Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

LA VOZ TÁRANO Y TARANÍN:
etimología.

Voz de origen indoeuropeo sería, asimismo, Tárano (y, a su lado, Taranín): el topónimo con que se designó la masa caliza situada en la confluencia de los ríos que proceden de Payares y Congostinas, justo sobre el encajonamiemto más profundo de la vaguada que forman aquellas encerradas vertientes entre Casorvía y Güeches.

Se trata de una zona entre rocas, especialmente dada a la resonancia de los truenos en las tormentas. La voz Tárano se interpreta, asimismo, como de origen galo, y, en consecuencia, indoeuropea (Martín Sevilla. Toponimia..., p. 51 ss; 76 ss.).

Esta divinidad celta equivalía al Júpiter galo, por tanto, 'dios del trueno'. De hecho, y una vez más en la estructura correlativa de los nombres, en la vertiente opuesta, sobre Herías y Bendueños, está La Penasca Xuviles, con la misma finalidad protectora de los rayos (lat. Iovis, 'dios del cielo luminoso').

Aquella presencia de la voz Taranis en Asturias atestiguaría un culto a la divinidad céltica del trueno en el noroeste ibérico, probablemente romanizado después , como en tantos casos más.

Una voz que resuena entre las peñas

La posición de Tárano sobre el riachuelo que baja de los altos de Congostinas reforzaría también la idea de un culto a esta divinidad, en relación con las aguas y las corrientes fluviales.

La motivación parece clara: se trata de un lugar entre peñas a ambos lados del río, que hacen retumbar, de forma especial, los truenos sobre el prolongado estrechamiento en la garganta de ambas cuencas (la de Malabrigo y la de Ribiecha).

El nombre de Tárano resuena en el angosto valle entre Congostinas y Renueva. En estos pueblos vecinos, se temen los troníos y los rayos sobre esas peñas: en días de tormenta, las laderas de Tárano se oscurecen con el tono azulado oscuro, que anuncia, de forma inequívoca, la inevitable descarga.

Cuando empieza a relampaguiar -explican con precisión los lugareños del valle de La Frecha y Fierros-, los rescamplíos se traducen impresionantes troníos que inundan el valle entre Fierros y Campomanes. En algunas casas, las güelas colgaban un crucifijo en el interior de la ventana que miraba a la tormenta, con la esperanza de que los rayos se dirigieran todos a Tárano y Taranín.

Publicado en la revista Belenos, nº 12, 2001 (pp. 30-41)
Colaboración de Julio Concepción Suárez

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