Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

.

Arbas del Puerto:
la Abadía, el Monasterio

Opiniones, textos escritos.

Arbas, El Puerto Arbas, La Colegiata, el Monasterio..., fue siempre un paraje leonés, pero siempre en la memoria de los vaqueros leneses, tradicionalmente allí cada verano con sus vacas nel puerto hasta el otoño: las casas de los canónigos (últimas tras el monasterio, subiendo desde Busdongo) sirvieron de cabañas hasta los años noventa. Hoy conservan su estructura exterior en piedra; y la interior, en forma de establos, abajo; y payares para la hierba, arriba. Se dice que eran las casas de los canónigos. Y viviendas hubieron de ser, a juzgar por los restos de humo en las paredes, divisiones de estancias con tablas, vigas, encajes diversos, pequeñas ventanas....

Muchas leyendas circulan entre los que fueron mozos y mozas vaqueras a lo largo del siglo pasado, en su mayoría ya escuchadas a sus güelos y güelas; sobre todo, la imaginación se desarrolló especialmente cuando en las sucesivas reformas de la iglesia, muchos y muchas afirman haber contemplado cómo sacaban cantidad de huesos y calaveras entre los escombros de sótanos cubiertos con tablones o losas que hacían de suelo del edificio principal (iglesia, patios, sacristía...). Sólo voz oral, ciertamente, hasta la fecha.

Muchas versiones, por tanto, a cerca de los monjes, los transeúntes pobres, los excesos cometidos por los abades contra los renteros que no pagaban a tiempo... Toda una historia oral, pues en la mayoría de los puntos ni está escrita, ni se atrevía alguien a intentarlo siquiera tan sólo medio siglo atrás. La toponimia del entorno atestigua algunas funciones: El Cantu los Probes, La Gobia, La Calera... Con todo, y con la prudencia contenida esperable de ciertos escritores, algo hay sólo para 'leer entre líneas', pues tampoco está del todo explicitado. Sirve, no obstante, para imaginar lo que podría haberse esfumado detrás. Por ejemplo, quedan estas preciosas pinceladas de algunos escritores.

A modo resumen histórico: la Abadía de Arbas

Según la tradición, la colegiata de Arbas arranca ya de Don Pelayo, en agradecimiento por la victoria sobre los musulmanes al expulsarlos tras el Payares: de ahí el nombre de la Casa Tibi Gratias (gracias a Ti, Dios). A comienzos del XII ya aparece documentada en Arbas una comunidad de monjes, canónigos regulares que sirven al hospital de peregrinos. Fue apoyada por los sucesivos reyes leoneses. Alfonso IX, en 1214, pide que se levante una capilla, para la que envía buenos canteros de la época (datos del estudioso de la zona, Matías Díez). Tal vez sea ya la actual iglesia románica con influjos orientales.

El monasterio de Arbas está estudiado por Vicente y José Manuel García Lobo, y por Matías Díez Alonso (ver Bibliografía de esta páxina web). Pero sobre todo, tiene una larga historia oral entre los vecinos de todos los pueblos circundantes. Por algo todos estos pueblos que dependieron de él llevan nombres significativos: Poladura de Arbas, Viadangos de Arbas, Casares de Arbas, Cubillas de Arbas, San Miguel de Arbas, Pendilla de Arbas, Camplongo de Arbas, Tonín de Arbas, Vegalamosa de Arbas...

El patrimonio de la Abadía y del Hospital era inmenso: ya en 1188 Alfonso IX les concedió posesiones en Carreño y en Villabona, que luego se traducirían en el uso del puerto pesquero de Entrellusa. Su patrimonio se fue extendiendo con propiedades en casi toda Lena (Payeres, Huerna, numerosos pueblos), Aller, Quirós, Los Argüellos leoneses, Luna, León, Mansilla, Sahagún, Toro, Zamora...

Tuvo también un patrimonio jurisdicional sobre los pueblos circundantes leoneses, más San Miguel del Río en Lena, Soto de Aller, Lindes de Quirós, y Carreño: el coto de la Abadía, con poderes civiles y criminales, cuyo señor era el Abad, con señorío abacial. Tenían derechos y privilegios plenos sobre todos estos pueblos. Disfrutaban de poder temporal y jurisdicional, nombraban alcaides, jueces, párrocos, merinos, cobraban caloñas (pagos en dinero por delitos cometidos), y cobraban los portazgos. Las iglesis les pasaban un canon anual en razón de sus ingresos. Los vecinos que no iban a misa les pagaban otra multa en maravedíes.

Al par de la vía de la Plata

La institución monacal nació al par de la vía de la Plata que llegaba de la vertiente leonesa por Buiza, Poladura, Vegalamosa...., y seguía por La Gobia, La Calera, Payares... Sus posesiones de dice que llegaban del pequeño puerto de Entrellusa en Aviés hasta Toro y Zamora; y desde Los Argüellos hasta Babia y Tsaciana. Miles de hectáreas de terrenos, más productivos entonces, que los frailes explotaban directamente o arrendaban en forma de pastos o tierras de sembrar. De ahí el poder que llegó a lograr, haciendo frente incluso al poder de la realeza, a los mismos reyes.

Muchas actividades debieron concentrar las iniciativas de los monjes desde sus orígenes medievales. La toponimia es evidente en muchos casos. Por ejemplo, Los Güertos de la Burrera: conjunto de cuadra y fincas actuales detrás del monasterio. Explican los lugareños que el trasiego de pastores y colonos exigía cantidad de burros para el transporte y el trabajo, por lo que había una parada en esta zona. Así se aseguraba la producción de estos animales para la venta, y para reproducción asegurada.

Y una notable organización debió desarrollar sobre todo el poblamiento circundante, pues en los pueblos dicen que los frailes fundaron las primeras capillas. Por ejemplo, la de Viadangos se documenta ya en torno al 1111, destruida luego y reconstruida en 1807. También debieron tener su importancia en la llamada Repoblación medieval, tras la marcha de los árabes. Se dice que muchos poblamientos dependientes del monasterio se fueron asentando con los pastores que venían se Salamanca, Extremadura...: llegaban con los rebaños, pero algunos se quedaban luego, se casaban, formaban familia con las mujeres nativas... Ellos ya no volvían con el ganado. De modo que se fueron formando los pueblos a lo largo de varios siglos, en parte gracias a los pastores de la trashumancia.

Los matices que transmiten los nombres de lugar: La Senda las Merinas...

Un territorio tan extenso como el que poseían los monjes no podía menos de atraer todo tipo de actividades para aquellos tiempos. Sobre todo destaca la intensa transhumancia pastoril extremeña, atraída por los pastos verdes de estos puertos que les arrendaban: en realidad, toda la cordillera entre Los Argüellos y tierras de Babia y Tsaciana. Recuerdan los lugareños que uno de los trabajos de los jóvenes de estas zonas era servir de pastores a los mayorales extremeños por los altos de Arbas, Peña Ubiña, El Meicín, Cuapalacio, Güeria..., hasta la zona de Torrestío y el Puerto Somiedo.

Eran trabajos garantizados entre comienzos de junio y finales de octubre. Ya durante el invierno, eran los pastores leoneses los que marchaban hacia los pastos invernales más templados de Extremadura. De todo ellos quedan varios caminos llamados La Senda las Merinas; por ejemplo, el que asciende de Terreros a Penubina. O el que asciende desde el Puerto Güeria por Cuapalacio y pasa a Torrebarrio, por detrás de La Cigatsa, camino a San Emiliano, Astorga....

Pero no siempre resultaría siempre fácil de adaptarse a los cambios, por parte de unos y de otros en la transhumencia estacional. Por ejemplo, eran importantes las diferencias de las aguas, desde las cálidas tierras meridionales (a veces, sólo charcas, pozos soleados) hasta las aguas más frías de las montañas. Por ello, a veces enfermaban o se morían ganados; y se afectaban hasta los pastores mismos. Es el caso de la anécdota recordada en una copla por la memoria de Fe, nativa de Viadangos de Arbas:

"Marcos el de Guadarrama,
bebió el agua
de La Fuente'l Coito,
y fue a morir a la majada"

Es decir, si los pastores y ganados no se adaptaban poco a poco a la diferencia de las aguas, una fuerte ingestión un día de calor, con sed extrema y contenida, podía acaban en muerte segura por enfriamiento, pulmonías.. La Fuente'l Coito es una fuente fría sobre Viadangos, poco antes de llegar por la Ruta de la Plata al monasterio. Y la majada era la parada de los pastores ya en el puerto. Eran famosas La Majá Cimera, La Majá Bajera..., en la sierra del Coito.

El puerto ballenero de Entrellusa en Perlora: importar y exportar productos

Entrellusa es un islote amplio paraje costero de Carreño, en realidad, lo que hoy es Perlora. Era un puerto ballenero ya documentado en 1232; estaba arrendado a pescadores de Avilés, pero bajo el dominio de la Colegiata de Arbas. Hasta los años 1950 todo el entorno actual de Perlora conservaba los restos del puerto: rampas empedradas, muros, piedra labrada..., todo ello destruido cuando las obras para la llamada Ciudad Residencial.

Según la voz oral, los monjes de Arbas importaban y exportaban por allí los productos para uso de la abadía y para el comercio con toda la zona asturiana, leonesa, zamorana, extremeña... Importaban, por ejemplo, el famoso aceite de ballena que usaban para las velas, el alumbrado de entonces. Y exportaban (o trasegaban) trigo, cebada, centeno, vino traído de Toro y Zamora, lana, tejidos... No hay que olvidar que los colonos de los pueblos pagaban al monasterio diezmos y primicias, rentas..., en especie, de modo que las cantidades de cereales, vino..., acumulados cada año serían importantes (pueden verse los documentos abundantes, con datos específicos, que documentan los autores citados más arriba).

La Casa los Probes, El Quentu los Probes, El Puente los Probes

La toponimia es rica en torno al Monasterio de Arbas. Es el caso del Quentu los Probes: todo el montículo saliente que se levanta a poco metros de la Abadía, en la margen derecha del río Bernesga. Se dice que allí, en un de los caminos que procede de Las Caballetas y Valle Maera (ruta de la Plata) esperaban los pobres a que terminaran de comer en el monasterio, de forma que les dieran las sobras (pura voz oral, por supuesto). Algo habría, porque, de hecho, en la margen izquierda del río estaba La Casa los Probes, donde sí se recuerda un caserón tipo venta rústica para atender a los peregrinos del camino (junto a Casa Luis, después).

Las atenciones de los frailes debieron ser muchas, pues se recuerda otra casona anexa al monasterio por su cara sur (hoy derruida), donde se dice que estaba el horno de amasar: amasaban pan para la institución, para los pastores, para los colonos, para los enfermos, para los viandantes... Algo, al menos de vez en cuando, habría de quedar para los pobres, como dicen los topónimos.

L'Hospital de Peregrinos: pan y vino, atención de enfermos...

Según documentos aportados por Mateo Díez, se crea ya en 1116, con sucesivas donaciones y privilegios por parte de los reyes y otras personas beneficiarias. Tuvo hasta el portazgo de Puente de los Fierros. Estaba situado en la margen izquierda del río Bernesga, en lo que luego fue Mesón Casa Quico: estuvo abierto hasta los años setenta para dar limosna y acogida a los peregrinos. Era la costumbre del socorro de la pitanza: la comida por piedad. Finalmente, se transformó en el Mesón Casa Luis, hoy cerrado, pero bien conservado.

La hospitalidad era antigua. En sus comienzos, el rey Alfonso IX, en 1193, ya había impuesto la obligación al monasterio de socorrer con una ración de pan y vino a todo hombre de cualquier clase que pidiese ayuda con humildad y devoción. A los enfermos había que atenderlos el tiempo que estuvieran, y darles pan y un par de huevos, un cuartillo de vino, sopas, cama..., y todos los gastos, a cuenta de las rentas que les concedieron los monarcas con este fin benéfico.

Así se fue cumpliendo hasta el s. XVIII, en que dejó de aplicarse aquel mandato con igualdad de trato: se daba una libra de pan a los transeúntes; pero a los sacerdotes, religiosos, soldados..., se les añadía un cuartillo de vino y un par de huevos. A los campesinos de alrededor ya no se les daba nada. Comenzaba la institución a decaer.

El hospital de Arbas era importante para los peregrinos del camino jacobeo: había monjes que tañían la campana día y noche, hacían hogueras y daban voces por los caminos para orientar a los peregrinos, sobre todo en días de niebla y nieves.

La institución fue degenerando, y queda descrita por Jovellanos en uno de sus viajes en 1797: se queja del estado deplorable de la iglesia, fría, húmeda...; dice que el trato de los clérigos es inhumano; daban limosnas a holgazanes y vagabundos, que allí se iban a cobijar atraídos por este despilfarro y fomento de la vagancia. Por eso dice Jovellanos que lo mejor sería cerrarlo y terminar con esta lamentable situación ya.

Decadencia de la Abadía: la corrupción progresiva

Desde 1597 pierde poder cuando Felipe II vendió su jurisdición civil y criminal al Concejo de vecinos de Arbas, que pagaron por ella. Se va acentuando la mala administración de los abades, que se ausentan a su aire con frecuencia; los vecinos se van rebelando en estas ausencias, que aprovechan para reivindicaciones que terminan en largos y costosos pleitos. Se comprometen con amas de casa jóvenes, que llevan también a una sentencia (1755) que les prohíbe a las menores de cuarenta años. En definitiva se rodearon de barraganas: mujeres a su servicio para todo. Fue ya el fin de la institución.

Quedan las casas de los canónigos: fueron proyectadas en 1799, y comunicaban con la casa del Abad y con la iglesia; están a la vera del camino hoy, de dos plantas y relativamente conservadas, pues fueron transformadas en cuadras y payares para uso ganadero (derecha de la carretera subiendo, tras el puente). Tenían para el ganado ovino, pajar y para personas.

Otros datos de interés: la espala, las alcabalas...

Por ejemplo, el privilegio de la espala (la espalada): El Concejo de la Abadía de Arbas tenía el privilegio real (deber y derecho): mantener el puerto Payares libre de nieve, y cobrar un portazgo por mantenerlo siempre limpio y transitable, en proporciones diversas:

      • una caballería cargada, pagaba un real de portazgo (32 maravedíes);
      • una caballería sin carga, medio real;
      • una vaca, medio real;
      • una oveja, cabra, cerdo, ocho maravedíes (un cuarto de real).

Cada año, el privilegio correspondía a un pueblo del Concejo de Arbas; se sacaba a subasta, y un vecino se quedaba con el cargo, hacía la espala, cobraba los portazgos, y pagaba 400 reales al Común. La espala le costaba al vecino postor unos dos mil reales en soldadas a los obreros; y para él quedaban en torno a los mil quinientos reales.

O las Alcabalas: impuestos en las compras y ventas de mercancías, ganados, cuatropeas (bestias de cuatro pies), tierras, casas, heredades, carnes, pescados, pan en grano, vino, aceite, pimiento..., y cualquier tipo de fruto, o cosa que se comprara, vendiera, cambiara, permutara... Eran como el IVA actual.

A) Dice Jovellanos en la Carta III, viaje de León a Oviedo, p. 56.

•  “Situado en el monte de Valgrande, vertiente de León, y separado del camino real, está la antiquísima colegiata de Santa María de Arbas del Puerto que otro tiempo fue monasterio de canónigos reglares… El abad y canónigos, únicos moradores de aquel yermo, viven solos sin más trato que el de sus amas y sepultados por ocho o nueve meses del año en montañas de nieve, siéndoles muchas veces necesario abrir minas por bajo de ella desde sus casas a la iglesia, por estar absolutamente cerrada toda comunicación entre unas y otra ” (Carta III, p. 56).

•  “No me toca a mí realzar los inconvenientes que semejante situación puede inducir; pero jamás dejaré de admirar el extravagante celo de quien quiso poner en la cima de un puerto asperísimo, lejos del camino y de toda humana correspondencia, no sólo un monasterio, sino también una especie de hospital o alberguería de peregrinos. Las demás fundaciones de esta clase, tan frecuentes en el tiempo de las peregrinaciones, estaban a lo menos colocadas sobre los caminos públicos; pero fuera de ellos y donde es preciso hacer viaje de propósito, huyendo del rumbo y emboscándose en aquel hórrido desierto” (Carta III, p. 56) .

• “¿Cuál pudo ser el fin de semejante establecimiento? Me dirá usted que socorrer a los que peregrinaban a San Salvador de Oviedo e iban a visitar sus reliquias, pues de esta devoción hay memorias bien antiguas; pero note usted el discreto modo de ejercitar la caridad con estos romeros que prescribe el privilegio de que voy hablando, y dígame si conoce una especie de superstición más favorable a la holgazanería” (Carta III, p. 56).

•  “En el día se compone esta colegiata de un abad y doce canónigos, aquél rico y éstos infelizmente dotados. La abadía y algunas canonjías se hallan actualmente vacantes, y parece que el Gobierno, dirigido por principios más ilustrados y benéficos, piensa destinar estas prebendas rurales, sin perjuicio de sus cargas piadosas, a un objeto de más general y conocida utilidad. Mientras los amantes de las letras piden a Dios que así lo ve­rifique, volvamos usted y yo al camino que llevábamos” (Carta III, p. 57)

Comentario. En resumen, la opinión que tiene Jovellanos del Monasterio de Arbas (bien conservada hoy la capilla, y en regular estado las casas de los monjes) parece bastante negativa: reconoce que está rodeado de unas circunstancias climáticas y geográficas muy duras, con nieve la mayor parte del año, pero insinúa que llevan una vida del todo irregular con sus amas, un eufemismo de sus compañeras de institución, a las que denomina ‘amas', sin más. De ahí, el estado degenerativo al que fueron llegando, con el abandono total de los peregrinos en la alberguería. Por ello pide la supresión de la institución, destinando aquellas prebendas a fines más dignos

B) Dice Rafael M. de Labra (ilustrado, a mediados del s. XIX), en Asturias. De Madrid a Oviedo (Notas de viaje). Madrid. Aurelio J. Alária, Impresor. 1881 (pp. 88 ss).

•  “Del siglo XII es el monasterio y la hospedería de Arbas, destinado á recoger á los extraviados del puerto; lo cual prueba que ya el camino era frecuentado”

•  “Los ojos no se apartarían del espectáculo, á no atravesar el coche [diligencia de caballos] por entre cuatro ó seis vastos edificios de dos pisos, pintados de blanco y situados á la derecha é izquierda de la carretera. En el centro está una iglesia con su pórtico bizantino y su torre pequeña y guarnecida. Aquello es la ex-colegiata y hospedería de Arbas. Es decir, algo como los famosos monasterios alpinos, destinados á prestar toda clase de auxilios al viajero azotado por las inclemencias del cielo en países de mucha nieve y mucho precipicio”.

•  “Difícil, imposible sería hoy calcular lo que fue y lo que representó la colegiata de Arbas por la pobreza que al primer golpe descubre la mirada del curioso. Sus orígenes se remontan á la mayor antigüedad”.

•  “Era en la época de D. Alfonso el Emperador, es decir, hácia 1140, y ya existían canónigos de la regla de San Agustín, instalados en un verdadero páramo, y apercibidos á prestar ayuda al pobre y auxilio al caminante extraviado ó con grave peligro de muerte en medio del ventisquero ó á través de la senda borrada por abundante nieve”

•  “Pero cuando la abadía comienza á tener valor es á partir de 1216, en cuya fecha el Rey D. Alfonso IX, confirmando las mercedes hechas por su abuelo y por su padre, las extendió considerablemente, en cuyo camino le siguieron casi todos los Monarcas posteriores del mismo siglo XIII, desde D. Fernando II hasta D. Sancho el Bravo.

•  “La hospedería de Santa María de Arbas fue frecuentada por toda clase de viajeros y hasta que aquel era lugar obligado de descanso en las no fáciles jornadas de Astúrias á Castilla y viceversa. El Rey D. Alfonso IX, dos veces, por lo ménos, estuvo en ella, acompañándole gran número de Prelados y caballeros. Explícase, por tanto, que su riqueza llegara á ser considerable. D. Alfonso no titubeó en concederle cien aranzadas de viñedo de Toro, el portazgo de Puente de los Fierros, el realengo de Lena y muchos bueyes, vacas, puercos, etc., y bien que lo del portazgo y lo de Lena le fuese revocado por Alfonso el Sabio no muchos años después, desde luégo es lícito afirmar que las demás donaciones de los Reyes sucesores del primer favorecedor y las limosnas de los particulares fueron bastantes á dotar á la abadía de abundantísimos recursos, no sólo para proporcionar ‘pan y vino' –como reza la escritura de 1216- ‘al transeúnte bueno ó malo, que en nombre de Cristo pidiera caridad', sinó para ejercer una grande influencia en la comarca, prendada de los positivos servicios que la hospedería hacía y edificada con las virtudes de los canónigos de San Agustín, que llegaron á obtener envidiable fama en todo el obispado”.

•  “Gozaba la abadía del privilegio de ser exenta y causa fue esta de terribles batallas sostenidas con los obispos de Oviedo y de León sucesivamente, en las cuales se puso más de una vez á prueba, para salir victorioso, el carácter y el poderíos de los ricos y respetados Abades”.

•  “Pero las cosas cambiaron con los años, y á la hospedería de Arbas, mermadas su pingües rentas ya en el siglo pasado [el XVIII], olvidada de los Reyes que no tenían para qué cruzar el puerto, relajada la severísima disciplina que hace cinco siglos hizo de aquella comunidad un ejemplo para sacerdotes y seglares, y en fin, desposeida totalmente de lo poco que le quedaba en 1866, hoy apénas tiene otro valor que el de un monumento histórico. Los monjes han desaparecido: un capellán que vive en la casa retoral (unida á la iglesia), desempeña el cargo de párroco sobre una extensión de una legua, en la divisoria de León con Castilla. La hospedería, bastante deteriorada, recompuesta hace años por un particular de gran piedad, cuenta sólo con un encargado del Obispo de Oviedo que continúa socorriendo con pobrísima cena y humilde cama á los peregrinos, que ahora ya por raro caso se aventuran en medio de los temporales del puerto, toda vez que Busdongo y Pajares ofrecen numerosas y malas posadas”.

•  “¡Y al religioso que en otro tiempo se comprometía por ley de su instituto y vocación de su espíritu en el ventisquero y al alcance del alud para disputar una presa á la muerte ó allanar los senderos de la otra vida al agonizante, ha sustituido el infatigable guardia civil, cuyo enfundado tricornio corona los riscos más abruptos ó aparece en lo más intrincado y hondo de una revuelta!”

•  “Pero el viajero vive de emociones y de recuerdos, y para el artista no existen ni la desamortización ni la política. Por eso áun después de vendidos la ropería y el convento, convertido ahora en casa de vecindad que habita una treintena de artesanos, y después de empobrecida y casi arruinada la hospedería, aún el curioso halla justificado un pequeño alto para contemplar la antigua Abadía –de estilo bizantino- con la casa retoral al lado, la cuadrada torre que domina la vieja capilla mayor (donde se acaba de descubrir un altar de piedra de verdadera importancia artística) y las dos colosales cabezas, también de piedra, que flanquean el ingreso al templo, y que, según la tradición, representan, la una al buey que acarreando piedra para la construcción del edificio fue devorado por un oso, y la otra al oso que, por misterioso procedimiento y decreto divino, fue uncido en lugar de su víctima” (p. 87 ss).

Informaciones relacionadas:

Adán, Gema y AA.VV. (2004) La Playa d'Entrellusa (Perlora): del Paleolíticu a los enterramientos tardorromanos, la construcción na Islla y la caza de ballenes nel medievu. En Asturies. Memoria encesa d'un país. Númberu 18 (pp. 16-23). Fundación Belenos. Uviéu.

Más información en otros libros del autor:
Xulio Concepción Suárez

Volver a pueblos
Pasar a información cultural

Índice alfabético de contenidos