Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular

"Soy un guardador de rebaños.
El rebaño es mis pensamientos
y todos mis pensamientos son sensaciones.
Pienso con los ojos y con los oídos
y con las manos y los pies
y con la nariz y la boca.
Pensar una flor es verla y olerla
y comerse una fruta es conocer su sentido"

(Fernando Pessoa)


El arna o boguéu:
foto de F. Krüger, Biblioteca de Navelgas, Tineo (facebook)
.

“Leer” el paisaje:
la piedra, la peña
Un paseo por el aula de la naturaleza asturiana:
aprender del suelo para seguir proyectando (4)

Extracto del artículo "Leer el paisaje:
un paseo por el aula de la naturaleza asturiana"
publicado en
Escardar:
Revista de la Red Asturiana de Desarrollo Rural

nº 5, otoño, 2003 (pp. 10-12).
Julio Concepción Suárez

4. Aquella didáctica de la piedra.

Con los siglos (más bien con los milenios) fueron los asturianos perfeccionando la técnica y el saber sobre sus piedras: las rocas, que dicen los más técnicos. Lo dicen también las palabras: La Caliar, Chastras, Llastres, Las Chabaneras, El Pedreo, El Pedroso, Ferreirúa, Braña Tuíza, La Muela, Pena Podre, El mapodre...

Valoraban los lugareños la piedra, como materia prima imprescindible que había que arrancar del contorno también: no hacía falta buscarla más lejos (tampoco se podría importar). Y se formaban los oficios de canteros, casi siempre por tradición familiar: los güelos facían paré; los nietos apurrían piedra; los fios la extraían y la acercaban desde la cantera... La cadena empresarial completa en aquel entorno. El aprendizaje con proyecto.

El sabor de la peñe, de la peñi –que dicen los pastores.

Como complemento de las piedras, estudiaban los pastores y vaqueros la función de las peñas, de los suelos calizos, para los pastos de los distintos ganados: en primavera, las peñas que dan al sur, en sus estribaciones más fonderas, son las más tempranas para las yerbas primaliegas; en verano, las zonas que dan al norte, proporcionan cobijo, sombra, pasto y fresco para el sesteo en las horas del calor.

Ya en la seronda (el otoño en los pueblos), los canalizos cimeros conservan las yerbas más verdes y abundantes entre cresta y cresta; y en el invierno, otra vez, las faldas de la peña (la peñe, que dicen los pastores) ofrece a los ganados las yerbas más sabrosas, por cortas y escasas que resulten en cualquier oquedad de la caliza. Ganados y ganaderos tienen bien estudiadas las peñas, ya desde bien pequeños. Un placer oir a un cabraliego hablar de la peñe, de la peñi.


La piedra'l boguéu

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