Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

.(páxina en construcción)

"Pero en 1899 y 1906 descubrí en un dialecto asturiano, el de Pola de Lena, una metafonía mucho más extensa que la de Portugal, pues ejerce no sólo sobre la o acentuada sino sobre la e y la a, y la ejerce, no sólo la u final, sino también la i: sanctum sentu...; abirtu..., pilu..., puirtu..., tsubu...".

Ramón Menéndez Pidal:
léxico y toponimia prerromana
en los orígenes
de Lena y Güerna

A) Las raíces milenarias de las palabras de un conceyu, de unos pueblos, de un paisaje, de una lengua en las montañas...

Entre los estudiosos lenenses destaca en especial la figura de Ramón Menéndez Pidal (1869, A Coruña - 1968, Madrid), relacionado familiarmente con Payares y con el conceyu Lena en su conjunto, por los aspectos que fue relacionando en sus múltiples trabajos.

Por ejemplo, sus estudios, muy novedosos en su tiempo, sobre el léxico y la toponimia peninsulares fueron la base de otras muchas investigaciones que se fueron sucediendo en las diversas regiones peninsulares, y que dieron lugar a tantas publicaciones, tesis doctorales, trabajos locales..., siempre partiendo de los usos lingüísticos y literarios en cada pueblo y en cada tiempo, a lo largo del último siglo, sobre todo.

En el caso concreto de Lena, aquel primer trabajo sobre el "bable de Lena" (1897) daría lugar a otros posteriores, como El habla de Lena (1955), de Jesús Neira Martínez, que ya incluye un estudio lingüístico más completo, y unas notas etnográficas imprescindibles para un conocimiento del asturiano lenense en muchos otros aspectos.

Las novedosas aportaciones de un estudioso lenense al léxico y a la toponimia de Lena, y mucho más allá de estas reducidas montañas

Novedad muy destacable resultó la publicación de Pidal sobre la toponimia prerromana peninsular, allá por los años sesenta, todavía con muy escasas referencias a topónimos que pudieran extender sus raíces bastante más allá de las consideradas latinas o romanas en su conjunto. Una novedosa aportación etnolingüística al léxico y a la toponimia paneuropea, global -niversal en el espacio y en el tiempo-, muy desarrollada después.

Así se fueron sucediendo desde entonces otros autores que fueron aclarando el significado de todo ese lenguaje toponímico asturiano, que hoy encontramos ya bastante más divulgativo y al alcance de una mayoría: José Manuel González, Alarcos Llorach, Martín Sevilla, G. Arias, Ramón d'Andres, Xulio Viejo, Cristian Longo...

A modo de ejemplo, destacan unas cuantas raíces léxicas prerromanas estudiadas por R. M. Pidal que dieron lugar una seria de topónimos lenenses (referencias del libro citado abajo, Toponimia prerromana...):

  1. Lena. Pidal cita el adjetivo latino lenis (llano), muy usado en toponimia, pero que incluye como derivado muy dudoso entre otros muchos que estudia Meyer-Lübke como supuestos en las lenguas prerromanas; así asocia el derivado len a unos cuantos peninsulares, con el sentido de llano': Peñalén (Guadalajara), Rozalén (Cuenca), Buzalén (Badajoz), Vegallén (Oviedo).

    La referencia de M. Pidal (p. 121) a ese componente sufijo peninsular -len, sería imprescindible para el estudio posterior de la etimología de Lena, considerada más segura hoy: una base prerromana (*len-), que dejó palabras dispersas en varias lenguas: lene (italiano), le (provenzal), lin (rumano), y en el mismo latín, lenis, siempre con el sentido de 'leve, apacible, moderado, suave' , semejantes al francés lénitif, lénifier, lénifiant; inglés lenient ('dulce'). (Ver etimología más completa de Lena)

  2. Güerna / Huerna. El mismo Pidal (p. 58) relaciona el río Huerna con el río Orne de Galia, a partir de la voz prerromana orna, todos ellos en un contexto hidrográfico, lo mismo que otros que cita como Valduerna, Viduerna, Calahuerna..., en distintas regiones peninsulares.

    Más tarde, J. M. Gonzalez relaciona con esta base formas paralelas al Uerna asturiano, del tipo Orne, Orneau, Ornot en Bélgica; Orne, Ornell, Ornain, Oignon, en la señalada región francesa . Y así concluye este autor que tal vez se trate de un hidrónimo de origen o uso celta, con esa transformación Orna > Uerna , de rara, analógica, y sólo ocasional diptongación.

  3. Pena Tolóbriga. En otro lugar de la toponimia prerromana (p. 182, 219) cita M. Pidal la terminación -briga, como 'mota, altura fortificada, castillo), de origen celta; cita en la toponimia peninsular formas del tipo Caesarobriga, Alpóbriga...; ésta fue la ocasión para el estudio posterior del nombre presente en los altos de Tuíza y L'Alto'l Palo -Penatolóbriga-, en la peña hoy llamada Penatolondra, a medias sobre los valles del Puerto Mieres y la vaguada de Acebos.

    Se concluye que se trataría de la raíz celta briga (‘fortaleza, castillo’), de donde topónimos documentados en varias regiones penisnsulares. Para M. Pidal, la voz briga significó en principio 'altura, elevación' del terreno, en correspondencia con topónimos nórdicos europeos que llevan la desinencia -berg: irlandés, bri (colina); galés, brig (cumbre); bretón, bre, breg (colina)...; y otros topónimos de lenguas semejantes terminados en -borg. Más tarde, el lugar fortificado se traduciría en el pueblo, la ciudad correspondiente al lado.

  4. Alto'l Palo. De raíz ligur muy celtizada, asocia M. Pidal (p. 166) la forma pala en inscripciones lepónticas (entre Suecia, Italia, Galia), con el sentido de 'losa, piedra, pendiente de un monte'; cita topónimos antiguos como Pallantia, Palantia...; en el uso lenense, palazana (cuesta pedregosa muy pendiente, y peligrosa).

    Se trataría de esa raíz *pal–, *pal–o– (‘roca; agua’), con algunas variantes de referencia en algunos casos, donde predomina el ‘agua’ entre las peñas; es decir, ‘agua estancada entre rocas, lugar pantanoso’. Sería el caso del Alto'l Palo, no por casualidad bajo Penatolóbriga, en referencia a la sucesión de pequeñas lagunas y lamas del valle contiguo de La Cubietsa, hoy Puertu Mieres.

  5. Bendueños. Ciertamente, no cita M. Pidal una etimología concreta vinculada a Bendueños, pero nos confirma los supuestos posteriores sobre el origen del nombre propuesto por Martín Sevilla; y se disuelven así posibles dudas. En la p. 215, M. Pidal documenta el adjetivo vindos ('blanco') como celta, en topónimos del tipo Alcobendas: alce vindos (corza blanca). Y dice este autor que en la provincia de Madrid hay otros cuantos lugares de origen céltico.

    Con el tiempo, autores como el citado M. Sevilla fueron confirmando el origen del nombre, en relación con el teónimo galo Vindos, latinizado en Vindonuns, o Apollo Vindonnus, aplicado al Sol: la divinidad blanca, la luz solar, el sol que cura las enfermedades. M. Sevilla concreta más y relaciona la voz gala con la filiación indoeuropea (Toponimia de origen indoeuropeo..., p. pp. 84 y 99).

    "Tal culto -dice M. Sevilla-, que apoyaría la presencia de pueblos galos en esta zona de la Península Ibérica, habría sido posteriormente santificado por la cristianización, con la creación de un santuario, fenómeno religioso que parece haberse dado con frecuencia en lugares de culto, o yacimientos culturales precristianos".

  6. Muñón. De base prerromana, ligur, ambroiliria, cita el autor (p. 168, 266) la voz *munno, con el sentido de 'colina, otero', presentes en muñón (español), moignon (francés)...; y aplicado a toponimia como muñeca, en palabras del propio M. Pidal; y en antropónimos romanos del tipo Munnus, Munna...

    Como raíz toponímica frecuente, asociada por algunos también al celta, * mun-n- ('colina, altura') más tarde pasaría a designar 'muñón divisorio, límite': Muñón Cimiru, Muñón Fondiru..., El Puente la Muñeca, tal vez Las Monas..., y tantos otros en diversas toponimias europeas.

  7. Carabanzo. Para M. Pidal se trataría del antropónimo Caravantius (p. 91 s): un príncipe ilirio vencido por los romanos en el 168 a. de C. en la región del Adriático. Pero, podría tratarse de un lejano origen común con la raíz preindoeuropea *kar–, incrementada en *kar–au–, con el sentido de ‘piedra’, lo mismo que en el vecino Caravanés. Sufijo -antius (pertenencia o antroponímico), presente en otros topónimos.

    Es decir, el supuesto antropónimo para Carabanzo pudo llegar con la cultura romana, o ya con anterioridad. En todo caso, es evidente una referencia remota a la raíz prelatina *kar-au-, con el sentido de ‘piedra’, tal como existió en ligur medieval en la forma caravellata (‘cantidad de piedra’) y sobrevive en los dialectos alpinos.

  8. Cuturraso. Varias páginas (pp. 269-275) dedica M. Pidal a la voz *cotto > cueto, muy arraigada en el norte peninsular entre Asturias y Santander, sobre todo -observa el autor-; asturiano, cuetu: 'cerro, altura peñascosa, collado, cerro, teso, altozano, picacho'; dice Pidal que el nombre no es exclusivo de Iberia, sino que abunda en Italia también, por lo que ha de ser prerromano, tal vez ligur.

    Numerosos derivados léxicos y toponímicos según las lenguas: El Cueto, Coto, La Cota, La Cuétara, Cotarelo, Cotaruelo, Cotarro, Cotorra, Cotillos, Cotino, Cotiño, Cotalba, Cotta, Cottone, Cotanello, Cottanera, Cotelles..., según regiones peninsulares y paísese europeos.

  9. Naveo. Como nombre primitivo no latino (p. 120), analiza M. Pidal topónimos con esta base nava: Navaleno (Soria), Navaliego (Oviedo), y semejantes, del tipo Nava, Navalino, Navalón... Sería Martín Sevilla quien luego analizara con mayor detenimiento el roigen de esa voz prerromana *naw-a ('valle cerrado, llano entre montes'), ya como indoeuropea.

    Así corresponde a tantos otros pueblos, más o menos grandes o no, puertos, valles..., siempre algo o muy cerrados, en vaguada; y con agua, ríos, regueros, riegas. La voz es adecuada a la geografía del paraje lenense: un pequeño valle al cobijo de los altos de Torones (voz prerromana también) y de La Pena'l Castiichu, saliente cónico elevado, que enlaza visualmente con el resto de castros, castiechos y curuchos de todo el valle del Payares.

  10. Brañatsamosa. Varias páginas, asimismo, dedica M. Pidal a la voz lama (173 ss), con el sentido de 'tierra húmeda, lamiza, abundante en agua'; la localiza, sobre todo, en el noroeste peninsular: Portugal, Galicia, Asturias y León; y la supone de origen ilirio o ligur (Galia, Italia...).

    Muy abundante en el léxico y toponimia asturianos: chamarga, chamarguizo, chamizo, enchamizao, sochamoso...; antes con la consabida ts vaqueira, más generalizada hoy en ch (cheísmo creciente, una vez más). En toponimia y antroponimia: Lamas, Llamosos, Lameira, Lameros, Llamallona...

    En todos los casos, el sentido parte de la voz prerromana lama, ‘pradera húmeda, lugar encharcado’, con los distintos matices de humedad según las fechas y los casos.

  11. Bostabide. Analizando el topónimo leonés Burbia (p. 119), deduce M. Pidal que pudiera tratarse del ibero-vasco buru (cima), más bide (camino); componente segundo que tal vez nos aclare el puerto de Bostabide, en los altos a medias entre leoneses y leneses sobre Parana: tal vez, el busto (la zona quemada) del camino, el que comunica las dos vertientes camino de Pendilla.

    Y no habría que descartar el caso de Casorvía: casa sobre la vía romana, casa super via; o, simplemente, sobre el camino principal antiguo, la vía pecuaria anterior al paso de los romanos por La Carisa; casa super bide. No habría mayor contradicción, sino más bien traducción sucesiva, con el tiempo, del mismo lugar.

    (sigue la páxina en construcción)

B) Las formas de las palabra
  1. Metafonía específica lenense. M. Pidal dedica especial atención -pone en valor, que se diría hoy- al habla lenense, con unas diferencias respecto a otras zonas asturianas. Así destaca, por ejemplo, el cierre de la vocal tónica por influjo de vocal final, -u, -e, de modo que aparecen formas como xetu, guetu, zapetu..., frente a xatu, gatu, zapatu, de otros conceyos. O en toponimia, Nocíu; antroponimia Pechu (por Pachu). Pero sólo en singular, nunca en plural terminados en -s.

    El valor documental de M. Pidal resulta de interés especial en estos mismos tiempos, cuando la metafonía se va reduciendo como arcaizante, marginal, a medida que se estienden variedades más centraliegas y urbanas, donde, incluso, hubo el mismo fenómeno; muy generalizado a buena parte de las variedades del asturiano, como señala el autor (Pasiegos y vaqueiros...", pp. 11 ss.):

  2. "Recordando metafonías análogas en los dialectos italianos y la del portugués, califiqué sin embargo el asturiano como "uno de los fenómenos más curiosos y delicados que pueden presentarse, y no dudo en decir que es el más notable y el más regularmente desarrollado que ofrece el habla de Lena".

    Creía yo entonces que esta metafonía era sólo conocida en los concejos de Lena y Aller y mucho menos regular y clara en Linares, aldea del concejo de Ribadesella....

    Mis posteriores excursiones veraniegas por tierras asturianas me dieron a conocer que el mismo fenómeno se extendía por todo el centro de la provincia, desde el Sur de Oviedo hasta Lena y Aller en la Cordillera Cantábrica (concejos de Morcín, Riosa, Mieres); en todas partes con la misma fuerza e intensidad que en Lena...

    En 1930, comprobé informes indirectos, de años atrás, sobre la existencia de metafonesis como la de Lena y Aller en un territorio separado de este grupo centro-meridional, en parte de los concejos de Gozón y Carreño en la península del cabo Peñas...

    En el Oriente de Asturias..., la observada en Linares, concejo de Ribadesella, está calificada como menos clara que la de Lena..."

  3. La articulación cacuminal africada: la llamada ts vaqueira. Asimismo, destaca M. Pidal la articulación consonántica cacuminal, ts -la llamada luego tse vaqueira-, frente a la ch asturiana y castellana: tsuna, tsugar, vatse, datse.. En palabras del autor ("Pasiegos y vaqueiros...", pp. 25 ss):

    "La observación popular se ha fijado, como cosa especial de los vaqueiros, en una tch que ellos pronuncian tendiendo a ts... Es un doble resultado armónico, correlativo, expuesto a interferencias y confusiones de esos dos sonidos ch y ts que son entre sí bastante semejantes. El área de mucher, fichu, techa, está incluída dentro del área de portietsa, vatse, tsobu..., , y ajustada a sus límites....

    En el alto-leonés occidental la pronunciación de ambos fonemas ch, ts, forma un área compacta que se extiende por las elevadas cumbres de la Cordillera Cantábrica, desde el Oeste de Degaña..., hasta el Este de Peña Ubiña...., y se dilata en la vertiente Norte por los concejos de Cangas de Narcea (en parte), Leitariegos, Somiedo, Teberga y Quirós, y en la vertiente Sur por El Bierzo (en parte), Laciana, Babia y Luna.

    En esta área compacta, esas dos africadas sordas las pronuncian igualmente todos los habitantes, lo mismo los labriegos que cultivan la tierra que los pastores o ganaderos que habitan en las alturas y trashuman por el invierno a partes más bajas de Asturias en busca de pastos que se han agotado en las cumbres.

    En el bajo asturiano occidental, en los concejos de Navia (su parte Este), Luarca, Cudillero (su parte Oeste), Tineo y Salas, ese juego correlativo de las dos africadas lo pronuncian sólo los vaqueiros que habitan sus brañas en la parte alta de los valles, mientras los aldeanos agricultores, que habitan la parte baja de los mismos valles, en vez de ch pronucnian y: muyer, fueya..., pero coiniden con los vaqueiros en la ts de escudietsa, tsobu...".

  4. Léxico específico lenense. En el vocabulario reducido que recoge M. Pidal, documenta formas hoy menos frecuentes como Xunu y Xunetu, por los meses Junio y Julio. O arguexu (argayu), pienzu (torcido), utre (buitre)..., tan frecuentes antes en usos léxicos y toponímicos.

C) Referencias bibliográficas

  • MENÉNDEZ PIDAL, Juan (1897). "El Concejo de Lena". Asturias, de Bellmunt-Canella, t. II (pp. 283-331). "Notas acerca del bable de Lena" (pp. 332-343). Silverio Cañada Editor. Gijón

  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón (1962). El dialecto leonés.- IDEA. Oviedo.

  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón (1954). "Pasiegos y vaqueiros. Dos cuestiones de geografía lingüística". Revista Archivum, AO, IV (pp. 7-44).

  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón (1968, 13ª edición). Manual de Gramática Histórica Española. Espasa-Calpa. Madrid

  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón (1968). Toponimia prerrománica hispánica. Gredos. Madrid

  • MENÉNDEZ PIDAL, Ramón (1972, 7ª edición): Orígenes del Español. Estado lingüístico de la Península Ibérica hasta el s. XI. Espasa-Calpe. Madrid.

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