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ALCEO LOS CABALLEROS

Aldea de la parroquia de Sotiecho, situada en el llamado camín de peregrinos del Güerna entre La Cortina y el Santuario de Bendueños. Situado a unos 650 m. de altura, por los años treinta llegó a tener 45 habitantes en 9 viviendas. La misa era en Sotiello.

A mediados de los sesenta, se quedó sin su último vecino Alfredo el de Mayo. Nunca Alcedo de los Caballeros entre los nativos.

El poblado tuvo su actividad tiempo atrás, como recuerdan sus últimos nativos y sus topónimos: Antonín marchó del pueblu con 14 años, y conserva hoy muy buena memoria de aquellas vidas y caleyas, allá por los años 30 - 40...

Por ejemplo, que había dos molinos en La Regura Malpica, abajo, sobre el arroyo, en el camino a Bendueños: a él se llevaba la escanda y el maíz a rabilar y a moler por el invierno, con las aguas más abundantes.

Hoy mismo se conserva El Pontón: un rústico puente de maera que consiste en una gruesa castañar, abierta al medio y boca arriba, sobre la que se hacía el tránsito de personas, animales, carreñas, carruajes diversos. Pasa el mismo camín de peregrinos del Güerna.

Con el documento del correor en las casas: el recinto para correr, los más pequenos a su aire

Recuerda Antonín hasta 14 guajes en el pueblu, allá por los años cuarenta. Y varias familias: en casa Divina, cuatro; en casa Daviz, siete; en casa Antonín, nueve; en casa Juan Antonio, 3; en casa Encarnación, 8; en casa Polgar, 6...

Y a falta de guardería más moderna, estaba diseñado con ingenio el correor de la casa: casi siempre bien orientado al sol, tenía unos metros de largo, y sobre el metro, o poco más, en altura de la balaustrada.

Las reyas, muy calculadas, de forma que los mozacos (entre 1, 2, 3..., años) nun pudieran meter la cabeza y esmucir el cuerpo a la caleya; para ello, entre las tejas hay unas medidas precisas: entre 7-8..., cm de espacio. Los más pequeños, menos de un año, se metían en una cesta, canastillo, carreña..., y con los padres y los güelos pa las tierras de semar o pa los praos. Y, a nacer, todos en casa, por supuesto: la comadrona, la güela..., eran la salvación de fíu y madre, no tantos lustros atrás.

El resto de actividades, a cargo del ingenio de cada uno y cada una. Recuerda Antonín, que bien vivió la guardería en el correor. Como la puerta del correor se cerraba por dentro de la sala, los niños allí se pasaban la mañana o la tarde, sin más juguetes que un muñecu de tela, una pelota de trepu, una muñeca de cartón o de refaxos, una caxa de maera...; imaginación, paciencia y poco más. Si algún tsoraba -recuerda Antonín-, como nadie te oyía, ya calllaba al pocu tiempu...

Al murmullo de una fuente, y a la caída del Bisbitón

Una fuente ante La Capilla hacía de bebederu pal ganao, y de tsavaíru pa la ropa, con una simple tsastra (losa) en la presa, un balde, y a tsavar; completaba el recinto El Bisbitón: la caída en piedra del agua de una presa que descendía de los altos del pueblu; hoy canalizada para la toma del agua a Sotietso. Evidente onomatopeya de un nombre que recuerda el sonido del chorro y el murmullo en la caída.

El agua, los frutales..., eran la riqueza del pueblu: moras por las xebes, nisos en su tiempu, ablanas, nueces, piruxechos, manzanas verdes todavía...; suponían el alimento principal de la mayoría fuera de casa. Así, venían los dolores de barriga, claro, con la correspondiente receta, que recuerda Antonín:

-Mama, duelme la barriga...

-Pues nun pienses netso... -respondía la madre, seguro que bien a su pesar...-

Y todo ello, a oscuras, sin luz, a candilexa o candil...

Alceo es uno de tantos pueblos que no llegó a ver la luz eléctrica; sus últimos vecinos, cerraron las puertas de las casas, sin haber conocido las bombillas colgadas del tillao, de las vigas, de una pared... (viven muchas todavía, y con buena memoria).

Las únicas luces las daban las candilexas (de aceite, de esquisto...), los candiles, los quinqués, velas...; hasta las mechas se hacían con tiras de felpa, o de las camisetas una vez para el desecho...; no había para comprarlas. Luego, ya con las minas, los carburos, con el combustible que dejaban los mineros como restos tras el trabayu.

Sin luz eléctrica, y con la cocina del llar (el tsar) en suilu: una un poco, más elevada sobre una piedra, para las tortas, las boronas; y la otra, la del pote y las pregancias, del todo a ras del terreno. El vasar, el esquenu, un rústico aparador..., completaban todo el mobiliario de la estancia hogareña.

Con tantos otros detalles. Por ejemplo, las camas tenían el somier de cordel: simples tejidos de cuerdas para sostener el sergón a duras penas entre los laterales y las caberecras. Encima, el sergón: de lana, los más privilegiados; el resto, de fueyas de maíz, seleccionadas y ya secas, después de las esfueyas en el otoño.

Un poblado con tradición monacal...

La condición religiosa que connota el nombre, pudiera deducirse al tiempo de la estructura bien cuidada de las casa en sus días de uso (hoy, muy deterioradas, casi todas): casi todas tenían cuadra y payar adosados; no debajo de la cocina, como en otros pueblos. Un aire nobiliario, monacal o semejante. La Casona, primera casa (hoy en ruinas) entrando por el camino antiguo, a la derecha, es un ejemplo.

Los mismos nombres del pueblu hablan por sí solos de sus productos y funciones: Treslavitsa (la villa fundacional); Valdelasviñas (aún quedan cepas, parras, recimales entre las casas derruidas); La Tabierna (antigua venta o similar); El Fontán de la Ermita, El Carbeyu...

Al par del camín francés del Güerna

Hoy Alceo es un pueblo utilizado para la estancia ocasional y para atender la ganadería de la zona, en el invierno sobre todo. Dista 9 km. de La Pola, y 2 desde Sotiello, parroquia a la que pertenece. Pero algunos topónimos en torno al despoblado recuerdan que Alceo los Caballeros fue villa rural en el sentido antiguo de la voz. Es el caso del lugar de Traslavicha: conjunto de tierras de labor y otras fincas bajo las casas actuales.

Por otra parte, la especificación de Los Caballeros se integra, asimismo, en otro conjunto toponímico de lugares que la tradición oral relaciona con la atención de los templarios al Santuario de Bendueños: Casa Fraes, Fraimanes, Casabián, Sobrocasa, La Casa'l Monte, Murias, Remurias... Las vieiras que se conservan en algunas ventanas del Camerín de Bendueños confirman la voz popular.

La voz oral habla de monjes dedicados a las atenciones en torno a los peregrinos del camín francés, como atestiguan las estructuras y los nombres en torno a la iglesia de Bendueños: La Casa los Frailes, la Caballeriza...


En pleno invierno...

Un entorno vegetal, en parte desaparecido también

Este segundo componente que lleva el nombre se justifica con otros del mismo concejo de Lena, de modo que no parece un nombre aislado: Los Caballeros sigue siendo hoy el nombre de otro paraje en el camino que asciende desde El Questru de Villayana hacia La Caseta y Misigos. Recientemente, en pequeño homenaje al despoblado actual, una calle del casco urbano de Pola de Lena lleva el nombre de Alceo de los Caballeros.

En fin, el lugar de Alceo (lat. ilicetum, encinar') sigue siendo un rústico poblado en medio de todo un paraje de fincas y diversos arbolados que justifican el topónimo: todavía se siguen encontrando encinas centenarias en la ladera de Alceo, aunque condenadas a su extinción por falta de retoños o plantones más jóvenes.

Para más información, ver
Diccionario Geográfico de Asturias
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Ciudades, villas y pueblos.

Editorial Prensa Asturiana.
Colaboración de Julio Concepción Suárez.

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