Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

"Acostumbro a decir que entre la montaña que veo en la lejanía
y la piedra que tengo en la mano, prefiero la piedra.
Para mí, eso significa que la naturaleza no es un simple paisaje
que se presenta ante mis ojos,
sino una suerte de comunión con todo lo mineral,
lo vegetal, lo animal que me rodea.
Una comunión que pasa por todos mis sentidos,
hasta el extremo de que tengo a menudo la conciencia
de hallarme no en el exterior, sino en el interior.
Mientras observo la naturaleza,
siento que ella me observa a mí"

(José Saramago).

El paisaje de las cabras allandesas:
con el saber del pastor y de sus perros,
y el sonido de las palabras colgadas de aquellos altos

Desde que rompe a duras penas
el sol entre las nieblas, el ganado
anima sendas, cantizales, riscos, retamas, veredas...

 
 
El pastor nos va informando,
al paso lento del ganado
hacia sus pastos
 
 
Como de día
no acecha tanto el tsobu,
recibimos todo tipo de detalles:
sobre el ganado cabrizo,
sus costumbres alimentarias,
los peligros del monte,
los trabajos tan duros y tan poco pagados,
las perspectivas del sector
para jóvenes y mayortes ...
 
 
Una antigua braña
en medio del boscaje:
el monte avanza,
a medida que desciende
el pastoreo
Y donde no llegan las cabras,
aumenta hoy (tristemente)
el fantasma del fuego,
En el paisaje, todo hace falta
en su medida....
 
 
El buen ganado vacuno
que completa la cabaña del cabrío:
selección, cuidados,
las vacas asturianas de siempre
en los meses del verano.
 
 
El toro de la mayada:
otra selección
del ganadero,
a su modo
también programada.
 
 
El detalle del cencerru:
sirve de unión para el rebaño,
y de localización
para el pastor
en días de nublina ciega
 
 
Los tonos
de la raza roxa asturiana:
de más claros a oscuros intensos,
casi negros
en la misma res.
La genética vacuna
mejorada con los tiempos.
 
 
Nos los va explicando
el joven pastor
que cada día estudia sus animales
sobre el paisaje,
ya desde bien temprano:
siempre entre la escuela, las vacaciones
y los trabajos de la casa.
Aprendizaje también duro en el campo .
 
 
El rebaño al mediodía:
el sesteo,
la hora sexta
que dice la palabra,
en el cómpto de los romanos
(las 12 del día,
contando desde el amanecer,
las 6 de la mañana)
 
 
La hora del recuento:
por si faltara alguna res,
y hubiera que ir a buscarla.
 
 
Poco más arriba,
el ganado menor:
la cabra bermeya,
de raza autóctona,
que se prestigia
en estos tiempos
 
 
Y la hora del bocata:
llevamos unas horas
de camino y de palabras.
Como somos de otras zonas asturianas,
admiramos los contrastes,
matizamos algunas expresiones...
Cuestión de simples matices,
para añadir al palabreru.
La riqueza del asturiano
en boca de pastores,
en este caso.
Es mucho más lo que nos une.
 
 

Sin parar de explicarnos:
todo un conjunto
de saberes milenarios,
escuchamos varias horas
a un joven pastor
en plena era dixital
cuando llega a casa.
Todo es compatible:
la comunicación online,
el portátil, el móvil,
la información ganadera...:
Ni sólo la vida bucólica,.
ni sólo de la realidad virtual

 
 
También hay que alimentarse,
en cualquier parte:
xamón, chorizu, cecina, de casa, claro...
(dan un poco la sede, pero se aguanta...).
No todo puede ser (de momento)
vida online, producto dixital.
 
 
Todo un privilegio
saborear el paisaje
en compañía de pastores:
impagable la jornada.
Como saboreamos
el agua cristalina
que brota entre aquellas cuarcitas.
Como saboreamos las palabras
compartidas sobre
yerbas, plantas, tupidos matorrales...;
o sobre los tipos de insectos
que acechan al ganado... .
 
 
Seguimos con la tortietsa,
la tortilla fecha por la madre,
por la güela...
Para recordar el resto del año,
vamos (por eso llevamos la semeya) ...
De la tortiella, nin rastros...
 
 
Y mientras pastores
y zagales por un día
saboreamos los bocatas,
los mastines
no quitan güeyu del paisaje,
aún con pleno sol:
los tsobos ni tienen reló,
ni avisan, claro...
 
 
Hasta la recietsa,
los cabritos más nuevos,
saben que el llobu
no tiene horarios conocidos
tampoco:
puede salir del boscaje
en pleno día -nos comenta el pastor
con toda tranquilidad,
sin asustase migaya.. -.
 
 
El mastín no se separa
de las cabras
mientras pastan.
Ni quita el ojo
del que intenta acercarse:
entendemos sus miradas, y
nos mantenemos a distancia...
 
La cabra madre:
la del cencerru,
la que va conduciendo el rebaño
según la hora del día,
según los rigores del sol,
o las sombras de la nublina
en las alturas.
El sonido comunica, une...
 
 
Desde cualquier perspectiva
hay que controlar
la distribución del ganado.
Bien lo sabe la perraza,
con cara de buena y todo...
 
 
Y lo saben los más jóvenes,
cuando se distancian distraídos, inocentes,
del rebaño.
En cuatro pasos,
allí se planta el mastín.
 
 
Ni una sola res,
queda desprotegida
en el pastizal.
Uno de los perros
siempre espera
a que pasen todos y todas,
incluso aparece rezagado
detrás del propio pastor.
 
Y vigila cuando el ganado
se va juntando a ciertas horas
para cambiar de loma o de ladera
(de sestu -nos precisa el pastor):
si quedara alguna res despistada,
nunca sobreviviría a la noche
-afirma seguro también el joven-.
Por eso, él siempre va el último,
escuchando el paisaje
que va quedando atrás.
 
 
Hasta siete, entre perros y perras,
se van distribuyendo
el trabajo de vigilancia:
por el medio del rebaño,
delante de la vanguardia,
detrás de los despistados,
por ambos flancos
de la reciella a sua anchas
 
Los espesos pastizales,
ya dicen la calidad de las cabras:
yerbas duras,
frescas, entre la piedra de la altura;
reverdecidas con frecuencia
por el orbayu y la nublina
frecuentes al atardecer .
 
 
Las cabritas no se venden:
es la recría para el siguiente año:
los cabritos, en cambio,
van pasando al mercao
para ir tirando
por el año arriba .
 
 
En un momento de despiste,
la cabrita lanza su voz de alerta:
pero está bien controlada...
 
 
Los detalles del ganado:
colores de toda una gama
entre el tono rubio intenso,
un matiz castaño más suave,
algunas líneas casi negras,
el color bermeyu, el bermeyón,
la cabra bermeya, en fin.
 
 
Pero en contraste con este
entrañable sistema rural de
supervivencia en el milenium dixital,
sigue el llobu merodeando entre el ganado:
de cuando en cuando,
amanece el pastor
con unas cuantas cabras muertas;
nueve, en la última redada;
de las que los tsobos
sólo comieron media cabra.
 
 

...grandes, muy grandes
deber ser algunos tsobos:
sólo basta mirar las pisás,
con sus abultadas almohadillas,
sobre las piedras y el barro .

 
 
y con el detalle de
esas dos uñas afiladas
inequívocas
en las agarraderas del lobo
(a diferencia del perru),
nos explica el pastor .
 
 
Porque, como lamentan los pastores-
la supervivencia será de todos:
menos de los propios ganaderos.
Un problema sin resolver,
aunque el quesu,
y la caldereta de cabritu,
no la comen precisamente
quienes más la producen.
Una larga historia de peripecias
con los tsobos por los cordales
nos cuentan preocupado Rubén.
 
 
Por eso, el joven pastor ya entiende sin titubeos
desde bien temprano (en la otra gran escuela
de la naturaleza y de la vida)
a 1.500 m de altura,
en la soledad de unos montes
(sin más compañía que el ganado
y sus inseparables perros y perras)
qué significa aquello del estudio del medio,
las Ciencias Naturales, la ecología...,
la economía, el mercado, los mercaos...
Simplemente,
la observación de lo que tiene alrededor,
su aprovechamiento posible durante el año,
para sobrevivir cada día
dentro y fuera de las aulas
(pérdidas, impuestos, gastos... incluidos).
Todo un ejemplo de aprendizaje práctico.
 
 
Con esa larga historia
de vida ganadera
en los altos de los pueblos,
simbolizada en esas precisosa cabañas
talladas a mano por hábiles vaqueros:
en piedra caliza desde los cimientos
a la techumbre incluida:
piedra tallada sin un reborde discordante;
sin una gota de arena ni cemento
en el ensamblaje.
Grisáceas paredes impecables: todo un arte.
 
Este es el duro,
muy duro
oficio de pastor,
del cabreru, en este caso:
caminar todo el día
vigilar huellas,
atisbar aullidos...
(a menudo con la muleta al llombu,
para relajar mente y cuerpo) ,
y para sólo encontrar tantas veces
los restos del festín nocturno.
Y para que le responda el gendarme de guardia
que tendría que "demostrar que ha sido el lobo".
 

Ya con las asombras de la tarde en la ladera,
el ganado, vuelve a sus cabañas:
el pastor las sigue controlando.


Aprendimos unas cuantas experiencias del pastor:
palabras, nombres de lugares, estrategias,
formas de entender el monte y el ganado
en pleno estío, o entre las nevadas invernales.
Y él tomará buenos apuntes cada día
para sus horas de Geografía, Sociales,
Tecnología, Matemáticas, Lengua, Economía, Ecología...
La otra forma de aprender en la montaña..

Información completa en el libro:
Las brañas asturianas,
un estudio etnográfico, etnobotánico y toponímico,

de Adolfo García Martínez, Matías Mayor y Xulio Concepción Suárez

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