Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez


La Nueche de SAN XUAN
na Caleya La Pola
.

Palabras pronunciadas por
Xulio Concepción Suárez,
en la Nuiche de San Xuan,
en La Caleya,
con motivo de la foguera.
23 de xunio de 2005.

Caleyenses, o caleyanos y caleyanas.

O caleyeros y caleyoneras, porque tampoco ta de más caleyoniar dacuando pe las caleyas de cualquier tsugar entre los munchos topaeros que tenemos pel conceyu : unos tsugares , que comodidades nun tienen abondo (ta a la vista), pero caleyas nun mos faltan onde andar de filanguiru, bilurdiando, escuchando a los paisanos y paisanas tomando el sol nel puyu entecasa, o faciendo planes baxo cualquier horro un día de nublina y temporal.

O esperando otros cuatro años pa que los políticos de turnu güelvan el día antes de las elecciones a decimos que, si ellos salen alcaldes, las cosas van cambiar de verdá: nos aseguran que asfaltarán las pedreras, que convertirán las caleyas en avenidas con semáforos hasta pa los perros y los gatos; que nun dexarán un ertu en una xebe, y, por supuesto, que ca pueblín de Lena tendrá su aeropuerto, pa que en las próximas elecciones (cuatro años más terdi), los políticos (y su séquitu, claro) nun tengan que golver a echar el mitin soportando los ximelgones que dan los vaches al mercedes pe la carretera na más salir ya de los jardines del Ayuntamientu. Así dará gusto vivir en los pueblos... Porque los políticos suelen cumplir a rajatabla, en sin desviase migaya, too lo que prometen..., por supuesto (naide se atreverá a ponelo en duda...).

Pues, mientras esperamos ca cuatro años que los impuestos pagados se conviertan en arreglar las pedreras de nuestras preciosas caleyas, seguiremos cavilando con los güeyos clisaos a la luz de cualquier luna llena. O faciendo fogueras, como ésta de San Xuan en La Caleya, onde lo que se quemen sean las falsas promesas, los infundios, los resquicios y las renciellas del año; y no los fayeos (los preciosos hayedos), ni los robledales, ni los pinares, ni las carbas, que tantas veces arretsuman y chaparean baxo las estrellas pe los altos de los cordales.

Prenderemos este otro tipo de fogueras buenas, como llevan haciendo tantas otras regiones con bastante más aprecio por el desarrollo de sus pueblos rurales. Por cierto, las más resonantes fallas de Valencia, tienen exactamente el mismo origen que la foguera de La Caleya (¡quién lo diría). Lo que son las paradojas.

Vayamos por tanto ahora a ese fuego más sano que no arrasa vidas ni arbolados, sino que limpia y vivifica, como el aire , como el agua , como la tierra misma cada primavera desde los orígenes de la vida, tantos milenios atrás. Pensamos en ese otro fuego, también más o menos temido, esperado o respetado, símbolo inmemorial en todas las culturas. Esas llamas vivas que recuerda la copla cantada por mozos y mozas cuando saltaban la foguera alreor de la iglesia del pueblu tiempo atrás:

"Amor es fuego,
quien non se atreva
a saltar la foguera,
que non me quiera"

Y ningún escenario más adecuado para el filanguiru y la foguera arrodiá de xente, que esta histórica y entrañable Caleya lenense, con resonancias camineras tantos siglos anteriores a La Pola misma, que fundara el propio rey Alfonso X el Sabio, allá por la Edad Media. Bien sabéis, y asoleyáis muy gayasperos y gayasperas los de La Caleya que el vuestru barrio ye l'aniciu , la esencia, la madre natural de La Pola. Pue ser que nun vos falte razón. Tal vez vos lo discutan los de La Barraca, los otros vecinos del chugarín a lo fondero, abechugaos ellos también en las riberas de otru río con resonancias igualmente prerromanas sobre la cuenca del río Muñón.

Pero La Caleya lleva el nombre por razones dobladas. En principio, de camino por el valle que culmina en los altos de Tablao y El Mofusu, da la impresión que los primitivos pobladores de los altos hubieron de buscar la salida por los grandes ríos, en un tiempo ya sin mayores peligros en las vaguadas de las montañas. En el mismo latín callem era 'sendero, vereda, camino', a su vez del celta calion ('piedra'), tal vez por aquello de los caminos empedrados. Lo de calle asfaltada, con farolas y adoquines, o con pulidas baldosas azuladas (que tantas veces nun valen más que pa resbalar y pegase una xostrá), vendría mucho después.

De modo que en principio, los pobladores de estos altos en La Cobertoria y L'Aramo, no sólo bajaron a la otra Cobertoria de La Vega'l Rey, sino también a los rellanos más abiertos del río Lena en su confluencia con el río Naredo , por cierto también voz ya indoeuropea, * nar -, con el sentido de 'agua'; lo mismo que Aramo (bifurcación, encrucijada, culto al dios de los caminos). De las cumbres del Aramo, los primitivos pobladores fueron bajando por la cuenca del río Naredo a los rellanos de La Caleya.

Todo ello, un rico entorno natural y cultural a su modo, que bien codiciaron los exploradores romanos, ávidos de conquistas y riquezas. Y un entorno bien programado en el descenso: por encima de Piedracea está El Questru , un primitivo castro , hoy en la completa indiferencia de las malezas, como tantos otros desperdigados por los pueblos del conceyu . Y un poco más abajo la villa de Palaciós ('perteneciente al palacio'): otro signo de la romanización en Lena, a la pesquisa de los mejores rellanos para empezar a sembrar.

De otro lado nos llegó esa voz latina callem , en su diminutivo calliculam ('camino estrecho') en fonética asturiana: La Caleya sería 'el camino estrecho del valle. Uno de aquellos espacios más topaeros, sabiamente elegidos por los descendientes de los romanos, para la estancia prolongada en las sucesivas estaciones del año: La Fuente l'Ablenu, la Nozaleda, Los Los Cherones..., Robleo.. . Un paraje adecuado para pasar el invierno, lejos de las nieves de los altos, a base de ablanas, nueces, bellotas de los robles, y poco más: aquellos frutos secos que aseguraban unos alimentos mínimos en los peores días invernizos de las nevadas en los cordales más altos de La Pena Chago, Los Veneros, Campa La Soma, Los Fitos. .., hoy deformado impropiamente en Prau Llaguezos .

Bien hablan los nombres del terreno de esos productos imprescindibles de antaño, en torno a La Caleya y alrededores. Un espacio privilegiado (entre el saliente y el poniente) que poco a poco fue tomando aspecto de pequeña ciudad completa para su tiempo y a su modo: ello atestiguan nombres como La Teyera, El Molín de la Sala, La Fábrica de Madreñes, La Fábrica de Piedres d'Afilar..., toda una industria muy rentable entonces, por mucho que nos extrañe hoy. O Las Boler a: el único espectáculo gratis y al alcance de todos.

No es de extrañar, por tanto, que, cuando el rey Alfonso X el sabio, allá por el año 1266, decide organizar todos los pueblos del conceyu Lena, en un lugar estratégico que los pueda controlar y administrar, piensa en el lugar de Parayas: un topónimo sin identificar con seguridad, pero que algunos paisanos recordaban vagamente haber oído a sus mayores que estaba en las afueras próximas a La Caleya, hoy limítrofe con lo que fue el casco urbano posterior de La Pola, lo que fue Gobernación, en torno al Economato de Hunosa ahora. Escribía así el Rey Sabio:

"E nos, por les fazer bien e merçed
e porque la tierra se pueble mejor
y sea mas al servicio de Dios y de nos,
otorgámosles que fagan la puebla en Parayas..."

Desde luego, por estas fechas, voces como caleya y paraya eran muy anteriores al núcleo urbano, por aquel entonces completamente despoblado, como indican las calles actules y partes de la villa mayor: La Iría, Reguera Pará, El Castañerón de les Ánimes, El Caleyón de los Chobos, La Rampla, La Peralera, La Pipera, Les Pedroses, Los Llerones, la Quintana, La Rivera... La Pola fue al principio poco más que un conjunto de tierras sembradas.

Es decir, mientras La Caleya ya era un barrio habitado con casas y edificios, el casco ubano actual sólo era una iría de semar, una reguera donde lavaban los refaxos, un castañerón, un caleyón donde se encaleyonaban y cazaban chobos, una rampla pa xubir y baxar carros, una pumará de perales, unas tierras muy pedregosas. .. Y La Caleya tenía lo principal: disfrutaba del agua del río Nareo (tantos siglos antes de las traídas a las casas). En fin, que las calles actuales de la Pola eran entonces los espacios cultivados al lado de un tsugar ya organizado por romanos.

Y en el bulliciu de aquel rústico poblamiento, con tantos milenios de voces prelatinas por las cumbres de los cordales, no podían faltar los ritos paganos de esos mismos nativos: aquellos astures que se fueron sucediendo desde los megalitos y dólmenes del Aramo, hasta los castros y castiechos de La Cobertoria, tal vez el fundamento precristiano del monumento de Santa Cristina hoy. O de la iglesia de Castiellu de La Vega'l Ciegu, antes el castillo que bien asoleya el nombre.

Ningún espacio en el valle, por tanto, con más arraigo que la Caleya para continuar con los ritos de San Xuan, por cierto, de raíz prerromana igualmente, mucho antes de las adaptaciones y manipulaciones cristianas. Dicen los etimologistas que la palabra Juan procede ya del indoeuropeo * din, latín deus , primero con el sentido de 'la luz'; y luego, 'el dios blanco', 'el dios sol', 'el dios del cielo luminoso'.

De ahí derivaría el hebreo Io-hannis, lat. Iovannis , y el asturiano Xuan , con tantas variantes en todas las lenguas. En definitiva, algo así como 'el dios de la luz, el dios del fuego', presente en la peña de Xuviles , sobre el Santuario de Bendueños. Todo ello, por supuesto, mucho más allá del San Juan Bautista de los Evangelios, el San Juan de van sólo dos mil años a esta parte.

Y así se fue enraizando la tradición de la foguera de San Juan, celebrada en todas las culturas occidentales, europeas y parte de las americanas, con el mismo sentido primitivo que las más sonadas fallas valencianas, como se dijo, por estas mismas fechas, con la diferencia de que allí queman las cosas personificadas en forma de muñecos: o de monigotes, según los casos, y para ser exactos.

La noche de San Juan, 23 de xunio , es la más corta del año, cuando el sol dura más horas en el cielo, en este solsticio de verano. Por ello, significa el triunfo de la luz del día sobre la oscuridad: unas 6 horas de noche, frente a 18 solares. Y ello implicaría los cuatro elementos de la vida: el fuego, el aire, el agua y la tierra , que laten en todas las fogueras en sus diversas formas.

Destaca el fuego , esa luz solar que triunfa en longitud sobre la breve oscuridad de la noche: un culto precristino (pagano, que tan impropiamente dicen otros), el culto al sol, que limpia, cura, sana con fuego todo tipo de enfermedades, infecciones, impurezas. Todavía los ganaderos de hoy sacan los xatos por la primavera al sol para curar unos cuantos males (dicen que el sol yos-fija el calcio en las rodías, que espochetan...). Y los mayores saben bien que poniéndose al sol con cuidado (en los meses con erre sobre todo), funcionarán mejor el alma y el cuerpo por el año arriba.

Un paso más que simbolizan las fogueras consiste en quemar entre las ramas, arrojar con la mente sobre las llamas enrojecidas hacia el cielo que preside San Xuan, todo lo que cada uno y cada una considedera impurezas del ciclo solar que termina: las rencillas, la mentira, los infundios, los odios, la venganza, la marginación del que trabaya y da la cara. Entre el chisporreteo y las chapareas de las llamas en la inmensidad de una noche tan mágica, habría que arrojar con saña, sobre todo la mentira, que tantas veces nadie quiere reconocer, pensado que sólo miente el vecino o la vecina.

Por supuesto, que echaríamos en la foguera las mentiras de los villanos, pero también las de aquellos otros y otras (supuestamente menos villanos y villanas), que tanto pululan disfrazados a lo largo del año, aunque sea con micrófono, banderita del partido y de corbata: que nunca más nadie (jamás), nos mienta diciendo que es de conciencia social (y de Estado) invadir países " con la seguridad, con la absoluta certeza " de que poseen "armas de destrucción masiva", cuando todo lo más que tenían eran cuatro bidones de raticida, por si algún día una plaga de ratas del desierto terminaban por arrasar las cuatro yerbas mustias reservadas para las cuatro cabras y dos camellos perdidos en inmensa soledad de las arenas. Vamos, casi como los bidones que nos facían falta a nosotros pa terminar con los ratones pintos del puerto Güeria y La Vachota.

Ciertamente, con las chapareas de la foguera de San Juan o de las fallas , sin duda unos más que otros, tendríamos que volver todos al origen de la vida, a la pureza inicial, para comenzar el nuevo ciclo solar con la ilusión renovada que dan las flores y los retoños primaverales: una vida más comunicativa, con culto y respeto a la palabra (como los paisanos y paisanas de antes), solidaria, constructiva, ilusionada, sin manipulaciones, sin infundios... Con un culto a la palabra sin mentiras, haciendo bueno aquel proverbio chino: " Si tu palabra no es mejor que tu silencio, calla" .

Con otro importante componente de la Nuiche de San Xuan: el agua , la flor del agua, que sobrevive en la memoria de los pueblos. El agua que limpia, renueva, da vida y nuevos frutos. Nos cuentan Solita y Ramón en Parana que a las 12 de la medianoche en punto, mozos y mozas salían a coyer la flor del agua a La Fuente'l Caño, para llevarla a casa, y echar en ella un güevu frescu. Se dejaba al sereno en la ventana toda la noche, y por la mañana se vería una figura transformada: una torre, una iglesia, un barco...

Lo más frecuente era el barco: la yema, abajo, en forma de casquete; la clara, arriba, simulando las velas desplegadas... Lo que cada uno quisiera ver: el símbolo de la vida con ilusión primaveral florecida. No hay que olvidar que la palabra verano significa algo así como la culminación de la primavera : latín ver-veri ('la primera primavera')

Muchos otros componentes enriquecen esta nuiche de San Xuan tan arraigada en tantas otras culturas europeas, y con tanto entusiasmo encesa al mor del fuibu en la Caleya, año tras año, por vecinos y vecinas como Roberto y compañía. Por ejemplo, se recogían también durante noche tan mágica diversas plantas, con la seguridad ilusionada de que la rosada nocturna las iba a impregnar de poderes curativos especiales para el año arriba, tal como dice la copla:

"La flor del xabugu, madre,
ya la tengo recoyía,
del sereno de San Xuan,
que sirve de melecina"

Tendríamos que añadir el salto de la foguera por parte de los mozos para deslumbrar a las mozas casaderas; el ramu que se colocaba ante la puerta de casa de la moza enamorada, por si picaba; o el ríto de las mozas al revolcarse en el rocío de la mañana (antes de romper el alba) para curar con el agua de la rosada las impurezas de la piel. Y para remozar, y retozar sin duda, en cuerpo y alma.

Terminamos con uno de tantos cantares que prolongaban, en la noche de San Xuan, las ascuas y los caricoxes del amor, hasta bien entrado el amanecer. Nos recuerda alguno Vidal en Xomezana:

-"A los mozos forasteros,
favores y más favores,
que están lejos de sus casas,
y vienen a ver sus amores"

-"Ven bailar, Carmina,
Carmina, Carmela,
con zapatu baxu,
y la media de seda"

-El zapatu pide media,
la media pide zapatu,
por eso toas pedimos...,
pedimos un mozu güapu .

-"Que baile Carmina,
Carmina, Carmela,
el zapatu baxu,
la media de seda,
de seda calada,
que baile Carmina
que ta namorada"

En fin, que en el ánimo de todos y todas, celeyenses, o caleyanos y caleyanas, priendan las meyores intenciones pa esta nuiche y pa toas las otras nuiches y días del año. Que esas buenas llamas encesas en vosotros se espardan como ascuas desde esta bucólica Caleya a todas las calles con brillantes baldosinas azules, siempre tan resbalosas elllas. Y, sobre todo, que nun dexéis de mandar unas cuantas de esas llamas pa tantos polítiquillos y polítiquillas (lo digo sólo en diminutivo) que demasiadas malas yerbas, artos y espinos, tendrían que quemar. Y si no, los invitáis pal próximu año a que las quimeras, las falacias, los infundios, las mentiras, y las engarradietsas palaciegas, las quemen aquí mismo, na foguera La Caleya.

Caleyenses, a seguir caleyoniando, y muchas gracias.

( Xulio Concepción Suárez ) .

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