Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

Museo de la Escuela Rural.
(II)

Cabranes. Asturias.
Viñón. Carretera AS-255 Km. 7,5

museodelaescuelarural@cabranes.es
tel. 985 89 82 13

(continuación...)

Todo un monumento al maestro desconocido

Como se dijo en el apartado anterior, uno de los resultados literarios más añorados tal vez hoy de aquella escuela rural, por rústica y precaria que resultara, era la redacción: la famosa composición escrita. Sin duda que las circunstancias políticas (o politizadas, para ser exactos) condicionaron también los aprendizajes durante demasiadas décadas ("La realidad es lo único que tenemos"...).

Pero se practicaba en buena parte aquella excelente técnica que tenían unos cuantos maestros y maestras de entonces: la redacción diaria sobre los temas del entorno, de las ciudades, de la tradición de los mayores. Todavía está por hacer un monumento al maestro y maestra desconocidos: los verdaderos soldados de la cultura rural asturiana..

Los temas silenciados de la composición escrita

Se componía sobre lo que había y se podía tratar, ciertamente: mucho debe la enseñanza asturiana a unos cuantos arriesgados maestros y maestras, perdidos en tantos pueblos rurales sin carreteras, por aquel arte que practicaban (o intentaban practicar) de enseñar a escribir, a pensar, a decir y a no decir, en el momento justo. Tal vez en aquel contexto de medio siglo atrás, muchos enseñaban sobre los pupitres pensando en el dicho: "Más importante que saber hablar, es saber callar". O en aquel otro: "Si tu palabra no es mejor que tu silencio, calla".

En todo caso estas composiciones tan cuidadas sobre los pupitres que nos va exponiendo Marta nos recuerdan una preocupación de los maestros y maestras por creación literaria personal en los pueblos (el esfuerzo por la palabra escrita), por incipiente y precaria que pudiera resultar a los ocho, diez años de aquellos tiempos: describir un paisaje, narrar un suceso famoso, reflexionar sobre unos vicios o virtudes de aquella sociedad rural o urbana según los casos.

O la preocupación de tantos enseñantes por acallar a tiempo lo que el mozaquín o mozquina más espabilaos tenían en la punta de la lengua, y a punto de saltar a las rayas del cuaderno. Y con lo que el maestro o la maestra seguro que estaban de acuerdo, pero que le iban a decir por lo bajo y un poco de lado: "eso tá muy bien, rapacín, pero nun lo pongas na libreta".

Y el dictado de la sobremesa, pa reposar la comía del pote

Tarea diaria o casi diaria era también el dictado: un alumno o una alumna de los mayores se colocaba delante la mesa del maestro y leía en voz alta, a un ritmo que diera tiempo a los demás para ir copiando: con buena letra, sin faltas de ortografía, con las tildes en su sitio, mayúsculas en los nombres propios, nombres de los países... Otras veces el que leía era el maestro o la maestra, al tiempo que medía a pasos los cuatro lados de la clase, con unas cuantas vueltas y revueltas hasta terminar la página del día.

Aquí los temas ya estaban más recortados: había unos libros de lectura señalados por el régimen político, por los curas, al gusto de las familias pudientes, de los más devotos, de las clases bien... De esta forma, la creatividad literaria quedaba muy restringida, pero se aprendía a escribir sin faltas, con buena caligrafía. Se recogían las libretas y a corregir, con la calificación correspondiente. O a repetir el dictado hasta hacerlo bien: hasta aprender a leyer y a escribir con buena letra y sin faltas.

La didáctica del juego: la creatividad hasta el extremo.

Puestos a ser creativos, por voluntad o por fuerza, para jugar a cualquier cosa, había que fabricarse antes sus propios juguetes. O se los hacía el padre, la madre, el güelu, la güela, un tíu... Pocos juegos eran comprados: muy pocos y muy pocas se podían permitir el lujo de compraos fechos. Había que facelos. El Museo expone unos cuantos ejemplares de xuguetes fechos a mano: las muñecas fabricadas con panoyas y barbas del maíz; caballos de trapu; triciclos de maera; l'estiragomas, la zamploña, l'aro y la gancheta; la carraca, las piedriquinas, el cascayu...

Para otros muchos juegos, no se necesitaban más instrumentos que la habilidad, el ingenio, la astucia, los reflejos de cada uno y cada una: muy baratos resultaban, ciertamente. Es el caso del piocampo, l'escondite, el castro, las cuatro esquinas, la queda, la silla... El más hábil, el más ágil, el que mejor disimulara, el que tuviera más reflejos, el más espabiláu o espabilá..., iba eliminando a los demás.

Al final, siempre amochaba el más inocente, el que era demasiado bueno o buena para engañar o despistar al otro; el más pequeño, o la que era un poco más patosa. A la fuerza, los xuegos tamién espabilaban.

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Hasta los árboles había que conocer por necesidá inmediata ...

En en conjunto de los juegos artesanales, seguía el desarrollo de la creatividad y las capacidades, pues uno se iba cansando de perder, de amochar siempre, de llegar el último, y espabilaba a la fuerza, hasta que llegaba a ganar como los otros mayores incluso. A la fuerza había que aprender: ¡qué remediu quedaba!

Como había que esmerarse en hacer bien el estiragomas, con buena maera de cornapú o d'ablanu, que nun rompiera... O la xiblata y la zamploña de puyas de castañar: que soltara la corteza, que sonara bien, que nun tuviera fugas... O la peonza de faya, o los bolos de roble o de encina... Había que conocer los árboles, las plantas...

Especial recuerdo tiene entre los güelos de hoy el aro y la gancheta: una simple vara doblada ligeramente en un extremo, que permitía encajar una varilla circular acerada en el mejor de los casos; o con materiales, tamaños y formas tan diferentes como rústicas. El caso era mantener el aro dentro del encaje de la varilla circulando a toda velocidad por el camino o la caleya.

Toda una didáctica del juego rural en el museo

Muchos otros juegos flotan en la memoria de los mayores de paso por la sala del museo. Es el caso de la zamploña: aqiuella flauta artesanal elaborada por el flautista (el propiu guaje, el padre, el güelu) con una vara de castañar verde o de otras puyas), allá por la primavera arriba: primero se amugaba la vara recién cortada, es decir, se separaba la corteza verde del palo interior, con el cuidado de que saliera sin una sola picadura.

Se taponaba el tubo hueco en los extremos, dejando una ranura para que saliera el aire; se tallaban unos cuantos agujeros por el medio para las habilidades de los dedos. Y a tocar la zamploña en los descansos de los trabajos del campo, o en los días de fiesta, los domingos..., o para encandilar a las mozas sentaos nel puyu la ilesia o ente las corras.

En fin, gracias al empeño ilusionado de Marta y sus colaboradores, disponemos hoy en Cabranes de un documento gráfico, muy ameno, de la evolución del proceso escolar en los pueblos rurales durante el último siglo. Tal vez aquellos recursos didácticos tan precarios como elementales, realizados cada mañana y cada tarde con el trabajo más más ilusionado también, sigan siendo innovadores para esta época informatizada del dosmil, cuando el mayor esfuerzo se reduce tantas veces al copia, requetecopia, recorta y pega. Muy poca gracia la cosa.

Habrá que seguir cavilando y construyendo, aunque sea sin madreñas nin alpargatas.

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Algunas frases en torno a las Misiones Pedagógicas.

  • "Ante la incapacidad de proteger un bosque, quedaba el consuelo de hacer crecer un árbol, fuerte y bien arraigado, resistente a las tormentas y vendavales" (David Trueba)

  • "Detrás de las biografías de los cientos de maestros represaliados..., de tantas escuelas entregadas a las manos del dogma y ya nunca de la libertad, se esconde la historia de uno de los más enormes fracasos de nuestro país" (David Trueba).

  • "Las escuelas ambulantes que montaron los maestros de la República en zonas míseras no parecen hoy ni tan utópicas ni tan superadas" (David Trueba)

  • "Las Misiones Pedagógicas... fueron unas de esas felices anomalías en la historia de España... gracias a la entregada labor de un grupo de personas que, al amparo de la Institución Libre de la Enseñanza..., decidieron romper los muros de las escuelas y organizar viajes escolares con los que instruir a los niños de zonas dapauperadas y machacadas..." (David Trueba).

  • "Ojalá los días por venir permitan recuperar el tiempo perdido en este país donde dicen que las cuentas van bien, pero es obvio que aún pagamos las enormes lagunas de conocimiento, sensibilidad cultural y educación para la convivencia" (David Trueba).

  • "Una breve nómina de maestros que impartían sus cursos en un risco, en un salón de pueblo o en cualquier lugar que permitiera fundar esa escuela ambulante" (David Trueba).

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Ver pequeña reseña popular
de las Misiones Pedagógicas

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Museo Escuela Rural I

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