Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

"Trai la molinera
ricos collares:
y el probe molineru
nun tien dos riales".

sonia1.jpg.

La creación literaria oral asturiana:
el lenguaje del pueblo (I). 

Centro Asturiano
de Valladolid,
28/03/2015.
Certamen literario 2015.
Resumen de una charla,
por Xulio Concepción Suárez
.

Anotaciones previas

1. La literatura oral asturiana, una larga historia en prosa y verso

Cuando Luis Carlos Lobo y José Manuel me proponían decir unas palabras sobre algún aspecto de la literatura asturiana se me ocurrieron varias posibilidades.

De un lado, pensaba en el propio concurso de cuentos: una buena idea para practicar y actualizar, en pleno milenium digital, aquella arraigada costumbre en los pueblos rurales, de educar a los más jóvenes con las remotas enseñanzas de los mayores. Así fue ocurriendo desde tiempos prerromanos en todas las culturas por los más diversos escenarios.

En los pueblos de montaña sobre todo, y en unas épocas de tan escasas manifestaciones escritas (falta de escuelas para casi todos, sin libros, sin posibilidad de escribir a diario), la educación había de transmitirse casi exclusivamente a viva voz: a través de ideas, pensamientos, sentimientos, que pasaban de mayores a jóvenes, de unos pueblos a otros, sólo en formas verbales (relatos, ejemplos, poemas breves). Y todo ello, con una dosis de humor, crítica, ironía..., según objetivos en cada caso.

Por esto, la literatura asturiana conserva muchos ejemplos de esos dos aspectos universales de la creación oral anónima: la prosa y el verso; de un lado, el discurso narrativo, más explícito, más didáctico, más propio de los niños, las niñas, los menores.

Y del otro lado, se me ocurrió, para esta ocasión breve, el discurso más condensado, el verso, ya más intuitivo, mejor de recordar, un poco más para la reflexión y el pensamiento crítico; más propio de algo mayores, a medida que la niñez va quedando atrás.

Las dos formas, en la prosa y en el verso, hacían falta, y de las dos nos quedaron suficientes ejemplos en la memoria de los mayores, sobre todo.

La oportunidad creadora y la grata lectura de un concurso literario

Resulta siempre muy grata la lectura de unos cuentos para un concurso, sobre todo, cuando el premio dista de estar claro: cuando hay muchos candidatos al 1º y al 2º. Eso es buena señal, hay calidad de los participantes. Como hay calidad en tantas pequeñas creaciones de aula (escolares, universitarias...), tantas veces elaboradas sólo para subir nota, para una actividad rutinaria, para una celebración, un homenaje...

Con demasiada frecuencia esas cuartillas, páginas de libreta, se fueron a la papelera de reciclaje, o a un cajón en el desván (antes), o en el trastero (ahora), y con ellas tantos sentimientos bien expresados para la edad correspondiente. Seguro que García Márquez, Machado, Alberti, Saramago, Julio Llamazares..., tuvieron también sus años escolares, y no escribían como autores consagrados.

Por esto, resulta muy grata la lectura aquí de unos relatos que pasarían por páginas de autores famosos si llevaran la firma de aquellos, simplemente. No hace falta hacer la prueba.

Hay en el concurso unos cuantos relatos que producen en el lector esa sensación de enganche en la lectura que tienen los autores de moda: que una vez comienza uno a leer, hay que terminar el texto. Hay que ver cómo se cierra ese pequeño mundo que el autor o autora construye para el momento, como si de una realidad del universo se tratara.

Porque escritor es aquel...

Precisamente por ello, hay algunos libros dedicados a esa literatura para la ocasión, escolar o de aficionados mayores, por mucho que en la mayoría de los casos no se hayan hecho ricos con sus escritos. Pero seguro que se hicieron ricos con la expresión de sus sentimientos, sus críticas, sus metáforas, su forma de colaborar al bienestar personal y social tantas veces.

Es decir, la escritura como herramienta social, como terapia personal, como simple forma de saber estar, para poder ser y actuar. En mi páxina web recogí durante varias décadas muchas de estas joyas que, por lo menos, con su vida en la red, ya se salvaron de la papelera.

Pues el caso es escribir, y, sobre todo, para un concurso literario, en el que, por lo menos, hay unos cuantos lectores asegurados. O como el otro día recordaba Julio Llamazares en Langreo: “Escritor es aquel que sigue escribiendo, aunque no venda un solo libro”. Algo parecido decía también García Márquez y seguro que lo pensarían otros muchos antes también.

La magia de las palabras, también hasta en pleno milenium

Ciertamente, el cuento, la leyenda, el mito, son formas literarias que no conocen más barreras que las propias naturales de las lenguas: los contenidos, la idea principal, las formas incluso, son más o menos coincidentes de unas culturas a otras, de unos siglos a los siguientes, sin más diferencias tantas veces que el cambio de escenarios, de personajes, de animales, de misterios...

Porque en aquella idea más remota de tantos relatos, suele haber muchas coincidencias: las versiones sucesivas sólo fueron fruto de la imaginación local en cada pueblo, según sus circunstancias geográficas, etnográficas... De ahí su valor doblado: el valor universal de la palabra literaria oral. La palabra sagrada: el Verbo, que hasta se hizo Dios en el lenguaje bíblico.

El concurso presente es una buena muestra de ello: en esas cinco páginas que se ponían como límite, sus autores o autoras fueron capaces de convertirse por unas horas en escritores mágicos.

Con sus preciosos y sencillos relatos ellos fueron capaces de actualizar en plena era digital aquellos lejanos mundos del Trasgu, las Xanas, el Busgosu, o el Diañu, como si ahora también, los lectores de facebook o wasap, necesitáramos de vez en cuando de sus enseñanzas y moralejas para poder sobrevivir un siglo más.

Porque entre la realidad y la ficción, sólo median las palabras

Como diría García Márquez, el límite entre realidad y ficción nunca estará del todo claro. En sus propias palabras:

"Mi problema más importante era destruir la línea de demarcación que separa lo que parece real de lo que parece fantástico. Porque en el mundo que trataba de evocar, esa barrera no existía... También el lenguaje era una dificultad de fondo, pues la verdad no parece verdad simplemente porque lo sea, sino por la forma en que se diga". (Gabriel García Márquez).

Y tal vez, mejor así, para seguir viviendo en cualquier tiempo. Hasta la misma ficción crea la realidad tantas veces, como vamos comprobando en estos tiempos tan comercializados y digitales del dosmil.

Ciertamente, la creación literaria siempre fue, y sigue siendo, en buena parte, magia: hace falta una buena dosis de imaginación para sobrevivir en cualquier tiempo; hace falta contar la realidad que sentimos, pero de forma que la transformemos en otra que nos permita verla con un cristal diferente, con los ojos del alma; con la resignación del presente; con la ilusión de un mañana bastante más halagüeño.

Porque la realidad del presente, por dura que resulte, nunca tendría que paralizarnos: lo ha de suplir la magia de las palabras. Hasta la logoterapia: la curación por la palabra, que dicen los nuevos sicoanalistas de ahora.

2. Las coplas asturianas: comenzando ahora por esas sencillas composiciones, a medias también entre la realidad y la magia

Por el otro lado, para unos minutos ahora, previos a una entrega de premios, se me ocurrió pensar en algún tipo de literatura muy breve, que no necesitara explicaciones largas. Y se me ocurrió recordar, simplemente, algunas coplas rurales asturianas: esas breves estructuras tradicionales que dicen tanto, y con tan pocas palabras; que con sólo unos versos, unas rimas y poco más, describen tantos sentimientos, pensamientos, ilusiones, que llevaría muchas páginas y tratados para explicarlos en prosa.

Ésa es la fuerza literaria de las coplas: por eso me parecieron adecuadas para recordar, sin más, unas cuantas, que aún se siguen oyendo por los pueblos asturianos de cuando en cuando. En ellas encontramos la vida sencilla, pero a la vez, difícil, en las montañas asturianas, hasta hace sólo unos lustros. Esa vida que había que pintar a diario de colores, aunque sólo fuera cambiando los cristales de los ojos del alma.

Unas coplas literarias a medias entre la dura realidad de las caleyas y la ilusión por transformarla. O tal vez, por crear con palabras situaciones figuradas en el paisaje social vigente, de forma que los responsables en cada caso las fueran leyendo, y, si acaso, colaborando en el cambio de esa realidad más dura para tantos, siglos atrás. Es decir, con la ilusión de que la realidad literaria fuera capaz de transformar las situaciones injustas. La magia de la literatura, una vez más.

"Soy pastor, nací nel monte,
entre la flor ya’l yerbáu;
calor nun tengu de naide,
más que del mieu ganáu"
.

El valor etnográfico y actual de esas breves composiciones literarias

Si la toponimia se podría decir que es el lenguaje del suelo, el repertorio asturiano de coplas que escuchamos en boca de lugareños por casas, caleyas o cabanas, se podría decir que representa el lenguaje del sentimiento, el sentir del pueblo: el conjunto de preocupaciones, criticas, lamentos, alegrías o tristezas, que la voz oral fue componiendo con los siglos a la hora de expresar lo que no podía hacer de otra manera.

La inmensa mayoría de homes y muyeres dedicados a sus labores cotidianas no disponía de la comunicación escrita, por eso la autoría de las coplas sólo pertenece al anonimato: al autor colectivo. No hay poeta ni poetisa conocidos, incluso existen muchas variantes de una misma estructura de contenidos: simples modificaciones de una misma estrofa que se va adaptando al pueblo vecino, al conceyu de al lado, o al del otro extrema asturiano, o al de la región vecina. Pero el contenido varía poco a veces. Una misma preocupación en boca de cualquiera.

“Si quieres subir al cielo,
tienes que subir bajando,
hasta llegar al que sufre
y al pobre darle la mano”
.

Un lenguaje simbólico y social al alcance de la mayoría

Pero este lenguaje, tan popular como generalizado, tiene mucho que decir: supone una fuente de información muy documentada a la hora de saber qué ocurría en el pueblo, al lado (o al margen) de los palacios, los caserones, las casonas palaciegas, los señoríos, los monasterios, las retorales...

Era evidente que estas instituciones no podían (no les interesaba) recoger ni reconocer abiertamente el sentir de sus colonos, sus vasallos, sus feligreses; lo que ellos y ellas pensaban, lo que querían decir y no estaba bien visto, lo que no les convenía decir sin rodeos, lo que confesaban a medias en el confesionario.

Por eso, el lenguaje de las coplas supone un aspecto más en el uso del lenguaje popular en boca de esa inmensa mayoría durante tantos siglos, mientras la escritura, la pintura, la fotografía, la máquina de escribir o el ordenata, no estuvieron al alcance de la mano.

Sólo la voz oral, la composición anónima en verso, la metáfora, la ironía..., estaba a disposición de todos para decir lo que pensaban sin demasiadas barreras ni censuras por el medio. De ahí el interés por estas composiciones tan sinceras, pero con tantas vidas y vivencias detrás.

"Los homes para casasi,
muita risa y muita partsa:
tsueu desque tan casadus,
cara pote, yan sin grasa
".

Ver tabla de coplas en la charla:
en
PDF

"Caséime con un pastor
por interés de caudal,
perdiéronse las oveyas
y quedóme l'animal"

Xipla.
Revista del Centro

Otras creaciones literarias:
escolares o consagradas ya
(lo mismo da..., creación es todo...)

Volver a ÍNDICE de contenidos