Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez
 

“Podrán cortar las flores,
pero no podrán detener la primavera”
(Pablo Neruda)

Premio "Vital Aza" 2007:
Ateneo Cultural La Palmera.
Pola Lena.

Palabras pronunciadas
por Xulio Concepción Suárez
con motivo del Premio "Vital Aza 2007",
concedido por
el Ateneo Cultural La Palmera.
Casa la Cultura, La Pola.

Autoridades lenenses, representantes del Ateneo Cultural, vecinos y vecinas, alumnos, alumnas, exalumnos, exalumnas, amigos y amigas. Buenas tardes, y gracias adelantadas por vuestra grata presencia en este acto.

Siempre resulta ciertamente grata la noticia de un premio, por pequeña que haya sido la aportación realizada y los méritos valorados: en todo caso uno siente en la piel que sus pequeñas aportaciones a la comunidad lenense y asturiana, al menos, es reconocida por unos cuantos entusiastas del progreso cultural de los pueblos rurales, y especialmente de un conceyu de montaña, en unos tiempos de aparente declive de los tsugares más pequenos. Unos pueblos en transformación permanente, que diríamos con más precisión.

En este caso, las razones de mi agradecimiento a la Junta Directiva del Ateneo La Palmera son múltiples: porque se trata de recordar en Lena la figura del ilustre Vital Aza, símbolo literario de renombre internacional; porque procede de una asociación local con las sanas intenciones de seguir practicando las buenas costumbres lenenses del trabayu colectivu y de la vida de las caleyas.

Y, sobre todo, porque entre estos entusiastas de la cultura asturiana tsariega se incluyen unos cuantos agradecíos exalumnos, lo que interpreto como un signo positivo de que nun quedaron del too escaecías tantas peripecias y trabayinos pe las asignaturas de las aulas. No libres a veces de algunas palabrasen forma de engarradietsas verbales a la hora de las notas. Poca importancia...

Los nuevos aires de un Ateneo, un Café Literario... nel dosmil

No resulta frecuente, ni mucho menos, la ocurrencia de unos cuantos mozos de dar nombre a una actividad local escartafoyando entre las raíces griegas y latinas. Por lo menos, la novedad del palabreru está a la vista.

Ciertamente, la voz ateneo resuena ( retrañe ) con tañidos ( triñíos ) entrañables que recuerdan los animosos toques de campana que se hacían en los pueblos a la hora de reunirse pa la esquisa : aquella reunión vecinal presidida por el rixior , en la que intentaban solucionarse pacíficamente los problemas de las caleyas (por lo menos se intentaban arreglar con la voz de un vecín o una vecina de ca casa ).

En aquel templo griego presidido por Atenea, leían poetas y oradores sus obras, antes de difundirlas al pueblo que se iría ilustrando con ellas. Más tarde, en el Ateneo romano, se reunían los científicos y hombres de letras para investigar, construir, decidir el progreso cultural para todos los habitantes de la ciudad. Finalmente, con el paso de los siglos, fueron especialmente los franceses quienes fundaron más ateneos con parecidos objetivos culturales, y críticos en muchas ocasiones.

Por otra parte, y por mucho que no lo parezca tampoco, la voz cultura , cultural , es poco menos que sagrada en el desarrollo de los pueblos. Y no porque la cultura sea el privilegio de unos cuantos nacidos con estrella: nunca lo fue al principio, ni lo dice su etimología. Basta mirar pa otras palabras de alreor : agri-cultura, horti-cultura, arbori-cultura, pueri-cultura, viti-cultura, apicultura, floricultura (el cuidado, el cultivo, el saber… sobre el campo, las huertas, los árboles, la miel…). O el saber sobre lo que sea.

Como en la antigua polis griega, tan lejos de la política actual en ocasiones.

Por ello, cuando estos mozos y mozas de una Palmera nel dosmil tejen también la voz ateneo con el adjetivo cultural, no podemos menos de admirar ese sano deseo de reunirse al modo griego para cavilar entre todos y todas sobre aquellas cosas que a todos nos atañen en la vida colectiva de un pueblo: la polis o ciudad griega (de donde viene la palabra política, tan desvirtuada, espiazá, esmagutsá, esmigayá ..., en demasiadas ocasiones). ¡Quién lo diría!

Como en las esquisas y estaferias de antes...

Agradezco este premio porque entre los objetivos de esta Junta Directiva del Ateneo prevalece el criterio de la valoración de todos los lenenses y no lenenses por igual, lejos de cualquier sigla o banderina, tantas veces discriminatoria, y razón de tantas exclusiones, no sólo injustas, sino innecesarias para una buena vecindad entre tantas ferramientas y adelantos del dosmil. Al menos eso deduzco de su páxina web y de su boletin mensual de la Curuxa. Como dice el crítico disidente hispanoamericano Joaquín Villalobos:

"La nueva polaridad
del mundo
no es entre la izquierda
y la derecha
o entre cristianos
e islámicos,
sino entre inteligencia
y estupidez" .

Interpreto el premio como un reconocimiento a mi largo peregrinaje por la entrañable cultura asturiana (los resultados, serán muy discutibles), en esa grata estaya de colaborar en todos los trabayos del conceyu a mi alcance. Otra forma de estaferiar al modo programado por aquellas sagradas esquisas lenenses, donde cada uno y cada una siempre aportaba lo que podía según sus posibilidades: dicen en los pueblos que caún siempre fay lo que pue, lo que sabe facer, o lo que y-dexan facer .

Que ye bastante pa que naide se desanime nel intentu. Ya nos prevenía el gran poeta popular Antonio Machado:

¿Dices que nada se crea?
No te importe, con el barro
de la tierra, haz una copa
para que beba tu hermano”

Porque.... “no podrán detener la primavera...”

Ciertamente, los trabajos complejos de los pueblos siempre se hicieron en común. Sería la clave del progreso rural: que caún aporte lo que sabe facer, y que nunca más nadie despreciara la participación vecinal y los deseos de trabayar de la xente, sólo por razones de siglas y colorinos. En todo caso, de una manera o de otra, pa facer bien o pa estorbar, el que quiera trabayar o dar la lata (según los casos), el que se sienta con fuerzas remozás cada mañana, va a seguir faciéndolo igual, con apoyos o sin ellos. Decía el otro gran poeta y revolucionario cultural Pablo Neruda:

“Podrán cortar las flores,
pero no podrán detener la primavera”

Un premio a tantos paisanos y paisanas, que me siguen aguantando

Podría resumir que interpreto este grato reconocimiento como un premio a todos aquellos paisanos y paisanas, que durante tantos años me siguen aguantando y contestando a mis preguntas sobre lo que ellos y ellas recuerdan de sus años más mozos: los libros, los diccionarios, una páxina web en internet, no se hacen solos; hacen falta muchos datos para atestiguarlos, y combinarlos después con otras lecturas y aprendizajes más librescos.

Pero sin muchas horas dedicadas por los mayores a sacar de la memoria su saber del campo y de las cosas asturianas, no me hubiera sido posible recoger y asoleyar toda es cultura lenense que vamos pasando a los libros y a interné. De tantas libretinas esgarabatiás a toda prisa tantas veces, voy poniendo por escrito el saber inmemorial de los lenenses: nombres de los pueblos y los montes, gastronomía casera, leyendas, refranes, romances, lugares de culto, brañas, cabañas, formas de curarse y de curar los animales... Formas de convivir y de trabayar en común: esquisas, andechas, esfueyas, estaferias...

El pote arroz, las plegancias, las madreñas... de Mejido el de La Rasa, esnaliando per interné...

Sería muy larga la lista de informantes que me aguantaron y me siguen aguantando; siempre me quedaría alguno o alguna por citar. Ellos y ellas saben cuántas horas me dedicaron para que otros puedan disfrutarlas también en cualquier rincón del mundo: por cierto, y por ejemplo, que el pote arroz, las plegancias del tsar del suilu, las vacas, la zapica de buscar..., la cabana, las madreñas de Mejido nel Meicín, y otras muchas fotos apaicías, andan esnaliando per interné en cualquier rincón del mundo . Y por cierto con munchas visitas cada día: por algo será. Por lo menos que se siga apreciando el valor de los vaqueros en plena época informática.

Y muchos informantes de los pueblos van pasando a las páginas de los libros, y seguirán pasando a los que irán saliendo en breve (un par dellos, de momento). Creo que libros y página web se deben en buena parte a estos colaboradores de los pueblos, pues sin sus datos inestimables no hubieran sido posibles, por lo menos como están.

El hábito observador del campesino como instrumento de aprendizaje.

Cultura rural era aquel tipo de preocupación que los güelos y las güelas tenían pa los fíos y los nietos con los criterios que había en cada tiempo: aprender a cultivar la tierra, cuidar del ganado, aprender oficios artesanos, aprender a cocinar, a coser, a texer, a facer madreñas, aprender a curarse y a curar los animales con recursos caseros, plantar, insertar árboles... Aprender a colaborar en los trabayos vecinales (estaferias, andechas, esfueyas...).

En palabras del grupo Cuelmu de Gangas de Narcea, muy estudiosos ellos del entorno asturiano:

"El labrador hace ciencia cuando observa la realidad, y aprovecha las utilidades que ve y comprueba con el paso de los años; muchos usos y características tienen su origen en los siglos anteriores. Esta ciencia es tan válida como cualquier otra y merece nuestro respeto”.

Cultura rural era aprender, en fin, a llevar una relativa vecindad comunitaria en las brañas y puertos de verano, en unos tiempos donde no había más remedio que turnarse cada día para vigilar el ganado; y cada fin de semana, para baxar a casa los pobres productos imprescindibles en aquella economía familiar: mantegas, cuayás, quesos; o dibura y suero pa los gochos del samartín pel invierno arriba. La única cultura posible desde hace muchos siglos hasta hace sólo unas décadas atrás. Bien lo recuerdan los dichos de los pueblos:

•  Poco se gana a filar, pero menos, a mirar.
•  Buinu ye l'oficiu, que mantién al emu.
•  L'home probe, al alba en pie: si nun trabaya, ve.

O aquella otra copla que junta la sana astucia y la paciencia con la pobreza, pero que da por lo menos para vivir:

"¡Cásate cun etsa, Xuan,
que ye bona texeora!
cada nuiche fila un filu,
cada mes una mazorga"

Las nuevas esquisas y estaferias culturales para aprender todos de todos

Porque no es que las esquisas ahora vayan a ser, sobre todo, para arreglar el camín de las morteras, rozar las xebes pa los forcaos, o arreglar los fontanes y el tsavaíru del pueblu, aunque no estaría de más seguir haciéndolo en los ratos libres. Mejorarían un poco las caleyas y los caminos de los montes, si por casualidá pasara daqué turista a visitar el conceyu, o con ánimos pa xubir hasta Penubia o al Fariñentu. Las estaferias del milenio dosmil, junto a éstas, han de ser otras ciertamente.

Por ejemplo, en las tareas educativas. Dice el filósofo J. A, Marina que “ para educar a un niño, hace falta la tribu entera ”. Padres y madres, autoridades, profesores, asociaciones culturales, musicales o deportivas, centros educativos, agricultores, ganaeros de siempre, cazaores y pescaores, güelos y güelas, emigrantes o inmigrantes... Todos educamos o deseducamos: y ello puede ser, en consecuencia, muy fructífero o muy destructivo, sobre todo para los más pequeños.

Es decir, simplemente, por aquello del ejemplo: el hábito del trabajo diario, mañana tras mañana, invierno tras invierno, con la certeza antigua de que nadie te iba a regalar nada: sin un oficiu, sin saber leyer y escribir, nin facer cuentas, nun dibas a ser naide –te repetían desde guajes los mayores con ocasión y sin ella.

Como aquella actitud educativa de los indios Cris de Canadá

Y con aquel ejemplo tan educativo de saber apreciar los recursos medioambientales del pueblo, los únicos a su alcance entonces: no se podían comprar otros. Y así utilizaban respetuosamente la madera, los montes, los árboles frutales, las plantas medicinales, la caza, la pesca... No había más alternativas: ecologistas a la fuerza, en el sentido etimológico de la palabra.

Porque bien se cuidaban de contaminar los ríos o de incendiar los montes, pues mucha hambre iba a pasar la familia entera en las cocinas todo el invierno. O la próxima primavera, y en el otoño inmediato. Siempre con la responsabilidad del futuro de los fíos entre las tsabores diarias. Como decía el malogrado premio Nobel de la Paz, Martin Luther King:

Aunque supiera que el mundo se desintegrará mañana,
igual plantaría mi manzano.

Todos y todas tendríamos que trabayar en la misma estaya de educar y educarnos desde pequeños: sobre todo para usar sin depredar, en esa interacción siempre recíproca entre pequeños y mayores. Y entre el medio natural y la especulación depredadora que puede ser muy destructuva a medio y largo plazo. Nos lo advierten de forma bien expresiva los indios Cris de Canadá:

"Cuando hayáis talado el último árbol,
cuando hayáis matado el último animal,
cuando hayáis contaminado el último río,
entonces os daréis cuenta de que el dinero
no se come"

El ejemplo que siguen dando los mayores: autodidactas de por vida y a la fuerza.

Hoy, por fin, se vuelve a hablar de actualizar también la cultura de los pueblos, tantos años después de aquellas Misiones Pedagógicas de antaño, con el objeto de hacer partícipes a los paisanos y paisanas mayores de unas novedades tecnológicas (informáticas, digitales, hoy) que les pilllaron un poco de resbalón tras muchos años de llevar moyaúras y cargas a la espalda, a cambio de refundios tantas veces. Mientras haya ánimos y algunos euros, no hay edad para aprender, con los ordenaores incluyíos: ca día son más fáciles de manejar.

Ilusiona comprobar el interés de muchos güelos y güelas, padres y madres de media edad, que no tuvieron la suerte de manejar un ordenador antes, pero que al par de los nietos faciendo los deberes y navegando por internet, hasta se apuntan a cursillos de informática, sólo por el sano deseo de aprender. O simplemente por el sabio estímulo de compensar los escasos meses de escuela en su infancia, porque había que andar delante las vacas o de criéu y de criá pa los señoritos y señoritas del pueblu. O sólo por la curiosidad de viajar en una web a cualquier rincón del mundo, sin moverse de la puerta casa.

Muchos y muchas autodidactas a su modo por los pueblos.

También esta curiosidad por aprender desde que rompe el alba puede resultar la mejor terapia: por ejemplo, quita otras preocupaciones (que ya no es poco), y uno siempre ve algo fecho para sí mismo o para los demás. Todo un ejemplo Arximiro el de Espineo, por citar un caso de tantos en el anonimato lenense, que a sus 89 años escribe libretas y libretas de rayas, con la perfección manuscrita que muchos escolares de hoy quisieran para sí en las redacciones y narraciones de clase para subir nota, como dicen ellos. O como Guadalupe, la muyer de Arximiro, que a los 95 años fay caligrafía en las libretas de Rubio en sin torcese migaya.

O como Luis el de Xomezana y Azucena, que siguen con paciencia traduciendo a sus libretas el sabroso saber sobre la apicultura y las costumbres de las abeyas. Hasta se apuntaron los dos a informática. Y tantas muyeres que pintan, cantan, baitsan, texen, cocinan..., tantas veces sólo por el deseo de seguir aprendiendo y compensando lo no disfrutado hasta ahora.

O estos ganaeros de siempre que siguen con el cuidado, con la cultura del ganao, cuando ya no les hace falta ni mucho menos para comer; y continúan cada verano animando brañas y cabañas por lo menos para admiración de turistas de las ciudades extranxeras, pues en las de más cerca, ni se les valora siquiera, o sólo encuentran en ellas trabas, impuestos y problemas. O los escasos carpinteros, que siguen tallando con el detalle del artista aprendido en el saber milenario de los oficios con el ingenio de las manos.

Hasta la carne ecológica es ahora novedá: la de las vacas a pación y yerba de siempre, claro.

Porque tiene gracia la cosa, por ejemplo, de que hasta el márquetin y la publicidá más comercial venga ahora con la gran novedá de la ganadería y la carne ecológica. Es decir, la de los ganaeros que siempre echaron yerba a las vacas, y la de la carne criá pe las carbas de Güetses, Parana o Brañavalera; y pe los puertos de La Vachota , Güeria, Meicín o Paradietsa.

Lo que son las paradojas: hasta la gran novedá de la carne del Parque Principado o El Corte Inglés, resulta que va a ser la misma que siempre produjeron los ganaeros lenenses y naide yos-fizo nunca nin puñeteru casu: porque nun tenía etiqueta, nun salía na tele ni en los folletos del Alimerca, o en los tenderetes de Fitur en Madrid. Lo que son las paradojas, y ahora esa carne, poco menos que milagrosa, dicen que ye signu de cultura y de prestixiu.

Y la yerba aboná exclusivamente con productos biolóxicos (menuda revolución), nun faltaba más: es decir, el cucho de toa la vida con grana del payar, los cuatro mestranzos ratazaos del pesebre, o restos del nerbaso a falta ya de pecha nel payar allá per febrero y las Calendas arriba.

La historia del aprendizaje siempre fue para todos la historia diaria de las novedades

O con el ejemplo de tantos y tantas deportistas, que a sus taitantos años siguen ascendiendo a Ubina o al Fariñentu cada primavera, aunque sólo sea por seguir comprobando su estado físico y estímulo de superación cada año, pisando lo menos posible la consulta del médico y la farmacia. Dando ejemplo de estímulo, autosuperación y esfuerzo.

Y con el interés semejante por el entorno menos inmediato, con esa curiosidad por aprender también de otras culturas bastante más allá de estas montañas de Ubiña, El Ceyón o Tresconceyos. La historia de Lena es en parte la historia de muchas innovaciones llegadas a Asturias desde otros continentes: las vías del tren, la transhumancia, la emigracíón hace unas décadas, las patatas, el maíz, la semaora, la satsaora...

Y ello, a pesar de tantas esperanzas frustradas en demasiadas ocasiones. Como dice Miguel Delibes en aquella sentida frase, el esfuerzo diario de los campesinos sobre la propia tierra fue muchas veces demasiado duro en contraste con los resultados y los apoyos del cielo o del suelo. Pero, para una inmensa mayoría, nunca hubo otro remedio que la obligación de seguir cada mañana con ilusiones renovadas:

“Si el cielo de Castilla es tan alto,
es porque lo levantaron los campesinos de tanto mirarlo”

Mucho deben los asturianos también a su capacidad diaria de buscar novedades, como en el caso de la emigración hacia cualquier país tan sólo unas décadas atrás. Para educar a un niño hace falta la tribu entera –que dice el filósofo.

El cultivo del aprendizaje, siempre empezando por lo que tenemos (no hay otro).

Y una vez más las cosas son más sencillas de lo que parecen. Decíamos al principio que cultura sólo significaba ‘cuidado, cultivo' de las cosas para conservarlas y mejorarlas. Ése fue siempre el objetivo de los países más desarrollados hoy. Y ello, con el abono diario de la educación desde el entorno más inmediato al más remoto, y desde que el guaje empieza a andar a gatias hasta que llegue a centenario. Para eso trajeron aquí los romanos la palabra complementaria: el lat. cultum ; es decir, el respeto, la veneración, el trabajo correspondiente para conseguir el progreso de los cultivos diversos.

O lo que es lo mismo, y lo que son las paradojas, los romanos pusieron la misma palabra para el culto a las divinidades y a los santos del cielo (la veneración en busca de la salud física y espiritual); que para el abono de las tierras sembradas, el cuidado de los productos del suelo; es decir, dieron lugar a la palabra cucho (así como suena), en asturiano más occidental, cuito : el trabajo en busca del progreso agrícola que siempre dio de comer.

La Vía Romana de La Carisa, El Castiitsu Naveo...

Por esto, siempre tras las huellas de las palabras, tendríamos que seguir cultivando y mejorando la cultura asturiana en Lena: que nunca más se vuelvan a destruir calzadas romanas a discreción (caso de La Carisa, ahora tan asoleyá), cuando los paisanos y paisanas de los pueblos dijeron durante siglos que eran lugares siempre respetados por sus mayores como vías de comunicación humana y ganadera inmemorial. Una vez espiazá, esmagutsá, la vía romana, gastan los cuartos ahora en los remiendos.

Que nunca más se vuelvan a destruir castros como El Castiitsu Naveo para una minicentral que podía estar perfectamente en el picacho de al lado, cuando los vecinos y vecinas mayores del pueblu mantuvieron hasta la fecha toda una larga historia de leyendas, vestigios y topónimos, que complementaban a la perfección los documentos escritos y las publicaciones realizadas por profesores universitarios desde unos cuantos años atrás.

Siempre estamos a tiempo para respetar lo que queda: como La Villa Romana de Mamorana

Es decir, tendríamos que seguir conservando la cultura lenense y abonándola con una educación actualizada con las nuevas tecnologías: escuchando el saber oral de los güelos y las güelas, muy útil a los guajes pa las redacciones de las escuelas, pa aprender botánica, historia, geografía...; investigando por los pueblos, los estudiantes mayores, para proyectar después diversas actividades adecuadas a los tiempos (turismo, nuevas tecnologías agrícolas, ganaderas, empresariales...).

Por ejemplo, aún estamos a tiempo para conservar el patrimonio histórico. Ahora mismo se proyecta una vía del tren que igual nun tien otras carbas peronde pasar, que justamente sobre el único mosaico asturiano romano que sobrevive en estos tiempos, entre los pocos europeos que lo consiguieron: La Villa Romana de la Vega'l Ciegu (hoy Mamorana), con ese posible Mosaico, tal vez en parte todavía enterráu bajo unas tierras de patatas sembradas cada año. Siempre estamos a tiempo para dejar de depredar.

Leer sobre ese gran libro siempre abierto del paisaje en Lena

Siempre con la ayuda de los mayores, todos podemos seguir leyendo las páginas de la cultura lenense talladas desde hace milenios en el paisaje de cada pueblo: los magalitos del Padrún y Espines; los vestigios prerromanos de La Cobertoria y Los Fitos del Aramo, por ejemplo; los restos romanos de Mamorana; el bosque de Valgrande o del Mofusu; los preciosos parajes montaraces de Peñaubiña, El Fariñentu o La Pena Tsago; las camperas y las brañas de Güeria, El Meicín, La Vatsota o Paradietsa; las costumbres etnográficas de los lenenses, los usos agrícolas o ganaderos... En fin, esa gran Aula de la Naturaleza a campo abierto y al alcance de cualquiera si queremos entenderla y conservarla.

Porque toda la vida de estas montañas fue quedando escrita a su modo en cada paraje por los distintos agentes naturales que los fueron diseñando: el clima, las plantas, los animales; los primeros pobladores indoeuropeos de los altos; y los sucesivos poblamientos ladera abajo hasta el fondo de los valles (los pueblos actuales).

En la lectura de estas páginas tan naturales intervenimos todos, aunque sea en formas diferentes, y cada uno las lea a su manera: los más pequeños necesitan datos para sus trabajos de clase como complemento de los libros; los de edad intermedia, recuerdan de sus padres lo que aprendieron en sus años mozos, y ayudan a los hijos a en las labores diarias de los deberes (materia para las descripciones, las narraciones, los trabajos sobre el entorno).

Finalmente, los mayores, los güelos y las güelas, siguen siendo el referente de información oral para la comprensión de ese paisaje, cada día un poco transformado: ellos siguen manteniendo en su memoria los nombres del terreno, los nombres de las plantas, las costumbres vaqueras, la gastronomía, la curación con remedios caseros, los lugares de culto, las leyendas, los romances pastoriles o vaqueros...

Y escribir con los cinco sentidos sobre el mismo paisaje que pisamos.

Como práctica imprescindible para seguir construyendo el aprendizaje diario de cada uno y cada una, todos podemos reflexionar lo que tenemos más al alcance de los cinco sentidos: las formas del terreno; los colores, los aromas del campo en primavera; los sonidos de los páxaros y los grillos con el sol de mayo arriba; los sabores de las cerezas por el verano; los tonos ocres del boscaje en la seruenda; los primeros fríos invernales con las nieves ya colgadas de los altos por noviembre arriba. Escribimos de lo que vemos, saboreamos, sentimos en la piel o escuchamos por donde quiera que pasemos.

Y así pueden los escolares hacer la actividad práctica sobre los colores de un paisaje otoñal en el pueblu de la güela; la construcción de un horro en miniatura; un lienzo, una acuarela, un carboncillo sobre la iglesia del pueblu; un herbario con las plantas que le diga el güelu... Un trabayu con el ordenata en powerPoint, con las fotos sacadas de la dixital el fin de semana, o en la última ruta a cualquier parte. Serán las actividades diarias para las distintas asignaturas del aula (esas narraciones, cuentos, dibujos, trabajos de artesanía, Tecnología, de Botánica, de Historia, de Geografía...).

Los padres y las madres, hoy de edad intermedia (alumnos/as hace pocos años), pueden practicar casi lo mismo ahora, una vez que tienen más tiempo y se lo permiten las Nuevas Tecnologías: con el recurso lúdico de los ordenadores pueden construir sus pequeños cuadernos de trabajo (CT), en sus ficheros, incluyendo los mismos referentes: descripciones del pueblo, fotografías, leyendas orales, canciones, recetas de comidas, fiestas, viajes... La ayuda de internet les permitirá una información complementaria con las páginas webs y los blogs digitales que ya existen sobre el conceyu.

La Casa de Cultura, la Apertura de Centros a la Comunidad, Las Asociaciones Vecinales...

También los güelos y las güelas, están a tiempo para recuperar aquellos días de escuela que nunca pudieron disfrutar en su infancia, siempre de camino tras las vacas, las oveyas y las tierras de semar. Hoy, los ordenatas son relativamente fáciles de manejar, y cada día un poco más lo seguirán siendo: con cuatro cursos o cursillos, pueden aprender a viajar por interné sin movese de la puerta casa; o pueden ponernos en unas páginas su saber inmemorial recogido en sus años mozos de sus padres y sus güelos, a su vez. Tal vez una sola pega: la vista que no perdona a cierta edad.

Ya se están desarrollando estas actividades dentro y fuera del conceyu en formas muy diversas: Casa de la Cultura, Apertura de Centros a la Comunidad, Academias... El ordenador portátil, la facilidad en el manejo de los programas, el tiempo libre..., van facilitando estos procesos, y lo harán más en adelante. Los núcleos mayores del concejo no tardarán en ofrecer estos medios a los pueblos menores del contorno: escuelas cerradas, centros sociales, bibliotecas..., que se irán abriendo a todos los públicos, como ya se está haciendo en otras partes.

Esos centros públicos existentes, y otros en ocasiones cerrados o infrautilizados, podrían suponer para los propios vecinos, lugares para las nuevas estaferias y esquisas, ahora informatizadas con destino a los nuevos aprendizajes, ahora sin notas y sin exámenes: programas de ordenador, pintura, bailes regionales, ensayos de grupos musicales... Volver siempre a la escuela para seguir aprendiendo según vayan marcando los nuevos tiempos.

Todo el conceyu, un mismu pueblu grande con las buenas costumbres vecinales.

Porque un conceyu hoy sólo es un pueblu grande. Con las comunicaciones actuales, se podría decir que el pueblu ye el conceyu; y los pueblinos que sobreviven son los barrios de antes. El rixior de a pie, el alcalde mayor ahora. Y de esta forma, todo el concejo podría seguir progresando con las tecnologías de ahora, pero con las buenas costumbres comunitarias de entonces (esquisas, estaferias, andechas..., aunque sean para labores muy diferentes). Cambios, los hubo siempre, a veces muy difíciles de entender. Sólo el tiempo irá aclararando si fueron realmente de progreso (autopistas, vías del tren, polígonos industriales...).

Tras una larga historia de lenenses famosos o anónimos de tiempo en tiempo.

De paso por El Ateneo La Palmera, da gusto, ciertamente, presta saber que de nuevo unos cuantos y unas cuantas lenenses se reúnen a lo cabero de un café (casi como los paisanos de antes nel chigre'l pueblu ), sobre todo para tratar temas culturales (de cualquier cultivo físico o síquico). Porque en esta nueva aldea digital que nos invade, se vuelve imprescindible la comunicación sincera de los vecinos y vecinas en cualquier rincón de un pueblu , aunque sea amuebláu y adornáu al estilo globalizáu del milenio en marcha.

Tamos naguando, esnaliando, con pruyíu – que dicen en los pueblos-, de poder comunicarnos con la palabra directa y dialogada sin trampas mediáticas, sin manipulaciones solapadas, sin partidismos, sin prensa por el medio, sin politiquillas de colorinos tan alejadas de aquella polis griega, que sólo trataba sobre las cosas públicas de la ciudad para arreglarlas, mejorarlas, y proyectarlas en el tiempo entre regidores y regidos, autoridades y vecinos.

Y con la esperanza también de que, como en cualquier Ateneo desde el Partenón helénico hasta estos mismos días, vuelva a retoñar la creación literaria lenense: que nuevos poemas, romances, obras teatrales, narraciones, ensayos filosóficos, artículos periodísticos y otras investigaciones regionales..., se empiecen a leer, valorar, criticar, asoleyar al público, en esti nuevu y gayasperu Ateneo Cultural, siguiendo aquella larga nómina de escritores e investigadores lenenses (Vital Aza, Menéndez Pidal, Jesús Neira, Manolo Pilares..., por citar sólo algunos también).

O se sigan recogiendo las coplas, puyas y cantarás de la música asturiana en Lena; o se sigan construyendo otras al estilo de lo que vienen haciendo los collacios de la Col.lá Propinde desde hace algún tiempo, y asoleyando en sus discos:

“Voi a vaqueirar
a los puertos de Güeria,
Con el quirosán,
pa baxar a la feria.

Ya decía mió pá,
lo duro que yera.
Vivir pa trabayar:
vivir de la tierra”.

Hacia las nuevas esquisas dixitales del dosmil.

En fin, el concepto de cultura en un conceyu rural como el nuestru y en plena época informatizada del dosmil, tiene muchos matices y muy poco asoleyaos todavía. Hay muchos deficiencias supervivientes que habría que empezar, por lo menos a discutir y a subsanar, para poder seguir viviendo en los pueblos. En otro caso, todos a vivir a Montecerráu de Uviéu, o a las colmenas de las grandes urbes entre jardines y jardineras de plástico, donde los guajes tengan que llegar a descubrir un día en los libros que la leche no viene del supermercao, sino de las vacas.

Y volvemos al punto cero que nos dice el filósofo: “para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Por ello tendremos que buscar soluciones, como antes se intentaban para aquellos precarios tiempos de las caleyas. Por ejemplo, la participación ciudadana ha de ser el instrumento que sirva para mejorar la capacidad de relación y de colaboración entre vecinos y rixiores, como antes lo eran las esquisas: la ocasión para reunirse virtualmente ahora, plantear problemas urgentes, aportar ideas y acordar soluciones, aún en la distancia.

Pa eso tan los ordenatas, internet, las páxinas web, los blogs, los foros... Los recursos informáticos son capaces de poner en la misma tertulia digital a miles de usuarios (los vecinos de un conceyu en este caso) para entenderse directamente, o en pocos segundos, y dejar escritas las ideas para que alguien las recoja y te conteste. Ya se está haciendo en otros casos. O para hacer gestiones, solicitudes, papeleos diversos, sin tener que desplazarse del ordenata de casa.

Opinar, aportar ideas, decir las cosas donde convenga, solucionar problemas...

Sería una verdadera crítica constructiva, como indican las palabras de Reza Deghati, conocido periodista al servicio de varias ONG para el desarrollo cultural y la libertad de expresión con las nuevas tecnologías' :

"Son las nuevas armas de la libertad:
bolígrafos, ordenadores,
radios, cámaras..."

Que lo que critiquemos no se quede en las caleyas, en los puyos d'entecasa, o tras la barra de un mostrador. Sería el verdadero trabajo ecológico: una actuación de acuerdo con el entorno social y natural en este caso (ecología en principio, sólo es el estudio del medio). Para ello hay que desarrollar el valor y la forma de decir las cosas donde tengan su efecto y sirvan para colaborar en la solución de los problemas. Lo demás ye hablar por nun tar callaos: no conduce a nada positivo.

Por esto yo terminaría con aquella frase de Pablo Neruda con la que comenzábamos, y tal vez ahora se entienda mejor:

“Podrán cortar las flores,
pero no podrán detener la primavera”

O con aquella otra del filósofo vitalista Ralph Waldo Emerson:

“Enganchad vuestro arado a una estrella”.

Ciertamente, hay que caminar y trabayar mirar al suelo, pero también al horizonte lejano: al cielo, a esos parajes que tantas veces parecen imposibles, pero que son la chispa diaria para seguir animados desde cada primavera al invierno otra vez. Como siempre ficieron tantos paisanos y paisanas en los pueblos desde tiempo inmemorial, cuando, para sobrevivir del medio, sólo había que mirar al suelo, al cielo y al ingenio aguzado por la necesidad diaria desde que rompía el alba en las montañas.

Siempre con la mano puesta nel aréu de la cultura asturiana.

Muchas gracias por este premio Vital Aza, que interpreto en nombre de todos aquellos vecinos y vecinas del conceyu y de todos los conceyos asturianos que, durante estos años, me vinieron enseñando el arte de aprender del medio y de los pueblos. Y de la forma que ellos aprendieron a sobrevivir y a convivir en la dura vida de las montañas desde siglos inmemoriales, hasta estos mismos días.

Yo lo único que fice fue tomar notas y notas en las libretas, tantas veces al mor del fuíu en las entrañables cabanas de los puertos; sacar algún tsibru de cuando en cuando, y poner unas cuantas fotos y testos en una páxina web, pa que esté gratis y al alcance de todos en cualquier rincón del mundo, pe los aires de interné. La pena es que, poco a poco, otoño tras otoño, echamos de menos algún informante de siempre en los pueblos y en las brañas.

Gracias a los paisanos y paisanas de los pueblos, gracias a estos entusiastas del Ateneo Cultural la Palmera. Gracias a todos y a todas vuestra presencia.

Xulio Concepción Suárez.

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de. www.ateneoculturallapalmera.com

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