Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

 

Grabado de la arquitectura antigua del local

"(páxina en construcción)
por Xulio Concepción Suárez

El Tribunal de La Pola:
la tabierna, el chigre del pueblu,
el lugar social, con las tertulias y
las canciones de siempre

Desde ya más de siglo y medio atrás

El Tribunal es palabra que resuena en el conceyu Lena, con igual sentimiento lugareño en La Pola que en los tsugares más apartados de los pueblos o las brañas: ye el bar de siempre, el de la conocida familia de los Blanco.

Y Manolo ahí sigue, con su memoria preclara y sus años, animando las conversaciones de la mañana o del crepúsculo, todos los días del año. Como Susana, con su paciencia y atención tras el mostraor, o de mesa en mesa, mañana y tarde cada día. El chigre del pueblu y del conceyu. En el esquenu del bar, apoyaos en la tabla, sacamos unas cuantas historias.

Ye, ciertamente, El Tribunal la tabierna antigua que perdura como memoria de Lena, de los conceyos circundantes, de la Asturias costumbrista de un par de siglos atrás. Por las mesas y tauretes del Tribunal fueron pasando muchos paisanos con memoria lugareña milenaria, que hoy iguen recordando los más asiduos contertulios del milenium: toda una historia oral colectiva digna de recoger por escrito.

El mismo edificio del Tribunal conserva, hasta la fecha, aquella arquitectura asturiana típica de los mesones al lado de los caminos carreteros: un edificio en dos plantas, en una calle recta y larga que cruza el pueblu, con otras casas alineadas también a uno y otro lado; algunas fueron posadas, comercios de utensilios rurales, ultramarinos... Van quedando muy pocas ya para contarlo.

Con aquel estilo parodiado de la misma política madrileña

De ahí surgiría el nombre más sugestivo de "La Moncloa": otra forma de recordar el humor con que siempre se tomaron las discusiones los contertulios de la taberna; a imitación un poco irónica de los debates políticos en Madrid, allá por finales de los setenta, siempre al par del porrón del tinto o de una pinta; cuando ya las opiniones y las críticas podían fluir menos atenazadas, lejos de las censuras en cualquier corrillo popular, surgió el sobrenombre de "La Moncloa", que siguen asoleyando los más veteranos de hoy.

Pues en aquella "moncloa" lenense se hablaba de todo según los días, la estación del año, las aficiones de los asistentes, los temas del día, tantos lustros antes de la radio, la tele o el móvil: caza, ganadería, azarías de los tsobos, sucesos en los pueblos, política, fútbol.... El chigre era el noticieru local, comarcal, regional, internacional..., pues muchos carros y carreteros, viajeros, arrieros..., pasaban por La Pola en sus inevitables subidas y bajadas del Payares, siempre de camino entre la meseta y al mar.

Todo un documento del grabado centenario, desciframos en la pared frente a la entrada

De hecho, colgado de la pared, bien lo atestigua el grabado de José Cussach. La escena de la estancia, a modo de mesón caminero a la antigua usanza, no tiene desperdicio: un capitán médico curando a un soldado dolorido, con los más que precarios recursos caseros de siglos atrás: el gesto del paciente lo dice todo.

Como lo dice el detalle del cuadro colgado hoy en la taberna: una xarrina de vino, o algo paicío, se diría que ofrece al malherido, como calmante de ocasión ante otra anastesia impensable entonces. O el gesto asustado del mozaquín, que se agarra a las faldas de la madre, pa ver sólo a medias y de refilón, los retorciñones del forasteru, que lu empiezan a impresionar ya desde bien temprano.

En fin, hasta los mismos ladrillos del suelu, refractarios, sólidos, gruesos, recuerdan siglos y siglos de mesones, ventas, posadas al lado de los caminos. Dice Manolo que la escena del cuadru ye exactamente la tabierna de hoy; pero que antes de chigre o mesón, yera una casa particular; tal vez con alguna función caminera o de hospedaje, sin chigre entonces al modo actual.

La Caleya, la calle principal de entonces, colabora en el nombre. Pues, esos mismos ladrillos del grabado coinciden exactamente con los actuales que bien respetaron los Blanco: la fila más ancha del medio es el punto de unión con el presente. Detalle de agradecer a Manolo y familia. La Caleya, el símbolo de la vida caminera, en este caso, el camín real a los altos de Quirós, pasando por Tablao y La Cobertoria.

Tertulia a mediatarde:
grabado antiguo

La voz serena

La voz colectiva

El Mercao La Plaza, decenios atrás

El senado del tribunal

Los ladrillos macizos del pisu en la tabierna

El nombre de "El Tribunal", todavía un poco en la nublina

Sigue sin descifrar del todo el nombre mismo de la tabierna. La palabra tribunal era en romance 'el lugar destinado a los jueces, la justicia, las sentencias...'; el lugar del recto juicio, el conjunto de jueces...', y acepciones antiguas parecidas que llegaron a nuestros días desde sus remotas acepciones medievales; lat. tribunalem (estrado, plataforma).

No obstante, el nombre se remonta al antiguo almacén de vinos que tenía la familia de los Blanco a uno y a otro lado del río Piquinu (el rí Nareo); hasta tres locales con el mismo nombre (el otro, más arriba, en La Caleya).

El almacén de vinos principal estaba en lo que hoy es edificio de viviendas, en la margen derecha del río Piquinu, al otro lado del puente, frente a La Bodeguina actual (tal vez, no por casualidad tampoco). Allí Pepe Blanco tenía su almacén con el vino que traía de las bodegas mayores de Valladolid, León, la Mancha... (casi siempre ya en ferrocarril), en toneles de maera de roble.

Luego, Pepe Blanco distribuía por los pueblos las barricas, los barriles, los pellejos, los cántaros..., al por mayor y al pormenor; y al mismo tiempo, los clientes tomaban sus xarrinas, y pinchaban lo que llevaban de casa en bolsu para acompañar. Pepe yera muy servicial con los clientes, y hasta les prestaba algunos cuartos pa salir del paso (los sacaba del apuru), cuando los cogía por sopresa lejos de casa alguna compra imprevista: en aquellos tiempos, muy de agradecer, sin duda.

Tal vez, aquellas reuniones, se fueron haciendo famosas y concurridas, pues acudían a las tertulias, asistentes de la administración, juzgados, funcionarios... Por ello, los temas tratados llegarían a ser de verdadera trascendencia por la seriedad y documentación que suponían gentes tan especializadas en temas muy diversos. Llegarían a resultar muy respetados, incluso, consultados por los más curiosos, aficionados a la cultura y a la vida comunitaria local.

Un lugar, por tanto en un almacén de vinos, pero muy resonado a diario en las caleyas. Un verdadero tribunal popular para su tiempo. La política, los políticos..., salían casi siempre a relucir, no sin discusiones acaloradas, sobre todo, a medida que menguaba la xarrina... Casi como hoy mismo, pero con más tiempu y noticieros por el medio, claro.

Los carreteros: todo un arte con la parexa y los carros del carbón, la piedra, la maera...

Más tarde, el almacén pasó a Manolo Blanco, el Carreteru (güilu de Manolo el de ahora), que hacía el camino diario con la parexa los güés a las minas de Fontechabe, en la vertiente quirosana de Vitsar y Las Chanas, para traer el carbón a la Estación de La Pola, a los vagones del ferrocarril. Hacían un viaxe al día; y, al día siguiente, midiu viaxe -recuerda Manolo hoy-, pues la parexa tenía que descansar; el día del midiu viaxe, se quedaban a dormir en unas chabolas que había en La Curva la Faya (km 8), justo sobre El Sosetsar (km 7): La Casa de Maera, se llamaba.

Estos carretros tenían sus técnicas: cada carru traía 5 tonelás de carbón, pero como cuesta arriba el carru pesaba hasta de vacío, echaban un burro de gabita por delante; es decir, lu aparexaban al xugu, de forma que servía, por lo menos, para animar a los gües cuando podían ir más relajados, con el carru vacíu a la carga (varias horas hasta el destino, claro).

Allá por los 1920 los carreteros verían muy mejoradas sus comunicaciones con la carretera a Quirós por Palaciós, Piedracea, L'Alto la Cobertoria..., y Las Chanas, Vitsar... Más tarde se hizo otro tramo hasta El Melón, a poco ya de Cortes y Tsindes. Pero antes, sólo había el camino antiguo, el de las pedreras y barrizales, que salía de La Caleya, subía por La Fuente l'Ablenu, La Flor, Morúes, Armá... O por Tablao, La Felguerina... Hoy se nota en algunos tramos para contarlo.

Por aquellos caminos empedrados, transitaban había buenos carreteros, como Carballido, que ferraba los gües una vez xuníos, y con una palanca trabá en la ruea'l queru. Otros carreteros se dedicaban más bien a la maera, a la piedra de las canteras...

Todo un arte centenario el de los carreteros con la parexa y sus esquilones, sus formas de cruzarse en los estrechamientos, la lentitud de los bueyes, que hasta caminaban solos delante, a la voz del carretru xubíu al carru; o adormilado sobre las tablas, cuando iban de vacío al destino. Y, con la seguridad, de que la parexa los gües no se desviaba un palmo del camino tantas veces pateado.

El Tribunal de hoy en la memoria (prodigiosa, preclara) de Manolo Blanco y unos cuantos contertulios más xóvenes (muy gratas las horas de escucha tomando notas)

Más tarde, sobre los años 40, el almacén del Tribunal pasó a Antón Blanco, hermano de Manuel. Y ya, definitivamente, a Manolo Blanco (años 50), en la actualidad por los noventa años bien llevados. Con el trabayu diariu de Susana, por supuesto...

Del Tribunal originario (al otro lado del río) se fue llegando así al Tribunal actual (margen izquierda), pues era de los mismo dueños; pero ya casi más bien tabierna. Se continuaron las tertuilias, las sentencias populares, los saberes de los más asiduos: un verdadero noticiero diario, local, regional.... Quedó el nombre para recordarlos: una tabierna, pero con valor de un tribunal muy popular.

Las tertulia seguían en aumento -recuerda Manolo- con los más asiduos que traían su propia comida y pedían el porrrón de vino para acompañar. O con los platos de caza y pesca que se cocinaban para la ocasión, adornados, si acaso (no podía ser de otra manera entre cazaores y pescaores...), con no algunas fantasías y hazañas, sólo producto de la imaginación y del vino de las xarrinas o los porrones. Estas comilonas, si eran caza de Manolo, resultaban gratis a los comensales: invitaba la casa...

En todo caso, un verdadero chigre familiar a la antigua usanza, a falta de radio o tele: siguen hoy mismo semejantes fantasías y bulos a la hora del telediario, los discursos de algunos políticos, de las figurinas y celebrytys de turnu...; asgaya a la vista y al oído están, día tras día... Hasta los, y las, que falan del tiempu, nun se sabe pa qué país falan y dan el pronósticu: al día siguiente pue facer too lo contrario a lo que dixeron nel telediariu anterior...

Una tabierna que empezó mejorando con el derecho a luces

El mismo espacio del Tribunal se fue adaptando a las funciones para la estancia en la nueva tabierna. Por ejemplo, recuerda Manolo que compró al vecino de la finca colindante el derecho a luces: un permiso para abrir una ventana por la parte que da a La Caleya, pues no tenía luz suficiente para la estancia en el bajo. Se conserva la ventana, por supuesto, aunque con el añadido luego de otro cuarto, el del mostraor actual.

Por unos años, desde El Tribunal se distribuían los pellejos del vino a los pueblos sobre la albarda de las caballerías: a Tsindes y Cortes, casi el día (7-8 horas), con dos pelleyos, ún de ca parte de la albarda, bien amarraos. Hasta había que llevar, a veces, una ferraúra (y martillo, clavos...) de repuesto pal caballo, pues si perdía la que tenía, y yera de cascos blandos, no podría continuar viaje con aquel peso al lomo: unos 140 k en total.

Crónicas de muchos siglos atrás, sobre las mesas del Tribunal

Escuchando a Manolo Blanco a sus moventa y pico años ya, con su preclara memoria, vamos reconstruyendo lo que sería un verdadero centro comunicación, de información, de convivencia local..., tantos lustros antes de la radio, la tele, la prensa, el teléfono..., al alcance de todos.

En tiempos de tanto trasiego por los caminos, mesones, ventas..., los usuarios del bar serían los primeros informantes de las novedades a uno y otro lado del conceyu Lena: los que venían de Castilla, de los conceyos vecinos, de Uviéu, de los puertos de Xixón o de Avilés... Ocurría también en torno a los lavaderos (los tsavaeros de las muyeres), los bebederos, los cruces de caminos, los pórticos de las ilesias, las mayadas de los puertos... Las fuentes de información eran diarias, pero casi orales en exclusiva.

El camín del estraperlo, pal uso familiar, na época del racionamientu...

En relación con los caminos, no tarda en salir la memoria del estraperlo: no como contrabando, en este caso, ni mucho menos, sino sólo como necesidad insoslayable de comprar algunos productos directamente a los vecinos leoneses, y traerlos para el consumo familiar, con tantas peripecias y sufrimientos de noche por el monte, con nieves, lluvias, fames incluidas...; fame del paisano, de la paisana y de la caballería misma..., por supuesto.

Yeran aquellos los tiempos más duros del racionamientu con cartilla y too (años 40): una ración de pan, pa caún de la familia al día; y doble, pa los mineros. Nun había más pan a discreción...

Dir al estraperlo suponía unos días de vida dura fuera de casa: se salía de La Pola con una caballería (ruina y flaca tantas veces), se columbraban los cordales de Zurea, Bovias, Tuíza, L'Alto'l Palo..., para llegar a los pueblos de Las Omañas (pasado Puente Orugo) a comprar farina, algo de vino... Se calculaba la salida de la vetiente leonesa para llegar de noche al paso por las cumbres, sin ser avistado por los consumeros en los filatos y puestos de control; o lejos de la vigilancia de los guardias en los caminos principales.

Y, así, toda la noche hasta volver de nuevo a La Pola o a los pueblos en cada caso. A todo más, se descansaba un poco para dormir un par de horas, y para que la caballería pudiera comer algo: unas érgumas, unos gorbizos, algu de pación si era época de pastos en las alturas; si no era invierno o estaba nevado.

Nos precisa Manolo con su memoria al detalle: las caballería hasta se echaba de cansancio, con sus sacos encima, y se levantaba con ellos como podía, para el viaje otra vez; nin se desaparexaba el borricu...

La historia del paisaje en la memoria de la cantina: las manzanas de perón en El Vatse Peral (la coincidencia de los nombres no ha de ser casual)

De las tertulias entre las mesas, van fluyendo muchos temas de la memoria colectiva entre mayores, y no tan mayores: una verdadera esquisa o estaferia, muy lingüística en este caso. Por ejemplo, nombres del terreno poco aclarados del todo hasta la fecha. Es el caso del Vatse Peral: ciertamente, recuerda las peras o las piedras; pero siguen las dudas; hay canteras próximas, como La Cantera del Reguerón, la de los adoquines para las calles de villas y ciudades, que llevaban los carreteros siglos atrás. Podría ser el origen del topónimo.

Pero precisa Manolo un dato más: los gruesos manzanales que daban aquellas manzanas de perón, tan agradecidas como sabrosas en los días tras el ganado, tiempo atrás; hasta las abonaban con carreñás de cucho pa que las peras fueran mayores; resultaban unos manzanales de tronco muy grueso, casi como castañares -matiza Manolo con el ejemplo.

Así se podían empezar a comer las manzanas de perón ya verdes en verano (no había espera...), una vez cocidas en la pota (el pote más anchu), pues si no quedan muy duras; ya más blandas en el otoño, se lograban unas manzanas grandes, aperadas, pero al revés -matizan algunos contertulios-; es decir, más gruesas por el rau, arriba, y más estrechas en la base, abajo; lo contrario de las peras; tal vez, de ahí el nombre de manzanas de perón.

Como El Vatse Peral baxo Los Pumares: las frutas silvestres (las peruyas, las manzanas caruezas, los carápanos..)

Pues de las manzanas de perón podría salir un nombre que complete el topónimo contiguo, un poco más arriba en el monte, del Puertu los Pumares: otra zona vaquera con unas cuantas cabanas, de las que sobreviven algunas en relativo estado, camino de Espines.

Sería el lugar de los otros frutos silvestres en el origen: lat. poma (fruto en general); en este caso, las manzanas montaraces, los caruezos, las peruyas, los carápanos, que también se aprovechaban por el monte, aunque fueran bastante más pequeñas y ácidas que las manzanas de perón.

Pero cuadran mejor los nombres sobre la mesa y entre los vasos: todo un mosaico vegetal imprescindible en aquel contexto alto de las brañas: manzanas jugosas, caruezos, o mayuncas de las espineras (los frutos roxos del espino), todos ellos comestibles, con más o menos carne o piedra dentro; pero aprovechados por personas y ganados.

Las costumbres más ecológicas sobre cada paraje habitado: facer güertos hasta nel monte

Otros detalles se van dibujando en la tertulia. Es el caso de los güertos que se cuidaban en torno a las cuadras de Peral, para tener unos productos en la cabana por el verano arriba: semábanse, sobre todo, patatas, arveyos, fréxoles... El aprovechamiento más detallado del medio: los productos de cercanía, que se dice ahora.

Y el cuidado extremo, para que no hubiera daños ni desperdicios: los güertos se protegían con un pareón de piedra alreor pa que nun entrara el ganao suelto por los mayaos y el monte; y nun tenía nin portillu nin portilla: saltábase percima'l pareón pa más seguridá de la cosecha; un güerto nel monte entonces, yera poco menos que un santuariu que adorar.... El pote al alcance de la mano, lejos de casa muchos días al año.

O arreglar los caminos en esquisa y estafera: la prestación

Sale a cuento también el llamado camín de la prestación: un camino antiguo que venía de Armá y cordales de Muñón, cruzaba El Vatse Peral y continuaba a Tablao y altos de Quirós.

La misma palabra prestación es en verdad ecológica y solidaria al tiempo: se trata de la prestación vecinal para el arreglo y conservación de los caminos reales, de forma que siempre estuvieran al servicio de los vecinos, pero de los extraños también, los que venían de otros conceyos, de las tierras de Catietsa, leonesas...

La prestación en las estaferias inmemoriales, acordadas en esquisa, aunque fueran con mejor o peor ceño, según los casos. Hasta resultaban del todo inexcusables las batías de los tsobos: todo el vecindario tenía la obligación de participar en ellas bajo multas y castigos; quedan los abundantes pozos de los tsobos, para contarlo; algunos sobre el mismo Vatse Peral: El Puzu'l Sosetsar, El Puzu Foz...

Una tabierna decorada con el pincel de Celso Granda, o con los ecos más sonoros de los versos de Vital Aza

Animan la lectura del Tribunal en las paredes los dibujos de Celso Granda (Celsín), animoso contertuliano local, que grabó distintos aspectos de La Pola y sus paisanos hasta los años setenta. Se le recuerda en la tabierna saboreando también el vino del cuarterón, de la media-botellina, o porrón, que sigue sobre las mesas hoy mismo, sin más diferencias que el cambio del cristal y del color.

Como asoleyaban ufanos algunos contertulios (sobre todo, a medida que descendía de nivel el porrón o el cuatillo de tinto o de blanco) los versos de Vital Aza, poeta lenense más conocido y lleno de humor también. Porque era frecuente que resonara alguno de sus poemas, recitados ante la expectación silenciosa de algunos versos más conocidos:

"Al despuntar la mañana,
tras una noche serena
y en fecha ya muy lejana
nací en la Pola de Lena,
hermosa villa asturiana.

Como nací no lo sé;
no recuerdo la postura,
porque yo no me fijé;
pero hay gente que asegura
que yo he nacido de pie"

Sin faltar, en ocasiones, aquella opinión que el poeta tenía de la sidra asturiana:

No hay agua de Vichy ni de Vittel
comparable a la sidra de tonel;
y contra los atascos de la bilis
en la sidroterapia está el busilis.

Esto dijo el doctor y yo lo apruebo.
Vayan al diablo vinos y licores,
Sidra no más a todas horas bebo
y tengo una salud de las mejores.

¡Y no cambio un copino de manzanas
por todas las bodegas jerezanas!»

Como en esto no tengo opinión propia,
de lo que habló Pepín con pico de oro,
os transcribo, lectores, esta copia,
y me retiro humilde por el foro.

Muchos nombres van fluyendo en la memoria del Tribunal

Innumerables los nombres y apellidos, o los apodos de identificación lugareña, que van fluyendo en la conversación espontánea con los contetulios de ahora. Muchos citan a los hermanos Elías y Otto, como los verdaderos sabios de la historia lenense, pues por su oficio de comerciales, taller mecánico, deportistas, pequeños industriales a su modo, fueron conociendo muchas personas y sucesos directamente en sus muchos viajes por los caminos y carretras de entonces, de pueblo en pueblo..

O a través de su inmensa afición a la lectura en estos dos hermanos: leían y archivaban todos los periódicos que caían en sus manos; hasta los conservan empaquetados desde mediados del s. XIX; y hasta tienemos el honor de deleitarnos con los primeros números del periódico deportivo Marca que nos sacan de un montón de atadijos bien compactos. Todo un documento de la época.

Pero la lista es mucho más larga, puede alargarse bastante más ya de un siglo atrás, entre almacén y taberna. Sería interminable, y siempre quedará alguno: con la amabilidad y paciencia de los más asiduos de hoy, con boli y leibretina en mano, iremos sacando unos cuantos, como homenaje a la vida más comunicativa de unos tiempos tan lejos de las comodidades y recursos técnicos de hoy. Bien se merecen el homenaje, por lo menos, de recordarlos con palabras.

Lista provisional de contertulios más frecuentes: de los dos locales del Tribunal (antiguo y actual); saldrán otros munchos que se irán añadiendo...

Abrahán el Carniceru
Adolfo Herrero
Alberto
Alfonso Coto
Ángel el Purru
Antón
Antón de Les Pintes
Antón el Páxaru
Antonio
Arana
Armandín el Diablu,
Armando Quesada
Atilano,
Aurelio el Nisu
Benino Betún
Benino el Fuscu
Caipira
Capitán
Carballido,
Carlinos el de Irías
Carlitos el Médico
Casimiro La Caleya
Caviru
Costante Prieto (Guate)
Coto
Cuqui de la Riva
Cuviru
David Custardoy
Eduardo el del Bar
El Cacagüesero
El Fuscu, Flor
El Tsergu
Elías
Ernesto el de La Petra
Escalada
Fernando Aza...
Gabino el Burriru
Gelín
Gelín Cienfuegos
Germán Mayora
Gorín
Guillermo Castañón
Herrero
Hilario
Inacio Fresno
Javier
Jeromín
Jeromo el de La Miera
Jose
José Antonio
José Blanco (El Sordo)
José Luis Rodríguez

José Ramón Viesca
José’l Pintu
Jositu el Carpintiru
Juanín Faes
Julio Comonte
Julio el del Coro
Ladio el Pescaor
Lito el Maquinista
Lolo (Manolo)
Lolo el de Colasa
Luciano el Ferreru
Lucio el Carteru
Luis el Chato
Luis Gil
Luis Maestro
Lute
Manolín Aza
Manolito el de Los Campos
Manolo Blanco,
Manuel Ángel
Miguelete
Milio Castañera
Mino el Triste
Moisés
Otto
Pachu el Procurador
Paco
Paulino
Pedro Barte
Pepe el Pintu
Pepín Viesca
Pin el Moliniru
Pinelo el del Molín
Pólvora
Presilla
Prudencio
Quilino el de La Barraca
Raimundo Marinero,
Ramón Tuñón,
Ramón Valares
Ramón Valdés
Reyes el del Ayuntamiento
Santos
Tano
Tilano la Barraca
Tino el de Celestina
Tomasín el Carniceru
Tonín
Valares
Viesca
Vitor el del Molín de la Sala
Vitor el Mocecu

Siempre al lado de los caminos y las caleyas

En fin, sigue El Tribunal en La Pola como taberna de pueblu (y del pueblu), en parte, a la antigua usanza de los caminos carreteros. Siguen las tertulias con sus noticias y discusiones, más o menos seles o entonadas, según los días, según los cuartos de la luna... (o los cuartillos del porrón, si acaso...); o según el amor propio en ciertos temas tan locales, como universales tantas veces (lo más local resulta ser lo más global, en grata paradoja).

Como se siguen reuniendo los cantores cada fin de semana, con sus tortillas, empanadas, chorizos, casadietsas..., que se traen de casa, para acompañar con las xarrinas de vino o el porrón. Inundan con sus voces la estancia y La Caleya, por cierto potentes, cadenciosas, acordes, acompasadas..., por su larga tradición y ensayos en El Coro la Flor, toda una joya musical lenense.

Bien lo asoleyaron el día que Laude, Ángeles y todo el equipo De Romandela, les ofrecieron los micrófonos para animar la mañana de La Pola con su programa de la TPA. Un detalle que agradecer también a la tele asturiana, que se va acordando un poco más de los pueblos de montaña (menos mal...). Buena nota musical para el Coro; y buena nota para la tele y para sus colegas por las caleyas y las tabiernas de pueblu.

"(sigue la páxina en construcción)

Libros de Lena

Otros trabayos del autor
Xulio Concepción Suárez

Índice alfabético de contenidos de la página