Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

 

Turón, hora cero
Manuel Jesús López González
Edita HiFer Editor
Oviedo, 2017

Palabras de presentación
en el Club de Prensa de
la Nueva España,
19 de junio, de 2017
por Xulio Concepción Suárez

Turón, hora cero

El paisaje de Turón, en un espacio y en un tiempo

El libro que presentamos supone una investigación añadida a otras muchas que el autor viene ofreciendo al público desde hace años. En este caso, ya desde el título y desde las primeras palabras del ÍNDICE emplea algunas en relación con el paso del tiempo: de un pasado que se fue (noticias antiguas, historia, huella, genealogías...); al lado de otras que anuncian un tiempo por llegar (hora cero, futuro, reivindicación, revolución pendiente...).

Entre ambos campos léxicos (lo que fue y lo que ha de renacer), Lito va desarrollando todo un proceso evolutivo de los valles de Turón, que remonta a documentos medievales del año 905, y que remata con muy sentidas palabras, bastante más futuristas, del mismo Barack Obama, en este año 2017:

Fue en estas calles donde vi el poder de la fe”.

Toda una larga historia interna de unos valles turoneses, contada ahora por el autor, aún sin divulgar antes como tantas otras. Un libro, por tanto, con una perspectiva de pasado y de proyecto, al mismo tiempo, imprescindibles para seguir subsistiendo entre esas montañas con tantos siglos de poblamientos detrás, por mucho que no coincidieran con el paisaje de estos dos últimos siglos, o de la situación actual.

Ese devenir interno de un paisaje que comienza, una vez más, con las palabras

Turón, hora cero viene a ser, en definitiva, la historia de un paisaje habitado desde un tiempo inmemorial. El mismo nombre de Turón se remonta a remotas raíces indoeuropeas en relación con otras culturas peninsulares: la raíz *twr- (monte, montículo, altura). Sabido es que hay Turón en Belmonte; Turones, en Teverga; Tourón, en Somiedo; Torones, en Lena. Y más allá de estas montañas, hay Turón, en Málaga, Granada, Ciudad Real, Portugal... Turón, Turonet..., en Francia; Turó, en Cataluña, Valencia. Todos ellos en relación con la altura.

El nombre nos remontaría, por tanto, a un antiguo paisaje habitado en esos tiempos prerromanos de estancia en la altura mucho antes que en los valles, siempre más o menos boscosos y con frecuencia inundados por los ríos; inhabitables, en definitiva, donde paseamos con mayores comodidades.

El río Turón, que desciende de las alturas bajaría consigo, como en tantos otros casos, aquel nombre puesto por los primeros turoneses más o menos siempre vigilantes y fortificados de media ladera a las cumbres de las montañas, según la época del año. El poblamiento actual en el valle sería ya altomedieval, pero con esa referencia a los prerromanos nativos o de paso por las cimas buena parte del año, entre el ascenso de la primavera, y la vuelta en el otoño otra vez.

Palabras, sentidos, sentimientos en la voz paisaje: el etnopaisaje

Todo un paisaje habitado es el que va pintando el autor con palabras, pero con los otros sentidos también: las formas de vestir, las miradas de los mayores o más pequeños; las comidas familiares; la música de las romerías; el tacto de los juegos por las caleyas o por las tabernas...

Y con otros cuantos sentidos necesarios para la vida y el progreso de los pueblos: el sentido social, comunitario, siempre antes más o menos solidario por voluntad o por fuerza mayor entre el vecindario; el sentido etnográfico que se desprende de la lectura del libro; el sentido religioso, el sentido, el sentimiento minero, tan arraigado en estos valles hasta estos mismos días.

Porque paisaje es voz antigua, ya latina, a partir de pagus (territorio habitado, aldea), para designar todo el conjunto de acciones que cada cultura, nativa o de paso, fue dejando tallada sobre el terreno a modo de efecto secundario (colateral) de su huella por el paraje; personas, animales, agentes de la naturaleza (el agua, el viento, el fuego, la naturaleza del suelo) fueron tallando desde muchos milenios atrás ese paisaje que ahora contemplamos, como si hubiera comenzado ayer. El etnopaisaje: pobladores y territorio fundidos de siglo en siglo.

Y porque, en definitiva, el paisaje es la historia

Ciertamente, casi todo todo está escrito sobre un paisaje, por encima o por debajo de lo que vemos, por supuesto: no todo ha de permanecer a la vista en tantos siglos, y con tantos matorrales y ferramientas detrás; unos efectos bien a la vista asoman (sembrados, fincas, praos, escombreras, construcciones...); otros muchos vestigios permanecen enterrados, más o menos ocultos, según los casos; pero ahí siguen estando, por silenciosos (o silenciados) que perduren tantas veces, hasta que alguien pueda o sepa rescatarlos del olvido (la memoria histórica que se dice ahora, sin ir más lejos).

Casi todo, por tanto, fue quedando tallado de una u otra forma en cada valle, en cada ladera..., a modo de mosaico de vestigios, en ocasiones tan difíciles de interpretar: ese lenguaje multidisciplinar del suelo, que forma la gran enciclopedia del paisaje, con tantas páginas orales, sin escribir en buena parte.

Pues no todo está recogido en los documentos escritos antiguos (notariales, catedralicios, parroquiales, crónicas medievales...). Ni mucho menos: hay demasiadas cosas que ni convenía ni resultada de interés para los palacios, las catedrales, las retorales... Por ello, más allá de los documentos escritos, sigue abierto todo ese gran libro natural y social que tiene archivado (a modo de memoria de ordenata) una larga historia de acciones, sucesos y culturas hasta estos mismos días. Porque La historia es el presente –que decía Nietzsche-. Un presente con las las huellas de millones y millones de años detrás.

Un libro verbal y no verbal al tiempo

Hay, por tanto, muchas formas de seguir construyendo (y reconstruyendo) paisajes en el espacio y en el tiempo de un pueblo, de una comarca, de unos valles, de una región entera. Como existen estilos diferentes para contarlo: con palabras, con fotografías, con notas musicales... Y entre todos ellos destaca también el del escritor que usa el lenguaje en el contexto de los propios lectores protagonistas de su pequeña o larga historia en cada caso.

 Ambas circunstancias, la del contenido y la del estilo, se imbrican en las páginas de Lito: un escritor que multiplica desde hace años ambos factores tan necesarios para la investigación asturiana; esa perspectiva etnográfica y etnolingüística a la hora de pintar un paisaje rural con todos los sentidos: palabras, conversaciones con los vecinos, miradas en las fotografías, aromas de los documentos manejados, sabores compartidos con tantos lugareños, en tantas horas de bolígrafo, de libreta y de paciencia... O el tacto, el airín de la corriente en el alma y en la piel a la entrada de las muchas bocaminas y sendas de escombreras pateadas por el autor de pozo en pozo.

La intrahistoria de Turón, que Lito sigue asoleyando

Así va recorriendo Lito la intrahistoria de los valles turoneses –que diría Unamuno-, entre la vida rural y la urbana, en unas cuencas que fueron pasando del trabayu del campo al de la mina o de la industria; de las caleyas de los pueblos a las calles asfaltadas en las villas; de los trabayos de las muyeres en las minas y en las fábricas, con el tiempo; los cambios de unas costumbres religiosas, sociales, políticas..., a estos tiempos del milenium, tan fluídos y líquidos –que dicen Zygmunt Bauman y compañía.

Esa lectura etnográfica, tan necesaria (la micro-, nano-investigación, que diría Amador Menéndez-) se acentúa a medida que los años de reflexión del autor se enriquecen con su experiencia local, su compromiso con sus gentes y sus archivos, fruto de muchos lustros ya de silencio y anotaciones desempolvando documentos notariales, registros parroquiales, testamentos..., caligrafías y símbolos, de difícil interpretación a veces.

En las páginas del libro vamos descubriendo las preocupaciones, angustiadas tantas veces, de aquellos turoneses de siglos atrás: tributos, donaciones obligadas, impuestos, limosnas..., que hacían tan precaria la existencia diaria de una inmensa mayoría, antes bastante más que ahora. La historia real de los pueblos, sin divulgar ni en papel ni en digital tantas veces.

Con esa mirada de los habitantes en sus propios pueblos: homes y muyeres que fueron haciendo memoria vecinal

La perspectiva etnolingüística de la lectura fluye en el discurso del autor: nombres de pila religiosos de aquellos niños y niñas, ineludibles en su contexto familiar y social (José, María, Josefa, María José, José María...); citas paremiológicas de los refranes en boca de los lugareños, tan educativas en aquellos contextos (“San Antonio les guarde”, “Hasta mañana, si Dios quiere”...).

En fin, late en las páginas del libro toda un lenguaje educativo en boca de pequeños y mayores, siempre preocupados por sí mismos, pero por los demás al mismo tiempo; aquella envidiable solidaridad vecinal tan necesaria, como sin estrenar, demasiadas veces en estos mismos tiempos. Varios párrafos para comprobarlo a lo largo de los capítulos.

Otros muchos aspectos etnográficos (económicos, paisajísticos...) va documentando Lito con palabras y fotografías en estas páginas: los proyectos, tan innovadores en su día, del ferrocarril a Turón; los transportes locales; los problemas comunicativos con León y la Meseta Castellana, los túneles del Payares, las rampas por las carreteras de los puertos, con los carruajes de más de un siglo atrás.

Las muyeres con tantas iniciativas ya entonces, los estudiantes de entonces, con recursos tan precarios, los misioneros, las misioneras...

No podía faltar en esta documentada lectura del paisaje social turonés la figura de las muyeres en en los tiempos más difíciles. Es el caso de Pilar, en el contexto político de Primo de Rivera. O la pequeña heroína de Santandrés, Sagrario, durante la agitación política de los años treinta. Dos fotografía literarias para la lectura la vida cotidiana femenina en tiempos de dictaduras, represiones, marginación, violencias; un aspecto más, tratado por el autor con detalles de especial valor documental, a la hora de entender un poco mejor la historia de los movimientos femeninos posteriores, desde ya mucho antes de su auge en milenium.

Como no falta en esa mirada del autor desde el pasado al futuro los turoneses que dejaron huella: por los distintos colegios y conventos de antaño, por universidades dispares, por otras regiones, por otros países..., en los que fueron, a su modo, protagonistas tantos nativos y nativas de estos valles; médicos, doctores, catedráticos, misioneros..., homes y muyeres que universalizaron el nombre, la historia y el amor a sus pueblos de Turón, mucho antes de la globalización y la glocalización de moda.

Renovación, innovación, inspiración: Turón, hora cero

Reza en una copla entre los bretones franceses una idea que podría servir de proyecto para tantos modelos en la búsqueda equilibrada de los cambios con los tiempos. Dice así:

“El pasado debe ser
una fuente de inspiración,
y no de imitación;
de renovación,
y no de repetición”

Tal vez con esta misma perspectiva, el autor del libro, turonés bien enraizado con el sentimiento de su pueblo y de sus valles, dedica otras cuantas páginas al proyecto posible y al futuro de Turón: a esa inevitable necesidad urgente de renovación, innovación y esperanza, criterios necesarios para la vida de un poblamiento entre montañas, incluso en el milenium digital. El título del libro ya lo dice todo:

Turón, hora cero.

Así participa Lito en todas las actividades necesarias para pasar de la teoría a la práctica, y comprometerse con sus vecinos, al modo de los conceyos y estaferias comunales de siempre. Que no todo quede en palabras, si no que cada uno colabore con lo que sabe y puede. Por ello, incluye el libro una referencia minuciosa a todo un grupo de profesionales en busca de un proyecto en perspectiva para Turón: análisis, propuestas y soluciones posibles para el futuro de estos valles mineros en transformación inevitable.

Así se formó el Centro de Estudios CESVAT, con el trabajo entusiasta de Faustino, Sergio, José Espiño, Lito y compañía. La búsqueda imprescindible de ese punto de inflexión al tocar fondo: de ese giro necesario para retomar la vida de unos valles, tan acuciante en tiempos de crisis. Un canto de esperanza que va enhebrando (afilvanando) las páginas del libro desde el índice al epílogo.

En definitiva, un libro de Turón, pero un libro en buena parte universal (global y glocal, que se dice ahora), que podría responder a la sugerencia literaria de aquel novelista ruso: “Dame una teja de tu pueblo, y te contaré cómo es el mundo

por Xulio Concepción Suárez

Otros trabayos y publicaciones del autor

Blog del autor: Lito Turón, en Wordpress

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