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Calzada romana entre Pendilla y Carabanzo: según los datos (J. M. González, Manuel Mallo...) se pueden encontrar piedras talladas prerromanas, aunque la mayoría desaparecidas ya por la palas, el desprecio oficial y las pistas: muy documentadas quedan algunas cazoletas antropomorfos, podomorfos, alfabetiformes, cruz griega y latina, discos solares, estelas aparentes, marcadores de accesos y recorridos, formas de ballesta, circulares, triangulares, bitriangulares, elipsoidales, laciformes, inscripciones, rasgos caligráficos... (ver publicación de Manuel Mallo

Extracto de la publicación
del artículo de Manuel Mallo Viesca:
2017, revista NAILOS:
"Los grabados de Pendilla (Villamanín, León):
documentos de un conjunto rupestre
inédito en las estribaciones de la Cordillera Cantábrica
",
en NAILOS Estudios Interdisciplinares de Arqueología,
nº 4 (pp. 8-53). Oviedo.

La piedra grabada de Pendilla: Furniellos, Fornillos, para los leoneses; Furnietsos de Pindietsa, para los lenenses


Detalle de la piedra

Anotación previa: resumen del artículo de La Carisa, publicado en el RIDEA por Xulio Concepción Suárez

El conjunto arqueológico de piedras grabadas en torno al Pontón de Furniellos, que ahora estudia Manuel Mallo, se encuentra al lado de la vía pecuaria que entraba por Pendilla, y ascendía a lo que luego fue vía romana de La Carisa. Una vez más nos resultó imprescindible la voz oral de los lugareños. Muchas veces escuchamos por aquellos mayaos a los pastores leoneses de Pendilla, Tonín, Villamanín, y a los vaqueros lenenses de San Miguel del Río, Payares, Fierros... Con ellos fuimos reconstruyendo todo un mosaico toponímico ya publicado en diversos trabajos; en especial en el citado más arriba.

La voz oral escuchada siempre es la misma: que antes de las calzadas romanas, y mucho antes de los caminos reales, estaban las vías pecuarias (las rutas estacionales de los ganados en transhumancia). Y efectivamente el trazado alto de una vía romana al filo del cordal cimero hace pensar en una senda estratégicamente oteada primero por ganados de paso estacional entre el mar, la Meseta y los pastos más verdes del verano hacia las brañas.

Pensamos con los vaqueros y los pastores que La Vía de La Carisa por Pendilla, antes que vía empedrada por romanos, fue senda pateada por ganados (lat. pecus, pecuaria, ‘relativa al ganado, al rebaño’); la senda originaria debió trazarse así, ya en remotos tiempos prerromanos, con el trasiego milenario (al principio espontáneo y sin pastor) entre las tierras secas interiores (Zamora, Cáceres, Badajoz...), y los pastos más verdes de estas montañas asturianas en el verano. Al lado queda esa piedra citada, en recuerdo de tantas otras desaparecidas, de las que sólo quedan fotos y estudios.

Cara superior de la piedra

Hasta que, por fin, llegaron las lecturas de las piedras: por lo menos, una sobrevivió para contarlo tantos milenios después (no es poco en estos tiempos...)

Un documento importante permanece entre los peornales de Pendilla: es el último vestigio a la vista de un conjunto ya estudiado por José Manuel González y Manuel Mallo, que constaba de 17 piedras talladas con distintos grabados (antropomorfos, cruces, círculos...), de los que desaparecieron ya 16 con las obras de la pista a Propinde, a su aire por la ladera, y arrasando lo que las palas encontraban de paso....

La falta de planificación institucional, cultural..., y el desprecio por los valores rurales en las montañas, terminaron con todo un conjunto arqueológico, del que ya no tenemos más datos que los recogidos en el siglo pasado por estos dos incansables investigadores asturianos. Gracias a ellos podemos entender un poco más de la historia asturiana y leonesa, en este caso, sin más protección que los peornales y las zarzas.

Y contemplar de paso las mismas palabras del paisaje: en éste, como en otros muchos parajes, la toponimia conecta entre sí estos recintos con vestigios prehistóricos: la mayoría se divisan mutuamente de forma directa o indirecta, en una auténtica intervisibilidad, sin duda, planificada milenios atrás entre aquellos nativos, o por sucesivas tribus de paso. Las redes son muy anteriores a facebook o wasap: a la vista por los montes o por los valles quedan.

Las explicaciones de estas piedras grabadas, en el artículo de Manuel Mallo,

Publicado este mismo año, el estudio detallado supone todo un homenaje a la investigación rural, y a la puesta en valor de las culturas milenarias por nuestros montes. No tiene desperdicio. El autor nos descubre en Pendilla abundantes grabados que pueden datar de fechas prerromanas que van del Neolítico, Megalítico..., a la Edad de Bronce, Edad de Hierro, época romana... Y así nos explica el autor con detalle unos cuantos. En palabras de Manuel Mallo (pp. 22-25)

"Los grabados de Pendilla se ubican en un entorno donde han sido documentadas estructuras arqueológicas correspondientes a distintas etapas cronológicas. Por un lado, la propia vía de La Carisa, cuya identificación como trazado romano y primera descripción, aunque inédita, correspondió a José Manuel González.

Frecuentemente se ha citado Pendilla de Arbás como lugar de tránsito en el recorrido de La Carisa, que desde el valle del Bernesga en León se adentraría por la Cordillera Cantábrica hasta el territorio de Asturias (González 2011:180). No obstante, para el trazado romano original se ha propuesto un recorrido por una cota más alta, a partir de la localización de los restos más meridionales de la vía en la llamada collada de La Ladrona, a 1500 m de altura, sobre Pendilla y Tonín de Arbás y en la parte alta del valle de Camplongo [...].

De este modo, se ha sugerido que el tramo que asciende desde Pendilla hasta el Pontón de Fornillos, por la zona baja del valle, formaría parte de un camino real histórico, de traza más moderna (Camino y Viniegra 2011:379, 380). No obstante, el Pontón de Fornillos es el lugar de encuentro de tres caminos tradicionales que se adentraban en Asturias por las colladas de la sierra de los Pasos de Arbás: hacia Propinde, siguiendo el camino de La Carisa, y hacia Bustavide y Escuenas, remontando el puerto de Fornillos, amplio valle de pastoreo a la vera de la Cordillera Cantábrica (Fernández 2003:153) [...]

Así, el trazado que asciende desde Pendilla parece formar parte de un itinerario de caminería tradicional, cuyo origen podría ser muy anterior. Como es conocido, en el recorrido seguido por la vía de La Carisa se identificaron tres recintos arqueológicos, distribuidos a lo largo de los pasos naturales que cruzan la sierra de los Pasos de Arbás, divisoria montañosa que limita los territorios administrativos de Asturias y León, y el más alejado cordal de Carraceo. El más cercano a Pendilla es el campamento militar del Picu L.lagüezos, en la collada de Propinde, situada apenas a seis kilómetros del Pontón de Fornillos (Martín y Camino 2013) [...]

En la actualidad la zona aparece fuertemente alterada debido a la ampliación de la pista desde el pueblo de Pendilla y a la construcción de una nave ganadera en el entorno del Pontón de Fornillos, ante la cual se desarrolla una potente escombrera. Esta intervención ha hecho desaparecer la mayoría de las rocas donde se ubicaban los grabados, por lo que en la descripción de los mismos distinguiremos los desaparecidos de los pocos que aún se conservan [...]


otro detalle de la piedra

Descripción de la piedra de Furnietsos por Manuel Mallo (pp. 26s)

"Roca 1. Situada a unos quince metros del puente sobre el arroyo de Fornillos, que se une un poco más abajo con el arroyo de las Vegas. Sus dimensiones aproximadas son de 2 m x 1,20 m x 0,60 m visibles. La roca está casi adosada al muro que bordea el camino que asciende hacia el puerto de Fornillos.

En este punto, el camino que desde Pendilla sube hacia la collada de Propinde se desvía a la derecha, por delante de la nave ganadera, para tomar dirección sur-norte. Los grabados se concentran en su mayoría en la cara superior de la roca, en plano casi horizontal. Entre los motivos destacan las representaciones de herraduras: algunas aparecen dispuestas en una alineación de cinco; otras cuatro más, sueltas, y dos más, aisladas (una de ellas con un trazo vertical en la parte central).

Otro motivo de herradura aparece formado por una serie de nueve puntos piqueteados, dibujando la forma. Entre el grupo de los cruciformes, se documentan cinco y lo que parecen restos de otro motivo similar. Tres de ellos presentan los extremos rematados y dos son simples. Además de herraduras y cruciformes, en esta roca documentamos otros motivos; así, aparecen formas triangulares, con un grabado formado por dos triángulos unidos por el vértice (en forma de «reloj de arena») y dos más similares, aunque sin uno de sus lados transversales.

Destaca también un grabado de forma circular en cuyo interior se cruzan dos líneas diametrales formando una cruz. En esta representación, en dos de los cuartos delimitados en el interior, se aprecian unos pequeños piqueteados li-neales. Las medidas de los diámetros oscilan entre 15 y 17 cm.

También hay algunos motivos más sencillos: un trazo lineal, tres angulares y una forma cuadrada abierta por uno de sus lados. Además de esto, por toda la superficie se aprecian piqueteados de unos 2 cm de diámetro, que no llegan a tener la apariencia de las cazoletas, pero que se asemejan a ellas, no pudiendo incluirlas en ese apartado.

En la cara vertical, y en la parte baja de la roca, casi rozando el suelo, aparecen una herradura y cinco puntos sueltos. Todos los grabados de esta roca están realizados con técnica de piqueteado, en ocasiones repasados con un objeto punzante".

Resume Manuel Mallo:

"Sobre intención y significado. Muchos autores han reflexionado sobre la intención y el significado de estas representaciones gráficas: ya en 1968 Anati había dicho que no cabía «ninguna duda respecto al valor religioso-ideológico de estos grabados rupestres», dispuestos en ubicaciones que no habrían sido escogidas por casualidad y hechos «en el curso de ceremonias realizadas en el lugar», como resultado de un rito. Tal hipótesis le servía para explicar la razón por la que los grabados rupestres están tan a menudo concentrados en lugares particulares mientras al lado, aun en rocas igualmente apropiadas, faltan.

Podría también explicar la aparente despreocupación del grabador prehistórico por figuras anteriormente existentes que destruiría parcialmente, utilizando la misma superficie para hacer nuevas figuras (Anati 1968:198). Otros autores han venido insistiendo en su carácter simbólico, ritual o religioso (García y Santos 2000; Benito y Grande 1994).

En general, estos grabados rupestres responden a grafías esquemáticas, mayoritariamente abstractas, dispuestas sin aparente ordenación o composición estructurada. Cazoletas, herraduras, cruciformes o antropomorfos abreviados son símbolos sintéticos y simplificados que surgen como forma de expresión gráfica de manera independiente en diferentes contextos culturales, cronológicos y geográficos.

Como ejemplo, podríamos encontrar rocas con cazoletas grabadas asociadas a improntas de huellas de animales, cruces o herraduras en conjuntos precolombinos de la Patagonia (Fernández 2002); siluetas piqueteadas de guerreros con brazos en asa y armas bajo la cintura en petroglifos del oeste de Irán, de la Edad del Bronce (Otte et al. 2003); cruces inscritas en representaciones de cazadores-recolectores San, bosquimanos de África del Sur (Hollman y Hykerud 2004); petroglifos con amplios conjuntos de herraduras en el sudeste de Irán (Shafie 2014); cazoletas en el medio Atlas en Marruecos, asociadas a túmulos y restos cerámicos, en un área rica en agua y pastos de tradición agrícola y pastoril (Salih y Hammam 2004); también encontraríamos cruciformes, bitriangulares, herraduras, formas en phi o cruces inscritas en círculos en el signario ibérico o líbico-bereber (Rodríguez 2002; Springer 2008).

De las sociedades arcaicas que pudieran haber realizado este tipo de representaciones gráficas se ha dicho que «tienen tendencia a vivir lo más posible en lo sagrado o en la intimidad de los objetos consagrados». (Eliade 1967:20). Asumiendo un significado religioso para estos símbolos estaríamos ante la consagración de un lugar, en el que las piedras grabadas no serían «simples piedras, sino hierofanías, es decir, algo distinto de su condición normal de objetos» (Eliade 1974:36).

Sin embargo, no podemos ir más allá: toda religión se basa en un complicado sistema simbólico, un simbolismo particular y trascendental de una comunidad, solo accesible a los miembros del grupo. Para comprenderlos sería necesario «sumergirse» dentro del contexto histórico, social y cultural de las personas y época en que fueron grabados.

Entendiendo, como afirma el antropologo sudafricano David Lewis-Williams, que «básicamente es el contexto de una imagen lo que enfoca su significado» (Lewis-Williams 2005:46), habría que indagar en su posible sentido utilitario, social, simbólico o religioso analizando no solo los motivos o el soporte sino la ubicación de los mismos, el entorno y el paisaje (Santos 2007:100).

Y concluye el autor:

Hemos querido a través de este artículo dar a conocer lo que en su día documentamos en relación con el conjunto de grabados rupestres de Pendilla, describiendo las rocas y sus motivos, con referencias a los posibles paralelos en otros conjuntos peninsulares.

En general el conjunto de Pendilla se adapta bien a las características que definen los conjuntos meseteños de grabados al aire libre: empleo casi absoluto del piqueteado como procedimiento de ejecución, combinado con técnicas abrasivas para la obtención de surcos anchos y en algunos casos profundos; entre los motivos representados, destacada presencia de herraduras y cazoletas y significativa de antropomorfos; y en cuanto a su ubicación, localización en estribaciones o piedemonte de zonas montañosas, cercanos a cursos de agua y pasos entre cumbres, en lugares caracterizados por usos tradicionales del territorio (Gómez 1992).

Varios de los motivos documentados, como algunas de las cruces o las inscripciones modernas, son prueba de la utilización de las rocas en épocas históricas, incluso contemporáneas, pero otros motivos encajan, por convenciones y equivalencia, con expresiones gráficas propias de la Prehistoria reciente.

Entendiendo el riesgo de asignar una cronología precisa a motivos sencillos como cazoletas, herraduras o cruciformes, creemos que los paralelos expuestos sugieren una cronología prehistórica para una parte sustancial de los motivos de Pendilla.

Y si bien el contexto arqueológico inmediato es poco elocuente, quizá en parte debido a problemas de prospección y a la intensa alteración del paisaje en tiempos recientes, los grabados de Pendilla se insertan en un amplio territorio articulado por vías de comunicación y pasos naturales con evidencias arqueológicas que apuntan a un uso ya desde la Edad de Bronce.

El sentido originario de estos grabados se nos escapa, aunque asumimos que pudieron ser para aquellas sociedades arcaicas expresiones de carácter religioso, encerrando un complejo sistema de símbolos, hoy inaccesibles. En ausencia de contextos arqueológicos, indagar en su posible intención o significado pasa por el estudio integrado de motivos, soporte, entorno y paisaje" (p. 46 ss).

A modo de vocabulario en las piedras del recinto de Pendilla: conservadas, unas; desaparecidas, la mayoría (17, en total):

    • alfabetiformes: en forma de lazos; letras T

    • antropomorfos esquemáticos: formas humanas, eje cabeza-tronco, hombros más brazos extendidos, con pies o sin ellos (ápodas); cabeza, tronco, extremidades superiores o inferiores, desplegadas o en ángulo; figuras con o sin cabeza; figuras sexuadas o asexuadas;

    • bitriangulares: dos triángulos unidos por el vértice, invertidos, tipo reloj de sol;

    • cazoletas: tallas, incisiones circulares; pueden marcar límites;

    • controles de trashumancia: al par d elas vías de paso, encrucijadas...;

    • cruciformes (enmarcados o no): cruz en círculo; límites, cristianización..., del territorio a veces;

    • cruz escrita en círculo: trazos (humanos

    • cruz griega y latina: brazos iguales, desiguales;

    • cruz potenzada: con palos en forma de T;

    • discos solares: heliodales;

    • elipsoidales: formas en elipsis

    • escritas, piedras escritas: demarcaciones territoriales, límites...

    • espadas o lanzas: trazos bajo los brazos, a medio cuerpo, a la altura de la cintura;

    • estelas aparentes: piedras plantadas, circulares

    • estelas de guerreros: símbolos bélicos;

    • estelas diademales: tipo de fajas, cintas...;

    • formas de ballesta: brazos en asa;

    • formas circulares: cerradas;

    • herraduras: circulares abiertas; a veces para marcar posibles límites;

    • hierofanías: representaciones sagradas;

    • hitos en el paisaje: mojones;

    • ídolos: cultuales;

    • inscripciones: tallas incisivas;

    • laciformes: en forma de lazos;

    • marcadores de accesos y recorridos: controles trashumantes

    • peanas cruciformes: límites...

    • petroglifos: posibles límites, términos de propiedades

    • podomorfos: formas de pies;

    • rasgos caligráficos: siluetas de escritura;

    • triangulares: formas angulosas.

    En definitiva, todo un léxico técnico y a la vez divulgativo, expuesto con detalle por Manuel Mallo en su trabajo publicado en NAILOS.


    (foto de otra de las piedras grabadas con abundantes tallas; Manuel Mallo)

Más información en el artículo publicado sobre este tema:
"Desde las corras a las polas: poblamientos y poblados a la falda de La Carisa",
en Etnografía y folclore asturiano:
conferencias 2003-2004 y 2004-2005 (pp. 45-84)
.
Xulio Concepción Suárez.
RIDEA. Oviedo. 2004
Real Instituto de Estudios Asturianos

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Xulio Concepción Suárez