Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

VILLAR DE PARANA /
VICHAR DE PARANA /
Vitsar de Parana

Casería de la parroquia de Parana (Lena), situada entre Fierros y Parana. Dista 13 kms. de la capital municipal, y se sitúa a unos 640 ms. de altitud.

El término villar dscribe su situación de antaño: en época medieval temprana, las villas romanas se fueron extendiendo hacia espacios productivos complementarios del núcleo original señorial, en este caso la villa del posesor Parus, luego Parana.

Los villares, abundantes por todo el conceyu Tsena, eran importantes zonas sembradas que se dedicaban al cereal, sobre todo (escanda, centeno...). Como se siembra en diciembre y resiste bien las xelás, las tierras de Vitsar debían ser muy adecuadas para una escanda tardía que aguantaba bien la nieve y los inviernos.

El resultado es hoy un pueblo bucólico que conserva relativamente su estructura antigua: las casas agrupadas en torno al camín, con las fincas colindantes por ambos lados.

El conjunto de casas está situado sobre los caseríos de San Pelayo (abajo, sobre el río) y Santolaya (enfrente, en lo que hoy es el conjunto del Praón), ambos con tradición monacal. La cuadra de Sanpelayo conserva varios nichos en las paredes del payar que parecen atestiguar su función antigua para las imágenes.

Sigue entre los mayores del valle la tradición de que fue capilla, lo que atestiguan los documentos medievales escritos, y otros estudios posteriores..

El poblado se agrupa sobre una amplia explanada, que fue hasta hace algunos añ os tierra de labor. No es lugar muy soleado, pero sí lo menos abeseo en un valle encajonado entre las pendientes de La Collá (hacia Güeches), y los cantos que dan al monasterio de Horria (hacia Torones y Naveo).


(foto pretada por Pepe Montero)

Blog sobre la construcción del Puente Arroyo

El Puente Arroyo.

Hasta hace unas décadas resaltaba en el valle la estructura del Puente Arroyo, que se dice proyectada por Eiffel, huesped por esos años en La Tahona de Malveo (dice la voz oral). Hoy el puente (lo que quede del puente) está enterrado bajo los mismos raíles de las vías del tren.

El nombre del paraje parece un hidrónimo, en relación tal vez con el río sobre el que se levantó el puente: el río que baja por Parana del Mayéu Fierros, y tal vez origen del poblado en la confluencia con el río Valgrande. Arriba, bajo Tresconceyos, hubo minas y quedan signos de aguas y rocas ferruginosas.

La voz arroyo parece relacionarse con el prerromano hispánico arrugia ('canal de agua'), que dio lugar a las conocidas explotaciones romanas del oro mediante el sistema de arrastre (derrumbamientos de tierra con torrentes de agua para dejar al aire el mineral brillante).


(Foto prestada por Pepe Montero)

Un proyecto de Eiffel entre balastro, escombro y cemento.

En fin, el Puente Arroyo, ya sólo reducido a un nombre, forma parte del patrimonio lenense, y resulta lamentable que permanezca oculto, enterrado, anulado, cuando merecería ser contemplado por la novedosa y revolucionaria ingeniería mecánica de hace un siglo.

No obstante, sospechan algunos lugareños también que parte de la estructura del hierro pudiera haber sido transformada en armamento y balística en tiempos de posguerra, razón por la que se rellenaría de escombro y cemento para disimularlo.

Nos explican los vecinos el diseño estratégico del puente. Dicen los paisanos y paisanas del valle que tuvieron la suerte de llegar a conocerlo allá por los años 30, que el puente, como está en curva, permitía un ligero desplazamiento articulado, de manera que el tren pudiera adaptar poco a poco su velocidad y no salir disparado por la tangente.

Era el diseño de Eiffel, del que parece quedan otros por la geografía peninsular. Fue cubierto progresivamente con escombros entre los años 43-52, en parte por los riesgos que suponía en el aumento de los tonelajes en los trenes; y tal vez por la sustitución de parte del hierro por cemento, con destino a otros usos. Hoy, otra parte del patrimonio de Lena entre el escombro, la indiferencia o las zarzas, como en tantos casos.

La vigilancia del puente: los relevos de guardia día y noche

El Puente Arroyo se recuerda con una larga historia de vigilancias y relevos desde finales de los años treinta a los cincuenta. Estaba patrullado constantemente por las vías, como posible objetivo de sabotajes para romper las comunicaciones con Madrid. En los pueblos de Vitsar y Parana se recuerda bien el sistema de patrullas, guardias, relevos. En la memoria queda Beneisa Yelul, que vivía en Vitsar y era guardíán del puente.

Estos vigilantes tenían la obligación de echar el alto a cualquiera que pasara por el puente. La voz era: -"¡Alto, quién va!". Y el transeúnte debía contestar inmediatamente: -"¡Gente de paz!", o alguna expresión que lo identificase sin titubeos (con su nombre propio, mismo). Los guardianes le decían entonces: "Siga, siga! Y, en ese caso, no había más problemas.

Para otras circunstancias, corren muchas anécdotas entre los mayores, algunas ya sin duda muy desdibujadas, en parte por la prohibición de hablar del tema en muchas décadas. De hecho, entre los años 50 y los 70, a pocos güelos se les ocurría contar estas peripecias delante de los nietos y las nietas (delante los mozacos). Secretos de mayores, enterrados para siempre entre los fierros y cementos del puente.

Más información en el blog: G. T. F.
(Grupo de Trabajos Ferroviarios)


la gata murando na cuadral' Praón

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