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"Los topónimos europeos son resultado, en su abrumadora mayoría, de un sistema único y extremadamente arcaico de ordenación territorial del que ya se habría perdido memoria a comienzos de la historia escrita [...]; los nombres son relativos: se encuentran ligados entre sí como elementos de un conjunto territorial unitario al que se yuxtaponen otros conjuntos organizados interiormente de manera semejante, al modo de las células de una piel [...]

Los elementos de aquel sistema nunca desaparecieron por completo. Continúan vigentes en la estructura de los nombres actuales, algunos de los cuales se han acomodado con mayor o menor propiedad a formas reconocibles [...]; mientras que otros muchos de estructura equivalente [...] no encontraron acomodo semático" (Alberto Porlan).

Alberto Porlan:
teoría toponímica, en
Los nombres de Europa

A) Un planteamiento en estudio: la teoría sistémica, formalista, estructural..., de Alberto Porlan sobre el origen del lenguaje toponímico.

Resulta, por lo menos de momento, sugerente -muy sugerente, impactante, a primera vista- el planteamiento puramente asociativo de las concordancias toponímicas europeas, por dispares e inconexas que puedan parecer al oído a su lectura en cada caso.

No se había leído algo así sobre el origen del lenguaje toponímico en el tiempo, por lo que habrá que añadirlo, por lo menos, a la lectura y a la biblioteca de uso.

Para este autor, las concordancias de cientos y cientos de topónimos europeos sólo se debe, en principio, en sus orígenes remotos indoeuropeos -o tal vez preindoeuropeos, incluso-, a sucesivas variantes vocáliccas, consonánticas, estructurales..., de una misma articulación consonática inicial.

Para este autor, el proceso del significado, la semantización de cada una de esas formas lingüísticas (puramente articulatorias) remotas vendría después en cada lengua.

Una perspectiva de análisis toponímico muy subjetivista, pero que habrá de mirarse también, pues no todo está dicho sobre la génesis -la genética verbal, léxica, toponímica... en este caso- de las lenguas, y la del supuesto indouropeo en concreto.

Hasta habría que pedir opinión a López Otín, Arsuaga..., y colegas de la cuerda genómica y similar... A lo mejor no estaría fuera de contexto. Porque la teoría puramente sistémica -sistemática- que se duduce del autor tendría que demostrar de forma convincente asociaciones atingentes que hace -que supone- con la misma etimología, por ejemplo:

      • Brañuela, Bermeja, Granada, Grande, Granda... (p. 143)
      • Oviedo, Lugones, Ladines... (p. 139)
      • Valencia, Francia, Valongo, Valuengo, Beloncio, Beloño, Blanco, Blanche, Sigüenza, Següenco, Sagunto, Aranda... (p. 72, 79, 115, 122)...
      • Bulnes, Bobia, Ercina, Cabranes, Sevares, Libardón..

Tendría que justificar Porlan estas relaciones lingüísticas, con esas alternancias vocálicas, consonánticas..., que no encajan del todo en las teorías filológicas evolutivas -romances, paneuropeas-, en uso, más aceptadas hasta la fecha.

Tal vez los genetistas citados nos ayudarían el proceso, si acaso...

Y tantas otras variantes consonánticas, vocálicas, formales, estructurales..., que Porlan aduce para la concordancia toponímica en la geografía y catografía más dispar, y alejada entre sí: alternacias r/l, r/s, r/d, d/g, t/d, k/g, k/r..., y similares.

Por el momento, no encajan en la perspectiva más bien semantista, significativa..., de otros autores indoeurpeístas que, por cierto, Porlan creo que no cita (o no los veo citados así de momento, y con frecuencia), tal vez por alguna razón: Edward Roberts, Bárbara Pastor, Nieto Ballester, Francisco Villar, Albert Dauzat, Charles Rostaing, Auguste Vincent, Éric Vial, Joseph Piel, Corominas-Pascual, Alarcos Llorach, J. Manuel González, Rodríguez Adrados, Neira Martínez, Arias, Martín Sevilla, Rivas Quintas, Javier García Martínez, José Morala, Cabeza Quiles...

Algo -o mucho- tendrá que justificar Porlan de sus afirmaciones y de sus exclusiones... Es un planteamiento, ciertamente más que novedoso...

Tal vez, pero sigamos leyendo... Porque el planteamiento inicial, expuesto por Porlan en el prólogo y primeras páginas, sobre todo, es muy sugestivo, parece acorde con la teoría de la génesis de las lenguas, las guturales, la articulación consonántica monosilábica, la variabilidad vocálica preindoeuropea, indoeuropea...

Pero la aplicación que hace luego con las asociaciones toponímicas atingentes, puramente articulatorias, fónicas, parece todo lo contrario: primero, los sonidos sin significado, sin sentido; luego, la progresiva semantización, procesos de significación concordantes por dispares que se den de lengua en lengua, y de geografía en geografía. Habría que recurrir a los genetistas citados, de paso... O volver a Saussure, quién sabe...

B) Algunas afirmaciones, conceptos. (orden alfabético, a modo de ejemplo) de Alberto Porlan en su obra: Los nombres de Europa. Editorial Alianza. Madrid, 1998

  • Antiquísima unidad de los pueblos europeos... Había topado con un fenómeno que contradice la convención general sobre la toponimia europea. O sea, que los nombres de lugar son descriptivos y están repartidos aleatoriamente. Sucede que junto a nombres similares como Barcelona-Barcelonne, Zaragoza - Saragosse o Logroño - Lacoruña-Locarno-Luzerna, separados por grandes distancias, aparecen otros nombres similares a su vez entre sí. Las probabilidades de que esto se deba a la casualidad son exiguas. Y se reducen exponencialmente con cada nuevo caso. En cuanto a esa conmoción a que se refiere tras la aparición de mi libro en España, yo la llamaría más bien perplejidad”.

  • ¿antes los nombres o las naciones? "Si en lugar de presuponer que las naciones dan nombre a sus lugares de asentamiento se argumenta que son los lugares los que dan nombre a las naciones, parece como si una nueva y cegadora luz lo iluminase todo...; al considerar la posibilidad de que los nombres geográficos sean consecuencia de un sistema de ordenación territorial generalizado y vigente desde la remota antigüedad, las cosas aparecen de otra manera. Las coincidencias entre los nombres de los pueblos se explican entonces por el hecho de que tales pueblos habrían sido ocupantes de territorios de nombres equivalentes en el mismo sistema ordenador...; caso concreto de los ambrones..." (p. 510 s.).

  • arquetipos y nombres comunes... "La mayoría de los nombres recogidos... carecen de significado en las lenguas de se hablan en sus territorios, pero sus estructuras, sometidas a la tensión semantizadora, son capaces de derivar formalmente hacia nombres comunes convirtiéndose en arquetipos atingentes. El análisis de estos arquetipos pasa a ser entonces un seguimiento de variantes sobre un tema común, o, si se prefiere, sobre un semantema" (p. 93).

  • atingencias: relaciones, correspondencias, conexiones "que componen las concordancias... En cuanto a la mecánica de búsqueda de atingencias, al elemento que sirva de guía o referente de dicha búsqueda lo llamaremos elemento activo, mientras que el otro u otros que lo acompañan en la atingencia serán elementos pasivos. En las atingencias duales, diremos de cada elemento que es comlementario en relación con el otro...; ... tabla de concordancia... donde se recoge el centenar largo de variantes de la misma atingencia" (p. 48, 77, 110).

  • coincidencias toponímicas... "Ni los movimientos migratorios ni la casualidad justifican la relación de vecindad territorial... Las relaciones toponímicas... resultan inexplicables en sí mismas. Pero son un hecho... La toponimia europea ha sido demasiado estudiada desde perspectivas semantistas y migratorias, pero demasiado poco desde el aspecto estrictamente formal. Si se hubiera profundizado más en la segunda de estas líneas, habrían quedado al descubierto algunos fenómenos desconcertantes que chocan de manera violenta con la idea del reparto aleatorio de los nombres de lugar" (p. 37 ss).

  • concordancia por atingencia... "La concordancia tienen lugar a partir de un mínimo de dos parejas de topónimos afines (isomorfos o alomorfos) entre los que se da, a la vez, una relación de proximidad territorial. A cada una de estas parejas la llamamos atingencia o formación atingente, y atingente o elemento atingente a cada uno de los elementos individuakles que la integran" (p. 76).

  • concordancias relativas...: "Lejos de construir unidades absolutas, justificadas en origen por razones semánticas vigentes o 'desoloridas', los nombres son relativos: se ecuentran ligados entre sí como elementos de un conjunto territorial unitario al que se yuxtaponen otros otros conjuntos organizados interiormente de manera semejante, al modo de las células de una piel" (p. 18).

  • erosión estructural... "algunas variantes propias muestran diferencias consecuentes a pérdidas o erosiones en la sílaba terminal de la estructura atingente de base... Pallanza = Ballans'... Afectan, pues, a fonemas vocálicos y consonánticos en poosición terminal...; en otras variantes propias..., a una pérdida vocálica interna...; ... a una pérdida completa de la labial inicial..." (p. 111).

  • formas y no significados... "Es la forma lo que perdura a lo largo del tiempo y no el significado, pero la forma a su vez padece una tensión que busca dotarla de significado. Una misma estructura toponímica ha podido asociarse a distintos significados en diferentes épocas en consonancia con la lengua de ssus usuarios, pues todos semantizamos cuando ello es posible: romanos, celtas... y hasta los niños de la escuela. Pero quienes más lo hacen y bajo más tenues luces son aquellos eruditos que buscan interpretar los topónimos antiguos a partir de las antiguas lenguas" (p. 57).

  • formas toponímicas puras, anteriores a las semánticas... "Puesto que los hablantes tienden a hacer significativo lo que no lo es, sucede que muchos nombres han adquirido significado a partir de formas anteriores que no lo fueron, o que acaso lo habían sido en anteriores etapas lingüísticas, pero que entonces ya no lo eran. De tal modo que cualquier topónimo ha podido derivar en alguna etapa de su evolución (incluso en más de una) hacia formas significantes para la lengua hablada de aquel territorio y en aquel momento. ¿Cómo discriminar, entonces, si un nombre que resulta significante en determinado estado evolutivo de la lengua es fruto de la creación espontánea o resultado de la adaptación semántica de una forma preexistente? Así las cosas, la vía más adecuada para encarar el problema parece ser la de tomar a los topónimos exclusivamente como formas lingüísticas, sin mezclar en su análisis consideraciones externas de carácter semántico. Ver los nombres tal y como son formalmente, sin pensar en lo que pudo o no pudo haber detrás de ellos. En una palabra, renunciar al prurito significativo" (p. 75).

  • ¿fuentes clásicas, latín, griego...?: "Y si sabemos poco sobre las lenguas de las naciones ágrafas, lo ignoramos todo acerca de su posible evolución desde etapas todavía anteriores... Tampoco hay que olvidar que vemos el pasado remoto casi exclusivamente a través de la faceta de las fuentes clásicas, lo cual supone un primer e importante filtro para la transmisión, que está fatalmente contaminada lingüísticamente por el latín o el griego y, de un moco más general, por las ideas falsas de aquellas naciones acerca de los pueblos bárbaros" (p. 71).

  • genotoponimia, genotoponímica... "los nombres complejos... se articulan siguiendo las mismas pausas que los nombres simples y combinados..., capacidad genotoponímica arcaica...; las estructuras de este orden que prefiguran antiguos topónimos bárbaros están integradas en el mismo sistema articulado..., consustancial o preexistente a la toponimia antigua, de la que a su vez es heredera la actual" (p. 630).

  • historia escrita y culturas bárbaras... "La concordancia nominal... choca frontalmente con la idea, común y universalmente aceptada, según la cual los nombres de lugar son efecto de causas inconexas y aleatorias... Pero... a la vista de las tablas en las que se han reunido las atingencias..., sí puede afirmarse... que nos hallamos ante un fenómeno desconcertante que sugiere la existencia de un cierto orden en el seno de un conjunto (la toponimia europea) donde jamás se había detectado tal cosa. Un orden... que parece extendido a territorios muy separados entre sí por el espacio y las circunstancias culturales. Al menos, hasta donde nos permite conocer la Historia escrita... Claro que la Historia escrita es, en términos generales, muy reciente. Y además nuestra desequilibrada memoria europea... es fruto de culturas considerablemente distanciadas del remoto tronco común que las íntimas conexiones entre las lenguas denuncian, producto de culturas heréticamente alfabetas, mediterráneas, sureñas, despectivas o paternalistas con las bárbaras, a las que estimaban más atrasadas" (p. 193).

  • indoeuropeo, el tronco común... "En cualquier caso..., hay que empezar por desterrar la idea bruta de un pueblo invasor y genocida que extermina al pacífico pueblo residente, redistribuye su territorio y lo renombra por completo. Y, desde luego, también la otra idea... del lugar virgen e innominado al que llega un flamante pueblo invasor que lo ocupa y lo nombra...; pero, en Europa, los pueblos invasores siempre han ocupado territorios ya habitados y nombrados. Más aún: nombrados por otros cuya lengua no era tan absolutamente distinta a la de sus invasores. Y cuanto más antiguas las invasiones, más semejantes las lenguas, si nos atenemos a la evidencia del tronco común idiomático que llamamos indoeuropeo" (p. 57).

  • ¿migratorismo toponímico...?: "Convendremos en que de ninguna manera se puede explicar esta concordancia nominal entre áreas geográficas y culturales enormemente apartadas entre sí como efecto de contactos migratorios en uno u otro sentido. Pero, en cualquier caso, la concordancia está ahí. Es un hecho, un hecho tan cierto como inexplicable, si recordamos la escasa posibilidad de que se repitan parejas de elementos (nombres) asociados territorialmente en el seno de un conjunto aleatorio (la toponimia europea)" (p. 64).

  • nombres en los comienzos... "Entre las herramientas que nos ayudan a comprender algo en el mundo, la más esencial y primigenia es la utilización de los nombres. Ni el ser humano está completo ni su mundo es habitable si lo que puebla tal mundo carece de nombre...; el acto de nombrar era equivalente al acto de crear... El nombre surge como respuesta a la diversidad del mundo, a la necesidad primaria de distinguir entre lo distinto... El hombre se mueve en un universo del que sólo puede ver y señalar cada vez una parte minúscula. Para referirse al resto, más allá de los muros de su casa o de la línea del horizonte, no dispone sino del artifico de los nombres de lugar" (p. 25 s).

  • ¿nombres nuevos?... "... esos nombres significativos que creemos nuevos no tienen de nuevo, en su inmensa mayoría, sino la adaptación o actualización fonéticas a niveles más o menos modernos de la lengua, suaves movimientos de ajuste provocados por la constante tensión semantizadora. Pero, en su origen, los nombres no son foráneos ni caprichosos. Más aún: si en verdad forman parte de un sistema, es probable que ni siquiera fuesen léxicamente significativos, sino tan sólo diacríticos" (p. 305).

  • oscilación consonántica, ¿límites? "Esto nos sitúa ante una especie de reiteración fonológica, ante un estrato lingüístico donde se reducen a cero cualesquier diferencias que no afecten a la más primaria de las selecciones que ha de realizar el hablante: el órgano con el que debe producir el sonido" (p. 114).

  • oscilación vocálica, ¿límites...? "No se aprecian límites en la oscilación vocálica. Cualquier vocal puede ocupar cualquier posición en ambas cadenas atingentes... Valencia, Beloncio, Pallanza, Palomera... Sagunto, Regañada, Gallinero..." (p. 112).

  • parentesco étnico, migratorio toponímico...: "Parece preferible, entonces, renunciar a toda idea de parentesco étnico por migración entre los antiguos pobladores de territorios en que se reconozcan los mismos nombres, y aplicarse al análisis de las concordancias toponímicas en sí mismas. Enfocando así el asunto, alcanzamos a vislumbrar el hecho de que, más allá de identidades o diferencias culturales, se repiten los mismos nombres o muy semejantes a lo ancho de todo el continente europeo. Y, sobre todo: lo hacen en el seno de un conjunto de relaciones de proximidad territorial que configuran determinadas concordancias estables" (p. 74).

  • patrón toponomástico... "evidencia de un patrón toponomástico arcaico asociado a la geografía europea y, probablemente, a la indoeuropea. Es decir, que los europeos nos movemos sobre un espacio organizado y demarcado por nuestros antecesores hace milenios y que los nombres que utilizamos para designar a nuestros territorios son... aproximadamente los mismos que los ancestros utilizaron para llevar a cabo sus demarcaciones originales" (p. 687).

  • problema planteado...: "El problema acuciante que se nos plantea... es el de la necesidad de un significado para nuestros propios nombres. Pero si partimos de la base de que no concebimos un nombre sin significado semántico, si damos por sentado que todo nombre ha de ser connotativo, ello se debe a un vicio en la concepción de lo que es en realidad un nombre... La cosa resulta fácil de rebatir en el caso del valenciano, porque nos consta sin lugar a dudas que Valencia se llamaba así mucho antes de que existiera la lengua valenciana... Ello es consecuencia de que seguimos engañados, pura y simplemente, por la perspectiva histórica cagata que hemos heredado a partir de la demencial búsqueda de lo primigenio. Desde esta persoectiva, parece que todos los nombres antiguos debían tener un significado para los hablantes antiguos" (p. 74).

  • ¿raíces toponímicas?... más bien cuños léxicos... "De la comparación entre las formas utilizadas por las distintas lenguas para expresar los mismos conceptos no se extraen, de acuerdo a este método, raíces, sino estructuras generales (podríamos llamarlos 'cuños léxicos') que aglutinan y clasifican tales formas como variantes homogéneas o coherentes... Luego esos cuños pueden compararse con los que aglutinan a su vez otros conceptos pertenecientes a su mismo campo semántico, buscando determinar así relaciones analógicas sustantivas establecidas en la remota infancia indoeuropea. Quizá el estudio de tales relaciones nos revelase algunos aspectos profundos de nuestro orgulloso y psicótico pensamiento actual, del mismo modo que el estudio de nuestros nombres parece enseñarnos la hermosa lección de nuestra unidad primigenia" (p. 697).

  • ¿relación semántica?... "Los elementos que componen tales atingencias pueden ser significativos o carecer de contenido semántico, lo que parece un primer indicio de que los elementos significativos son el resultado de adaptaciones semánticas a las estructuras preexistentes...; la fuerza idiomática que hemos llamado tensión semantizadora, la cual tiende a convertir a las estructuras originales en arquetipos o en grupos de arquetipos homogéneos... La falta de relación semántica entre los arquetipos homogéneos es la norma general (galápago..., golpeja..., carvallo..., Salvador) aunque también se dan interesantes casos de convergencia semántica entre formas que no son homogéneas por su estructura y cuya relación se sostiene, tan sólo, en virtud de la asociación original entre las alternativas" (p. 215).

  • reminiscencias de otros nombres... "si pudiéramos obtener un mapa de la Europa arcaica tan detallado como los actuales, veríamos que el continente ya estaba completamente nombrado a partir de dicho sistema. Desde luego, el número de nombres que contendría ese mapa sería muchísimo menor que los que hoy vemos en un mapa actual pero, en cambio, los nombres viejos abarcarían zonas más extensas... De modo que los pretendidos nombres de nuevo cuño, aleatorios..., del azar..., no tienen sentido en Europa" (p. 305).

  • semantización toponímica... "Sea cual fuere el origen del fenómeno de las concordancias, hubo de ser anterior a la cristianización de estos países. O dicho de otra manera: que tanto en suelo francés como en tierras españolas preexistían a la llegada de los cristianos ciertos elementos toponomásticos comunes asociados territorialmente entre sí, sobre cuyas estructuras, se instalaron los nuevos nombres que en algunos casos se semantizaron.... (Chanteloup...), y en otros se cristianizaron (Saint Loup...)" (p. 56).

  • subjetivismo toponímico, tesis sostenida... "En todo caso, al hablar de reconocimiento aspectual nos estamos internando de nuevo en la marisma subjetiva. Así que más vale que volvamos a recordar cuanto antes que nuestro análisis estima a los topónimos exclusivamente como formas lingüísticas. En este sentido, se impone una renuncia a cualquier categorización de los fenómenos que sea exterior a dicha estimación" (p. 112).

  • tensión semantizadora... "Todas estas alternativas son... efecto de una fuerza más poderosa y, sobre todo, más imprevisible que la evolución fonológica: la tensión semantizadora, en virtud de la cual tienden los nombres no significativos a convertirse en sigificativos en boca de los hablantes. Es un fenómeno de carácter intrínsecamente humano, un reflejo que responde... al horror vacui lingüístico de la falta de significado" (p. 57).

  • topónimos europeos... "son resultado, en su abrumadora mayoría, de un sistema único y extremadamente arcaico de ordenación territorial del que se harría perdido memoria al comienzo de la historia escrita" (p. 18).

  • transformación toponímica... "una importante regla de carácter general: las semantizaciones toponímicas se han producido a partir de las modificaciones de la estructura formal de los nombres, y no de la traducción semántica de los mismos. De modo que el hilo de su transformación a lo largo del tiempo está tejido a base de pequeñas y continuas alteraciones formales, y no de saltos semánticos caprichosos y discontinuos" (p. 75).

  • unidad primigenia... "Lección que debe oponerse al mezquino y engañoso recreo nacionalista de patrias y banderas, ese espejuelo utilizado desde que tenemos memoria para deslumbrar y atraer finalmente a la ruina a cuantos viven cegados por el apego al terruño y al refrán que, a menudo, les impide reconocer la amplitud del mundo y el peso de las ideas" (p. 697).

  • “¿unidad europea...? No me atrevería a tanto. De lo que hablo es de la existencia de un modelo generalizado de poblamiento que parece revelar la compartición de un ámbito cultural común. De una cultura antigua que no conocía ni convivía con otras culturas, posiblemente porque aún era la única. Aquellas gentes estaban desarrollando el idioma que hemos llamado indoeuropeo o indogermano, y si la existencia del sistema de poblamiento común es ratificada por otros investigadores, tendremos un indicio de que, además del idioma, compartimos ese hecho cultural. Sería una noción para sentarse a meditar sobre la unicidad de un pueblo que hoy se encuentra aparentemente fragmentado y cuyos miembros no se reconocen entre sí como lo que son: hermanos que visten camisas diferentes".

  • variabilidad toponomástica... "la etiología de los modos o dominios de variación que producen las modificaciones de los atingentes admite una primera clasificación en dos grandes dominios: respecto a la forma (oscilaciones vocálicas y consonánticas) y respecto a la estructura (erosiones terminales, erosiones vocálicas internas y deslabialización inicial). Desde esta perspectiva es posible alcanzar un punto de vista más amplio y comprensivo acerca de los límites máximos y mínimos entre los que se mueve la variabilidad toponomástica... Lo más común, sin embargo, es que las variantes no sean formales o estructurales, sino mixtas, y participen a la vez de ambas alternativas" (p. 111).

  • variante toponímica... "... cada uno de los nombres afines susceptivos de ser ser comparados entre sí por la estrctura de su secuencia consonántica. De acuerdo a su estructura vocálica, sin tomar en cuenta si las vocales que la integran son las mismas una a una, las variantes pueden ser iguales (Valvanera = Valfenera...) o distintas (Pampaluna = Pampl'lona; Chanteloup = Saint'Loup). En el primer caso diremos que las variantes son isomorfas, y en el segundo que son alomorfas" (p. 76).

  • variante y oscilación formal... "La diferencia entre determinadas variantes recae exclusivamente en su oscilación vocálica. Los cambios pueden producirse sobre una vocal (Valonga = Volongo...)... Pero también pueden cambiar dos vocales (Sagunto = Saganta) o todas ellas como en Pallanza = Pollenzo" (p. 110).

C) Algunas reflexiones personales sobre la lectura de Alberto Porlan

  • El autor parece que trabaja más sobre mapas: el lenguaje cartográfico, con su toponimia imprecisa tantas veces (grafías, centralización idiomática, desajustes con los nativos...). Parece imposible que haya comprobado la morfología concreta -real, física, geográfica- de tantos nombres que sólo asocia por la forma de las palabras. En todo caso, los mapas irían siempre -es de suponer- detrás de los poblamientos más remotos, de las ciudades, de las camperas, de los rincones de las montañas... Antes, mucho antes, estará lo que dice el lenguaje habitado de la tierra, milenio tras milenio, en cada paraje pateado, usado, necesitado, valorado, traducido a palabras.

  • El novedoso planteamiento de Alberto Porlan rompe, de momento, un poco -o un mucho- nuestros esquemas: se diría que se trata de un trabajo minucisamente elaborado con recursos digitales, sobre documentos cartográficos y programas tipo data-base, muy exhaustivos, pero que no se contrastaron de modo suficiente con cada lugar concreto (el topos, que exige la palabra). Ni, por supuesto, con los estudios lexicográficos, toponomásticos..., más de fiar hasta la fecha. No es una toponimia pateada, con entrevistas a los nativos, los primeros agentes de ese lenguaje del suelo.

  • Así se podrán hacer encajes puramente lingüísticos, estadísticos, sistémicos, estructurales, formales..., muy efectistas en la computación digital, la presentación virtual, pero no demasiado convincentes sobre el terreno pateado de tantos ejemplos que parecen más que evidentes a la vista, muy distintos de homonimias, paronimias y semejanzas puramente conincidentes, con etimologías muy distintas, por mucho que se hayan generado en procesos paralelos o sucesivos. ¿Brañuela, Bermeja, Granada, Grande, Granda...?... ¿Valencia, Francia, Valongo, Valuengo...?

  • Tesis sostenida por el autor, parece tan clara como sugestiva y subjetiva: "En todo caso, al hablar de reconocimiento aspectual nos estamos internando de nuevo en la marisma subjetiva. Así que más vale que volvamos a recordar cuanto antes que nuestro análisis estima a los topónimos exclusivamente como formas lingüísticas" (p. 112).

  • Un análisis inverso... Se diría que Alberto Porlan parte de un proceso inverso (tal vez, generativista) a la investigación toponímica más al uso y divulgada hasta la fecha: no va del referente externo, de la significación asociada a una raíz remota (gutural, consonántica, monosilábica, etc.), sino en un proceso creativista ascendente contrario; parte más bien de la pura articulación formal, a la génesis de significados variables que se vayan asociando (generando) en cada espacio, a las múltiples variantes lingüísticas posibles; en la práctica ya de muy difícil limitación espacial y temporal.

  • Una perspectiva genetista..., multidisciplinar por tanto, a la espera de estudios que la confirmen. Tal vez por algo el autor no cita a esos toponomistas más divulgados hasta la fecha: Francisco Villar, Martín Sevilla... (ver más arriba). Habrá que seguir leyendo...

D) Aplicaciones posibles de la teoría de Alberto Porlan

  • La interpretación lugareña. Con todo, esa capacidad de los nativos para generar significados en cada espacio y en cada tiempo, sí que explicaría en parte los nombres que tenemos hoy, muy transformados desde la primera forma escuchada, ya citados más arriba: Pena Caballo, Pena Cabello..., sin caballos ni cabellos, por supuesto, sino simples caput vallis (cabeza del valle), y tantos otros.

  • Un ejemplo muy notorio. Desde un simple indoeuropeo *vind-os (blanco, el brillo, la luz del sol), hasta La Virgen de Covadonga y La Capilla de Santa Cruz en Cangues d'Onís, pasando por toda una cadena de reinterpretaciones cristianas desde las cumbres hasta el fondo de los valles: El Monte Vindio > Peña Sagra > Peña Santa > Torre Santa > Torre de Santa María > Santa María de Enol > Nuestra Señora de Enol > La Virgen de Covadonga > La Capilla Santa Cruz...

  • La reinterpretación desde el monosílabo inicial, hasta el sintagma medieval. Es decir, desde el culto precristiano muy arraigado en toda una Cordillera Cantábrica con muchos km de este a oeste, hasta una cristianización de la montaña y de la historia, saltándose la única realidad subyacente a la cadena toponímica: el culto al Sol, llevado al culto al agua; para terminar con el culto a un reino con un Pelayo al frente y una Cruz, que no fue más que una encrucijada de ríos con un dolmen megalíitico bien presente en la Capilla (respetado hasta la fecha, menos mal). Ver artículo publicado en el RIDEA.

  • Muchos ejemplos en el lenguaje del suelo por cualquier geografía, de raíces transformadas por los propios lugareños, en su derecho de interpretar y crear acepciones a su medida en cada tiempo. Sirva al azar el adjetivo latino versus (contrario, adverso), por cierto articulación ya indoeuropea, a su vez (*wer-, 'volver'); la necesaria imaginación lugareña, desde una Fuente'l Verso (fuente, vuelta frente al sol, adversa, sombría, fresca...) fue pasando por verso, vaso, beso..., hasta terminar en La Fuente los Enamoraos, sin más recatos ni remilgos; que sin duda las aguas frescas de la fontana refrescarían a muchos enamoraos con los siglos por los caminos, pero que en el origen, la raíz primera nada tenía que ver: la creatividad inevitable de cualquier lengua, en toponimia también. En parte, la teoría de Porlan pudiera venir al caso.

    Ver esquema de toponimia

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