoyar los dos pies en un rectángulo mayor llamado descanso.

chantar, a
pinchu, el
  • En asturiano, chantar, en realidad tsantar, llantar, es 'plantar algo, espetar algo fuertemente en el suelo'. Aplicado al juego, describía la circunstancia de tener que hincar fuertemente una espada de madera en el terreno, de forma que al intentar el otro tumbarla con el golpe de la suya, no fuera capaz de ello.

  • El juego consistía en unas espadas de madera fuertes y bien puntiagudas (podían competir unos cuantos), como de unos cuarenta cm de largas, que uno espetaba primero en un suelo más bien húmedo, suave, sin piedras. Se escogía un prau, una campa en las afueras del pueblo... El que tiraba primero, ganaba si nadie tumbaba su espada bien entallada. Si el segundo la tumbaba, cogía la del primero y la lanzaba todo lo lejos que pudiera, de forma que el dueño tardara el mayor tiempo posible en volver con la espada en la mano. Al tiempo pide un número de veces (5, 10...) que calcula tendrá tiempo a plantar su punchu en el suelo.

  • Mientras el vencido va y viene a toda prrisa, el vencedor procura chantar la espada antes de que el otro vuelva y chante la suya. Si éste lo consiguiera, se invierten los términos y es él que lanza la del otro.

  • Ganaba el que antes consiguiera plantar la espada el número de veces convenido, y con un número más alto. Había que tener fuerza, habilidad, rapidez, seguridad con la espada...
comba, la
  • Era uno de los juegos al alcance de todos y de todas en los pueblos o en los praos, por el monte, en los puertos por el verano, o en el patio de casa en pleno invierno y nevando... Sólo hacía falta una cuerda: un ramal de los animales, de la yerba... Y ya estaba el juego con todos sus mecanismos para empezar. También se usaban los viluertos: esas ramas tan flexibles y largas al alcance de la mano en cualquier xebe.

  • Dos niños o niñas cogen la cuerda por los extremos y empiezan a voltearla a la par, de forma que los otros jugadores vayan saltando cuando roza el suelo. Hay muchas modalidades según los malabarismos que esté dispuesto cada participante. En todo caso, ni hay que tocar la cuerda, ni puede quedar trabada entre los pies, ni puede tocar la cabeza, puede ir a mucha velocidad o más lenta...

  • Todo dependía también de la edad de los participantes. Pero casi siempre se acompañaban los saltos con alguna canción. Es muy conocida la de "Al pasar al abrca, me dijo el barquero..."

cucurrabucu, el
trambucacho, el
  • Era uno de los juegos más frecuentados en el monte, por los praos a la yerba..., pues no necestita absolutamente de instrumento alguno: es el trambucacho de otras zonas más occidentales.

  • Consiste en colocarse en lo alto de una pendiente más o menos marcada, concentrarse un poco, agacharse, meter todo lo posible la cabeza entre las rodillas casi juntas, cruzar los brazos delante de las piernas, o detrás de la nuca (según habilidades), y lanzarse cuesta a bajo contando vueltas.

  • Los demás estaban atentos mirando y contando las volteretas hasta que cayera de lado y se interrumpiera la trayectoria. Ganaba en que más resistiera, con un ligero mareo tras el descenso.

chapas, las
  • Fue uno de los juegos más comunes por los años 50, cuando comenzaban a extenderse los medios de comunicación: las competiciones ciclistas de los mayores se traducían a las de los más pequeños en la carretera también, pero no sobre ruedas, sino sobre chapas (las tapas de las botellas: fanta, kas...).

  • La imaginación popular de los mozacos fuía al ritmo de los tiempos. Como casi nadie pordía disfrutar de una bicicleta (sólo los más pudientes), la mayoría buscaba la forma de traducir el ciclismo a reposadas competiciones sentados o tirados a la larga por las mismas carreteras ya asfaltadas. Se trazaba una imaginada carretera con tiza sobre el asfalto: más o menos larga (4-6 m...), unos 12 cm de ancha, y con abundantes curvas que alternaban con rectas de un par de metros.

  • La gracia estaba en llegar el primero, con el mismo número de tiradas con los dedos, pero habiendo aprovechado mejor las tiradas: sin salirse de las rayas. El problema eran las curvas: se procuraba ajustar bien por la tangente de la curva, pero no tanto para que la cortara (que atayara); si la chapa salía entera de la raya, la tirada no valía, y la chapa no avanzaba y volvía al mismo punto. Así se iba quedando atrás, y habría que recobrar espacio en las rectas; si allí también la chapa se salía, todavía uno se quedaba más atrás. Los otros ganaban terreno. Ganaba el que con las mismas tiradas hubiera aprovechado mejor las curvas y las rectas: todo era cuestión de tino, de tiralinias casi, de pulso y ojo, de riesgos en el lanzamiento hasta con rosca de la chapa.

  • Las chapas se escogían de las botellas, pero tenían que estar impecables: sin deformar, lisas por la cara prinmcipal, sin abollones, sin la marca del abridor. Por la cara interior se quitaba el corcho o el plástico y en su lugar se colocaba recortada la cara del ciclista preferido, con el que uno se identificaba: Bahamontes, Loroño, Fausto Coppi... Ello obligaba también a estar al día de los periódicos, la radio, las vueltas ciclistas... Otra forma de juego con plan de lectura incluido a su modo y para su tiempo.

cuatro esquinas, las
  • Era un xuegu propio de los meses del invierno, cuando había que xugar en casa por el mal tiempu, porque los días son pequeños, no había tele... Pero nadie se aburría. Un niño o niña designado a suertes entre cinco, se queda en el centro de una habitación o en el patio, mientras los otros cuatro se colocan uno en cada esquina.

  • El juego comienza con el intercambio de puestos en las esquinas: todos pueden cambiar de sitio con tanta rapidez y sorpresa como puedan, de forma que el que está en el medio no pueda ocupar su puesto. En ese caso, pierde el que se estaba cambiando y se coloca él o ella en el centro.

cucaña, la
  • La cucaña es en asturiano un madero largo, delgado y flexible, pero fuerte, de modo que se pueda balancear, pero nunca llegar a romperse. Puede tener unos 25 cm en la base y unos 6-8 m de largo, aunque varía mucho según la zona, el tipo de arbolados, la competencia entre los pueblos vecinos...

  • Se pela el palo y se unta bien con jabón, sebo, unto, grasas diversas... Se coloca un premio en el puntal cimero (muy variados estos premios), se levanta sobre una poza, si es que no está ya fijo de otros años, y empiezan los mozos a trepar. El primero que logre subir al final sin haberse deslizado antes esguilando, se lleva el trofeo.

estiragomas, el
gomeru, el
  • Era otro de los ingenios tan populares como sencillos a la hora de inventase sobre la marcha un xuegu: se buscaba una pequeña forqueta de madera, a ser posible de roble, espinera, fresnu..., pues eran las más seguras por resistentes. Lo más difícil era conseguir las gomas: se apreciaban especialmente las cámaras de aire de las bicicletas, pues eran las más finas y resistentes al tiempo.

  • Se cortaban con tino dos tiras uniformes, como de unos 2 cm de anchas y 30, 40 cm de largas, según los brazos del zagal. Se preparaba una correa para encajar la pequeña piedra a modo de bala, se ataban las gomas a los dos gajos de la forqueta y a los dos agujeros de la correa, y estaba lista una carabina tan elemental.

  • El estiragomas servía sobre todo para las competiciones: se colocaba un objetivo sobre una pared con un fondo vacío detrás, de manera que no pasara alguien por el camino; se establecían los tamaños de los botes o las botellas, para los niveles de dificultad; se marcaban unas distancias, y se comenzaba a tirar por turnos, apuntando los aciertos de cada uno. Al final se establecían los ganadores en cada modalidad.

  • En otras ocasiones, el gomeru, una vez entrenados en la competición, servía para cazar páxaros, en la tardes de los domingos con poco que facer: en general, muy pocos, o ninguno, pues los páxaros yeran mucho más listos y rápidos que los mozacos; nunca esperaban posaos como los botes y las botellas, claro... Sólo quedaba la ilusión de espiar y correr tras los páxaros, menos mal...

figos, los
  • Para xugar en las caleyas de los pueblos, la mayoría sólo disponía de lo que tenía alrededor: por ejemplo, en verano, de los figos. Cuando empezaban a botar por las figares, se xugaba a los figos.

  • El juego, tan sencillo como al alcance de todos: cada uno se montaba su ganadería imaginaria mirando pa la figar. Calculaba su importancia como ganadero y comezaba a cortar figos mayores o menores: tantos grandes, pa vacas; uno muy grande, el toro; varios medianos, las magüetas; otros más pequeños, los xatos y las xatas; algunos muy pequeñinos, los tarrales recién nacíos...

  • Pero la gracia no terminaba ahí: había que ponerles patas, rabo, cabeza, ojos... Y la cosa podía complicarse y llevar su tiempo: los había muy hábiles que dejaban unos figos que parecían una ganadería en miniatura, pero de verdad, alineada a los pesebres, esparcida por supuestos praos cerrados con xebes... Toda una mañana o una tarde tirados en algún rincón del pueblo, en la plaza la iglesia, ante la escuela..., imaginando una ganadería al completo.
fueyas de carrascos, las
  • Eran algo parecido al juego con el recurso de los figos, pero ahora en el puerto, cuando los guajes subían con los güelos a las cabañas en el tiempo de las brañas. A este hecho alude de paso Luis el de Piñera Baxo, quien recuerda haberlo practicado bien en las brañas de L'Ablanea siendo guaje. Lo cuenta en uno de sus escritos en esta misma página.

  • Mientras los mayores trabajaban en las faenas de la braña (facían madreñas, cestos, xugos...), los mozacos de seis, ocho... años, para no aburrirse entre otras cosas, jugaban a las vacas. Se acercaban a un carrascal (o acebal), tomaban unas cuantas hojas verdes de tamaños diversos, y las clasificaban en relación con el ganao: la mayor, el toro; las grandes, las vacas; las medianas, las magüetas... Las más pequeñas, los xatinos...

  • Sin duda se entusiasmaban los mozacos y mozacas a su modo pensando que un día serían ellos mayores y tendrían muchas vacas, buenos toros, buenas magüetas... Sobre todo pasaban contentos las mañanas, tantas veces solos en las alturas sin más compañía que el perru y la nublina.

gua, el
canicas, las,
boliches, los
banzones, los
  • Habilidades especiales de tino y de tanteo suponía el gua: el juego con una canica (la bola pequeña), y el objetivo de acertar a lanzarla el primero a un hoyo (de unos siete cm de diámetro y 4 de profundidad), procurando alejar antes a todo aquél que se acercara peligrosamente al hoyo. El gua y las canicas deben ser los mismos o parecidos según las zonas.

  • Se partía de unas posiciones al azar, cada uno iba tirando desde la suya, siempre en el dilema de lanzar directamente al hoyo, o de pegar a otro que estuviera próximo, y alejarlo de modo que no entrara primero que él. También era cuestión de calcular distancias, ver el estado del camín (polvo, baches...), peso de las bolas (las había de cristal, de mármol, de barro...); hasta se hacían las bolas de arcilla, las más probes, las que rompían primero, rodaban mal... Algunos también ya entonces llevaban las de ganar, claro...

maya, la Ver alzo la maya
peonza, la
  • Tenía su arte el xuegu de la peonza: hecha a mano primero, y comprada después, para lanzar la peonza en tierra lisa y dura, o en la misma carretera asfaltada con el tiempo, llevaba un días y paciencia aprender.

  • Se buscaba una cuerda en torno al metro de larga, se endorcaba (se rodeaba) al punteru, se iba apretando y extendiendo hacia la parte cónica de la panza de madera, se lanzaba a unos metros de distancia, y a ver los resultados expectantes.

  • La gracia del juego estaba en dormir la peonza: así se llamaba cuando uno lograba que la peonza girara tan vertical, tan uniforme, sin obstáculo alguno en la base del pitorru (el eje de fierro) que daba la impresión de estar simplemente plantada en tierra. Pero seguía girando, claro. Y se discutía qué peonza había dormido más tiempo....

piedriquinas, las
  • Se seleccionan unas cuantas piedras pequeñas: como de medio centímetro, un centímetro cuadrado... (más bien ligeras, redondeadas, irregulares...). La habilidad consiste en cogerlas con la palma de la mano abierta, tirarlas a una altura prudencial (10, 15 cm), al tiempo que se da la vuelta muy rápidamente a la mano, para que al bajar queden sobre el dorso el mayor número posible.

  • Se repite la jugada tirando las piedriquinas recogidas y procurando recoger con el dorso otra vez el mayor número. Gana el que más consiga y en más jugadas.

pinchu, el Ver chantar

queda, la

  • Tenía muchas formas. La principal consistía en tocar la mano de uno/a por sorpresa cuando ya se retitaban al atardecer para casa, al tiempo que decía ¡queda!. A su vez, éste o ésta tenían que coger a otro por sorpresa para pasarle la queda, a veces ya muy difícil, pues todos estaban ya prevenidos.

  • Al final, cuando uno no tenía modo de pasar la queda a otro, entre resignado y con un poco de piquilla gritaba: ¡el que da la queda con ella se queda! Y todos quedaban muy contentos.

racha, la Ver castro
riqui-raque, el
rique-raque, el
  • Como dice la onomatopeya, consiste en un sonido especial que producen un par de nueces al girar sobre un pequeño palo movido por un hilo del que tiran unos dedos. Lo sigue fabricando a mano Samuel de Zardaín, junto a otros artilugios parecidos.

  • En realidad, el riqui-raque está a medias entre el instrumento musical y el juego..

tángana, la Ver castro
taquera, la
  • Consiste en un par de palos, uno con agujero de entrada y salida, y el otro para empujar en ese agujero y producir el ruído. Se introduce un pequeño trozo cilíndrico de remolacha, se encaja bien en el agujero, se tapona con el otro palo se le da un impulso y sale pegando una estampida a modo de restallón: muy apreciado antes en las fiestas para intentar asustar a alguien.

  • Lo sigue fabricando también Samuel de Zardaín.
vis - veo, el
  • Alguien comienza diciendo: ¡vis veo! Otro/a contesta: ¿qué ves? -Una cosina. -¿De qué color?... -De color...

  • En el diálogo, el que pregunta va dando más pistas hasta definir en lo posible el objeto. Si el interrogado no acierta con todo ello, se descubre y se acaba el juego, comenzando de nuevo. Si acierta, se intercambian los papeles y ahora pregunta el que acertó.

  (sigue la páxina en construcción...)
 

Porque el deporte nunca debiera olvidar el sentido original de la palabra:
esparcimiento, disfrute, goce...

"Los padres tienen un papel muy importante también dentro de los clubes al integrarse en las directivas. Esto a veces no es "tan bueno" porque ejercen mucha presión a los directivos y técnicos" (Rolando Díez Ordóñez)

Libro muy interesante:

El deporte escolar en Asturias
y su papel educativo
,
tesis doctoral de Rolando Díez Ordóñez.
HiFer Editor
Lena, 2016

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Otros trabajos del autor:
Xulio Concepción Suárez