Costumbres, tradición, gastronomía, trabajos rurales, vida vaqueira, saber popular
por Xulio Concepción Suárez

"Dicen que los pastores
huelen a sebo:
pastorcillo es el mío,
y huele a romero"
(copla popular lenense)

yesca pal pedernal

Un sistema ecológico completo:
en las cabañas no había desperdicios

(continuación 7)

Extracto del artículo publicado sobre este tema:
"La alimentación en la casa'l monte y en las cabañas
de la montaña central asturiana ",
en Etnografía y folclore asturiano:
conferencias 2001-2003 (pp. 159-194)
.
Julio Concepción Suárez.
RIDEA. Oviedo. 2004
Real Instituto de Estudios Asturianos
Ver Bibliografía.

5. El trueque con las tierras castellanas.

A la raya de los puertos, quedaba un recurso para compensar en parte la escasa variedad de productos en las cabañas: el trueque con los mercados leoneses (castellanos, que dicen en estos pueblos)..

En el tiempo libre de las cabañas se trabajaban una serie de utensilios de madera, que se cambiaban por alimentos en los mercados leoneses, con sólo columbrar los cordales más altos. Sellevaban también plantas medicinales.

5.1. Se exportaban: madreñas, araos, cambietsas, xugos, mangos, cestos, paxos, maniegos, gaxapos, estiles, vigas...

5.2. Se importaban: lentejas, garbanzos, pedretes, champletos, harina, aceite, vino,mantegas...

5.3. Se iba a la siega en los veranos a los vecinos conceyos leoneses, con el objeto de traer unos riales, productos escasos, y algunos regalos amorosos para el resto del año. Lo recuerda la copla:

Fuiste, galán, pa la siega,
nun me trixiste gordones:
en viniendo las mayucas,
maldita que una me comes.

(Recogida por Juaquín Fernández)

No obstante, tampoco esos productos se iban a comer demasiado en las cabañas: sólo algún domingo o día de fiesta. La mayor parte se iban a bajar al poblado el fin de semana, para toda la familia: o incluso para revender en el mercado semanal y obtener unos riales en la transacción, que se diría.

con l'arrú ante la cabana Viguinatsarga

6. Y una última estrategia: aforrar cerillas pa comprar vino al otro lado de la raya

Cuentan con gracia los que fueron vaqueros en los puertos una última argucia para poder beber una bota vino de cuando en cuando: buscar yesca pa aforrar cerillas en las cabanas. Con yesca (la seta Fomes fomentarius Fries) y pedernal o eslabón, más unas urcias, gorbizos..., se prendía lumbre en la cabana. Se tapaba con ceniza por la noche, y de mañana se reavivaban las ascuas soplando, de modo que volvía a producirse llama.

Con los riales aforraos y algunos productos para vender en los mercados leoneses (madreñas, gaxapos...), se ahorraban los riales y céntimos suficientes para columbrar al otro lado de las montañas, tomar las sendas de los pueblos leoneses, corrererse alguna juerguecilla en cualquier venta, y volver de madrugada semidormidos sobre la caballería, de nuevo a la cabana.

Muchas leyendas, aventuras, canciones..., recuerdan estas andanzas de los vaqueros por las brañas al filo de La Raya.

"No quiero dama con guantes,
ni que le arrastre el vestido;
quiérola trabayaora,
que venga al campo comigo
(popular) "

7. Un sistema ecológico completo: en las cabañas no había desperdicios.

El sistema de aprovechamiento de recursos era completo en el entorno precario de las cabañas. En las cabanas no había desperdicios: pulgos, rapaúras, eschavas, restos del platu..., pasaba a los gochos, pitas, perru...

Nada se tiraba a la campera: no había basurero. Si se abría una lata de sardinas, se guardaba para amelicinar a los ratones, tapar algún agujero, hacer algún utensilio de hojelata...

Nada sobraba en aquel tan inteligente como obligado sistema ecológico de aprender a buscar, y de aprender a reciclar, de modo que todo se aprovechara y sirviera a alguien y para algo.

Todo un ejemplo a seguir en plena in-civilización del despilfarro y el desecho, con la disculpa de que “ye más barato compralo nel supermercao”.

El resultado está ahí: basureros y televisiones destripás hasta en lo más intrincado y recóndito de cualquier bosque o regato. Menosprecio de las materias primas y de los productos autóctonos, importaciones descontroladas, exportaciones que se podían elaborar y transformar in situ, en la región... Y un largo etcétera.

El menosprecio del entorno (tan poco educativo, y tan anti-ecológico, por cierto).

“La conexión [del pastoreo] con la modernidad,
con el s. XXI, con las síntesis
entre nuevas y viejas tecnologías,
con la energía solar,
con el medioambiente
y con la tarea colectiva
de hacer que el hombre
encuentre su sitio en la Tierra”
(Jaime Izquierdo Vallina)

(en el trabajo original siguen varias tablas
que concretan y sintetizan los contenidos completos)

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