Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

"El viejo... decía siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer. Algunos de los pescadores más jóvenes, los que usaban boyas y flotantes para sus sedales y tenían botes de motor comprados cuando los hígados de tiburón se cotizaban altos, empleabanm el artículo masculino, le llamaban el mar. Hablaban del mar como de un contendiente o un lugar, o un enemigo. Pero el viejo lo concebía siempre como perteneciente al género femenino y como algo que concedía o negaba grandes favores, y si hacía cosas perversas y terribles era porque no podía remediarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que una mujer" (Ernest Hemingway, El viejo y el mar, p.32)..

Las disputas por el género:
de las palabras...
(a veces, sólo porque tampoco debe haber muncho que facer... )

Desarrollo de algunos aspectos sobre el género
ya tratados en el artículo

"El género femenino en la toponimia de montaña asturiana",
publicado en Etnografía y folclore asturiano:
conferencias 1998-2001
(pp. 53-74).
RIDEA. Oviedo,
por Xulio Concepción Suárez

Anotación previa: simple cuestión de diccionario

Antes de usar algunos términos, no por conocidos más precisos, convendría limitarlos al contexto en el que se emplean ahora: el género de las palabras, la clasificación de la realidad animada o inanimada en este caso. No se puede confundir género con sexo, origen de tantas disputas que van más allá de la lengua, del diccionario, de la comunicación de la calle sin motivaciones extraverbales (políticas, politizadas, o con ismos diversos).

Ni se debe confundir masculino, con macho; ni femenino con hembra. Un manantial tiene género masculino, pero no es un macho; una fuente tiene género femenino, pero no es una hembra; el banco / la mesa, el banco / la silla, el sol / la tierra... Las razones del género son muchas al margen de lo sexual, de lo puramente natural. En el origen de las palabras, no había confusión de género y sexo, como se verá más abajo.

Y tantas confusiones parecidas. Ni se puede enfrentar feminismo a machismo, sino a masculinismo , por la misma dicotomia evidente: a macho se opone hembra (no fémina ). Si se dice machismo , habrá que ser consecuente y emplear hembrismo , para ser rigurosos (o rigurosas). Y si se dice feminismo , habrá que ser igualmente consecuente en las palabras y usar masculinismo .

Por una ecuación elemental: macho / hembra, masculino / femenino...

No puede haber manipulación ni en boca de las mujeres ni en boca de los hombres: no se puede decir que uno es machista , defendiendo que una es feminista . Hay que ser consecuente: si una critica la actitud machista de uno, tiene que llamar hembrista a la que impone actitudes igualmente sexistas frente al hombre. Al macho (por simple definición de diccionario DRAE), se opone hembra , no fémina (que también existe en el DRAE). Y a femenino se opone masculino (DRAE también). No se pueden cruzar maliciosamente (o por ignorancia) los términos correlativos.

El problema está en que los términos hembrista, hembrismo, masculinismo, masculinista ", no están registrados en el DRAE, hasta el momento. Pero abundan en el uso, por lo que pasarán al diccionario cuando sean frecuentes, como tantos otros miles de vocablos pasan cada lustro. Por dar sólo algunas cifras de su frecuencia en la comunicación digital vía internet, sirvan algunas tecleadas en google: masculinismo masculinista (283.000 entradas), (66.200 entradas), hembrismo (122.000 entradas), hembrista (62.000 entradas).

Por estos errores (o manipulaciones) ya se están registrando en el uso digital términos insultantes, siempre rechazables y contaminantes en definitiva (palabras tan mal sonantes en el sonido y en el sentido). Se están difundiendo en internet miles de entradas como feminazis (446.000 entradas), feminacis (1.200 entradas), hembrinazis " (84 entradas). Lamentables. Con el uso adecuado de las ecuaciones léxicas coherentes (cada oposición en su contexto adecuado), el lenguaje, la educación, la comunicabilidad (la digital también) mejorarían al tiempo.

Con el registro en la norma de los cuatro términos, se precisarían con rigor las oposiciones adecuadas en cada caso: a macho se opone hembra ; y a femenino , masculino . Con la simple ecuación se solucionan las sibilinas, solapadas y manipuladas tergiversaciones en manos de algunas hembristas (sea por desconocimiento de las oposiciones léxicas más elementales, sea por otras razones, a veces ni siquiera disimuladas).

Porque ¿dónde suenan o no suenan las novedades léxicas, los neologismos"? ¿en los oídos, o en la mente...? -se pregunta Jesús Sierra

Como se dijo, es claro que estos términos, aunque posibles, no están en la norma. Se dice que " eso me suenan mal ". Pero, como decía ayer en Radioparpayuela Jesús Sierra, "¿ dónde me suena mal, en el oído o en nuestra mente? ¿qué es lo que suena mal, lo que oyes o la mentalidad que tienes" Porque el oído se hace poco a poco al sonido, y te acabará sonando bien; el problema está cuando, donde suena mal, es en la mente cuadrada; ahí estaría la razón de cerrarse a las innovaciones inevitables, necesarias, equilibradas, populares, democráticas, en el progreso de una lengua. Oportuna precisión de Jesús Sierra.

Ciertamente, casi todas las palabras innovadoras (vulgares, científicas o técnicas) escuchadas por primera vez, suenan extrañas al oído: tienen que ser ecuchadas muchas veces hasta que vayan sonando mejor, normales, familiares" Hasta cuando se inventó la nevera , no sonaría muy bien a los oídos rurales la voz, porque el término se creó a partir del nevero (el neveru invernal de las montañas). Y había de extrañar a los/las más puristas también (s. XVII, casi reciente). La lengua está para entenderse, no para distanciarse. Y la historia de la lengua es una sucesión ininterrumpida de creaciones léxicas, elaborada por los propios usuarios.

La confusión de estos conceptos elementales, recientemente actualizados en la última Gramática de la Academia Española, puede llevar (y está llevando) a discusiones y enfrentamientos innecesarios, por ejemplo en el campo de la enseñanza, en el que tantas veces hay que referirse al género masculino y femenino a la hora de dirigirse de palabra o por escrito a padres, madres, alumnos...

"He ahí la clave y el comienzo del ejercicio de nombrar: la necesidad" La existencia de una laguna verbal y la necesidad de llenar ese vacío, aunque uno dude siempre antes de hacerlo", antes de atreverse a sugerir un nuevo nombre para llenar un hueco, una ausencia, o quizá todo lo contrario, una nueva y hermosa holgura en la lengua, porque ése es precisamente el mayor atractivo del lenguaje, su verdadera magia: el hecho de estar siempre dispuesto a crecer, a ensancharse, a incorporar nuevos términos.
(Fernando Beltrán)

Lo que dicen los gramáticos y las gramáticas

A parte de hacer muy largas las presentaciones, y tener que emplear mucha tinta, mucho papel y mucho tiempo en especificar siempre los morfemas -o/-a (o las variantes léxicas correspondientes), se descubre en el interlocutor una incompetencia lingüística y comunicativa respecto a la gramática vigente. Con palabras de Genaro Alonso Megido, precisamente aplicadas a la comunicación, investigación, expresión docente, para empezar, podríamos resumir la cuestión del género así:

"Se da [en la expresión el niño] una doble neutralización: de una parte entre el singular y el plural, dado que 'niño' (singular) se refiere inequívocamente a 'todos los niños del mundo', y de otra, entre macho y hembra, puesto que 'niño' contiene una mención meramente clasificatoria -niños y no 'monos', por ejemplo-, sin referencia sexual posible ni necesaria. En estos y otros casos se produce una doble indistinción, numérica y genérica, con total abstracción de su naturaleza sexual que ni se menciona ni se refiere. Y, en estos casos, el niño no equivale a la suma explícita de el niño + la niña, sino a algo distinto que los comprende genéricamente. Decir que en estos casos, la mujer queda excluida sería tan absurdo como sostener, por ejemplo, que en los derechos de la persona los hombres no se reconocieran por hallarse bajo la forma gramatical femenina en /-a/. Así pues, en estas y otras circunstancias análogas, el masculino -género extensivo y no marcado- puede referirse a entes de uno y otro sexo, sin mención explícita de tal rasgo diferencial"

Y con las reflexiones finales de José Antonio Martínez en el acto inaugural del curso 2006-2007, Universidad de Oviedo:

"Incluir el desdoblamiento genérico en el «lenguaje no sexista», así como tachar de sexista al masculino genérico, han resultado ser decisiones muy desacertadas. Como formas expresivas de la lengua, no son sexistas ni no sexistas: están ahí para que cualquier hablante, por su cuenta y riesgo, utilice una u otra, según lo demande la situación, y de acuerdo con sus propósitos comunicativos".

A. Algunas precisiones de términos: lo que dicen las etimologías

En consecuencia, algunos términos necesitan una aclaración previa, por lo que parece. Algunos ejemplos más en litigio (diccionarios diversos en mano, el de la Academia el primero):

  • género: conjunto de seres con caracteres comunes; clase, tipo, al que pertenecen personas, animales, cosas... Es un criterio puramente gramatical (no biológico). No hace referencia para nada al sexo: sólo pretende distinguir unos tipos de seres frente a otros (el animal, el vegetal, el mineral, el hombre, el niño, la persona, la casa, la manzana, la montaña...). Simple clase de objetos a clasificar al margen del sexo. La raíz gen- ya en el indoeuropeo significaba nacimiento, origen raza, naturaleza... En sánscrito, génos significaba 'familia, estirpe', lo mismo que luego en latín, genus. Por lo tanto, el género sólo se refiere a una clase, familia de cosas con algo en común. Luego, dentro de cada género, estarán las diferencias específicas entre los distintos componentes, pero todos de la misma clase.. No hay alusión alguna a las referencias sexuales, macho / hembra, ambas neutralizadas, igualadas, indiferenciadas en el género al que pertenecen por igual

  • sexo: es ya una condición orgánica, física, que distingue al macho de la hembra en animales, personas, plantas; diferencia de órganos sexuales; ya es una cuestión puramente biológica. La voz ya no es indoeuropea, ni prerromana, sólo latina: sexus; sexo es voz romance medieval tardía; incluso derivados como sexual, sexuado..., son del siglo XVIII. De forma que el género, incluye luego la diferencia sexual (gato / gata, niño / niña), o la simplemente asexuada, sin ser sexual (río / ría, cesto / cesta, huerto / huerta...), sin sexo biológico alguno en sentido real. La clasificación de las palabras por sexos responde a criterios muy diversos (género dimensional, y otros)..

  • masculino: es la forma semiculta del latín masculum, a su vez, de mas (macho, varón; luego, hombre); en romance medieval, macho, s. XIII; será también la etimología de macho.

  • femenino: es la forma semiculta del lat. feminam (hembra, por oposición al macho; luego, mujer, por opsición al hombre); será también la etimología de hembra. La palabra parece que ya procede de la raíz indoeuropea *dhe- (que amamanta); a su vez, origen otras latinas, como fecundus, filius..., siemprte con esa idea de la productividad, el nacimiento...

  • macho: es la forma vulgar, evolucionada, del latín masculum (animal de sexo masculino); se aplica también a la planta que fecunda con el polen de las flores (ya con referencia claramente sexual).

  • hembra: es la forma vulgar, evolucionada, del lat. feminam (animal de sexo femenino); en las plantas, la que da fruto (con referencia sexual también). Ver etimología en femenino.

  • hombre: ya en indoeuropeo, dhghem-, en principio, tierra, país' (que procede de la tierra); mismo origen que dhghom-o-, latín, humus (tierra); luego, homo en latín (hombre). Lo que son las paradojas y las coincidencias: homo tiene el mismo sentido original que humus (tierra), raíz de palabras y actividades como la transhumancia, etc.

  • mujer: no se considera voz indoeuropea, ni prerromana, sino latina, mullier (mujer en general). La etimología se discute: parece que mullier procede del latín mulcere, mulgere, a su vez, del griego amelgo (succionar, obtener leche). Idea de amamantar también

  • andro- (sólo el varón, el hombre): ya en el indoeuropeo, la raíz ner- significaba 'hombre' (en sánscrito, nar-), luego, *dner, con vocal protética, y de ahí ándrós; la palabra se oponía a la raíz correlativa, gine- ('mujer'), en indoeuropeo, gwen-, giné (antes, en sánscrito, gná, diosa). El griego ándrós sólo se refería al hombre, al género masculino. Referencias sexuadas puramente biológicas, por tanto.

  • antropo- (en cambio, se refería al hombre o la mujer, indistintamente; o a los dos a un tiempo, la humanidad, lo humano en su conjunto): es decir, la combinación anthopos procede del griego ándrós, más ópa (mirar), ópé (mirada, aspecto). En consecuencia, la referencia es genérica: con forma humana, hombre o mujer indistintamente. El género humano frente a lo divino, tal como aparece en el relato bíblico de la creación.

En resumen:

Se podría decir que hay toda una pervivencia del sentido original de las palabras desde el indoeuropeo a nuestros días: en principio, el género era y sigue siendo una clase, una nomenclatura por encima de las diferencias de sexo, macho y hembra. Más tarde, la distinción fue de masculino / femenino, aplicada a lo que produce, a lo que germina, de ahí el género masculino y femenino de las plantas ya en latín (roborem, florem, masculino; arborem, femenino), cuestión ya más compleja; o de cosas que no tienen sexo, pero que se asemejan en algo a las que lo tienen (género sexuado; o axesuado, no sexual, pero que en algo se diría que lo tiene, que se parece de forma figurada); rivum, masculino; casa, femenino; o río, masculino; ría, femenino.

Finalmente, los términos macho / hembra terninaron con una referencia puramente sexual (luego, también forma figurada para objetos inanimados). Toda una evolución desde lo más genérico y asexual (pura clasificación) hasta lo más sexualizado, o genital, según casos ya extremos. De ahí tantas discusiones, manipulaciones y formas figuradas. Desde el habla diaria, la lengua se va construyendo y reconstruyendo en cada tiempo.

B) El género gramatical: masculino / femenino, común, epiceno, ambiguo, heterónimo

  • género masculino / femenino (no sexual, seres animados o no animados): según la terminación (o / a, el niño / la niña, el gato / la gata); o por naturaleza interna y otras razones (el muro / la pared; la fuente / el manantial, el río / la ría, el bolso / la bolsa);

  • género heterónimo: tienen diversas raíces para masculino y femenino (hombre / mujer, toro / vaca, caballo / yegua...);

  • género común: no tienen género propio, son animados, por lo que tienen sexo para diferenciar mediante el artículo correspondiente (el / la estudiante, el / la coleccionista, el / la artista, el / la testigo, el / la pianista, el / la cónyuge, el / la compinche, el / la cómplice, el consorte, el partícipe ...); a veces ya se oye la testiga; y hasta la estudianta... (podrán triunfar con el tiempo las formas femeninas analógicas según decidan los hablantes, y pasen o no a la Academia y diccionarios); se siguen usando con un sólo género común, en -ista, algunos: el / la dentista, el / la oculista, el / la especialista, el / la protagonista, el / la alpinista, el / la taxista..., aunque no serían de extrañar creaciones analógicas femeninas, como en otros casos

  • género epiceno (gr. epí koinós, en común) : se refieren a personas o animales con un sólo género, en masculino (el personaje, el búho, el lince, sapo, jilguero, tiburón, delfín, el hipopótamo...); o en femenino (la criatura, la víctima, la persona, la bestia, la lechuza, la pantera, la cebra, la liebre, la hormiga, la mosca...); en ambos casos incluyen los dos sexos sin menosprecio de ninguno; por lo tanto, no necesitan la distinción por el artículo, ni por el morfema; se suele añadir macho / hembra a cada uno, según los casos;

  • género ambiguo: no tienen género propio, son inanimados, designan la misma realidad, pero tienen matices masculino / femenino (el / la mar, el sal / la sal, el calor / la calor, el margen / la margen, el terminal / la terminal, el maratón / la maratón); se considera mayor el femenino (género dimensional).

En resumen, existen varias formas para el género:

  • género gramatical no-marcado: es el masculino, que incluye por tanto el género gramatical femenino (el niño incluye a todos los niños y niñas del mundo; el hombre, a todas las mujeres y hombres del mundo; el gato, a todos los gatos y gatas del mundo). Difícil de saber por qué ocurrió eso en el comienzo de la formación de las palabras;

  • género gramatical marcado: es el femenino, que especifica un grupo dentro del género gramatical no marcado. Cuestión puramente gramatical, no sexual. Cuestión histórica igualmente discutida; muchas teorías circulan hoy por internet y en manuales sobre morfología diacrónica y sincrónica.

  • el género políticamente correcto: en el último siglo creció la tendencia a forzar, sobre todo, un femenino al lado del masculino (ciudadanos / ciudadanas, españoles / españolas, alumnas / alumnos, niños y niñas, padres / madres, tutores / tutoras...). Incluso, con el femenino delante... Así comienzan los políticos su discurso, los empresarios, los directores de muchas instituciones, algunos conferenciantes, muchos profesores (y profesoras), los textos administrativos... Ello puede ser mejor visto socialmente, pero resulta innecesario y redundante en muchos contextos, desde el punto de vista gramatical, al tiempo que alarga el discurso, las páginas de una publicación, los reglamentos, las leyes... Es cuestión política, no lingüísrtica, que en muchos casos se irá asentando de forma irreversible. A veces, ciertamente, las distinciones vienen a cuento, cuando hace falta precisar una mayor presencia femenina (o masculina) en algunos contextos. Ahí no es redundante la formación de un femenino (o de un masculino, en su caso). Y hay que especificar género y sexo.

En todo caso, el género gramatical no es lo mismo que el género sexual: el gato tiene género masculino y sexo macho; el manantial, en cambio, tiene género masculino, pero no sexo macho; y la fuente, es femenina, pero no es una hembra... El género, en principio, es un criterio puramente gramatical, formado desde tiempos prerromanos con criterios muy complejos y difíciles de explicar, pues parecen más las excepciones que las reglas seguras.

No obstante, como la lengua siempre avanza en sociedad, en los últimos tiempos el género tiende a formar vocablos femeninos por analogía con los masculinos (el testigo / la testiga); o vocablos masculinos por analogía con los femeninos (la modista / el modisto). Es la ley del cambio marcado por el uso: la mayor presencia de mujeres en oficios o funciones supuestamente masculinos y viceversa, van haciendo que la lengua avance y especifique el género para el sexo correspondiente.

C) En el principio de algunas palabras más ususales: materia, madera y madre (un mismo origen femenino prerromano)

  • Una coincidencia muy significativa puede resultar de interés a la hora de entender la importancia del género (no del sexo) de las palabras en tiempos remotos, muchos milenios antes de las novedades latinas. La misma palabra materia, considerada de origen latino, que también dio madera (femenina igualmente), tiene su origen en la raíz indoeuropea, mater- (madre, origen). Es decir, materia y madera proceden de madre. Género femenino: no sexo femenino.

  • La palabra materia es tal vez una de esas creaciones verbales más empleada en la historia de la humanidad: numerosas acepciones le damos en sus múltiples contextos (realidad primera, lo que entra por los sentidos, tema, asunto, compuesto físico, elemento de construcción de cualquier naturaleza...). Sin una materia no se puede hacer nada, no se puede hablar de nada, no se aprender nada.... Y en contextos rurales de siglos atrás, la materia primaria tenía que ser algo al alcance de todos. La materia natural era la madre (el origen) de toda construcción: la madera. Hasta las madreñas, calzado milenario también, deben el nombre a la madera, a la materia más accesible. Y la madera tiene género femenino: pero incluyendo los árboles en su conjunto, los troncos de los robles, los castaños, los abedules, las hayas, las encinas, los..., las... (es decir, género femenino, simplemente).

  • La palabra madera es, por tanto, la traducción inmediata de la materia entre los romanos: los árboles, que servían para casi todo (construir utensilios de trabajo, viviendas, puentes, instrumentos de transportes, hacer lumbre en la casa...). Muy lejos de los compuestos actuales, de hace cuatro días (plásticos, gomas, combinados artificiales diversos), la madera estaba al alcance de todos, con unos instrumentos de corte mínimos (piedra, hierro...). De ahí también toda esa sabiduría popular a la hora de cortar unos árboles en las lunas y épocas adecuadas, de forma que duraran cientos de años poco menos que intactas bajo la lluvia, la nieve...

  • El caso es que la madera (árboles masculinos y femeninos, árboles macho y hembra) fue interpretada con género (no sexo) femenino. En resumen, todo este campo de palabras lleva género femenino, tal vez por esa referencia a la matriz (derivado de madre, a su vez) donde se generan (se generaban, sobre todo) la inmensa mayoría de las cosas que se podían constuir, encontrar fácilmente, manejar sin complicaciones, elaborar, tratar, usar..., sin una tecnología compleja en sus comienzos. Los artesanos, la artesanía, las complejidades se fueron perfeccionando con los siglos, después de los romanos sobre todo. Hay lugareños que todavía hoy construyen la mayoría de utensilios de la casa y del campo con la madera de su entorno (fresnos, abedules, encinas...), y con la habilidad aprendida de sus mayores. Había también piedra (femenina, por cierto), pero sin duda con una dificultad mayor en el uso popular, tal vez reservada a usos más específicos

  • Y la palabra padre, también del indoeuropeo, pdter (en griego patér): padre, patrón, protector.

1. El origen de un problema lingüístico en tantas discusiones por el género

  • Con intensidad creciente, se empiezan a leer páginas que indican una preocupación social por crear formas analógicas femeninas o masculinas para casi todo (modisto, jefa...). Es la ley del habla, para construir la lengua con las circunstancias de cada época y sus tecnologías correspondientes. Pero, a veces, los errores rozan muchos -ismos: sexismos, machismos, hembrismos (no feminismos, por supuesto, sino hembrismos), clasismos... Y eso ya es innecesario, poco comunicativo: para qué los extremos y los ismos, si hay lengua para entenderse en el contexto.

  • Ciertamente, la lengua es (siempre fue) democrática: nunca mejor empleada la palabra (demos, pueblo). La lengua, cualquier lengua la fue haciendo el pueblo desde tiempos inmemoriales: se dice que ya desde el homo predecesor, nealderthal, cromañón... (y la muyer, por supuesto, y los mozacos, y las mozacas, la gente, las personas...), empezaron a poner nombre a cada cosa que iban encontrando útil (plantas, aninales, dioses y diosas...). O a cada función que necesitaban especiificar. O a cada lugar que había que señalar para la próxima vez entenderse con otros y con otras.

  • Así fueron surgiendo unas cuantas raíces (preindoeuropeas, indoeuropeas, preceltas, celtas, romanas...), y unos cuantos prefijos, sufijos...,que se fueron combinando y multiplicando en progresión geométrica hasta los millones y millones de palabras que se dispersaron por todo el mundo al servicio de cada comunidad humana: supiera leer o no, escribir o garabatear por las paredes, tuviera o tenga literatura escrita o no. Dicen que hay más de 6.000 lenguas en todo el mundo, de las cuales muchas son exclusivamente orales: no se escribieron hasta la fecha.

  • Y son lenguas completas: hechas por el pueblo para comunicarse a la perfección, sin móvil, in interné, sin ordenata... Ni falta que hacen a unos indígenas (con taparrabos o sin él) para que la lengua sirva a sus hablantes para entenderse en sus respectivos entornos del continente que sea. La lengua la hace el pueblo sin intermediarios que dicten norma alguna: las normas van llegando cuando hacen falta, por supuesto. Cuando llegan estas tecnologías podrán mejorar la lengua, pero con lo que tiene de atrás: el sistema ya acordado por esos hablantes durantes miles y miles de años. Pura democracia, aquí de verdad. La lengua la va haciendo la gente: palabra femenina, pero sin referencia sexual alguna (género, sin más). El uso va haciendo la norma, que diría el poeta latino Horacio:

    "... volverán las palabras olvidadas,
    caerán las que hoy están en boga,
    si así lo quiere el uso,
    puesto que el uso es la norma,
    la ley y la razón de las palabras"

2. Lo que hace una Academia de la Lengua

  • Ciertamente, muchas lenguas fueron y van teniendo con los siglos su Academia: esa que se dice 'limpia, fija, da esplendor...', aunque cada lengua también funcionó muchos siglos (milenios, incluso) sin ella: los hablantes se entienden perfectamente, pues van creando las palabras, los morfemas, los lexemas, los prefijos, los sufijos..., que les vayan haciendo falta con los siglos. La Academia acelera, favorece, estabiliza, ciertamente esos componentes de la lengua creados por una colectividad lustro tras lustro, milenio tras milenio. Un sistema complejo, pero ordenado cuando se respeta y se deja funcionar de forma autónoma en cada pueblo.

  • Por esto, en cada lengua la Academia no impone (no debe imponer) nada, sino que se limita a respetar la opinión del pueblo más generalizada, arraigada, funcional, práctica entre los hablantes. Una Academia va muy por detrás del pueblo: antes, varios lustros; ahora, menos, pues cada pocos años saca versiones nuevas de su gramática, del diccionario..., pues hay mucha más creatividad lingüística, tecnológica, social, científica, deportiva, turística, gastronómica, estudiantil... Hay más palabras nuevas que meter en el diccionario, según el deseo espontáneo d elos hablantes.

  • Es decir, las innovaciones no las impone (no las debe imponer) nadie: nadie (ningún iluminado, ninguna iluminada) debe decir cómo tienen que ser las palabras, los prefijos, los sufijos..., en cada caso. No hablan los individuos (ni las *individuas): habla la sociedad en el tiempo. Dentro, al lado del pueblo llano, están, por supuesto, los escritores, los científicos, los inventores... Todos, que implica a todos y a todas, según las normas de uso hasta la fecha: las que puso el pueblo, es evidente. Es decir, ya se entiende ellos y ellas, en todos los casos, los que hubiera del género masculino o del género femenino. El pueblo. Por lo que parece habrá que hablar ahora de la puebla también, a juzgar por lo visto y leído en ocasiones.

  • En concreto, según la Academia, los sustantivos masculinos de persona designan a todos los individuos de la clase, sean varones o mujeres. Por ello, es innecesario hablar de alumnos y alumnas, o ciudadanos y ciudadanas. La doble mención sólo se aconseja cuando existe una razón objetiva para la duda.

3. Y lo que dice la Academia en concreto

  • El género masculino gramatical: cuando un sustantivo designa seres animados se refiere por un igual al sexo masculino y al femenino (al macho y a la hembra), pues no especifica sexos, sino que se refiere a una clase en su conjunto, a todos los individuos de esa misma especie. Es el caso de niño, hombre, gato, perro, alumno, ciudadano, español, portugués, francés..., pues lo que importa en este nombre común es la clase de individuo frente a otras clases. Ya se sabe que niño incluye a niña; en gato están todos los gatos y las gatas; los ciudadanos son todos (los ciudadanos y las ciudadanas); como los franceses son también todos (ellos y ellas). En otro caso, la escritura, la dicción sería monótona, repetitiva, interminable: los españoles, las españolas; los perros, las perras... La comunicación muy pesada.

  • La corrección lingüística y la correción política. Son cosas bien distintas: lo correcto lingüísticamente es la distinción genérica, en la cual el nombre común (masculino unas veces, femenino otras) tiene una simple intención clasificatoria de personas, animales... (unas palabras frente a otras), sin referencia alguna al sexo. Sólo se refiere a la referencia de la palabra, al contenido. La política llevó a estas distinciones sexuales por razones electoralistas, de márqueting publicitario: lo políticamente correcto es la distinción para ganarse el voto de ambos.

  • El símbolito famoso de la arroba, @ para marcar los dos géneros. Es rechazado explícitamente por la Academia de la Lengua, ya que no es letra, signo verbal ortográfico, no es grafía, fonema... No pertenece al abecedario

  • Nombres genéricos en masculino y en femenino. El género común no siempre es el masculino, sino que en ocasiones está en femenino, y nadie se siente discriminado por ello: persona incluye a todos y a todas, hombres y mujeres, como la gente; o la perdiz, la gacela, la vaca, la cabra, la oveja, la cebra, la jirafa, la víctima, la cigarra, la hormiga, la abeja, la angula, la trucha... Incluyen al macho ya la hembra a la vez: a los dos sexos, pues se trata de una clase de animales frente a otros, no de unos sexos frente a otros. Ya se entiende que hay perdiz macho y perdiz hembra; al hablar de la vaca se incuye al toro; al hablar de la víctima, se refiere a una realidad no al sexo en concreto. Género y sexo no se pueden confundir. En los nombres inanimados la prueba es evidente: la fuente tiene género femenio, pero no es una hembra...

4. Las diferencias en las palabras las va creando el pueblo, cuando hay necesidad de ello:

  • Diferencias profesionales. En una época de profesiones desempeñadas sobre todo por hombres el nombre era masculino: médico, ministro, presidente, jefe, bombero, minero, futbolista, testigo, piloto, ginecólogo, guardia, gobernador, obispo, cura, bedel, conserje, militar, policía, juez, concejal.... En otros casos, eran más bien femeninos: modista, costurera, cocinera, comadrona... Cada tiempo hay que interpretarlo y juzgarlo en su contexto. A medida que se fueron incorporando las mujeres a estos cargos, el pueblo va formando el femenino correspondiente cuando hace falta, y así lo va incorporando la Academia: médica, ministra, presidenta, jefa, ginecóloga, dependienta... El pueblo lo usa, y la Academia, unos años después lo pasa al Diccionario: el pueblo decide, en unos casos sí; en otros, todavía no. Se dice que suena mal, que no pega... Son las leyes del juego, y del progreso en lo verbal también.

  • Innecesarias aclaraciones por redundantes. Recientemente se generalizó la confusión género sexo (lo políticamente correcto) y así resultan esas interminables riestras de aclaraciones orales y en papel, que alargan hasta el aburrimiento un discurso, al tiempo que se multiplican los fólios (y los árboles) con destino a la papelera: "Señores y señoras, niños, y niñas, padres y madres, profesores y profesoras, tutores y tutoras, amigos y amigas, vecinos y vecinas, ciudadanos y ciudadanas todos y todas (o todas y todos, para no menospreciar a nadie...). Redundante, antieconómico, antieoclógico, contaminante para el oído, el boli, el bosque, el ordenata... El género común ya incluye a los dos sexos.

  • Diferencias contextuales: duda, aclaración, especificación..., cuando haga falta. Ciertamente, en ocasiones, es necesario una aclaración de género y sexo, que de otra manera llevara a confusión, a poca precisión. Si se está hablando del alumnado, y es preciso matizar que hoy en unas aulas abundan más las mujeres, llevan mejores notas, participan más en clase..., será necesario aclarar: en un grupo de alumnos y alumnas... O en una Asociación del AMPA, habrá que concretar que había más madres que padres... En estos y otros casos, habrá que citar los dos sexos, pues eso puede indicar muchas otras cosas a tener en cuenta.

5. Los nuevos criterios sociales: necesario / innecesario, preciso / impreciso... ¿o correcto / incorrecto..., hablar bien / hablar mal?

La última versión normativa de la Real Academia, Nueva gramática de la lengua española (2009), aporta novedades importantes, por ejemplo, en cuanto a la aceptación de formas femeninas nuevas que ya estaban en el uso, pero no en la norma. Incluso dice con frecuencia que hay formas novedosas que ya están en uso (miembra...), pero que se recomienda la tradicional (miembro...). En cambio, da como aceptadas y generalizadas algunas propias de Hispanoamérica, que extrañan en el uso peninsular, inclsuo entre los más jóvenes.

Todo hace pensar que la normativa académica va aceptando con cautela formas que el pueblo va imponiendo. Con ello, el criterio de correcto / incorrecto, hablar bien / hablar mal... se iría sustituyendo por otros como adecuado / inadecuado, preciso / impreciso, informativo / redundante... Ya no se trata sólo de usar lo que está en la norma, sino que la misma Academia da a entender que pueden usarse formas vigentes en el uso: recomienda unas, pero ahí están las otras que deja con claridad a discreción también... Sin duda que algunas acabarán por ser incluidas en sucesivas ediciones.

Un criterio parece imponerse solapadamente: tecleando en cualquier buscador de internet (google, yahoo...) palabras de creación reciente, aparecen miles, millones a veces, que pueden resultar extrañas por estar fuera del diccionario. Tal vez la estadística virtual, sea ya un criterio a tener en cuenta para la inclusión de palabras a partir del uso real y cibernético.

Unos cuantos ejemplos y cifras: individua (1.680.000 registros), actora (1.480.000 registros), forofa (257.000), testiga (233.000 registros), hembrista (226.000), participanta (175.000 registros), miembra (83.200), estudianta (97.000), obispa (79.000), diácona (56.600), comedianta (57.000), glocalización (53.000), masculinista (18.300)... Y hasta se registra ya oyenta (1.600), televidenta (723)... Como se van formando masculinos correspondientes: cotorro (87.300 registros), pianisto (41.700), maquinisto (3.400), ciclisto (10.100), oculisto (463). Es lo que hay en el uso digital: quién sabe las que llegarán a los diccionarios normativos...

"Hablar bien, por tanto, no es dominar la norma más correcta (más formal) y aplicarla en todas las circunstancias, sino seguir en cada caso la que la situación exige [...] Está bien que un estudiante se exprese como la Academia manda cuando hace un examen, escribe un trabajo, diserta en clase o expone sus puntos de vista en una reunión más o menos solemne. Pero con sus compañeros o con sus padres o cuando va de compras debe expresarse de manera distinta, incluso con supuestas incorrecciones" (Juan Carlos Moreno Cabrera)

6. Oposiciones ya admitidas, o esperables, posibles con el tiempo...

    *NOTA: llevan asterisco* aquellas palabras que serían posibles, pero que aún se oyen muy poco, o no se oyeron todavía. Algunas llegarán al diccionario; otras, sin duda, que no triunfarán. El uso decidirá.

  • oposición genérica -o /-a

ya está admitido por la Academia
 
masculino -o
  femenino -a
 

ministro

/
ministra
 
consejero
/
consejera
 
médico
/
médica
 
panadero
/
panadera
 
pescadero
/
pescadera
 
lapicero
/
lapicera
 
caballo
/
caballa (aunque con otro sentido)

de hecho...

ya se dice, se oye a veces
 
masculino -o
  femenino -a
 
testigo
/
testiga
 
soldado
/
soldada
 
elemento
/
elementa
 
individuo
/
individua
 
bombero
/
bombera
 
miembro
/
miembra
 
filósofo
/
filósofa

aunque...

y no se dicen, pero no serían imposibles
 
masculino -o
  femenino -a
 
obispo
/
*obispa
 
sargento
/
*sargenta
 
*azafato
/
azafata
 
*mosco
/
mosca
 
*hormigo
/
hormiga
 
*abejo
/
abeja
 
*trucho
/
trucha
 
soprano
/
*soprana
 

En este caso, frente al machismo aparece inconsciente el hembrismo (feminismo mal entendido), pues no hay coherencia en las creaciones analógicas: se oye a pretendidas feministas decir individua, elementa, miembra..., pero las mismas supuestas reivindicativas feministas se traicionan sosteniendo que no se debe oponer el piloto / la pilota, sino el piloto y la piloto.

Es una contradicción evidente, pues no hay paralelismo: o siempre o nunca; si en un caso se crea la forma femenina (cuando hace falta y es lógica), en el otro también (si se cree que hace falta), por mal que suene, resuene y connote 'la pelota o las pelotas'. Si es el piloto, será la pilota, con todas sus consecuencias. Lamentable machismo en boca de muyer hembrista: machismo duplicado, el subsconsciente traiciona a veces demasiado. Sexismo detestable en hembristas de este tipo (lo mismo que es detestable el machismo, claro).

    • oposición genérica -e /-a, -ante/-anta, -ente/-enta
ya está admitido por la Academia
 
masculino -e
  femenino -a
 
monje
/
monja
 
presidente
/
presidenta
 
cliente
/
clienta
 
elefante
/
elefanta
 
comandante
/
comandanta
 
gobernante
/
gobernanta
 
tigre
/
tigra
 
jefe
/
jefa
 
dependiente
/
dependienta
 
sastre
/
sastra

de hecho...

ya se dice, se oye a veces
 
masculino -e
  femenino -a
 
conserje
/
conserja
 
cliente
/
clienta
 
currante
/
curranta
 
sirviente
/
sirvienta
 
pretendiente
/
pretendienta
 
cooperante
/
cooperanta

    como se podría decir...

serían lógicos, no imposibles, por mal que sonaran*
 
masculino -e
  femenino -a
 
amante
/
*amanta
 
cantante
/
*cantanta
 
estudiante
/
*estudianta
    • oposición genérica -or / -ora, -ón/-ona
ya está admitido por la Academia
 
masculino -or
  femenino -ora
 
señor
/
señora
 
director
/
directora
 
doctor
/
doctora
 
lector
/
lectora
 
profesor
/
profesora
 
escritor
/
escritora
 
elector
/
electora
 
aspirador
/
aspiradora
 
secador
/
secadora
 
árbitro
/
árbitra
 
león
/
leona
 
glotón
/
glotona

pues también...

ya se dice, se oye
 
masculino -or
  femenino -ora
 
actor
/
actora
 
emperador
/
emperadora
 
cantor
/
cantora
 
motor
/
motora
ya se dice, se oye, se lee a veces
 
masculino -ón
/
femenino -ona
 
*comadrón
/
comadrona
    • oposición genérica -az / -aza, -ez / -eza, -iz/-iza
ya está admitido por la Academia
 
masculino -ez
  femenino -eza
 
nuez
/
nueza
 
rapaz
/
rapaza
 
aprendiz
/
aprendiza

ya se dice, se oye a veces
 
masculino -o
/ femenino -a
 
juez
/
jueza
    • oposición genérica -ista / -isto
ya está admitido por la Academia
 
femenino -ista
/
masculino -isto
 
modista
/
modisto
ya se dice, se oye a veces
 
femenino -ista
/
masculino -isto
 
pianista
/
pianisto

y no se dicen, pero no serían imposibles
 
si... femenino -ista
/
masculino -isto
 
futbolista
/
*futbolisto
 
maquinista
/
*maquinisto
 
oculista
/
*oculisto
 
deportista
/
*deportisto
 

Incluso, en ocasiones sólo se encuentran escritas las creaciones analógicas: no se oyen, pues causarían gran extrañeza en público, a viva voz; pero en folletos escritos, en un alarde extremo de protagonismo (de hembrismo evidente), se leen ya las oposiciones deportistas / deportistos, futbolistas / futbolistos... Habría que ser consecuentes: si hace falta, se dice y se escribe, en público o en privado, y cuando haga falta: la lengua la hace el pueblo (todo el pueblo que usa esa lengua, sin distinciones).

La lengua la hacen los hablantes (todos los y las hablantes, pura democracia etimológica). Pero la lengua se construyó para comunicarse, no por protagonismo personal (simple imposición sexista). El subconsciente a veces traiciona demasiado...

    • oposición genérica -al / -ala, -el / -ela, -il/-ila, -ol / -ola
ya está admitido por la Academia
 
masculino -al
  femenino -ala
 
zagal
/
zagala
 
concejal
/
concejala
 
español
/
española
 
colegial
/
colegiala
 
albañil
/
albañila
 
alguacil
/
alguacila
 
general
/
generala
ya se dice, se oye a veces
 
masculino -el
  femenino -ela
 
fiscal
/
fiscala
 
oficial
/
oficiala
 
bedel
/
bedela

y no se dicen, pero no serían imposibles
 
masculino -
  femenino -
 
esquimal
/
esquimala

7. Y puestos a inventar, y para no pecar de sexistas..., cabría todo...

se formarían con las reglas gramaticales en uso
 
masculino o femenino -
  femenino o masculino-
 
piloto
/
*pilota
 
vigilante
/
*vigilanta
 
sexista
/
*sexisto
 
feminista
/
*feministo
 
masculinista
/
*masculinisto
 
homosexual
/
*homosexuala
 
mujeriego
/
*mujeriega
 
hembrista
/
*hembristo
 
machista
/
*machisto
 

De hecho, si tecleamos en cualquier buscador de interné, ya aparecen todas estas formas nuevas que tanto nos impactan a primera vista: algunas, incluso miles de veces... No están en la norma, pero ya lo están en el uso, por lo que es imprevisible su futuro en la comunicación coloquial, por lo menos.

Los latinohablantes (los hispanohablantes) introducen cada día creaciones analógicas (masculinas y femeninas) muy abundantes en sus respectivas lenguas: hace años que usan muchas novedades como maquinisto, telegrafisto, generala, tenienta, comandanta, tigra, diácona, obispa... La lenguas latinoamerocanas son muy vivas en este sentido (miles de entradas en google). De ahí la riqueza literaria: varios premios Nobel, el boom de la narrativa, la poesía...

Y si cabe todo ya, con la distinción lingüística extrema se llegará a ese machista / *machisto, por paradógico que resulte (mujer que defiende al macho / frente a hombre que defiende al macho); y, por lo mismo, feminista / feministo (mujer que defiende lo femenino, frente a hombre que defiende lo mismo). De hecho ya están los términos en internet, y de hecho a nadie extraña ya la creación modista / modisto, aceptada en la norma incluso. Ya está en el diccionario de la RAE.

Pero, mejor que la lengua la siga haciendo el pueblo...

Por el mismo camino van otras muchas invenciones incoherentes con el sistema semántico y pragmático. Por ejemplo, con mejor o peor suerte, ya se oye feminicidio, aunque (puestas a crear) mejor sería hacerlo con mayor coherencia lógica; no existe *hominicidio, sino (y por desgracia) homicidio. De modo que el término correlativo (por desgracia igualmente) sería *femicidio.

La lengua tiene unos mecanismos de creación estructural muy antiguos y arraigados: cuando el pueblo los aplica, se va enriqueciendo la comunicabilidad; cuando se inventan vocablos apresuradamente y con otros objetivos, se empobrece el sistema y la comunicación usual (la contaminación lingüística, una vez más).

Es el caso parecido de monomarental, aquí citado, por supuesta imitación de monoparental: significa todo lo contrario de lo que alguna ingenuamente pretendía (no significa una sola madre, sino un solo macho, de mas-maris, varón, macho, igual que marido, con el mismo étimo). El pueblo sí es sujeto adecuado de creatividad verbal, pues lo hace por necesidad, y aplicando el sistema (denotativo o connotativo) en cada caso, cuando hace falta.

8. Finalmente, el género dimensional: lo femenino, como la tierra madre -que diría el indio Seattle- siempre mayor, mejor, más productivo...

Ciertamente, el llamado género dimensional supone un tipo más de formación del género en numerosas palabras, ya desde tiempos remotos: en la perspectiva prerromana, tal como los pobladores primitivos fueron poniendo nombre a las cosas, formaron en femenino las palabras referidas a todo lo que resultaba fundamental para la subsistencia diaria: femenina es la tierra, la luna, la roca, la montaña, la selva, la estrella, la casa, la cabaña, las aguas, las fuentes, la vida..., la misma naturaleza es femenina.

El tema ha sido estudiado como "género dimensional" en la morfología románica por autores como Meyer Lubke, Von Wartburg, V. Kopyl... (ver bibliografía). Albert DAUZAT (1952). "Le genre indice de grandeur". F. M., t. XX (p. 248). Von WARTBURG (1921). "Substantifs feminins avec valeur augmentative". BDC, t. IX (p. 54). PÉREZ TORAL, Marta (2004) "Rendimiento y significado de la oposición de género en algunos topónimos asturianos". Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, nº 164 (pp. 27-40). Oviedo.

De la tierra brotan los alimentos a lo largo del año; la luna produce cambios decisivos en plantas, personas, animales, y hasta remueve las aguas del mar en las grandes mareas. Las estrellas dan luz de noche, cuando tanto hace falta; la roca, la montaña, era el símbolo de protección divina... (como Peñasanta, Peñasacra...). Las aguas de los ríos representaban divinidades también: el río Deva (la diosa), sin ir más lejos. Por esto, las diferencias de sentido son evidentes en muchas palabras: siempre protector, misterioso, sugestivo, el género con morfema femenino:

 
lo pequeño, masculino
  lo grande, femenino
 
el huerto
/
la huerta
 
el río
/
la ría
 
el ventano
/
la ventana
 
el collado
/
la collada
 
el campo
/
la campa
 
el cesto
/
la cesta
 
el bolso
/
la bolsa
 
el jarro
/
la jarra
 
el banco
/
la banca
 
el mar
/
la mar
 
el puente
/
la puente
 
el calor
/
la calor
 
el árbol, masculino
  el producto, femenino
 
manzano
/
manzana
 
cerezo
/
cereza
 
castaño
/
castaña
 
guindo
/
guinda
 
ciruelo
/
ciruela
 
tilo
/
tila
 
almendro
/
almendra
 
lo contable, masculino
  lo incontable, femenino
 
el madero
/
la madera
 
el leño
/
la leña
 
el grano
/
la grana
 
el fruto
/
la fruta

Sirvan estos ejemplos de resumen sobre el llamado género dimensional, un criterio más que sigue funcionando y creando palabras femeninas, cuando se quieren describir cualidades destacables respecto al término masculino con la misma base.

Lo que dice el cuerpo humano, así a primera vista

En otros casos habría que seguir investigando, como en las mismas partes del cuerpo humano: una buena mayoría de los términos son femeninos, tal vez los más antiguos (indoeuropeos, algunos), los que se pusieron antes, los que tienen su lenguaje popular. Es el caso de la cabeza, la cara, la frente, las cejas, las sienes, las orejas, las mejillas, las mandíbulas, la barbilla, la barba, la nariz, la boca, la piel, la clavícula, la garganta, la nuca, la tráquea, la lengua, la laringe, la faringe, las anginas, las tetas, las mamas, las costillas, la columna, las vértebras, la espalda, la barriga, la sangre, la bilis, las venas, las arterias, las varices, la vejiga, las manos, las uñas, las piernas, las rodillas, la tibia, las arrugas, las verrugas....

Por el contrario, con género masculino aparecen órganos más conocidos, divulgativos, tradicionales..., pero en menor número (habría que hacer estadística, claro). Es el caso de el cerebro, los ojos, los dientes, el pelo, el corazón, el pulmón, los bronquios, los riñones, el hígado, el estómago, los músculos, los tendones, los brazos, los labios, el páncreas, el hueso, el pie.... Otra cosa son ya los términos más recientes, técnicos, científicos, médicos..., especificados con el tiempo: puede haber ya un equilibrio mayor. Pero el lenguaje natural, el tradicional, el del pueblo desde tiempos remotos, se diría que especificaba la anatomía más elemental del cuerpo humano con términos femeninos sobre todo.

En el caso de las enfermedades, en asturiano, por ejemplo, abunda el género femenino: coxera, pulmonía, estomagá, herida, fiebre, calentura, asma, anginas, sarna, tiña, postiella, rotura, torceúra, hernia, mordeúra, infeción, peste, quemaúra, carnaúra, encetaúra, sofoquina, teteriza, urticaria, verdumá... Llevan género masculino: catarro, resfriao, costipao, reuma... Como llevan género femenino las ramas médicas de las especialidades correspondientes: pediatría, oftalmología, cardiología, radiología... O las técnicas aplicadas en cada una: gastroscopia, resonancia, mamografía...

Y en el caso de los remedios caseros, una buena parte (una mayoría) son femeninos también: cataplasma, sangría, malva, tila, nielda, rúa, arzolia, árnica, carquexa, celedonia, cirigüeña, balsamina, consuelda, centaura, manzanilla, orieganina, valeriana, vegambre, xanzaina, xistra, xurbia, escoceúra, refriegas, llavativa... Frente a otros remedios y plantas en masculino: oriégano, xabú, poleo... En menor número, así a primera vista. Habría que seguir haciendo estadística y sacar conclusiones del desequilibrio genérico en este punto también (nombres populares, por supuesto).

9. Los cambios imparables de la lengua, al ritmo de los pueblos y los tiempos.

Pero resultaría una transformación total anómala el hecho de cambiar de golpe el género de las cosas, de crear masculinos y femeninos a voleo y a destajo, por decreto (puro hembrismo, o puro machismo). Puestos (o puestas) a colgar terminaciones..., por inventar que no quede..., que raíces y morfemas hay para todos y todas... Uno más de tantos -ismos. Y hasta podrían circular sin trabas los casos más forzados. Por inventar que no quede... Sólo hace falta probarlos en internet, para ver las entradas que ya tienen de hecho en el uso, por mucho que impacten al oído.

 
masculino -
  femenino -
 
animal
/
*animala
 
vegetal
/
*vegetala
 
mineral
/
*minerala
 
cromañón
/
*cromañona
 
neanderthal
/
*neanderthala
 
pitecánthropo
/
*pitecánthropa
 
simio
/
*simia

Anexos 1: el género desde tiempos prerromanos

a) Ya en el indoeuropeo se distinguía el cielo y la tierra, lo divino y lo simplemente humano (sin más connotaciones...).

  • Como se apuntó más arriba, las raíces indoeuropeas relacionan en su origen remoto las palabras homo (humano) y humus (tierra), a su vez, procedentes de un mismo tronco: indoeur. *dhghen- (género, que genera, origen); por tanto, no aluden en absoluto a las diferencias macho / hembra, masculino / femenino, en esa referencia genérica de la palabra, sólo se refiere la raíz al 'habitante de la tierra' (Edward Roberts, Diccionario etimológico indoeuropeo). El género humano es el producto divino sobre la tierra: lo que produjo la tierra.

  • El lenguaje prerromano de los mitos, los relatos bíblicos..., recoge la misma clasificación genérica de la creación en la tierra por las divinidades del cielo: crean todo lo que hay sobre la tierra (las cosas, las plantas, los animales, el hombre...); pero no por oposición a mujer, sino como especie humana, como una unidad natural de los humanos frente a Dios "seréis como dioses" -dice el diablo aquel en el Paraíso.... Alusión evidente a la unidad de género simplemente humano: hombre + mujer (oportuna precisión también de Carmen Arias, a quien debo otras cuantas matizaciones y términos aquí incorporados cada mañana a la hora del café).

  • En consecuencia, la raíz prerromana que llegó al latín homo, tenía el sentido de humano (no de hombre): el género humano, el macho más la hembra, el hombre más la mujer como unidad creada por Dios. Página web muy interesante sobre este tema: www.delcastellano.com (foro de discusión). La raíz indoeuropea, tipo deva, deus..., referida a la importancia de las divinidades en aquellas culturas remotas, está ampliamente documentada por Martín Sevilla y otros autores, en diversos estudios sobre el léxico y la toponimia.

b) El léxico prerromano: lo simplemente humano frente a lo divino

  • La relación prerromana humus (tierra) / homo (humano = hombre) se especifica desde el lenguaje de la mitología griega a nuestros mismos días: un castigo horrible era no enterrar a los muertos; es decir, no permitirles volver a sus orígenes, a la tierra; era el mayor castigo. Pervive hoy la frase: "polvo eres, en polvo te convertirás".

  • En la cultura grecolatina enterrar a los muertos era cerrar el ciclo de la vida: salir del suelo al nacer y volver al suelo eternamente: el homo (el género humano, hombres y mujeres, sin distinción alguna) fundido con el humus otra vez. Nunca mejor dicho, todos iguales. Con un dato más: la tradición pupular dice que Judas se ahorcó, porque no lo quiso el cielo ni la tierra: por eso quedó en el aire... El castigo completo de no poder cerrar el ciclo, y fundirse eternamente con el suelo...

  • Y la última tendencia social creciente es el deseo de muchos en vida de que sus cenizas sean esparcidas sobre una tierra, mar, montaña preferida, como deseo último de fundirse para siempre con la tierra, con la naturaleza de donde nación un día. El término hombre, en sus principios, es cuestión de un género frente a otros: el género humano frente a lo que es no-humano (animal, vegetal...).

  • En definitiva, todo el lenguaje prelatino ya alude al género humano frente al género divino: la tierra frente al cielo, los hombres frente a los dioses. Otras interpretaciones con criterios biológicos, sexuales, etc., quedan fuera de lugar allí: sólo serían prejuicios actuales proyectados hacia atrás fuera de contexto.

c) El léxico humanístico griego

Las mismas categorías de Aristóteles en su filosofía materialista llevan en su mayoría nombres femeninos (8): Sustancia, Cantidad, Cualidad, Relación, Situación, Condición, Acción, Pasión. Frente a los masculinos (2): lugar y tiempo.

Anexo 2. El género en seres animados y no animados (postura RAE)

a) El masculino, género no-marcado, frente al femenino, marcado: tendencia a la creación de formas femeninas (del género se va evolucionando al sexo)

  1. Se refiere a toda la especie. El masculino, en los seres animados, se refiere por igual a los dos sexos en los contextos en los que no resulte necesario especificar el sexo femenino. Se refiere a todos los individuos de la misma especie: el hombre, el gato..., los hombres, los gatos...; el niño, los niños; el español, los españoles, el italiano, los italianos...; el médico, los médicos, el juez, los jueces.... Es decir, el conjunto de seres humanos, de gatos, de habitantes españoles, italianos; la profesión de los jueces, médicos... Ya se entiende que entran los individuos de los dos sexos.

  2. Se hace la doble mención (masc. / fem.), cuando en el contexto no queda clara la inclusión de ambos sexos, o es necesario especificarla por alguna razón: los españoles y las españolas pueden acceder a las plazas de...; los alumnos y las alumnas tienen hoy resultados distintos en sus estudios...; los padres y las madres tienen ahora los mismos derecho a la tutela de sus hijos... Hay que nombrar los dos sexos para concretar: entonces, es lógico el uso del desdoblamiento, mención del género masculino y femenino..

  3. El género común, epiceno y ambiguo, no tienen marca de género: se refieren con la misma forma al masculino y al femenino (estudiante, testigo, lince...). Pero el uso, y la misma Academia, ya admitieron casos de formas específicas femeninas, marcadas: jueza, leona, tigra, elefanta... Ello supone un precedente para la generalización de un término femenino a todos los demás casos donde haya distinción sexual: jilguera, jabalina, infanta, parienta...

  4. Tendencia general: -o (masculino) / -a (femenino): fuego, cuaderno, tiempo... / agua, tierra, amapola, casa, silla... Los que acaban en otras vocales y consonantes pueden ser masculinos o femeninos: árbol, diente, dolmen... / flor, fuente, verdad...

  5. Hay excepciones: masculinos en -a / femeninos en -o. Es el caso de problema, el tema, el aroma, el fonema... / la mano, la foto, la libido...

b) En sustantivos no animados:

  1. Lo contable, masculino / lo no contable, femenino: el leño / la leña; el madero / la madera...
  2. El tamaño: lo pequeño, masculino / lo grande, femenino: el huerto / la huerta, el jarro / la jarra...
  3. La planta, masculino / el fruto, femenino: el árbol / la fruta, el manzano / la manzana, el cerezo / la cereza...

c) Son comunes en cuanto al género (incluyen sexo masculino y femenino):

  1. Los terminados en -a: atleta, astronauta, espía, guardia, hincha, turista, pediatra...

    Los terminados en -ista: alpinista, artista, dentista, pianista, violinista...

  2. Los terminados en -e: conjerje, cómplice, compinche... Pero el uso, y la misma RAE, ya admiten jefa, alcahueta, comedianta, infanta, nena, sastra... En consecuencia, se irá extendiendo a otras creaciones femeninas no admitidas hasta ahora.

  3. Los terminados en -ante, -ente: agente, estudiante, aspirante, informante, pretendiente, viajante... Pero ya se oyen o se admiten: clienta, dependienta, gobernanta, infanta, participanta, parturienta, asistenta, cooperanta ... Otro precedente para seguir creando formas femeninas.

  4. Algunos terminados en -o: modelo, soprano, testigo... De hecho ya se oye testiga..

  5. Los terminados en consonante -r, -s, -l, -t, -ar, -er, -or: mártir, rival, hábitat, titular, auxiliar.... Pero ya se dice autora, lectora, fiscala, bedela, concejala, colegiala..

  6. Los terminados en -z, -az, -ez, -iz, -uz: rapaz, capataz, portavoz, andaluz, aprendiz... Pero ya se admite rapaza, andaluza, jueza, aprendiza.... Precedente que conllevará otros muchos.

  7. Las profesiones: la misma RAE admite numerosas formas específicas femeninas, que le llevará a ir aceptando todas aquellas que exija el desempeño del trabajo por mujeres. Admite ya académica, arquitecta, banquera, boticaria, catedrática, diputada, filósofa, ingeniera, jueza, magistrada, médica, ministra, reportera, química, física, torera, veterinaria..., por lo que tendrá que ir admitiendo otras parecidas, hoy sólo en el uso (se teclea en internet y aparecen miles en cualquier profesión desempeñada por mujeres). Es la ley del uso. Hasta se oye, en países hispanoamericanos sobre todo, capitana, generala, tenienta, comandanta, obispa, diácona, tenienta, coronela...

En palabras de Javier Marías:

"Si bien estoy de acuerdo en que el mundo ha tendido a ser patriarcal y machista, creo que justamente el lenguaje es una de las pocas cosas que han sido construidas a la vez por las mujeres y los hombres. Todos han hablado siempre, y seguramente han sido las madres quienes más han enseñado a sus hijos (e hijas) a hacerlo y a traducir ese mundo. Curiosamente, se dice "la lengua materna", no "la lengua paterna"

ANEXO 3: el género en asturiano, con fuerte creación de palabras femeninas

En el caso del asturiano, al género gramatical (-o, masculino / -a, femenino...), a diferencia de otras lenguas romances, hay que añadir una tendencia mucho más marcada hacia la creación de palabras femeninas: tal vez se trate de una tendencia semántica por razones muy diversas, más allá del género puramente gramatical (sin confundir con el sexo, tampoco). Es decir, una serie de razones o circunstancias contextuales, referenciales, pragmáticas..., fueron determinando esa abundancia de un léxico femenino que tanto extraña a los castellanizantes, a los más puristas, o a quienes poseen otra lengua regional y escuchan a un asturiano, en los pueblos de montaña especialmente.

Es el caso de la carrila, la zurrona, la xiblata, la cerezal, la cirolar, la riega, la cuerna, la xostrá, la muria, la cuerria, la borina, la calisma, la xuba, la palazana, la maquila, la zurria, la firidoria ..., y tantas otras foemas femeninas, con correlato masculino, o sin él tantas a veces. Las razones pueden ser muy diversas, y no hay total acuerdo entre los estudiosos del tema. Suelen coincidir en algunos criterios (resumen en Diccionario etimológico de toponimia asturiana, KRK, 2007).

  • El tamaño. Parece el rasgo semántico de mayor rendimiento para la creación genérica en asturiano: lo femenino, siempre mayor. Muchos ejemplos: la collada es mayor y más vistosa que el colláu; la campa mucho más amplia que el campu; la xerra, mayor que el xerru; la braña es más que el puertu; la ría más espaciosa que el ríu; la toya más abierta que el toyu; la parea, más ancha y vertical que el paréu... Como la güerta es mayor que el güertu; la cesta, que el cestu; la ventana que el ventanu; la güeya, mayor que el güeyu; la peya, mayor que el peyu; la capietsa, que el capietsu; la vexiga, que el vexigu; la utra, que l’utre; la macona (una cesta), que el macón; las tortas, que los tortos… Y l’almuerza de las vacas es, en asturiano más oriental, el almuerzu mayor de la mañana por el invierno. Todo un diccionario de distinciones femeninas por el tamaño. la mimensión frente al masculino correspondiente.

  • La forma. La panda, más alomada que el pandu; la pica, más espaciosa y segura que el picu; la cuerna, con más capacidad para la resonancia a lo lejos que el cuernu; como la xibleta y el xibletu; la tayuela, más cómoda y estable que el tayuelu...; l'hacha es más gruesa que l'hachu, se usa para troncos mayores, para labrar, tallar a mano las vigas...; l'hachu, para usos más cotidianos.

  • La colectividad. La cacía es todo el conjunto de utensilios de la cocina, la mesa, todos los cacíos en general. La muria, es un conjunto amontonado de muros derruidos, por tanto más que el muriu; la carrila, camino de uso comunal, más cómoda que el carril, es empelada por todos los vecinos con derecho a paso en una iría, una cortina...; a veces, un camino para la madera, más ancho, apacible, mejor para las parexas y los carros; La grana es todo un conjunto de granos (la grana'l payar, la grana de semar...).

  • La valoración afectiva. La mayada ofrece más derechos que el mayáu: derecho a la cabaña, a la estancia del ganado, a leña, a fuente... El mayáu es sólo un espacio físico de un puerto, aislado, entre otros muchos... La mayada es el espacio principal de la braña, única. Una cabana viene a ser la casa en la braña, para la estancia completa por varios meses; un cabenu es sólo un albergue ocasional para una finca, es pequeño, sólo para el abrigo y poco más.

  • La fertilidad. Podría ser el caso de era y eru: tierra adecuada para los cereales, frente a un espacio peor, menos productivo, en cualquier pendiente... Tal vez, por esa productividad los árboles frutales llevan formas femeninas: la castañar, la peral, la cerezal, la nisal, la mostayal, l'almuerza, la pescal... O las plantas medicinales: xanzaina, cirigüeña, celedonia, arzolia, nielda, rúa, tila, xistra... Muchos árboles tienen machu y fema (la que da el fruto): acebu / aceba, carrescu / carrasca, fresnu / fresna, cafresnu / cafresna, rebutsu / rebotsa, alisu / alisa, felichu / felecha... Y semejantes.

  • La cantidad. O como la tayuela (4 patas), más que el tayuelu (3 patas); la pelleya, toda la pelleja, frente al pelliyu, que sólo puede ser un trozo, o una parte del animal; la talega, lleva más que el talegu; la saca, más que el sacu; la bolla con más ingredientes y masa que el bollu, suele amasarse más bien para celebraciones especiales, es más sabrosa.

  • La materia. Es el caso de maera y maeru: lo general y lo individual, aislado. O la leña, la gamaya, la garabuya, la borra, trielda, la focha, la maratana...

Anexo 4. El rostro femenino de la montaña

En conclusión, la lengua asturiana siempre mantuvo una fuerte creatividad de nombres femeninos, en contraste con el romance castellano. Se contempla especialmente en el paisaje de montaña. Todo un léxico común usado luego en toponimia: las vegas, las guarizas, las morteras, las palazanas, las veredas entre las peñas, las campas y camperas, las tierras de semar; las matas de frutales, las cuevas y covachas; pandas y xerras; regueras, rías y riegas; llagunas y llamazugas...

Así, los espacios más productivos y apacibles llevan género femenino. Es decir, La Morteras, Las Panizaliegas, Las Michariegas, La Irías, Las Guarizas, Linares, Las Llinariegas, Las Viñas, Las Viñuelas; Las Ordaliegas, Las Orderias, Las Ordiales... Como llevan palabras femeninas la mayoría de las brañas asturianas en diversos conceyos de montaña: La Peral, Tsamaraxil, Tsamaradal, La Pornacal, Sousas, Murias Tsongas, Braña Narcea, Las Brañolinas, Bobias, Güeria, La Vachota, Mayá Vieya, La Fresnosa, La Carbazosa, La Valencia, La Barcelona, Vegarada, La Tabierna, Mericueria, Canietsa...

Y se extiende el paisaje toponímico con rostro femenino hasta en parajes que tienen por base una palabra en masculino; por ejemplo, muchos nombres masculinos de animales motivan un topónimo que lleva sufijo femenino. Es el caso de Las Guarizas (adecuado para los bueyes), La Faisanera (lugar preferido por los faisanes), Las Robequeras (por los rebecos), Las Bobias (por los bóvidos), Las Porquerizas (por los puercos, los xabalinos monteses), L'Azorea (por los azores, los ferres), Pena Corvera (por los cuervos), Cotsá Potrera (por los potros), La Caballuna, La Caballar (por los caballos).

O como llevan resonancias femeninas las aguas más caudalosos de estas y otras montañas: Sella, Narcea, Lena, Navia, Güeña, Pigüeña, Piloña, Deva, Dobra..., aunque vayan precedidas de un río en masculino. Lo mismo que ocurre en otras hidronimias regionales: Bidasoa, Besaya, Nanasa, Saja, Esla, Pisuerga... O son femeninas las zonas con aguas más abundantes, o más necesarias, en los días del verano: Güeria, Saliencia, Las Tsamas, Tsamaraxil, Tsamaradal, Riabona, Ribietsa, Riafrecha...

Sirvan estos ejemplos, desarrollados en el diccionario citado y en otros trabajos (ver artículos de esta misma páxina sobre el género y bibliografía correspondiente del autor). Breve estudio también, "Rendimiento y significado de la oposición de género en algunos topónimos asturianos", por Marta Pérez Toral, Boletín del RIDEA, nº 164 (pp. 27-39).

En resumen, y por lo que hay hasta el momento

  • La lengua la hace el pueblo. El habla diaria de las calles, de las caleyas, de la prensa, de los técnicos, de los científicos, de los deportistas, de los comerciantes, de los banqueros, de los ganaderos, de los campesinos, de los jóvenes..., va creando unas formas de género según las vaya necesitando para su comunicación diaria. Se crean unas formas de género, pero no otras: modisto, sí; pero, futbolisto, no... Por lo menos hasta el momento; no sabemos lo que pasará con los años, lo mismo que en tantas palabras con la misma terminación -ista, casi única hasta la fecha.

  • Y del habla, las creaciones verbales van pasando a la lengua, con los años, pasan aquellas palabras que van triunfando: las que se usen más, las que se consideren necesarias, imprescindibles, las que suenen mejor... Cada ciertos años (10, antes; cada 5..., ahora), la Real Academia de la Lengua saca un diccionario, una gramática, en la que va incorporando las palabras que haya ido seleccionando el pueblo en el habla diaria. Unas sonarán mejor y otras peor, pero ya están admitidas como norma, pues así lo quiso el pueblo (proceso democrático en sentido etimológico).

  • La Academia nunca puede ir delante seleccionando, ni ordenando lo que hay que decir: se limita a recoger las creaciones de los hablantes a diario, con criterios diversos y complejos (ahí está el trabajo selectivo de los académicos). Sobre todo la funcionalidad de las palabras. Lo demás, la imposición por parte de algún sector concreto (masculinista o feminista, machista o hembrista...) supondría muchos tipos de tiranía, dictadura, y cualquier -ismo detestable y nada democrático, nada popular, ni por tendencia a lo masculino, ni a lo femenino: las dictaduras son todas parecidas aunque cambien de signo o de collar.

  • La ley de economía rige también el uso de la lengua: ¿Por qué tigra? que asusta a tantos y a tantas: pues tal vez porque sea más corta, más económica que tigresa (también admitida). O ¿por qué elefanta? (también en el diccionario). Por lo mismo, más económica en fonemas y escritura: mucho más corta que "elefante hembra..."

  • La tendencia natural, por la misma estructura de analogías en el aprendizaje de una lengua ya desde bien pequeños. Lo saben perfectamente los niños (y las niñas, por supuesto...) que aplican con rigor su inteligencia más espontánea al aplicar las reglas que van deduciendo. Contaba Carmen Arias González (siempre en la aguda pesquisa de posibles dicotomías para la discusión feminista) cómo su hija, cuando tenía dos años, se defendía (con razonamiento irrefutable) de la superioridad esgrimida por su hermano de cinco, que hacía valer su relativa mayor edad: "si Javi es mayor, so soy mayora". Y lo que son las paradojas, ya existe mayora en el DRAE como mujer del mayor (superior, cargo, oficial en diversas instituciones), lo mismo que en el apellido Mayora.

  • ¿Y qué ocurrirá en adelante, qué palabras trinfarán en masculino o en femenino? Pues las que vaya decidiendo el uso por la fuerza de la necesidad: ¿se llegará a decir también jirafo, simia, homosexuala, oculisto...? Pues, como posible según los otros modelos ya en funcionamiento, no se podrían descartar. Si hicieran falta, se crearían. Hasta existe lapicera en el diccionario ¿suena mal? Pues está en el diccionario como especie de estilográfica, lápiz grueso de los carpinteros en algunas zonas, sobre todo hispanoamericanas, de donde llegan tantas novedades de este tipo. Y el asturiano es rico en este aspecto: hasta hay carril / carrila, zurrón / zurrona, fresnu / fresna, cabanu / cabana, zapicu / zapica, maniegu / maniega, gadañu / gadaña, xiblatu / xiblata ...

  • Quién lo diría. Lo mejor será siempre escuchar a la gente: a las personas, homes y muyeres, niños y niñas, lugareños y lugareñas de las montañas o junto al mar. Escuchar la voz de los pueblos.

Desarrollo de algunos de estos aspectos
en el trabajo de la citada revista del RIDEA (pp. 55-74)
por Xulio Concepción Suárez

Temas relacionados con la polémica lingüística:
otras informaciones y opiniones.

Más sobre el género femenino en la naturaleza

Podríamos concluir con unas reflexiones de Moreno Cabrera sobre el origen de los cambios léxicos, las innovaciones cotidianas en las lenguas, y sobre la famosa frasecita aquella de "eso no me suena bien", "aquello, en cambio, sí me suena mejor", "qué mal suena eso" y semejantes. Todas las grandes lenguas (la española incluida) se hicieron con horribles cambios malsonantes a los oídos y normas de la lengua madre de la que proceden; se hicieron, sobre todo, a base de cambios en la lengua hablada: vulgarismos, localismos, dialectalismos, extranjerismos... Y llegaron a ser grandes lenguas.

"Todas estas palabras [espejo, ojo, tabla, mesa, río...] han sido originadas por la ignorancia o descuido del vulgo. No hemos de avergonzarnos por esto: las lenguas son así, las hace el pueblo y el pueblo es el árbitro de la lengua. Esto nos enseña algo importante: lo que ayer era incorrecto, hoy es correcto; lo que ayer era un vulgarismo que ofendía a los oídos de las personas cultivadas, hoy es un término tan digno de nuestra lengua como el cultismo más refinado y rebuscado. El pueblo es el que tiene la última palabra; a él hemos de remitirnos lo queramos o no" (Juan Carlos Moreno Cabrera)

Y con unas palabras de Pablo Neruda:

«Nosotros
(los gramáticos)
caminantes
exploramos el mundo;
en cada puerta
nos recibió la vida,
participamos en la lucha
terrestre.
¿Cuál fue nuestra victoria?
Un libro lleno
de contactos humanos, de camisas,
un libro sin soledad
con hombres
y herramientas,
un libro es la victoria»
(Pablo Neruda) .

"Desde el caos inicial, una mañana
desperté. Los colores rebullían.
Mas tiernos monstruos ruidos me decían:
«mamá», «tata», «guauguau», «Carlitos», «Ana».
Todo ”«vivir», «amar»” frente a mi gana,
como un orden que vínculos prendían.
Y hombre fui. ¿Dios? Las cosas me servían;
yo hice el mundo en mi lengua castellana.
Crear, hablar, pensar, todo es un mismo
mundo anhelado, en el que, una a una,
fluctúan las palabras como olas".
(Dámaso Alonso)

Escuchar el programa:
http://www.goear.com/listen/e824540/radio-en-la-escuela-2012-alumnos

 

Bibliografía específica sobre el género dimensional.

  1. CONCEPCIÓN SUÁREZ, J. (2002). "El género femenino en la toponimia de montaña asturiana", en Etnografía y folclore asturiano: conferencias 1998-2001 (pp. 53-75). RIDEA. Oviedo.

  2. CONCEPCIÓN SUÁREZ, Julio, GARCÍA MARTÍNEZ, Adolfo y MAYOR LÓPEZ, Matías (2008). Las brañas asturianas: un estudio etnográfico, etnobotánico y toponímico (pp. 158-164). Edita RIDEA. Principado de Asturias. Oviedo.

  3. CONCEPCIÓN SUÁREZ, Julio. http://www.xuliocs.com/xenrfemmasc.htm

  4. CONCEPCIÓN SUÁREZ, Julio (webgrafía). http://www.xuliocs.com/genero.htm

  5. DAUZAT, Albert. (1952). "Le genre indice de grandeur". F. M., t. XX (p. 248).

  6. KOPYL, V. (webgrafía) “Algunas observaciones sobre los medios morfológicos utilizados para la expresión de las relaciones de magnitud espacial”, I Lingüística y traducción. Ponencias. http://www.moscu.cervantes.es/articulos/54/kopyl.pdf

  7. MILLÁN CHIVITE, Fernando. (1994) “Tipología semántica de la oposición de género no sexuado en español”. Cauce, nº 17 (pp. 53-75). Universidad de Sevilla.

  8. NEIRA MARTÍNEZ, Jesús (1976). El bable, estructura e Historia (pp. 101s). Ayalga. Gijón.

  9. PÉREZ TORAL, Marta (2004) "Rendimiento y significado de la oposición de género en algunos topónimos asturianos". Boletín del Real Instituto de Estudios Asturianos, nº 164 (pp. 27-40). Oviedo.

  10. Von WARTBURG (1921). "Substantifs feminins avec valeur augmentative". BDC, t. IX (p. 54).

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