Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

Revista Vindonnus:
Patrimonio Cultural de Lena

Palabras pronunciadas en
La Casa de Cultura de Pola Lena,
el día 16 de xunio, de 2017,
con motivo de la publicación del
nº 1 de la Revista Vindonnus,
por Xulio Concepción Suárez

Resulta, ciertamente, grata la presentación de una revista elaborada con el ingenio, el trabayu y el consenso de tantas personas. Hay que destacar, en primer lugar, las horas dedicadas por David, lo mismo al diseño de aquel proyecto con las primeras charlas en Campomanes, sobre Bendueños; que a la coordinación de unos cuantos artículos sobre diversos aspectos de la cultura y la historia interna de Lena, no suficientemente divulgadas ni valoradas hasta la fecha.

Hora era, por fin, de que alguien consiguiera ambos objetivos; y, al tiempo, de que le hicieran caso en las instituciones del Principado (Patrimonio, Cultura...), y en las instituciones municipales correspondientes. Todo ello es de agradecer, cuando se multiplican las fuerzas en sana estaferia de siempre: el primigenio ayuntamientu de la xente (la xuntanza, el conceyu, la reunión), que dice la palabra en su etimología.

No estaría mal lograr, en Lena también, ese “fascinante sinergismo en el que el todo es mucho mayor que la suma de sus partes” –como dice el gran investigador asturiano, el químico Amador Menéndez (reciente Premio Europeo de Divulgación Científica; y Premio Internacional de Ensayo, 2017): sinergismo (otra palabra tan solidaria), es decir, unión por el trabajo, por las fuerzas de la comunidad vecinal (del gr. sýn érgon, ‘obra, acción conjunta’).

Comenzando por la raíz de casi todo para aprender y seguir proyectando: el entorno que nos rodea

El caso es que nos reunimos aquí (nos aconceyamos) en torno a una revista, unos artículos sobre Bendueños y otros aspectos del conceyu, no por casualidad. David es un ejemplo de iniciativas y técnicas de aprendizaje, como ya lo era desde aquellos remotos tiempos por las aulas, no sin algunas discusiones pasajeras por algún sujeto, un complemento, un suplemento..., que igual no clasificábamos los dos en el mismu caxón (caxigalinas, vamos...).

Nuca olvidaré aquellos primeros trabayinos suyos pa subir nota en Lengua: ya nun vamos a llamar deberes (que ahora dicen tán prohibíos); sino, simples prácticas de lo aprendido en clase: lo que de verdad va a quedar en la memoria para siempre; algunas de aquellas redacciones, narraciones..., siguen flotando en mi web con títulos tan guapos como: Un día en Las Morteras, Una tarde de mayo, Viaje a París..., según lo que estuviera haciendo en cada momento (por las morteras de Yanos, o alreor de La Torre Eiffel en París, lo mismo daba).

Porque casi todo comienza por el entorno más inmediato desde bien pequeños (ejemplo de los güelos y las güelas incluidos, por supuesto). Todo un proceso desde lo local a lo universal: de la glocalización, a la globalización, palabrejas que llenan la boca a muchos y a muchas, pero que, a veces, se practican muy poco.

Con esta actitud, imprescindible en estos tiempos tan pasivos demasiadas veces, muchos hijos, y muchas madres o padres (Mari Flor es un buen ejemplo), harán posible una mejor educación de todos (menores, medianos y mayores), mucho más participativa, creativa, motivada...; esa idea, ahora tan de moda (muy antigua, por otra parte) de que se aprende con el ejemplo de lo que recibimos, y con la práctica de lo que más nos gusta y nos interesa para el futuro.

Por tanto, de lo particular, a lo general; de lo local, a lo global

Luego vendrán ya los estudios posteriores, lejos incluso del pueblu y las caleyas: David, como tantos y tantas, anda por otras universidades lejos de la ovetense; pero ya quedaron en la memoria del estudiante comprometido las experiencias y las técnicas más elementales con las que seguir aprendiendo de forma autónoma y transformando lo antiguo para convertirlo en algo nuevo; es decir, para innovar y adaptarse al presente o al futuro. En palabras de Woody Allen:

Me interesa el futuro, porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mis días”.

Hasta que se van viendo los resultados: primero, David consiguió la declaración de Patrimonio BIC (Bien de Interés Cultural) para las ya famosas pinturas del Camerín de Bendueños (que buena falta les hacía). Y, ahora, esta revista de un pueblu y del pueblu (nunca mejor dicho), pero una revista científica de valor universal: pasará a unas cuantas bibliotecas en papel; y a otras muchas, bastante más allá de estas montañas, en formato digital, donde alguien leerá desde el título mismo (ya lo puede estar leyendo ahora mismo): Vindonnus, Revista patrimonial de Lena...

No puedo dejar de recordar aquí aquella arraigada idea de los bretones franceses (¡qué ejemplo de valoración de lo que tienen alreor...!):

“El pasado debe ser
una fuente de inspiración,
y no de imitación;
de renovación,
y no de repetición”.

En aquella imprescindible estaferia comunal al estilo del milenium: con las nuevas ferramientas y formas de trabayar

Pero las cosas tampoco las puede hacer uno solo, ciertamente, ni se le deben cargar a nadie en particular: en los pueblos los trabayos siempre eran comunales (si son de interés común, pues habría que hacerlos en común). Hoy esta colaboración incluso resultaría más llevadera con las nuevas ferramientas digitales: el fruto de la infotecnología, la hiperconectividad (que se dice ahora); cada uno y cada una, siempre a su ritmo y en lo que pueda y sepa con sus posibilidades, por supuesto.

Por ello, hay que reconocer también la colaboración de muchas personas en el proyecto de la Asociación Vindonnus: no hay que olvidar, por supuesto, el apoyo, en distintas formas, de otros y otras lenenses o no lenenses, desde sus diversos campos y actividades; Loly, en Campomanes, con su gran labor cultural y social; Auri, Isabel..., siempre con sus iniciativas y compromisos populares; Jorge Oca, Rolando, Héctor, Luis Núñez, Pablo..., desde las actividades municipales, deportivas, montañeras, turísticas, ecológicas, informáticas...

Sin olvidar tampoco para la publicación de la revista, a todos aquellos y aquellas (y ya son unos cuantos) que aportaron económicamente lo que en ese momento consideraron para la ocasión: hosteleros, comerciantes, instituciones públicas y privadas diversas.

Muchos granos, en fin, fueron engrosando el sabroso granero de esta esperada iniciativa comuñera (ahora que casi todos vivimos en red), lejos de actitudes tan pasivas, politizadas, partidistas, discriminatorias, críticas (más bien criticonas) demasiadas veces. Siempre estaremos un poco a tiempo: con lamentase y cruciar los brazos, nun facemos ná... –oímos algunos siempre desde bien pequeños en el  pueblu.

Con la luz que procede de aquella divinidad remota: el culto al Sol, la luz solar, el otro componente imprescindible de la vida, al lado del agua, la tierra, el aire...

Hay que agradecer también a esta docena de autores en las páginas de una revista bien diseñada desde el mismo nombre y el logotipo, con ese objetivo de proyectar la historia lenense desde sus remotas raíces indoeuropeas: toda una cultura milenaria dedicada a la divinización más sana (que diría el poeta portugués Fernando Pessoa) de las fuerzas naturales: en este caso, el brillo de la luz del sol sobre unas montañas nevadas, tan necesario para la vida en tiempos de rigores invernales, colgados de los altos tantos meses al año. En aquellos tiempos más cuerdos, claro, cuando había inviernos...

No por casualidad, sobre Bendueños (la otra red toponímica, también), está el lugar de Xuviles (sobre el mismo poblado), otra voz milenaria más que sigue atestiguando aquella preocupación de los nativos por recurrir a las divinidades naturales (Iovis, dios del trueno y los rayos), para protegerse en unos tiempos de recursos tan precarios a la hora de curar enfermedades; o, simplemente, para renovar la ilusión primaveral un año más. La transformación en Santa María de Bendueños fue culminando el proceso hasta estos mismos días en la fiesta anual del Santuario.

Firman los artículos: Carmen Prieto, lenense especialista en la música tradicional de los pueblos; Bertu Ordiales, botánico asturianista, buen conoceor de los árboles y plantas del conceyu; Rosa del Carmen, experta en pinturas murales; Guillermo, técnico especializado en la comunicación ferroviaria por El Payares; Alberto A. Peña, con los intrigantes grabados del horro; Ludivina, tras el monasterio medieval de Parana; Carlos, entre los murales del Camerín; o José Ramón Estrada, tras el Fuero de Campomanes, tan desconocido hasta la fecha.

Concluyendo, por tanto

En fin, resulta ciertamente grata una sesión lenense bien dirigida, coordinada, con la participación de tantas personas, que recogen aquella tradicional costumbre de las esquisas, el conceyu, l’andecha vecinal, adaptada a esta modernidad líquida inevitable –que dice Zygmunt Bauman-, pero con una perspectiva de proyecto imprescindible.

Una necesaria investigación multidisciplinar lenense y asturiana, desde el patrimonio tradicional, que construyeron nuestros mayores con sus recursos de entonces; hasta las nuevas tecnologías que tenemos por delante, desarrolladas con esa nueva inteligencia colectiva, cooperativa (hiperconectada), que se dice ahora.

La Asociación Vindonnus, como otras que van floreciendo nel conceyu (no cabe duda), puede suponer un paso importante adelante: entre unas y otras, Lena seguirá construyendo esa cooperación sinérgica, de la que habla Amador Menéndez en su último trabajo, Historia del futuro.

Porque, como recuerda la escritora Eleanor Roosvelt, gran defensora de los derechos humanos:

“El futuro pertenece a quienes creen en la belleza de los sueños

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